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Cogida o violada

Relato enviado por : Marlen Yado el 10/03/2006. Lecturas: 14840

etiquetas relato Cogida o violada .
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Resumen
Esa tarde pensaba en mis aventuras, y que tal vez, serìan menos frecuentes debido a que regresò con mi esposo, pero quise experimentar algo nuevo...


Relato
¿COGIDA, O VIOLADA?

No puedo evitar sentirme excitada cuando en la calle me miran los hombres, sé que me desean, y es que por lo general visto ropa entallada, vestidos y faldas muy cortitos.

Ahora vivo en otra ciudad, cerca de Monterrey, casi no conozco a mis nuevos vecinos, pero mi hijo que ya tiene 18 años, trae a casa a su compañero de la preparatoria, que cuando me ve, se le van los ojos.

Igual mi hijo me mira, y me da miedo que me vea como mujer y no como su madre. Tal vez sea por la mi ausencia en todo este tiempo, que aunque no los abandoné, mi suegra me alejó de ellos, de eso hace ya casi 4 años, y ahora, estamos de nuevo como una familia.

En estos días, en que al parecer tienen exámenes, los muchachos se la pasan en casa, yo acudo a la primaria de mi hija, donde su maestro me devora con los ojos.

Fue este día del amor y la amistad, un día como este, recuerdo la ocasión en que Oscar llegó a la casa y me hizo a su manera, desde ese día mi voracidad sexual, empezó y me hizo ser como ahora soy.

Sabía que esa noche mi esposo llegaría a casa para ya no irse, era la fecha límite que nos fijamos para "yo pensar", y aceptar en definitiva volver con él.

Así que con él ya en casa, ya no habrá tantas aventuras sexuales, y yo trataré de poner de mi parte para tener un matrimonio "normal".

Como me he sentido asfixiada en casa, decidí salir de compras, dejando a los chicos haciendo su tarea.

Mientras esperaba que cambiara la luz del semáforo, observé el transporte del metro, que como es elevado vi que iba repleto, también miré los camiones de transporte y los vi igual. Una idea pasó por mi cabeza; dejar mi camioneta en un estacionamiento y subirme a uno de esos transportes, quería sentir manos extrañas en mi cuerpo.

Traía una falda de mezclilla ajustada, tanga de hilo dental gris, y una blusa de tirantes color rosa pálido, aunque traía sostén, me lo quité en la camioneta, y como empezaba a refrescar, andaba como dicen; "con las luces altas", o sea que mis pezones se notaban duros.

De pronto me vi subiendo un camión no tan lleno, iba gente aburrida del trabajo, jóvenes estudiantes, algunos medio dormidos.

No había asientos desocupados, ni caballeros que lo cedieran, caminé entre la gente hasta atrás, sentía roces de cuerpos y manos en mis nalgas, cuando ya no pude avanzar más, quedé entre unos muchachos estudiantes que se miraban entre ellos. Pude sostenerme del tubo superior, sabía que esta posición levantaría mi falda. Quedé frente a una muchacha al parecer secretaria, mi vagina quedó en su hombro, y no hacía por quitarme, unas manos no muy grandes se posaron en mis nalgas sin moverlas de ahí. Luego un hombre más maduro se colocó detrás de mí, quitó la mano del muchacho y éste no solo las posó, sino que acariciaba debajo de mi falda.

La muchacha se levantó y pidió la parada, en el lugar se puso el muchacho que había puesto sus manos en mi trasero. Sin perder tiempo, pasó su mano bajo mi falda, y sobre mi tanga usó sus dedos para frotar mi raja, yo abrí disimuladamente mis piernas, el hombre que estaba detrás de mí había puesto el hilo de mi tanga a un lado para acariciar mi ano, ellos ya sabían que no haría escándalo, así que sin miedo, siguieron fajándome.

No supe cuanto tiempo, pero de pronto el camión se empezó a vaciar, y los tuve que dejar para no llamar la atención. Me sentía caliente y ellos me observaban, como no se llenaba de nuevo el camión, me bajé cerca de una estación del metro elevado. Creí que me seguirían, los dos, pero solo lo hizo el hombre maduro.

Gente bajaba y otra subía, sabía que los que iban detrás de mí, trataban de ver más de lo debido bajo mi falda, yo gustosa trataba de enseñar más.

Ya en la estación esperando el metro, la gente me miraba, y es que bajaba la temperatura, mi cuerpo temblaba de frío, pero no quería regresar todavía.

Subí al vagón entre la gente, el hombre que me seguía lo perdí de vista, un joven me cedió el asiento, al sentarme mi falda descubría mis muslos, frotaba mis brazos para calentarme un poco del frío, no estaba dispuesta a irme "en blanco" del metro, así que me levanté y avancé entre la gente, me acerqué a la puerta, el joven que me había cedido el asiento estaba detrás de mí, sin tocarme. Era guapo, alto pelo crespo, su pantalón aunque holgado, se le notaba un buen bulto entre sus piernas.

Para animarlo a hacer algo, me descaré y le miré a sus partes, sabiendo que me observaba pasé mi lengua por mis labios como saboreando su rica tranca.

Sin pensarlo se pegó detrás de mí, su verga llegaba más arriba de mis nalgas, hice mi cabeza hacia atrás casi rozando mi cuello con su cara, me tomó de l cintura estirando el puente de mi tanga hacia arriba, sentía que la parte de enfrente entraba a mi raja, como su pene estaba detrás de mí, moví mis nalgas agradecida por la sensación. No sé si la demás gente se daba cuenta y si es así, se hacían tontos.

Bajé mi mano para tocar su verga sobre el pantalón, le tenía bien dura y gruesa, no sabía que seguía, pero si estaba segura que no me iba a coger en el vagón.

Repentinamente se detuvo, dejó de tocarme y se alejó, observé que una chica se acercaba, él le sonrió y se besaron, al parecer su novia. Me quedé caliente, pues de los demás hombres nadie se atrevía a nada, solo miraban.

Decidí bajar del metro. Pensé en tomar un taxi para ir al estacionamiento donde estaba mi camioneta. Pero me bajé en una estación muy oscura, pasaban otros camiones pero pensaba que ya era tarde y mi esposo pasaría por mí a las diez de la noche para llevarme a bailar por ser día del amor.

Esperaba un taxi, miré a dos hombres que llegaron a la esquina donde yo estaba, hablaron entre ellos y se regresaron, me quedé más tranquila al verlos alejarse.

Aunque los camiones pasaban, no los tomaba porque ni siquiera sabía para donde iban, me desesperaba porque los taxis que pasaban iban ocupados, tal ves por ser 14 de febrero.

Ya empezaba a temblar más por el frío, cuando de repente sentí que me estiraban la cabeza hacia atrás. Un brazo fuerte hacía que me pegara al extraño arrastrándome como diez metros. Yo no grité ni nada, pero estaba asustada, y me decía lo tonta que había sido por estar ahí en esos momentos, pues me lo había buscado.

Al llegar a la puerta de una casa que parecía abandonada, otro hombre que esperaba le ayudó, para meterme, pude ver que eran las mismas personas que había visto en la esquina.

Al entrar estabamos como en un pasillo, yo trataba de soltarme, y no por miedo a ser violada, sino que el hombre me tapaba la boca y la nariz impidiéndome respirar, por eso pataleaba.

Cuando logré quitar su mano de mi cara, lo primero que hice fue tomar una bocanada de aire, pensaron que iba a gritar y de nuevo me taparon, pero esa vez solo la boca.

Uno de ellos atravesó una cadena oxidada, pasó un candado y lo cerró, el otro esperaba tapándome la boca. El que cerró me tomó de las piernas y me cargaron entre los dos, yo quería que se dieran cuenta que no me iba a resistir, pero imagino que estaban nerviosos.

Me metieron a la casa, que como le dije, parecía abandonada, pero vi botes de pintura, mosaicos, cemento, etc., al perecer la usan como bodega.

Pasamos una pieza, luego otra y al final había un colchón, una especie de cama pero en el suelo, me tiraron en el colchón y el más joven se puso sobre mi cara para taparme la boca y con sus rodillas sostener mis brazos, yo forcejeaba porque me dolía la presión que hacía en mis brazos, no se daban cuenta que de mi cintura para abajo, nada les impedía hacer algo.

El más maduro metió sus manos bajo mi falda y estiró mi tanga, ésta quedó en mis rodillas, luego levantó la falda y empezó a acariciar mis piernas. La sensación de ser violada, me estaba calentando, nunca me habían violado, me estaba gustando.

Abrí mis piernas para mostrarles mi vagina, el hombre metió sus dedos sin cuidado, se dio cuenta que estaba mojada y le dijo al otro;

--¡MIRA NOMÁS, LA PUTA ESTA CALIENTE, ESTA CHORREANDO DE LO CACHONDA QUE ESTÁ, ¿ESTO QUERÍAS VERDAD?, VERGA, PUES LA TENDRÁS MAMITA!.—

El otro al escucharlo dejó de presionarme los brazos, levantó mi blusa dejando al descubierto mis senos, como loco los apretó y besaba bruscamente, los chupaba como succionándolos.

Mi falda quedó en mi cintura, el hombre que jugaba con mi panocha, levantó mis piernas y quitó mi tanga de ellas, al tenerla las olía como desquiciado, me miró con una lujuria que nunca había visto en un hombre, puso su cara en mi panocha y empezó a lamerme deliciosamente, me sentía extraña, mi raja de verdad chorreaba de lo caliente que estaba, ese hombre tragaba mis jugos abundantes y el otro no dejaba de mamar y morder mis tetas.

Cuando el que mamaba mi raja se arrodilló frente a mi raja, sacó su verga, gorda y cabezona, al fin hablé, pero era para suplicarle que se pusiera condón, pensé que si no traían yo se los proporcionaba, pues siempre cargo en mi bolso al menos un paquete, pero los cabrones estaban preparados, se colocó el condón y sin perder tiempo me la metió con tanta fuerza que me empujaba fuera del colchón, yo miraba estrellas del placer de ser penetrada.

El otro se paró y se bajó los pantalones, desde abajo miraba su verga bien parada y curva, se bajó y puso su palo en mi cara, sus huevos quedaron en mi boca y empecé a lamer, mi lengua le provocaban una gran excitación a sus testículos.

Cuando colocaba su verga en mi boca, trataba de hundirla toda, ahogándome y provocándome un lagrimeo, tosía porque la dejaba mucho tiempo en mi garganta. No podía con la cogida que me daba el otro, saborear bien la verga del joven.

Pensé que el maduro iba a tardar en venirse, pero se vino rápido. Su venida demostraba sus ganas de tener sexo, pensé que en su vida se habían cogido a una mujer como yo de caliente, y con buen cuerpo. No sé porqué creo que sus esposas si la tienen, son unas fodongas.

Cuando el otro vio que terminaba su amigo, se quitó de mi boca y con prisa se colocó en mi raja, igual se puso un condón y arremetió con fuerza. El otro descansaba observando, luego se hincó frente a mí, para que le mamara, atenta lo hice y saboreé su semen. Su verga no tardó en ponerse firme, sus huevos más grandes que el del otro colgaban en mi cara, usé mi técnica oral para ponerlo a mil, mientras disfrutaba mi mamada, una de sus manos jugaban con mis pechos.

El más joven parecía desesperado, se quitó y me volteó, yo me empiné sin presiones, cuando vio mis nalgas se emocionó más.

--¡MIRA QUE CULO CARNAL, ESTE ES CULO NO CHINGADERAS!, ¡ESTE CULO VA A SER MIO AUNQUE NO LE GUSTE A ESTA PINCHE VIEJA!.—El pendejo no se daba cuenta que era lo que quería.

Pero cambió de opinión, y la metió en mi raja, el otro se volvió a poner frente a mí y estiraba su verga hacia su ombligo para que le lamiera los huevos, le estaba gustando, y a qué hombre no le gusta que una lengua experta pase por sus huevos, lamiendo y mordiendo delicadamente.

El imbécil que me cogía, no supo controlarse, creo que al tener la visión de mi trasero y su verga en mi raja, se vino de inmediato. Su venida fue violenta, apretaba mis nalgas y caderas, quedando recostado en mi espalda.

Cuando se quitó, el maduro estiraba sus manos para alcanzar mis nalgas, parecía que me atravesaba por dentro porque su verga llegaba hasta mi garganta y sus dedos queriendo entrar en mi vagina y culo. Notó que movía mis nalgas y sin pensarlo se colocó detrás de mí, pero ya no traía condones, así que de mi pequeña bolsa saqué un paquete, sabía que a ellos les iba a dar igual si traía o no, pero por suerte y precaución, no salgo sin ellos.

Cuando ya lo tenía puesto, me empiné más, abrí mis nalgas demasiado, miré sus ojos queriendo salir de sus cuencas, puso saliva en mi ano y su verga parada y me la metía, con mi mano detenía su pierna dándole a entender que me penetrara despacio. Eso solo para amoldar su pene en mi entrada anal.

Mi mano por debajo de mí, sentía la cantidad de verga que entraba en mi culo, cuando imaginé que estaba la mitad, le pedí que se detuviera, puse su mano en mi pelo para que lo estirara;

--¡AHORA SI PAPI, CON FUERZA, MÉTEMELA!.—El tirón de mi pelo y la penetrada violenta me hicieron calentarme demasiado, pasó su mano por debajo de mí para masturbarme, ese hombre sabía lo que hacía.

Mis nalgas temblaban al chocar con su vientre, y le dijo al otro;

--¡MIRA GUEY, ASI SE COGE POR EL CULO!.—El otro se acercó y tocaba mis nalgas penetradas, pasaba sus manos por mi espalda y al llegar a mis tetas rebotando, las exprimía como si me ordeñara.

El que me cogía me tomó de la cintura y nos volteamos, quedó debajo de mí, mi vagina expuesta para el otro, como su verga aún no se reponía, se le ocurrió mamarme la raja, luego se paró enfrente de mí y empecé a hacer mi trabajo oral, casi de inmediato se volvió a poner dura, y se colocó en mi vagina. Era un emparedado sexual delicioso, el hecho de estar con esos albañiles desconocidos me excitaba y lograba ser la puta que me gusta ser.

El más joven quería cogerme por el culo y se lo hizo saber al otro, éste se detuvo y me quitó para que me pusiera frente a él, quedando mi ano a la disposición del más joven.

El que estaba abajo sostuve su verga apuntando al cielo, yo me senté en ella, mis tetas quedaban en su cara y empezaron a rebotar, mientras trataba de capearlas con su boca, chupaba y lamía con fuerza que no me di cuenta del dolor y placer que me provocaban, hasta dejarme unos chupetones que debía ocultar después.

El más joven metía su verga en mi culo, su verga un poco más chica, fácil entraba y salía. Empecé a mover mi cintura como licuadora, el de abajo apretaba mis caderas y nalgas, el otro se sostenía de mis senos.

Mis movimientos circulares estaban apunto de provocarme un orgasmo, entonces el hombre maduro mordió mi seno derecho, yo grité de dolor y placer, se estaba viniendo, se retiró de mi pecho para disfrutar su venida sus ojos en blanco demostraban lo que gozaba.

Cuando el que estaba detrás de mí dijo que se venía, yo aceleré mis caderas exprimiendo la leche de la que me cogía por la panocha, trataba de triturar con mi culo la verga del intruso y ya no pude más, empecé a venirme como loca entre dos extraños, mientras sentía la agitación del más joven en mi nuca, que se estaba vaciando en mis intestinos.

A pesar del fresco del tiempo, los tres sudábamos a mares, nos quedamos así, pegados los tres.

Cuando él desenfrene terminó, ellos se miraban uno al otro, yo tomé mi blusa y me la puse, acomodé mi falda y busqué mi tanga, como no la encontré, me levanté y me dispuse a salir, el más joven me acompañó para abrir la puerta. Se asomó primero él, y me detuvo en la puerta;

--¡OYE MAMITA!,¿CUANDO VINES OTRA VEZ?.— Yo ya estaba satisfecha y llena de leche, y sin remordimientos respondí;

--YA TUVIERON LO QUE QUISIERON ¿NO?, SI PERMITÍ QUE LO HICIERAN FUE PARA QUE NO ME DAÑARAN, SI LOS VUELVO A VER, LOS DENUNCIO.—

Apresurada caminé sin nada bajo mi falda, y entré a una especie de oficina, eso no se lo hubiera dicho al otro hombre, pero aproveché que era el más tímido. Quería sentirme violada, y no cogida con consentimiento.

Desde donde estaba una señorita, me hizo el favor de pedir un taxi, después de que le conté que me habían violado. Asustada quiso llamar a la policía, pero le dije que ya de nada servía, y que no quería problemas con mi esposo.

En taxi me dirigí al estacionamiento que estaba a punto de cerrar. Tomé el celular de la guantera, llamé a mi esposo para decirle que cancelara la salida, pero no lo convencí, sin perder tiempo me dirigí a la casa a darme un buen baño.

Mientras me arreglaba para salir, pensé; "Otra historia que relatar, ahora, fui VIOLADA, Y ME GUSTÓ". ¿QUÉ TITULO LE PONDRÉ?, ¡AH YA SÉ!; "¿COGIDA O VIOLADA?.

Esa noche en compañía de mi marido en un restaurante, sentí mi panocha y mi culo palpitando, como si esas vergas de albañiles siguieran dentro de mí. Y esa noche, era la primera después de casi seis meses separados, así que esa noche tuve que complacerlo en la cama aunque estaba toda adolorida por la rica violación que me dieron. La cogida estuvo deliciosa, añoraba tener a su esposa ardiente en la cama, pues según él, ya extrañaba mis nalgas.

MARLEN

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