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Clases muy particulares 4 (Lío en el río)

Relato enviado por : Recaredo Rey el 27/11/2011. Lecturas: 7409

etiquetas relato Clases muy particulares 4 (Lío en el río)   colegialas .
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Resumen
Camino de la montaña, montamos una orgía en el río. Sexo, desenfreno, cogidas y corridas a tope...


Relato
Por fin llegó el viernes y pasé a recoger a Silvia y a Diana, mis dos exalumnas, para pasar con ellas el fin de semana en una casita de la montaña y descansar de tanto ajetreo veraniego. Tenían sus maletas preparadas, pero cuatro me parecían demasiadas.

Tenemos una sorpresa que darte -me dijo Luis, el padre de las niñas-. Laura y yo hemos decidido acompañaros aprovechando que la casa tiene dos habitaciones. Por supuesto, nosotros pagamos la mitad.

- No es necesario -le contesté-, pero tendría que compartir habitación con las niñas. Sería una situación incómoda, ¿no te parece?

- De ningún modo. Lo hemos hablado con ellas y no tienen reparo. Os cambiaríais en el baño y dormirían ellas en una cama y tú en otra. ¿Estás de acuerdo entonces?

- Claro que sí. En marcha pues.

- Nos vamos en nuestro coche que es más cómodo. Tú vas detrás con las chicas.

Guardamos las maletas y me senté entre Silvia y Diana. Iban muy guapas y sexys, con unos pantalones muy cortos que dejaban a la vista parte de sus nalguitas, y una camiseta de tirantas, sin sujetador. Laura iba deslumbrante, vestida igual que sus hijas, pero con un sostén para sus preciosas tetas. Luis y yo íbamos con unas bermudas y una camiseta. Todos teníamos calzado deportivo para la montaña. El viaje iba a ser largo, unas tres horas, así que nos pusimos cómodos y emprendimos la marcha. Las piernas las tenía pegadas a las de las niñas, y aprovechando que su padre no nos podía ver les acariciaba sus tiernos y apetitosos muslos. Ellas no solo se dejaban, sino que también acariciaban los míos. Fue Diana la primera que se atrevio a abrirme la cremallera, meter su mano y con un hábil movimiento sacarme fuera la polla. Aquello se puso pronto duro como un bate de béisbol y, como había sitio, las dos la agarraron con sus manos para acariciarla lenta y cadenciosamente. Me encantaba ver sus caras lascivas, a veces relamiéndose viendo aquella verga que de vez en cuando dejaba salir unas gotas de líquido seminal. Una de las veces que Luis miró por el espejo retrovisor me asusté, porque aunque sabía que no nos veía la parte de abajo, me preguntó:

- ¿Qué te pasa, Agustín? Se te ve un poco pálido, ¿te has mareado?

- No, no, voy bien.

- Voy a parar y te cambias con Laura, así hablamos tú y yo un poco.

- No, no pares, de verdad que estoy bien. Voy muy a gusto aquí detrás con las niñas...

Las niñas no paraban de masturbarme. Diana incluso agachó algunas veces su cabeza para chuparme la cabeza de mi pene. Cuando creí que iba a correrme, Luis propuso algo:

- Aquí cerca hay un río. Podemos descansar un rato y refrescarnos un poco. ¿Qué os parece?

- ¡Excelente idea! -respondí-. Me va a venir muy bien. Estoy un poco acalorado.

- Hay un pequeño problema -indicó Laura-. No hemos traído bañadores.

- Bueno, pues nos bañamos en ropa interior -respondió Luis-. Luego nos cambiamos y ya está.

Salimos de la carretera por un camino forestal. Anduvimos unos diez kilómetros hasta que llegamos al río. Nos bajamos del coche y nos quitamos la ropa. Luis y yo nos quedamos con unos boxers marcando paquete. El mío estaba aún algo abultado tras las friegas de las chicas y noté como todas las miradas se clavaban en él. Laura me deslumbró (y excitó) con un tanguita precioso que dejaba a la vista sus redondeadas nalgas y con un sujetador muy sexy que casi dejaba ver los pezones. Silvia y Diana también tenían unos minúsculos tanguitas que apenas escondían sus rajitas, pero no tenían sostén, así que al despojarse de sus camisetas aparecieron sus preciosas tetas, pequeñas pero excitantes, sobre todo las de Diana, que parecían unos ricos flanes con los pezones hinchaditos. La visión de esos cuerpos tan ricos me excitó e hizo que mi verga aumentara algo más su tamaño. Estaba cortado por Luis, que reprendió a sus hijas:

- ¡Niñas, deberíais poneros algo por arriba, estáis prácticamente desnudas...

- No te preocupes, Luis -le dije-, son unas chiquillas y como tales las veo.

Luego me acerqué a su oído y le dije:

- La que está muy buena es tu mujer. ¡Vaya cuerpazo que tiene! Eres muy afortunado.

- Es normal que te guste -me susurró también-. Voy a ver si me la follo esta noche. Procuraré no formar mucho ruído para no despertaros a las niñas y a ti.

- Bueno, vamos al agua -dijo Laura.

Los cinco nos metimos dentro. El agua estaba estupenda y nos dimos unos buenos chapuzones. Al mojárseles el tanguita, quedaban señalados los labios vaginales de las tres. A Silvia también se le notaba el clítoris, que lo tenía abultadito y apetitoso. A Diana se le ocurrió que nos echáramos unas fotos.

- Luego las pongo en el facebok para darle envidia a mis amigas -dijo Diana mientras tomaba fotos con su cámara.

- ¿No irás a publicar las fotos? Mira, que estamos medio desnudos -dijo Luis preocupado.

- Tú lo que tienes que hacer es desinhibirte y divertirte -le aconsejó su mujer-. Y como estamos solos en el río, propongo que nos desnudemos del todo y disfrutemos sin tapujos del agua, del sol y de nuestros cuerpos.

Y sin más, se quitó el tanga y el sujetador dejando a la vista su precioso coño depilado, sus abiertos labios vaginales y sus hermosos senos con los pezones erectos. Las hijas hicieron lo mismo y yo a continuación. Involuntariamente, mi verga aumentó de tamaño considerablemente. Luis, por no parecer antipático también se quitó el boxer, aunque su polla apenas agrandó. Silvia y Diana no pudieron evitar reírse, y Laura comentó sin pensar y señalando al paquete de su marido:

- ¡A ver si va a tener que follarme esta noche Agustín, porque con eso no hago nada!

Luis se enojó comprensiblemente y respondió:

- ¡Pues que te folle a ti y a las putas de tus hijas! Ahora mismo me voy con el coche a la cabaña. Vosotros si queréis os vais andando.

Y sin darnos tiempo a reaccionar, cogió toda la ropa, la metió en el coche y se fue a toda pastilla. Laura fue la primera en reaccionar:

- ¡El muy cabrón se ha ido de verdad... y con nuestras ropas!

- ¿Cuántos kilómetros hay hasta la cabaña? -preguntó Diana.

- Unos 15 -le contesté-. Lo malo es que estamos completamente desnudos.

- ¡Pues yo me he puesto cachonda con esta situación! -exclamó Silvia-. Desnudos y abandonados en el río solo podemos hacer una cosa...

- ¡Follar! -dijimos los cuatro casi al unísono.

Laura fue la más rápida en agarrarme el nabo, agacharse y chuparlo para ponerlo tieso y grande. Las niñas, mientras tanto, se sentaron en la orilla y, esperando su turno, se metieron los dedos en sus almejitas para darse gusto. El sentirnos observados aumentaba la excitación de los dos, así que no tardé en posicionar a Laura y le introduje la verga completamente. Su vagina era más grande que la de sus hijas y dado el tamaño de mi miembro para mí era muy placentero cabalgarla. Al cabo de unos minutos Laura se corrió como una perra en celo y poco después la llené de semen caliente.

- Te quedará leche para nosotras, ¿no? -preguntó Silvia.

- Yo voy a chupar por si acaso -dijo Diana. Y me cogió la verga y se puso a lamer ansiosamente los restos del semen que acababa de expulsar.

Vimos entonces que alguien se acercaba andando río arriba. Era una pareja de unos treinta y tantos años con la que parecía su hija, de unos dieciocho. Iban con sus prendas de baño pertinentes y al llegar a nuestra altura el hombre manifestó su estupor por lo que habían visto desde lejos.

- Nos ha sorprendido un poco que os pongáis a follar delante de vuestras hijas, todos en pelotas, pero lo que más nos ha descolocado es que la más pequeña se ponga a chupártela.

- No, no, ellas no son mis hijas -contesté apresurado-. Y tampoco ella es mi mujer, lo que pasa es que su marido se ha largado en el coche con todo y nos ha dejado tirados. El vernos en pelotas nos ha calentado un poco, y como creíamos que no nos iba a ver nadie... Lo siento, pero no podemos taparnos. Si pudiérais echarnos una mano os lo agradeceríamos.

- ¡Yo te echaría una mano pero al paquete, tío bueno! -exclamó la mujer sacando la lengua lascivamente.

- Bueno, si tu marido no tiene inconveniente -le contesté algo sorprendido.

- Ella no es mi mujer -explicó el hombre-, es mi suegra. Mi mujer es esta otra -dijo señalando a la más joven-. Se llama Sonia y tiene 20 años y su madre, Andrea, 38, pero las dos parecen más jovenes. Yo me llamo Abelardo y aunque parezco más mayor solo tengo 27 años.

- Pues si queréis que os ayudemos antes tengo que probar esa manguera que llevas colgando, que hace mucho que no veo una tan grande -insistió Andrea.

- Anda, hombre, échale un polvo a mi suegra y luego hablamos -intervino asimismo Abelardo.

- ¡De eso nada! -interrumpió Diana-, que luego no le va a quedar leche para nosotras, y la verdad es que con lo caliente que estamos, no vamos a permitir que eso ocurra.

- La niña tiene razón, ellas están primero y no puedo dejarlas con picor en el coño.

- ¿Y a ti no te gustaría llenarnos de semen el chochito, encanto? -le preguntó Silvia a Abelardo.

- Hombre, a cualquiera le gustaría follaros, pero no creo que mi mujer dé su consentimiento.

- Hacemos un trato, cariño -intervino Sonia-, tú te follas a las dos chicas y él nos folla a mi madre y a mí. Empate a dos.

- ¿Y yo qué? -preguntó Laura.

- ¿Cómo que tú qué, mamá? -respondió Diana-, si te ha echado un polvo hace cinco minutos.

- Sí, pero me he excitado pensando en lo que voy a ver. Además, como madre vuestra que soy tengo que deciros que no me parece bien que os folle un desconocido.

- Pero no es un desconocido, es Abelardo -aclaró Silvia.

- Bueno -dije yo intentando poner orden-, lo que quiero saber es cómo nos vais a ayudar si llegamos a un entendimiento. ¿Vais a llevarnos en vuestro coche? ¿Vais a dejarnos ropa? ¿Vais a dejarnos llamar desde vuestro teléfono móvil?

- Pues mira -contestó Abelardo-, en nuestro coche no os podemos llevar porque seríamos siete y es de cinco plazas, no os podemos dejar ropa porque solo tenemos la nuestra, y no podeis llamar desde nuestro móvil porque se le acabó la batería hace un rato.

- Entonces, ¿cómo coño nos podeis ayudar?

- Muy fácil, hombre, las niñas se vienen con nosotros en el coche y las llevamos a donde nos digáis para que luego puedan venir a recogeros a vosotros dos...

- Bueno -interrumpió la suegra-, mientras la cosa se aclara, ¿podemos empezar a fornicar o no? Yo me voy quitando el bikini...

Y en un abrir y cerrar de ojos, Andrea se quitó la parte de arriba y la de abajo. Tenía un cuerpazo, muy parecido al de Laura, aunque con las tetas un poco más pequeñas. El coño lo tenía completamente depilado, con una vulva hinchadita y un clítoris grande y apetitoso.

- Niñas -intervino Laura-, si queréis que este señor os eche un polvo, primero me lo tiene que echar a mí, tengo que probar yo primero para cuidar de vosotras...

- ¡Vaya zorra que estás hecha! -le contestó Silvia-. Si no queda más remedio... ¡pero nosotras no nos quedamos sin leche, eh!

Yo ya tenía la estaca tiesa y como Andrea estaba bastante cachonda, se la metí en el coño y me puse a cabalgarla como a una yegua desbocada. Mientras follaba, veía a Abelardo quitarse el bañador. No la tenía muy larga, pero se le veía gruesa y apetecible, con buena textura. Laura le ofreció el culo para que la penetrara por detrás. Entró fácilmente y después de varios movimientos ella tuvo un orgasmo porque gritó como una zorra caliente. Contemplando la escena, no solo me puse más cachondo sino también celoso por no ser yo el que estuviera penetrándola por el ano. Me imaginé que era yo y me excité tanto que me corrí antes de tiempo dentro de Andrea.

- Oye, eso que he sentido era tu semen regándome el interior del chumino, ¿verdad? Pues resulta que yo todavía no me he ido, así que haz que me corra, cabrón -protestó.

Me recompuse porque seguía excitado y para ayudarla a correrse le metí un dedo en el culo mientras nos chupeteábamos las lenguas. Al tiempo sentí un dedo introduciéndose en mi orificio anal. Pensé que era una de las niñas, pero ellas estaban detrás, a unos metros, así que tenía que ser Sonia, deseando que acabáramos para follar ella. Laura, mientras, se sacó el nabo de Abelardo del culo y se lo metió por delante. La muy putona daba alaridos de placer, gritaba más que conmigo y me puse aún más celoso. Andrea, mientras tanto, se corrió finalmente también entre gritos de lujuria, por lo que juntando los gritos de ambas, debieron escucharse a varios kilómetros a la redonda. Después de ver a su madre exhausta de tanto follar, Sonia me cogió con unas ganas tremendas. Era guapísima, con el pelo largo y negro, unos ojos preciosos y unos labios carnosos y excitantes. Estaba buenísima, con la frescura, ternura y suavidad de Silvia y Diana, pero con unos años más de experiencia y cuerpo completamente formado y espectacular, con unas tetas grandes y levantadas, los pezones erectos por la excitación, y un coño jugoso y precioso con una línea de pelos muy cuidada a todo lo largo de su raja. Me ofrecía la vagina bien abierta, y como era grande pude meterle mi verga hasta el fondo. Tenía todo su interior muy mojado por la excitación. Entonces me reveló un secreto al oído, mientras se la metía y se la sacaba en movimientos frenéticos y lujuriosos:

- Llevo seis meses casada con Abelardo y es la primera vez que hago el amor con otro hombre...

- También será la primera vez que él lo hace con otra mujer...

- No. En realidad es la segunda, al menos que yo sepa. Se acostó con mi madre hace dos meses, pero ya le he perdonado. Fue una historia increíble, ya te contaré la próxima vez que nos veamos para follar... ¡porque hay que ver qué bien lo haces! Me gusta más que hacerlo con mi marido.

Lo que me dijo me llenó de satisfacción... y yo no pude evitar llenarla de leche. Al menos esta vez el orgasmo fue rápido pero simultáneo. Noté cómo del interior de su vagina salían chorreones de flujo del gusto que le proporcioné.

- Por favor, sigue follándome como si no nos hubiésemos corrido -me pidió al oído-, quiero saborear más esa preciosa y grandota verga que tienes.

Mientras seguía cabalgándola, vi a Abelardo corriéndose como un cerdo en el coño de Laura, mientras ella no dejaba de gritar de placer. Fue Silvia la que, en un rápido movimiento, sacó la polla del coño de su madre y se la metió en la boca para chuparla.

- ¡Hija, vaya con las prisas! .protestó Laura-. Me la has quitado cuando más estaba disfrutando.

- ¡Es que te has tirado un rato follando y ahora nos toca a nosotras! -le contestó haciendo un alto en la felación. La verga de Abelardo seguía dura y gorda. Diana no aguantaba más como espectadora y le ofreció sus pequeños senos para que se los chupara y mordisqueara los pezones mientras se acariciaban mutuamente. Yo, entre tanto, me corrí de nuevo dentro del chumino de Sonia, la cual gritaba como una posesa mientras orgasmaba brutalmente. Terminamos exhaustos y nos tumbamos en la orilla junto a Andrea esperando que los otros tres acabaran de follar. Fue Silvia la afortunada en recibir en el interior de su chocho el grueso palo de Abelardo, mientras este con su mano diestra masturbaba hábilmente a Diana acariciando sus labios vaginales y su espléndido y provocador clítoris. Pero Diana lo que quería era que le metieran una verga por el coño, así que me pidió:

- ¡Por favor, Agus, fóllame tú, que no aguanto más!

Me dio lástima, aparte de que follar a una adolescente con ese cuerpo tan rico no podía rechazarse. Así que la cogí, la puse a cuatro patas en la orilla y le introduje mi falo, otra vez erecto, en su jugoso y humedísimo conejito. Casi al mismo tiempo nos corrimos los cuatro. Pero la más pequeña y más putilla también quería más:

- Yo no he probado la polla de Abelardo. Se ve tan gorda y sabrosa.... ¡Huuuummm!

- Lo siento, niña, pero el lechero se ha quedado sin leche. Si quieres probar mi estaca tienes que esperar un rato a que me recupere. Si os vais a venir las dos niñas con nosotros en el coche, nos vamos río abajo, que lo tenemos a un kilómetro de aquí, y antes de montarnos para irnos te monto yo a ti, que estás muy rica.

La mujer se molestó un poco con él.

- No te pases, cariño, una cosa es esta pequeña orgía puntual que nos hemos montado y otra bien distinta es que vayas a estar poniéndome los cuernos cada vez que se te antoje.

- El trato era que tu madre y tú os follabais a este tío y yo me tiraba a su puta y a sus putitas, y a la pequeña no me la he ventilado todavía, así que quieras tú o no quieras, a esta perrita le meto mi salchicha luego.

- ¿Pues sabes lo que te digo? Que te vayas con tus perritas y con la perra de mi madre, que yo me quedo con Agustín, que además folla mejor que tú y la tiene más grande. Además le tengo que contar cómo te follaste a tu queridísima suegra.

- Pues para que te enteres, tu madre folla mejor que tú, y te pongo los cuernos con ella casi todos los días, que no te enteras de nada...

- Bueno -intervine yo-, si Sonia se quiere quedar conmigo que se quede, pero ahora por favor idos ya y venid a por nosotros antes de que anochezca.

Eran ya las cinco de la tarde y en pocas horas oscurecería. Abelardo, Andrea, Silvia y Diana se fueron andando por el río en busca del vehículo y nos quedamos Laura, Sonia y yo.

- ¿Y tu bikini, Sonia? -le pregunté al no verlo por ningún lado.

- Debe habérselo llevado la corriente. Bueno, así estamos los tres iguales.

- Estais buenísimas las dos -les comenté-. Y además folláis de maravilla. No entiendo cómo vuestros maridos os han despreciado de esa manera.

- Yo ya no pienso volver con ese hijo de puta -dijo Sonia-. Que se las componga con mi madre.

- Ni yo pienso volver con Luis después de lo que nos ha hecho. Yo me quedo contigo, Agustín, que eres muy buena persona, follas superbien y además te llevas muy bien con mis hijas...

- ¡De maravilla! -exclamé.

- Yo también me quiero quedar contigo -intervino Sonia-. Creo que podemos llevarnos los tres muy bien. ¿A ti te gustan las almejas, Laura?

- Me gustan más las salchichas, pero comerse un buen bollito sienta muy bien al cuerpo.

- Pues propongo que vivamos los tres juntos -apuntó Sonia.

- Y las dos niñas, cinco -aclaró Laura.

- Con tu permiso, a tus hijas les como también sus bollitos, tan tiernos y jugosos.

- Bueno, no corramos tanto. Vamos a ver si vienen a por nosotros, y luego hablamos -expuse yo.

- No pareces muy convencido, Agustín -dijo Sonia.

- Es que has dejado a tu marido, y eso lo ha debido enojar bastante. Sería extraño que nos ayudase. Yo apostaría a que coge a las niñas, se las ventila y las deja tiradas por ahí. Así que hay que ir pensando qué vamos a hacer si anochece y no viene nadie.

- Mientras tanto podemos entretenernos un poco -propuso Laura-. ¿Qué os parece si jugamos a ver quién se corre antes masturbándose? El que gane se convierte en el amo de los que pierdan hasta que nos vayamos de aquí.

- ¿Sabéis? Hace poco he sido esclavo de unas chicas, y a la vez he tenido una esclava. Fue algo de lo más morboso y excitante. Así que gane o pierda tengo experiencia en el tema.

- Esa historia nos la tienes que contar luego. Ahora vamos a jugar. Nos ponemos en posición y empezamos. ¡A la una, a las dos, y a las tres! Ya.

Me puse a frotarme la polla para ponerla tiesa y correrme antes que las chicas. Ellas por su parte se acariciaban el coño dando gemidos de placer, cada vez con más intensidad, con las piernas bien abiertas y aplicando sus dedos en el clítoris y dentro de la vagina. Pensé que me iban a ganar, pero no fue así. Me vino un chorro tremendo de semen que fue a parar a sus preciosas caras. No tardé en asumir mi papel de amo.

- Bueno, esclavas mías, he ganado.

- ¡Qué rapidez! ¡Estás hecho un semental! -exclamó Sonia.

- Ordena lo que quieras, hemos perdido y asumimos nuestra provisional esclavitud -dijo Laura.

- Lo primero que os ordeno, zorras, es que os limpiéis las caras de mi semen chupándoos mutuamente con la lengua.

Fue divertido y excitante ver a las dos sorbiendo mis restos de semen de sus caras, luego juntaban sus bocas y se chupeteaban los labios relamiéndose con le leche. Tumbadas en el suelo juntaron sus cuerpos para restregarse, las tetas, el culo y el coño. Las dejé que disfrutaran se su sexo lésbico hasta que se corrieron mientras se retorcían en el suelo gritando lujuriosamente. Cuando se recuperaron y volvieron a la realidad se dieron cuenta de que tenían sed.

- Río arriba debe haber un manantial -les indiqué-, pero debemos quedarnos aquí. Si no viniese nadie ya pensaremos lo que hacer.

Pasaron las horas y nadie apareció por allí. Se hizo de noche, así que nos pusimos bajo un árbol y, aunque no hacía frío, nos apretamos los tres para estar más a gusto. Así nos quedamos dormidos, descansando de tan ajetreado día. Lo que no podía imaginar es que el siguiente iba a serlo aún más...

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Esto comenzó desde hace 3 años. Yo salgo con una chica que se llama Susan. Ella es bastante bonita (lo digo yo, y lo dicen todos), y valió la pena todo el esfuerzo que hice para conquistarla. Siempre había tenido cierta debilidad por las chicas de colegio privado, por el uniforme, me vuelve loco verlas con pollerita, camisa y corbata. Y cuando comencé a noviar con Susan, ella ya estaba ya en el último año de la secundaria. Ella es rubia, de ojos verdes y alta, un metro setenta. Lo mejor de Susan, y es lo que me enamoro, es la cara de gatita viciosa, con unos labios que ya han hecho un buen labor con su novio. Además, tiene unos pechos que entran perfectamente en mis manos, una cinturita finita y piernas bien torneadas, largas. Y su atributo más deseado por mí, su cola redondita, la cual que todavía no pude hacer que me la entregue, se niega rotundamente al sexo anal.Pasado un año ya de salir con ella, y tener sexo en todas sus variantes menos el sexo anal ya mencionado, Susan salió del colegio y ya no tuve más a mi colegiala en uniforme. Igual, ella se coloca a veces su uniforme que ya le queda chico cuando estamos solos para darme el gusto... un jueguito de novios. Pero después de un año de noviar, comencé a ir a su casa cada vez más seguido, sobretodo estos últimos meses. Sus padres me tienen ya confianza y saben que lo mío con su hija es una relación seria, Pero en estas visitas, cuando cumplía mi rol de novio visitando a su novia, había veces que Susan no estaba, y me quedaba en su casa esperándola. A veces estaba la hermana mayor de Susan, Otilia, una nena de 19 años que está muy buena... o más que buena Es algo hermosa, tiene un cuerpo infernal, con dos tetasas que son enormes)dos sandias
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Comentarios enviados para este relato
osikr (5 de January de 2012 a las 06:30) dice: ya as la otra parte me dejaste super pikado

negrobarr (21 de December de 2011 a las 15:40) dice: Muy bueno el relato... Espero la continuacion!!!!


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