Último relato, el de Laura, la oriental antes de ver quien pierde la apuesta.La última en dar su relato fue Laura, la de raíces orientales y de la que no esperábamos mucho por ser la más reservada comenzó su relato preguntando:
-¿Se acuerdan de Octavio?
Él era un chico feo y gordillo de sus salón, la verdad nadie le hacía caso por tener fama de pesado y siempre que pasábamos nos veía con ojos bastante morbosos por eso no nos caía bien. Todas contestamos que si lo recordábamos.
( a partir de aquí lo contaré en 1° persona).
Fue un día de entrenamiento en el gimnasio, habíamos terminado de entrenar y a mí me tocaba llevar las colchonetas y los pompones y todo el material a la bodega, comencé a llevar las cosas mientras todos se iban, cuando estaba llevando las últimas colchonetas el entrenador me dijo que se retiraba, tenía que ir a no sé dónde, que cerrara la bodega y ya.
Después de terminar, fui a mi mochila y comencé a cambiarme, solo me quitaba la falda del equipo y me ponía mi pantalón y me quitaba la blusa quedando en un brasier blanco y me ponía mi blusa normal. Cuando termine y me disponía a salir escuche una voz que me asusto mucho porque no había visto que había alguien más en el gimnasio. Era Octavio.
- Buuu, nada más eso te vas a quitar??
-Si y qué??
-Yo pensé que las porristas eran más atrevidas, dijo mientras se iba acercando a mí.
Yo no pensaba decirle nada, pero cuando se acercaba a mi lo vi tan seguro que decidí jugar con él un rato.
-Pero nada hacemos de a gratis. Le dije.
-Que bien!!, y cómo cuánto cobran???
-depende que quieres que haga??, le dije con voz sexy.
-Báilame y quítate la ropa
-$500, pensando en que hasta ahí se terminaría todo
-va, de su mochila saco una bolsa donde traía dinero y que me da los $500
Yo me quedé fría, me los había dado por un lado pensaba dárselos pero por otro después podría sacar más dinero.
-Está bien.
Cerré el gimnasio como si ya no hubiera nadie, lo llevé a los vestidores de las mujeres una vez que se sentó en una banca comencé a moverme como si bailara mientras el no dejaba de verme, me movía lo más sexy que podía, me acercaba a él, ponía mis labios cerca como si lo fuera a besar pero los retiraba cuando estábamos muy cerca de besarnos, así estuve, me quite el pantalón y la blusa, quedando en ropa interior como ya me había visto cuando me quite el uniforme de porrista.
-No me pienso quitar más.
-Es suficiente (me dijo), te doy $1,000 y venme a mara la verga.
Después de asegurar mi dinero. Me hinque y comencé a bajar su pantalón, no traía boxer ni nada. Al principio me dio asco pero me acordaba del dinero para continuar haciéndolo, tenía un pene normal, ni tan grande ni pequeño, podía metérmelo completo a la boca, lo metía y lo sacaba cada vez más rápido, lo lamía todo, le escupía mientras lo veía con carita sexy. El sólo me decía "puta", "zorra" pero yo no le hacía caso, yo solo se la mamaba mientras me tocaba el clítoris con una mano, de vez en cuando soltaba gemidos que no podía contener, cosa que le gustaba mucho. Después de un rato, comencé a masturbarlo con la mano muy rápido para que ya se viniera, en cuanto me aviso que estaba a punto de hacerlo, me metí su pene a la boca y recibí unos chorros que leche que mantuve en mi boca, me paré, se la enseñe y me la tragué, ni siquiera lo limpié, me vestí y nos fuimos.
Lo he hecho otras dos veces. Siempre me ha pedido hacer más cosas pero no me ha ofrecido lo suficiente.
Después de este relato, veríamos quien perdía la apuesta que tendría que pagar con su consolador de Gera.