Mi esposo Ángel, apenas regresamos de nuestra Luna de Miel, se tuvo que incorporar a su unidad, ya que que como es oficial, le dieron una licencia para que realizaramos nuestra boda, antes de que se fuera para el Medio Oriente.
Yo seguí con mi vida de manera normal, trabajando de lunes a viernes, como maestra de escuela, y los fines de semana visitaba primero a mis padres, y luego a mis suegros.
Aunque ya llevaba más de un mes que Ángel se encontraba en quien sabe donde, la verdad es que comencé a estrañarlo, y mucho, ya que antes de casarnos formalmente, habíamos estado viviendo juntos por espacio de más de un año.
Fue en una de esas ocasiones en que fui a visitar a mis suegros, que me encontré con Ricardo mi cuñado, justo cuando los padres de Ángel iban saliendo para el cumpleaños de una de sus nietas. Yo la verdad es que aunque me invitaron, para que los acompañase, no me sentía con muchas ganas de asistir, a una fiesta de niños.
Ya estaba por regresar a casa, para encerrarme en mi soledad, cuando Ricardo me preguntó si yo sabía jugar billar. La verdad es que no, y en ese momento me dijo que si yo quería, él me podía enseñar. Como era eso, o irme a mi casa, le dije que si.
Así que después de explicarme lo básico del juego, comenzamos a practicar, unos cuantos tiros, para que yo fuera aprendiendo. Pero a medida que yo fui agarrando el taco de billar, y dándole a las diferentes bolas. Ricardo comenzó a corregir mi postura, la manera en que yo agarraba el taco, y el orden en que debía meter las bolas en lo que él llama la buchaca.
En cierto momento se colocó tras de mi, y agarrando el taco junto conmigo, me fue indicando los movimientos que debía hacer.
Lo que al principio, ni le presté mayor atención, pero a medida que Ricardo continuó colocado tras de mi y prácticamente abrazandome entre sus brazos, yo comencé a sentir un rico cosquilleó entre mis piernas.
Hasta que de momento, además del cosquilleó interno, comencé a sentir un duro bulto rozando mis nalgas, por encima de mi falda. En cierto momento, con toda intención, comencé a restregar mis caderas contra el cuerpo de mi cuñado.
Al mismo tiempo que me decía a mi misma que como era posible que hiciera eso, sabiendo que seguramente, Ricardo no tomaría eso como una simple broma de mi parte, sino como una clara insinuación. Ya que como los dos nos encontrábamos completamente solos en la casa de sus viejos.
Fue cuando sentí sus manos sobres mis caderas, al tiempo que yo lascontinuaba restregando contra su cuerpo, y no me quedó la menor duda de que mi cuñado había tomado eso como una insinuación de mi parte.
Cuando de momento me voltee a verlo, y le pregunté que le sucedía, Ricardo se puso rojo como un tomate. Y comenzó a pedirme disculpas, diciéndome que se había dejado llevar por el momento. En ese instante, yo en lugar de aceptar sus disculpas, y retirarme. Le dije como si él fuera el responsables, al tiempo que le mostraba uno de mis inflamados pezones. Mira como me tienes, tú sabes el tiempo que tú hermano se marchó, es el mismo que yo no tengo relaciones.
Fue cuando me dijo de manera salamera, pero si tú gustas, te puedo ayudar con eso. Yo me quedé sorprendida, y al mismo tiempo deseosa de que mi cuñado Ricardo no me fuera a salir con alguna estupidez.
Por un corto instante comenzamos a besarnos sin decir más, sentí su lengua dentro de mi boca, al tiempoq eu una de sus manos comenzó agarrar mi coño, por encima de mis bragas.
Ya después de eso, mientras le fui bajando los pantalones, me fui agachando, y supuse que si a mi marido le encantaba que yo le mamase su verga, lo más probable era que a su hermano también eso le gustase. Por lo que sin demora alguna me dediqué a mamarsela.
Al poco rato, yo misma ya me habaía quitado la camisilla, el sostén, así como mis bragas. Y a los pocos segundos comencé a sentir, como la sabrosa verga de mi propio cuñado se habría paso dentro de mi caliente coño.
Fui disfrutando del placer de ser penrtrada, milímetro a milímetro, quizás sería por llevar más de un mes que mi esposo se había marchado, pero en esos instantes me sentí plenamente realizada. Movía mis caderas, al tiempo que Ricardo no dejaba de enterrarme una y otra vez todo su sabroso, duro, y caliente miembro.
Yo no dejaba de chillar, y de gemir a medida que continuábamos moviendo, yo deseaba sentir lo más dentro de mi, todo aquel sabroso pedazo de carne de mi cuñado. En ciertos momentos no les niego que pensé en mi marido, pero yo bastante le pedí que se retirase, antes de casarnos.
Bueno gracias a mi cuñado disfruté como una verdadera loca, de todo lo que él me estaba haciendo. Además descubrí un entretenimiento, interesantísimo. El cual juego ocasionalmente, no tan solo practico con mi cuñado, sino que cuando salgo de noche sola también practico, con expertos jugadores, contra los que usualmente pierdo…