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De empleada doméstica, o sirvienta. A ser la puta privada del señor. ( CON fot

Relato enviado por: Narrador el 22/7/2017. Lecturas: 14872
Etiquetas:   Trabajo
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Después que cerraron la empresa para la que trabajaba como secretaria ejecutiva, y mi esposo me pidió el divorcio. Pensé que me sería muy fácil encontrar un nuevo empleo. Pero no fue así, y por mucho que busqué, no lograba encontrar trabajo, ya tenía el aviso para que desocupase la pequeña habitación donde dormía, hasta que finalmente, tuve la suerte de que una pareja de extranjera, me colocase como su sirvienta, además de que el sueldo, o mejor dicho el salario era bueno, tenía mi propia habitación, en la misma casa.
Desde que llegue me di cuenta de que le llamaba mucho la atención al señor, el que apena me hablaba, por lo menos cuando no estaba la señora. Así que poco me preocupaba si él estaba o no en la casa. Hasta que la señora tuvo que salir de viaje, ya que el mismo día, la manera en que el señor me veía me ponían muy nerviosa.

Aunque traté de no demostrárselo, dedicándome a las labores de limpieza, cuando al pasar frente a él, sin decirme una sola palabra, me tomó del brazo, y de un jalón hizo que quedase recostada sobre el sofá. Asustada le pregunté que le pasaba, y él en su mal español, me dijo con fuerte acento eslavo. Desde hoy eres mi puta, pero si no quieres te puedes marchar ya mismo. En cuestión de segundos, pensé que era lo que me esperaba, ya fuera si aceptaba o no. Por lo que en ese instante decidí, que por los momentos no estaba lista para ponerme a buscar otro trabajo. Por lo que sumisamente, cuando me preguntó si estaba de acuerdo, no me quedó más remedio que decirle que sí.

Mientras él se colocó tras de mí, y tras levantar mi vestido pegó su cuerpo al mío. Casi de inmediato me dijo, ya veo que eres inteligente, por lo que nos vamos a llevar bien. En ese momento me dio una ardiente nalgada, diciéndome que me recostase en el sofá, cosa que yo hice de inmediato, apenas él se puso de pie. Yo no sabía que esperar, cuando de momento, se agachó a mi lado, y nuevamente levantando la falda de mi uniforme, acercó su rostro a mi coño, para de inmediato comenzarlo a besar y lamer poco a poco, mientras que yo trataba de no dejarme llevar por la excitación que comenzaba a sentir por todo mi cuerpo. Al poco rato el señor, de estar lamiendo y mamando todo mi coño, se detuvo, poniéndose de pie, y sacando su erecto miembro del pantalón, diciéndome. Ahora te toca a ti. Por lo que aunque muy a mi pesar, simplemente abrí la boca, y me puse a mamar su miembro. Hasta que de golpe se detuvo, y sacando su verga de mi boca, me ordenó que levantase las piernas. Yo le obedecí, y aunque como ya les dije, no quería dejarme llevar por la excitación, pero desde que mi exesposo se divorció de mí, no había vuelto a tener sexo con ningún hombre, y a pesar de que no soy de las que les gusta que le den por el culo, la sola idea de lo que me iba a suceder me excitó tremendamente.

Comencé a sentir sus dedos, llenos de saliva, dilatando mi culo. AL poco rato los sacó, y sin demora alguna me comenzó a penetrar con su parada verga por el culo. Por la falta de práctica, al principio me dolió un poco, pero ya al rato, yo estaba moviendo mi cintura, sintiendo como la verga del señor entraba y salía una y otra vez de mi apretado culo. Por insistencia de él cambiamos de posición, y nuevamente sin tan siquiera darme tiempo a que me quitase mi ropa íntima, haciendo a un lado mi braga, y bajándome las medias, me volvió a ensartar por el culo, mientras que yo no dejaba de moverlos insistentemente. Por lo que mientras él continuaba clavando su verga entre mis nalgas, yo misma comencé a autosatisfacerme apretando y golpeando mi clítoris con una de mis manos, hasta que disfruté de un orgasmo tremendo.

Bueno desde ese momento, basta que el señor me haga una seña, para que yo gustosamente lo complazca, por lo menos hasta que encuentre un nuevo trabajo, o su señora nos descubra….