Sigo contando como me destrozo la vagina, un goce...Después de saborear su pene y su semen en toda mi boca de perra, cojo mi consolador anal, y de un solo empujón me lo metí con toda la fuerza, haciéndome gemir, como la puta que soy -Ahh!! Siiii Thor quiero tu polla!! ahh!!- Me empezaba a meter con muchísima fuerza el consolador cuando Thor se acerco, atraído por el olor que desprendía mi cuerpo, ansioso de una polla que le diese placer.
El perro, me lamia por todas las partes que podía, haciéndome sentir esa rugosa lengua, dándome el mayor placer que jamas sentí, tal era mi excitación, cuando sentí que su lengua paso varias veces por mi clítoris, que perdí mis fuerzas, y me corrí, muchísimo. Mis jugos vaginales empezaron a salir sin control alguno y el los empezó a lamer rápidamente mientras yo me sentaba y empezaba a masturbarme con los dedos.
Después de quince minutos de ver su pollazo colgando, decidí que era hora de que probase la vagina de una perra, pues es lo que soy, soy su perra y me folla cuando quiere. Me puse a cuatro patas y no hizo falta mas, me vio y salto encima mio rodeándome la cintura con las patas delanteras y embistiendo sin conseguir entrar, hasta que en una de esas feroces embestidas, acertó, y la metió hasta el fondo de un golpe. El grito que di fue ahogado, pues el dolor mezclado con el placer de esa polla en mi vagina, embistiendo cada vez mas rápido no me dio tiempo ni a recuperarme, caí al suelo con el culo hacia arriba y me deje dominar por mi macho. -Ahhh!! Dame mas papito, dame tu polla! Quiero que me folles como la perra que soy, soy tu perra! follarme cuando quieras!-
Estuvimos asi por espacio de una media hora, su polla, entrando y saliendo con brutalidad mientras rozaba mi vagina, cosa que me producía espasmos de placer. Mientras me perforaba el interior de mi vientre, con mi lengua lamia la suya, que entraba en mi boca con rapidez y me hacia calentarme mas y mas.
Pasada esa media hora, empece a sentir un bulto, una gran bola que intentaba entrar en mi vagina desesperadamente, cuando lo consiguió, grite de dolor, el cual se fue ahogando en un profundo placer, y solo pude que cogerle de las aptas para que no saliese. Estaba abotonada.
Pasamos así por espacio de 45 minutos y sentí que me llenaba hasta el vientre de su semen caliente, el cual cayo un poco al suelo al despegarnos, y yo excitada como estaba y como perra suya que soy y siempre seré, me acerque a el charco de semen y lo empece a lamerlo con muchísima ansia mientras me masturbaba. Al acabar, mire con deseo a mi macho y me volví a poner a cuatro patas, quería que me perforase el ano.