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Como es posible que le sea infiel a mi marido

Relato enviado por : narrador el 14/07/2008. Lecturas: 15428

etiquetas relato Como es posible que le sea infiel a mi marido .
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Resumen
Es algo que mientras más pienso en ello, menos logro entender. Mi esposo y yo estamos casados desde hace tres años, tenemos una linda hija, nuestra casa, que en gran parte es del banco, y todas las cosas que una podrían pensar que me pudieran hacer feliz. Si Ricardo fuera uno de esos tipos, mal criados, faltos de sentimiento, incapaz de poner atención a mis necesidades. Pienso que se lo tendría merecido, pero no es nada de eso


Relato
Todo lo contrario, es casi un marido perfecto. Digo casi por que como toda persona tiene sus defectos, pero ha la hora de la verdad, nada que me hubiera llevado a estar en los brazos de otro hombre. Lo que más me molesta de todo esto, es que lo se y aun y así le he sido infiel. Lo más triste del caso es que no ha sido una sola vez, ya han sido varias y para colmo hasta con hombres que en nada se le parecen a mi esposo. No lo digo en lo físico, me refiero más bien a su manera de ser.

La primera vez que le fui infiel, fue cuando aun éramos novios, Ricardo se encontraba estudiando, para su examen final. Cuando unas amigas mías me invitaron a una feria cercana al pueblo nuestro. Como es de esperar se lo comenté, y él me indicó que no podía acompañarme, por los estudios, pero sí yo deseaba ir que fuera, además me lo dijo de muy buena gana, y hasta me dio algo de dinero para que la pasara bien.

Estando con mis amigas, me puse a beber, y nos abordaron un grupo de chicos, al rato todas ya teníamos pareja. A mi me ha tocado, un tío que era el espíritu de la contradicción. Aparte de ser sumamente machista, al punto que no se molestó cuando fui a pagar una ronda de cervezas. Pedante, grosero, en fin en nada se parecía en lo más mínimo a mi novio. Pero ya entrada la noche, él y yo no separamos del grupo, o mejor dicho el grupo se separó de nosotros, ya que cada quien arrancó con su cada cual. Yo estaba a punto de marcharme, cuando el más bestia, me invitó a que lo acompañase a un mirador que él conocía.

Nos fuimos en su auto, y realmente el sitió era bastante bonito, tranquilo, una loma con una vista maravillosa. Además para llegar ha ese lugar había que flanquear un portón de madera, del cual al parecer mi compañero tenía la llave. Al bajarnos del auto, se trajo una botella y ambos comenzamos a tomar al pico, mientras charlábamos. De momento se me ha quedado viendo directo a los ojos, me ha estampado un beso, que lo sentí hasta el tuétano de mi s huesos.

En principio pensé en decirle que no, que no continuase. Que yo no era una de esas chicas fáciles, pero él seguía besándome de tal forma y manera, que la verdad, que no pude hacer nada para que se detuviera. No es que yo fuera una chica a la que Ricardo nunca hubiera besado, si lo hacíamos, y hasta en una que otra ocasión, terminábamos teniendo relaciones. Pero en ese momento, era totalmente diferente, algo dentro de mí deseaba locamente que continuase besándome, y acariciando todo mi cuerpo.

Cuando sentí sus manos sobre mis senos, ni siquiera hice el intento de quitarlas, y cuando la metió por debajo de la falda que yo estaba usando esa noche, no me pasó por la mente el decirle que no continuase. La verdad es que no se que me sucedió, sin que él me hubiera dicho ni una sola palabra, yo misma me he quitado todo lo que tenía encima puesto. Al tiempo que él seguía besándome, como un salvaje. Al poco rato, ya nos encontrábamos follando sobre la hierba.

Esa noche hice y dejé que me hicieran cosas que normalmente nunca había hecho con Ricardo. Era como si me hubiera vuelto loca de momento, con decirles que me puse a mamar su miembro, apenas me lo insinuó. Mientras que yo al mismo tiempo, me daba dedo como una loca. Lo hicimos de diferentes maneras, en ciertos momentos les juro que llegué ha pensar en Ricardo, que haría sí se enterase de eso, pero con la misma rapidez que lo llegaba a pensar, dejaba de hacerlo.

Lo que más me llenaba en esos instantes era el sentir su verga dentro de mi coño. Con decirles que hasta me dio por el culo, cosa que en ocasiones había hecho con mi novio cuando yo tenía la regla, pero en esos momentos no era el caso. Yo esa noche, disfruté de varios y muy calientes orgasmos. Al terminar, no dijimos ni una sola palabra hasta que nuevamente en el pueblo me bajé de su auto. Algunas de mis amigas me esperaron y también tuvimos que esperar ha otras dos.

Cuando todas ya de regreso nos dirigíamos al pueblo, cada una contó que la pasaron bien, que bailaron, que esto que aquello, que habían quedado en verse de nuevo. Yo no iba a ser la única tonta que reconociera que la estuvieron follando, por lo que también dije más o menos lo mismo. Después de esa noche, no he vuelto ha ver al más bestia.

Pero como les dije le he sido infiel a mi esposo en múltiples ocasiones, y luego no encuentro la razón por la cual lo he sido. Como después de que di a luz a nuestra hija, me continué viendo con un nuevo ginecólogo. Ya que el anterior decidió retirarse, por la edad. Pero en cierta ocasión en que después de los exámenes regulares asistí a su consultorio, para que los leyese. Al salir de su consulta, bastante tranquila por los resultados, mientras esperaba en la puerta del ascensor, me di cuenta que la puerta del cuarto de limpieza se encontraba entreabierta. Sin esfuerzo vi algunas fotos de chicas desnudas, pero también vi al conserje, que justo en esos momentos se encontraba orinando.

Un hombre algo maduro, que al verme ni se inmutó. Continuó agarrando su cosa como que si nada, yo la verdad es que me asusté y de inmediato entré al ascensor, que justamente se había abierto en esos instantes. Todo pudo terminar ahí, pero la imagen de ese hombre, orinando no se me quitaba de la mente. A los pocos días volví donde mi ginecólogo, con la excusa de que me explicase un medio de evitar los embarazos que no fuera el condón ni las pastillas, al llegar al edificio en la puerta se encontraba ese tipo, la verdad es que me le quedé mirando insistentemente, hasta que el ascensor cerro. Mi doctor me atendió con relativa rapidez, y tras hablarme de los parches, dio por terminada la consulta. Al pasar frente a la covacha donde había visto orinando al sujeto ese orinando, no pude evitar el dar una curiosa mirada.

Nuevamente el tipo ese se encontraba en ese lugar, con su cosa agarrada entre una de sus manos, mientras que con la otra, evitaba que se cerrase la puerta. Me le he quedado viendo nuevamente, y como si estuviera hipnotizada entré a ese oscuro lugar, donde él de inmediato cerró la puerta. Ya dentro fue como algo de película, nada más bastó que me agarrase por el brazo, y pegase su boca a la mía, que me dejé hacer de todo. A los pocos momentos de estar besándome, sencillamente se agachó, metió sus manos bajo mi falda, la levantó, me bajó las bragas y pegó su boca a mi coño.

Como acostumbro ha usar bikinis algo pequeños, me depilo con regularidad. Sentí como su lengua y boca me chupaban mi clítoris, hasta hacerme alcanzar un tremendo orgasmo, tras el cual, el se ha levantado, y me ha dado vuelta, terminé apoyándome contra la pared, mientras que él, me penetraba con su verga, y sus manos acariciaban mi cuerpo, por sobre la ropa. En cierto momento, ni cuenta me di de donde me encontraba, ya que en lugar de contener mis gemidos les di rienda suelta. Hasta que tanto él como yo alcanzamos un divino clímax. Apenas terminamos, me arreglé la ropa, me pareció escucharle decir que le agradaría volver a verme, cuando sin pensarlo mucho abrí la puerta de la covacha. Mi sorpresa fue grande, afuera se encontraban otras dos mujeres que de seguro habían estado escuchando mis gemidos. Me observaron como si yo fuera una loca. En lugar de esperar el ascensor, me marché por las escaleras. Hasta el sol de hoy no he vuelto ha ver ha ese ginecólogo, lo cambié por una doctora. No por que no me sintiera a gusto con él, sino por no pasar la vergüenza de que alguna de esas dos mujeres me vuelva a ver. Del conserje, les diré que una vez que salí del edificio, no he vuelto ha pensar en él, hasta el día de hoy que escribo estas líneas.

Pero así como con el conserje, me ha pasado con otros hombres. Hombres que ni conozco, que alcanzo ha ver por una primera vez y después de que tenemos relaciones, procuro no volver más por ese sitio. Pienso que entre todas esas locuras que me han sucedido, la peor de todas me sucedió estando de vacaciones con mi marido. Nos encontrábamos pasándola en un hotel, cuando se me ocurrió ir al gimnasio, para hacer algo de ejercicio. Al entrar me encuentro con los encargados, dos chicos que son guapísimos.

Y como por arte de magia sin decir una sola palabra, al ver la manera en que yo me les quedaba mirando sus miembros bajo los pantalones de licra. Uno de ellos sencillamente, cerrando la puerta con llave, colocó el letrero de cerrado. Me tomó por el brazo y junto a su compañero me condujeron al fondo del salón, a la sala de masajes. Entre los dos me han quitado la ropa a medida que con sus bocas besaban todo mi cuerpo, yo me encontraba como extasiada, dejándolos hacer lo que les viniera en gana conmigo.

Esa fue la primera vez que lo llegué hacer con dos hombres a la vez, pero no ha sido la única. Mientras uno me lo había introducido por el coño, el segundo me lo comenzó ha introducir por el culo. La verdad es que me sentía la mujer más dichosa del mundo, en esos instantes. El estar así entre dos hombres jóvenes, haciéndome todo lo que ellos y yo queríamos. Esa tarde aparte de eso, me han puesto a mamar, sus vergas. Me introdujeron sus dedos dentro de mi vagina, me volvieron a penetrar de manera incansable. En fin no hubo cosa que no me hayan hecho.

Con decirles que entré a las nueve de la mañana, y vine saliendo toda exhausta casi a las doce del día. Al llegar a mi habitación me di una ducha y me he quedado en la cama todo el día. Por suerte a mi esposo, le encanta compartir con la beba. Como el es tan considerado, ni siquiera me despertó cuando llegó a la habitación. Y esas, precisamente esas son las cosas que me hacen sentir mal. Durante unos cuantos días me siento muy mal, por lo que he dejado que pasara, pero basta que me encuentre en una situación similar, que ni lo pienso dos veces.


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