Los mejores relatos de general escritos por nuestros usuarios
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Al final del curso Nocturno, con estudiantes adultos jóvenes, se presenta casualmente la ocasión para tener sexo con una de las mejores alumnas del curso y con uno de sus compañeros, todo sin buscarlo pero con muy buenos resultados.
Hace unas dos semanas estaba de turno trabajando, estaba conversando con el Jefe de Recepción del Hotel cuando se acercó al mostrador una familia extranjera. El padre era alto y algo barrigón, la madre cuarentona bien formada de estatura media, pelo largo oscuro y rasgos latinos, venían con un chico de unos 9 años y una hermosa chica de rostro angelical, de unos 14 o 15 años… se hospedarían 11 días.
Nada como un buen masaje para relajarse después de una dura jornada laboral. Un masaje que destense esos músculos endurecidos y amorcillados por la excitación del día a día. Un masaje que culmine, por supuesto, en un “final feliz”.
Laura se arrodilló lentamente, uno a cada lado, me miró con perversidad, los tipos pelaron sus vergas, era obvio, se ganaban la vida como strippers, tenían terribles chotas… ella empezó a lamer una, masturbando con la mano la otra, pasaba la lengua sutilmente logrando que esa verga se interpusiera en el camino de nuestras miradas
Para el día siguiente las cosas se habían tranquilizado, nos despertamos cerca del mediodía así que fuimos a almorzar directamente, el sol era abrazador, así que decidimos ir a disfrutar la piscina, Laura se estrenó un traje de baño atigrado, tan diminuto que sus perfectas nalgas estaban desnudas, apenas un pequeño triángulo perdido entre esas esferas de carne que se me hacía por demás de provocativo. Claro, ella ya era abuela, y por vergüenza a nuestros hijos y demás parientes, ya había dejado de lado estos sensuales conjuntos.
Y no podía resistir, quien podría, no? me sentí venir, ellas lo percibieron, mi glande estaba desnudo y reluciente, como la lava de un volcán, irresistible, imparable, lo hicieron lentamente, esperando la erupción, mi leche caliente empezó a saltar entre sus lenguas, entre sus rostros, entre sus labios, hasta la última gota, quedaron embardunadas en el viscoso jugo blanco y jugaban con él, con profundos besos blancos, me retiré hacia atrás hasta apoyarme en el placar, necesitaba recuperarme, pensé que tendría una ataque al corazón, estaba agitado y transpirado…
Imaginen la situación, podría decir que toda mi vida estuve unido a Laura, mi única y amada mujer.
Nos conocimos en el colegio, en el jardín de infantes, fue mi compañerita de banco, con sus ojazos verdes y sus largos cabellos rubios que su madre trenzaba día a día con paciencia, me da risa recordar que solía andar con los mocos colgando.