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Aposté a mi mujer y…

Relato enviado por : Narrador el 18/02/2010. Lecturas: 23723

etiquetas relato Aposté a mi mujer y…   Orgías .
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Resumen


Mi nombre es Arturo, y reconozco que soy apostador empedernido, y por ello en múltiples ocasiones, tras perder en un sin número de ocasiones, me he visto en la obligación de pagar, y en alguna de esas ocasiones, había llegado apostar lo que no se debe apostar, de ahí que me di cuenta, que durante un tiempo disfrutaba más perdiendo que ganando.



Relato



Pero como en una ocasión, aparte de que me debí vestir de mujer para pagar mi apuesta, se puede decir que entre los cinco tipos con que había estado jugando póker, no tan solo me violaron, sino que también entre los cinco, me dieron una paliza en la que prácticamente me dejaron por muerto. Por suerte me quedaron las fuerzas suficiente para quitarme lo poco que me habían dejado puesto, y completamente desnudo y muy golpeado llegué a una carretera arrastrándome. Debido a eso, Verónica mi mujer estuvo a punto de descubrir mi gusto por ser penetrado, por lo que dejé de realizar ese tipo de apuestas, pero la mala costumbre de apostar lo que no debía no se me había quitado. Ya que en una ocasión pensando que tenía la mejor mano de mi vida, aposté a mi mujer.

Bueno realmente no la aposté a ella, aposté su coño. En otras palabras me comprometí a dejar que el tipo que me ganó se acostase con ella. Ya sé que fue algo muy bajo y ruin de mi parte, pero que quieren que haga soy un adicto al juego. Así que se me presentó un serio problema, por una parte el tipo me exigía que cumpliera con la apuesta, y por la otra, ni hablarle a mi esposa de la apuesta que yo tontamente había hecho, así que la única solución que encontré, fue el drogarla para permitir que yo pudiera saldar mi apuesta.

Bueno realmente no fue algo muy difícil, más bien resultó ser bien algo bien sencillo, simplemente emborraché a mi mujer y encima le metí unas cuantas pastillas de zanax, claro sin que ella se diera cuenta. Cuando todo eso comenzó hacerle efecto, la llevé hasta nuestro cuarto, apagué la luz y comencé a besarla y desnudarla.

Desde luego que Verónica reaccionó poniéndose bien melosa, aparte de lo ebria que se encontraba, fue cuando aproveché el momento y dejé que Diego entrase a nuestro dormitorio, y tras desnudarse en silencio, ocupó mi lugar en la cama. Mientras que yo desde una oscura esquina de nuestra habitación los observaba. Aunque no era esa mi intención al principio, pensaba dejarla a solas con él, y no tener que ver lo que iba a suceder. Pero justo antes de que fuera a salir del cuarto, me entró una curiosa morbosidad por ver lo que pasaba.


Diego simplemente separó las piernas de Verónica, y sin más ni más introdujo por completo toda su verga dentro del coño de mi mujer, la que al principio parecía disfrutar todo, pero a medida que él seguía moviéndose sobre ella, Verónica se quedó dormida, quizás por lo mucho que había tomado, y las pastillas que yo le había dado.


Para Diego fue más que suficiente, tras venirse. Se levantó de la cama, se vistió y se fue, sin que nadie aparte de mi, se diera cuenta de lo ocurrido. Yo por mi parte, no pensé jamás que realmente llegase a disfrutar, como lo hice, el estar viendo como otro hombre se clavaba a Verónica, a medida que él fue introduciendo su verga dentro del cuerpo de ella, sentí una excitación tal, que a medida que él disfrutaba moviéndose sobre el cuerpo de ella, yo acariciaba oculto en la oscuridad todo mi miembro, y en el instante en que él se comenzó a venir dentro y fuera de ella, yo también acabe copiosamente entre mis dedos. Verónica se levantó al día siguiente, quejándose de que yo la hubiera hecho beber tanto y que encima me acostase con ella, aprovechándome de que estaba dormida, ya que no se acordaba de nada de lo sucedido. Pasé por esa experiencia, y me juré a mi mismo que no la volvería a repetir, más que todo por consideración a mi mujer.


Pero una noche mientras que jugaba una mano de póker, sin necesidad alguna realmente, volví a realizar la misma apuesta, me di cuenta de que deseaba volver a ver a Verónica en brazos y clavada por otro tipo. Así que con toda la intención perdí. El ganador fue Rodríguez, un tipo medio raro, lo digo porque a diferencia de Diego, que me costó trabajo para convencerlo de que se cobrase de la manera que yo le proponía. Rodríguez me propuso que en lugar de él ir a mi casa, él supuestamente nos invitaba a ella y a mí a cenar en su casa.

Bueno realmente cenamos, con la excusa de que éramos muy viejos amigos, y recién nos habíamos encontrado. Mi mujer se tragó esa, y únicamente se dedicó a tomar vino blanco, por lo que pensé que jamás estaría en condiciones de que Rodríguez se pudiera cobrar la apuesta, acostándose con ella, sin que Verónica se diera por enterada. Pero yo desconocía varias cosas de Rodríguez, una era que él tenía un Doctorado en Bioquímica y otra cosa que yo desconocía era que él además tenía su propio plan. Apenas dejamos de cenar, mi mujer comenzó a portarse de manera bien extraña, digo para como normalmente ella se comporta, y terminó haciendo cosas, que jamás ni nunca en su sano juicio se atrevería hacer.


Al principio simplemente era una tonta risita que en muy raras ocasiones le había escuchado, después cuando Rodríguez puso algo de música, la manera de bailar de Verónica fue definitivamente muy diferente, a como normalmente ella bailaría, se puede decir que prácticamente a medida que ambos bailábamos, mi mujer se comenzó a comportar de manera muy seductora, tanto que hasta en cierto momento me sentí avergonzado, por como frente al dueño de la casa, mientras bailábamos me agarró las nalgas y me apretó con fuerza contra su cuerpo, sin disimular nada.


Poco a poco Verónica, se fue portando de manera muy extraña, pensé que sería el vino, pero realmente no había bebido tanto, apenas dos o tres míseras copitas de vino blanco. Cuando le dije que bailase una pieza, con el dueño de la casa, pensé que se comportaría como de costumbre, es decir bien circunspecta. Pero no bien habían comenzado a bailar, cuando ella comenzó a bailar con él, mientras bailaba sin soltarse de los brazos de Rodríguez, le dio la espalda y prácticamente comenzó a restregar su trasero contra el cuerpo de nuestro anfitrión, como si yo no existiera. Lo que en parte de hacerme sentir muy avergonzado, me comenzó a excitar bárbaramente, ya que también vi el gran bulto que se le había formado bajo su pantalón a él.


Yo estaba sorprendido por la manera en que mi mujer actuaba, fue cuando Rodríguez viendo la cara que yo había puesto de sorpresa y vergüenza, me dijo. No te asustes, yo tengo todo bajo control, para mañana ella no creo que recuerde nada, de lo que haga hasta ahora. Y de inmediato le dijo en voz alta, pero de manera suave, Verónica querida, parece que tienes mucho calor, si deseas ponerte más fresca, no dudes en hacerlo, tu marido y yo comprendemos. Él no había terminado de hablar, cuando mi mujer se ha quitado el vestido, sin pestañar siquiera. Quedándose únicamente con la semitransparente ropa intima que tenía puesta, la que dejaba ver sin mucho esfuerzo, las oscuras aureolas de sus parados pezones, así como su depilado coño y hasta los labios de su vagina.


Yo me comencé a sentir bien ridículo, por una parte deseaba ver a mi mujer acostándose con otro hombre, pero por otra parte me daba vergüenza el verla actuar de esa manera, como si fuera toda una puta profesional. Eso sin contar la tremenda erección que todo eso me producía. Mientras que Rodríguez al tiempo que bailaba con mi mujer, acariciaba todo su cuerpo de manera desvergonzada, frente a mí, sin el menor pudor sacó los senos de Verónica de la copa del sostén, y ante mis ojos comenzó a tocarlos, besarlos, a lamerlos y a chupar sus pezones, mientras que en el rostro de ella se reflejaba una gran satisfacción y un total menos precio a que yo estuviese presente. Era como si se tratase de otra mujer, a la que por lo visto no le importaba que hubiera otra persona en la habitación, y eso para serles franco me excitaba muchísimo más.

Rodríguez continuó bailando y acariciando todo el cuerpo de Verónica, mientras que ella evidentemente lo disfrutaba intensamente, hasta que de momento, él le dijo algo al oído y ella sonriéndose mientras tomaban asiento en un gran sofá rojo, lo acompañó. Apenas se sentaron Rodríguez separó ligeramente sus piernas y ella como si fuera la cosa más normal y corriente, dirigió su rostro a las entrepiernas de él. Yo con cara de quien sabe qué, me les quedé viendo, pensé que Verónica se pondría a mamarle la verga a Rodríguez, pero como no la tenía por fuera, eso me extrañó mucho y me dio curiosidad por ver que realmente hacían.

Pensé que disfrutaría el que ella pasara su rostro sobre el enorme bulto que se le había vuelto a formar a nuestro anfitrión, pero eso no fue lo que hizo mi mujer. Con su lengua y dientes, bajó por completo la cremallera del pantalón, y con sus propias manos terminó de extraer el inmenso y grueso miembro de Rodríguez. Esa cosa realmente me sorprendió, era algo inaudito, yo he visto vergas grandes y gruesas, pero como esa ninguna. Sin demora ella comenzó a lamer suavemente la colorada cabezota, mientras que yo sin dejar de verlos a los dos, no me podía imaginar, cómo sería que ese tipo le fuera a dar por el culo a mí mujer.


Verónica sin prisa pero sin demora, comenzó a introducir dentro de su boca lo que pudo de todo ese inmenso instrumento, y a los pocos segundos ya se encontraba cabeceando, sin detenerse. Poco a poco profundizaba un poco más y más hasta el punto de que de seguro le debía llegar hasta el fondo de su garganta, sin la menor molestia aparentemente de su parte. Mientras que Rodríguez de manera desvergonzada acariciaba el coño de ella, al principio por encima de la semitransparente tela de los pantis, pero a los pocos segundos se los retiró y sus dedos claramente los vi, como se introducían dentro del depilado coño de mi mujer.

Verónica al tiempo que no dejaba de mamar insistentemente aquella monstruosidad, abriendo sus piernas de par en par, ella movía sus caderas, y chupaba con mayor fuera la verga a medida que él, le fue introduciendo prácticamente toda su mano dentro de su vulva. Yo estaba absorto, excitadísimo contemplando todo eso, tanto que sin pensarlo, saqué mi avergonzada verga de su escondite, y comencé suavemente a masturbarme. Viendo como ese tipo hacía lo que le venía en gana con mi mujer, y lo mejor de todo era que al parecer, ella lo disfrutaba enormemente.

Hasta que de momento él le dijo, de manera bien sínica. Cariño basta, acuéstate y abre las piernas para que tu marido vea como te voy a meter todo esto dentro de tu coño, pero antes tomate otra copita de vino, lo que Verónica hizo de un solo golpe. En ese momento él se me quedó viendo y me dijo, si gustas quítate toda la ropa, para que te sientas mucho más cómodo. Lo más raro de todo fue, que de inmediato se puede decir que le obedecí ciegamente, lo que al terminar de hacerlo me dio una tremenda excitación, al darme cuenta del poder que Rodríguez, también tenía sobre mi persona.

Ante mis ojos vi con tremendo asombró, como ese grueso y largo instrumento fue desapareciendo en gran parte dentro del mojado coño de mi mujer, mientras que ella movía sus caderas frenéticamente, y le pedía que le diera más y más. Ya yo estando completamente desnudo, poco a poco me les fui acercando, para ver mejor todo, el rostro de Verónica era una mezcla de placer y quizás dolor, no sé. Quizás fue la imaginación mía, al ver semejante cosa dentro de su coño, me supuse que le debería doler en algún momento.


Yo estaba de pie, frente a ellos dos, manipulando tímidamente mi verga entre mis dedos, de lo más concentrado en como entraba y salía casi toda esa verga del coño de mi mujer, cuando él me dijo sencillamente. Siéntate en la alfombra y acércate más. Su manera de dirigirse a mí, era como si esperaba que le obedeciera ciegamente, lo que realmente hice sin oponerme en lo más mínimo, bien pude haberle dicho. No gracias de aquí veo bien. Lo que era completamente cierto, pero en lugar de eso me senté en la alfombra, y acerqué mi rostro a unos pocos centímetros de su verga y del coño de mi mujer. Verónica contorsionaba todo su cuerpo, mientras que continuamente recibía una y otra vez ese tremendo pedazo de carne dentro de su coño.

Rodríguez sin decirme nada colocó una de sus manos sobre mi cabeza, y sin mucho esfuerzo guió mi rostro hasta que mi boca se encontró prácticamente a un lado del coño de Verónica, fue cuando él me dijo, lame su clítoris, claro que al hacerlo también pasaba mi lengua sobre gran parte de su largo vástago, pero la verdad es que no me importó hacerlo. Verónica sin dejar de mover su cuerpo en especial sus caderas, como poseída por un espíritu, le pedía a su momentáneo amante que le diera más duro. Mientras que yo continuaba más lamiendo el tronco de nuestro anfitrión, que el coño de mi mujer. Hasta que él me ordenó, por decirlo de alguna manera, que me dedicase a mamarle el culo a ella.

Yo obedientemente así lo hice, en la medida que pude. Hasta que él le dijo a Verónica, ahora prepárate que él, refiriéndose a mí, te lo va a meter por el culo, a lo que de manera bien morbosa, vulgar y hasta viciosa, mi mujer en medio de su especie de borrachera celebró. Yo desde luego tras tener frente a mis ojos el apretado culito de Verónica el que nunca yo había tocado, ya que en su sano juicio, eso para ella era prácticamente peor que un pecado mortal. Gracias a mi saliva, la penetración fue algo bien fácil, pero al levantar mis ojos, encontré de frente la cabeza de la verga de Rodríguez, la que no tuvo que decirme que hacer, ya que simplemente abrí mi boca y él la fue introduciendo dentro, hasta que comencé a chupársela con todas mis ganas.

Ese hombre había hecho de mí y mi esposa lo, lo que le dio gusto y gana, y lo mejor de todo era que yo lo disfrutaba intensamente. Algo que en parte me tenía sorprendido era que no me había venido, cuando en otro momento el solo hecho de estar viendo como aquel Diego se acostó simplemente con mi mujer, hizo que me viniera irremisiblemente entre mis dedos a los pocos segundos. Yo seguía mama que mama aquella tremenda verga, mientras que Verónica no dejaba de restregar sus nalgas contra mi cuerpo. En medio de esa desenfrenada orgía, algo dentro de mi me decía que yo terminaría por recibir entre mi culo la verga de Rodríguez.

Como en efecto pasó, al momento en que le dijo a Verónica que se quedase dándose dedo frente a nosotros, y a mí me dijo que me pusiera en cuatro. Algo dentro de mí me obligaba a obedecerle sumisamente, mientras que mi esposa nos observaba con cara de no estar presente, metiendo y sacando sus propios dedos de su coño, acariciándose fuertemente una y otra vez todo su clítoris. El que ella me viera a punto de ser penetrado, lo morbosa de mi situación, me exacerbaba mucho más.

Rodríguez, comenzó primero por ir introduciendo sus dedos dentro de mi cuerpo, dilatando mi esfínter, mientras que yo dejaba escapar uno que otro profundo gemido de placer. Llegó el momento en que prácticamente me estaba metiendo casi por completo toda su mano, dentro de mi culo, sin que eso me causar molestia, sino más bien todo lo contrario, un profundo y delirante disfrute.

Siguiendo sus instrucciones me recosté boca arriba mientras que él me tomó por los tobillos, separó mis piernas y aparte de sentir, pude ver claramente cuando sus dedos se retiraron y fueron sustituidos por la gran cabeza de su verga, la que poco a poco comenzó a penetrarme, y hasta Verónica que se encontraba absorta en darse dedo, dejó de hacerlo, para ver como la verga de nuestro anfitrión, se desaparecía lentamente dentro de mi culo. El placer que yo sentía era hasta mucho mayor al que disfrutaba cuando me dedicaba a perder, para que me comieran el culo. Yo movía mis caderas, apretando y soltando mi esfínter, con el loco deseo de disfrutar más de lo que me estaba haciendo Rodríguez. No sé por cuánto tiempo permanecimos teniendo esa loca relación, en cierto momento hasta Verónica se unió a nosotros, colocando su coño sobre mi boca, para que se lo mamase, mientras se besaba alocadamente con el hombre que me estaba clavando por el culo.


Yo en cierto momento me comencé a venir, a medida que locamente me masturbaba, por su parte mi mujer pensé que se había orinado en mi rostro, cuando un fuerte chorro de algo como agua salió de su coño. Mientras que nuestro amo, sacó se verga de entre mis nalgas y llevándola hasta mi boca me dijo que me lo tragase todo. Justo en el mismo instante en que comenzó a derramar sobre mi cara todo su semen.

Yo quedé extremadamente agotado, tanto que hasta pienso que me dormí por un buen rato. Cuando desperté Rodríguez me dijo que me vistiera y que después vistiera a mi mujer, que se encontraba tirada en el piso con sus piernas abiertas, no estaba dormida sino más bien desvanecida, no tenía voluntad para hacer nada, estaba como si estuviera en un viaje de drogas. Aunque con mi culo algo adolorido, me atreví a preguntarle a Rodríguez que nos había dado.


Él se sonrió y me dijo. A tu esposa le he dado un precipitado de clorhidrato de yoembina, mezclado con un nuevo destilado de pentotal sódico de mi invención. Eso más la pequeña cantidad de alcohol que tiene el vino, produjo un elemento que nos permitió disfrutar de tu mujer sin inhibición alguna de parte de ella, y aparte de eso a Verónica no le quedará recuerdo alguno de lo que hizo ni de lo que le hicimos, por una parte y por la otra, a ti no te di absolutamente nada, todo lo tuyo fue completamente natural y de manera voluntaria, disfrutaste de igual forma o manera el que yo se lo metiera a tu mujer, así como de que yo te lo empujase a ti.

Bueno en ocasiones llevo a mi esposa, pero la mayor parte de la veces voy solo donde Rodríguez, y hasta me permite que me vista con ropa femenina mientras me da por el culo salvajemente.

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