Categorias

Relatos Eróticos

Ultimas fotos

Photo
Enviada por andamios

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita


Creí que me moría, pero de placer…

Relato enviado por: narrador el 16/2/2013. Lecturas: 21416
Etiquetas:   Zoofilia
Relato completo
Eso sí, en lugar de decírselo en cinco palabras, voy a ir contándoles poco a poco, lo que me ha sucedido…
Para comenzar les diré que mi esposo Armando es un adicto al trabajo, lo que en gran parte trajo como consecuencia, que me encuentre por la situación que estoy pasando.
Ya llevaba varios años, acostumbrada a la pobre atención que mi esposo me dispensaba ocasionalmente en la cama. Hasta que un día después de llevar los niños al colegio, de regreso a casa compre el libro las cincuenta sombras de Grace, al principio tan solo le di un vistazo por encima.

Pero lentamente, primero me fui haciendo adicta a la literatura erótica, y luego casi sin darme cuenta pasé a la pornografía. Disfrutaba ya fuera leyendo, u observando alguna que otra revista pornográfica, al tiempo que después de dejar a nuestros hijos en el colegio, estando a solas en casa, mientras fui buscando en internet temas relacionados con sexo, por lo que a medida que iba viendo o leyendo una que otra pagina o bajando algún video, introducía mis dedos dentro de mi vagina, y deliciosamente acariciaba mi clítoris, en ocasiones de manera tan y tan salvaje, que terminaba completamente agotada.

Desde luego que también ocasionalmente veo videos porno, con el mismo resultado, pero en lugar de usar mis propios dedos, comencé a comprar champú y enjuagues para el cabello siempre y cuando los embases fueran de plástico y de forma fálica. Los que tras introducírmelos dentro de mi vulva, ocasionalmente me dejaban en cierta manera algo insatisfecha.

Cosa que yo no entendía cual era la razón. Fue cuando buscando algo nuevo que me llenase, llegué a pensar en serle infiel a mi esposo, esa idea me daba vueltas y más vueltas en la cabeza, y no es que yo fuera muy loca o atrevida para llegar hacerlo realmente. Lo que me detenía era el miedo, de no poder controlar la relación y que eventualmente mi esposo se enterase. Por lo que a pesar de las muchas oportunidades en que pude acostarme con otros hombres, me contuve.

Hasta que bajé un video, de una tipa alemana que tenía sexo con un perro, al principio me pareció algo asqueroso, pero algo en el rostro de ella, la felicidad que reflejaba a medida que mantenía relaciones con ese animal, me hicieron que viera el video una y otra vez. Fue cuando pensé que un perro no habla, y si es educado apropiadamente en todo momento lo podría controlar.

Además en casa ya teníamos un perro, de aproximadamente un año, que supuestamente mi esposo lo compró para nuestros hijos y que además protegiera la casa. Pero muy mal educado, mejor dicho no lo habíamos entrenado nunca, por lo que después de pensarlo durante varias noches, en las que mi marido ni me tocaba, decidí llevarlo a una escuela de entrenamiento.

En el fondo pienso, que a quienes entrenan son a los amos para que aprendan a controlar a los perros. Con lo que fui aprendiendo, me fui sintiendo cada día más y más segura, hasta que decidí atreverme. Cacho que es el nombre de nuestro perro, se adaptó muy bien al entrenamiento, así que una mañana apenas mi esposo se marchó a sus oficinas, y yo dejé a mis hijos en el colegio, al llegar a casa, tras cerrar todas las puertas y ventanas, además de asegurarme de que nadie me fuera a ver, comencé a entrenar a Cacho.

Lo primero que hice fue desnudarme completamente. Cosa que el perro ni atención me puso, por lo menos al principio, pero cuando a medida que acariciaba mi vulva, y estiraba mis húmedos dedos hacía él, poco a poco se fue acercando, seguramente el aroma de mi húmedo coño lo fue atrayendo, hasta que comenzó a lamer mis dedos.

Eso lo fui haciendo varias veces, y cuando lo veía de lo más interesado en continuar le ordenaba detenerse. Cacho obedientemente me hacía caso, pero de la misma manera comencé a ir dejando mis dedos más y más cerca de mi coño, hasta que sentí su áspera lengua lamiéndolo. Por aquello de reforzar el entrenamiento, en el punto en que yo ya comenzaba a disfrutar de sus profundas lamidas, le ordenaba detenerse, y Cacho obedecía.

Yo estaba más que consiente que una vez que Cacho se me trepase, sería una estupidez de mi parte el ordenarle detenerse, además estaba deseosa de probar la verga del perro, por lo que colocándome de rodillas, y luego pegando mis pechos al piso, separé mis piernas y llamé nuevamente a Cacho, quien de inmediato volvió a lamer deliciosamente todo mi coño, y hasta mi culo. Ya no me podía echar para atrás, así que cuando Cacho siguiendo sus instintos, se trepó sobre mí, en cosa de segundos sentí la rosada punta de su miembro golpeando por fuera mi coño, nada más me bastó moverme ligeramente y separar un poquito más mis piernas para sentir como su dura verga penetraba mi coño.

Las patas delanteras de Cacho, me sujetaban con fuerza contra su peludo cuerpo, y a medida que me fue penetrando, yo fui sintiendo que me moría, pero del placer que sentía al tener toda su verga dentro de mí. Yo por mi parte también comencé a mover mis caderas buscando sentir más y más dentro de mí su buen pedazo de carne. Sus testículos los sentía golpeando contra mi cuerpo, su olor a perro me embriagó, yo estaba que no podía creer, lo que yo había dejado que sucediera.

Pero cuando más inspirada estaba comencé a sentir que esa rosada verga dentro de mi coño, como que comenzó a crecer más y más. Me acordé de haber leído lo que sucede, cuando dicen que un perro se abotona, y con más fuerzas movía yo mis caderas. Fue tanta y tanta mi excitación, que por primera vez en mi vida sentí que me chorreaba, justo al mismo tiempo que disfrutaba de un salvaje orgasmo, como nunca antes lo había disfrutado.

Después de que Cacho eventualmente se vino, y se bajó de mi, tuvimos que esperar, a que su verga se desinflamase, aunque yo estaba bien consciente de que eso sucedería, mi coño estaba tan sensible que el más ligero movimiento ya fuera de él o mío, hacía que mi excitación subiera al máximo.

Pero algo que yo no me esperaba fue cuando Cacho finalmente se separó de mi cuerpo, casi de inmediato se dedicó a lamer todo mi coño y muslos, provocándome nuevamente un bestial orgasmo. Ese día me quedé tirada en el piso, casi por espacio de una hora después de que Cacho se retiró. Luego de eso, en varias ocasiones, me di un buen baño y desinfecte todo mi coño, hasta con vinagre y agua oxigenada en varias ocasiones, por aquello de evitar o agarrar alguna infección.

Desde ese día soy loca teniendo relaciones con Cacho, hasta el punto que he dejado que me introdujera su miembro por mi culo, y en par de ocasiones hasta le he mamado su rosada verga, bañándome con su semen por todo mi cuerpo, el que luego él se dedica a lamer divinamente. Mi esposo, bien gracias, ni cuenta se ha dado, de lo mucho que aprendió Cacho en el entrenamiento, mis hijos, apenas y juegan con él, ya que a la única a la que le obedece es a mí…