Relato enviado por:
xoel el 3/12/2007.
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Relato completo
Tío Teo, el atractivo hermano menor de papá, viene a casa porque se le ha averiado el camión y quiere que mi padre (excelente mecánico especialista) se lo arregle.
Teo, para agradecérselo, también acabará arreglando en casa otra cosa más delicada, de la que es magnífico especialista ...
Querido diario:
Ya a temprana edad, recién descubierta mi sexualidad, disfrutaba yo escuchando follar a mis padres. Como son jóvenes y de gran fortaleza física, suelen hacer el amor con frecuencia, casi a diario. Al principio, cuando todos ya nos habíamos retirado a nuestros dormitorios para descansar, me deslizaba en la oscuridad de la noche hasta la puerta de su dormitorio y allí acercaba mi oreja y los oía chingar como bestias en celo, entre grandes gemidos y frases soeces que, al parecer, excitaban sobremanera a mi madre. Luego, el clímax final, que en el caso de mamá era espectacular siempre rematado con un "me corro, me corro, me corrooooooooooooo".
Más adelante, desde el día que mi hermanita casi me pilla con la oreja en la puerta y pajeándome como un burro, he optado por hacer el " seguimiento" desde mi propio dormitorio. Me tumbo en el suelo y escucho perfectamente todo el ritual de la jodienda, ya que el sonido se expande perfectamente por debajo de las puertas y llega hasta mí con gran nitidez. Después de correrse mis padres y correrme yo (casi simultáneamente, como si hiciésemos un trío juntos en la cama) aguardo un poco porque mi madre sigue la misma rutina: irse al cuarto de baño ... a lavarse el chochito, claro. Cuando termina su higiene vaginal, voy yo detrás ... Allí me encierro y empiezo a hurgar en el bidé porque allí están los restos de la lefada de mi padre, que mamá, con gran maña, ha limpiado de su coño y que no se han ido al completo por el desagüe. Esa circunstancia me excita tanto que vuelvo a pajearme en el bidé sobre el semen de mi padre en medio de un morbo indescriptible.
Esta noche, cuando estábamos cenando, ha venido a visitarnos de improviso mi tío Teo, el hermano menor de mi padre, un atractivo joven de 25 años que conduce un gran camión. Pero esta vez no se trata de una visita protocolaria o familiar. Resulta que a Teo, que vive en otro pueblo y pasaba con su camión por nuestra ciudad, se le ha averiado su vehículo en las afueras, y viene en busca de mi padre (que es mecánico, como ya he dicho en otra ocasión) para que le repare la averia. Hemos recibido su visita con gran alegría pues Teo, aparte de apuesto, es muy amable y simpático con todos nosotros; en una palabra, nuestro tío favorito.
Mamá le preparó una cena y se sentó con nosotros a la mesa en animada coversación, hablando de sus cosas y de las muchas novias que tiene por cada pueblo que pasa con su camión ... Papá estaba feliz de tener allí a su hermano pequeño, así que a la espera de que amaneciera para ir a arreglar la avería, quedaron hasta la madrugada charlando en la salita.Mientas reían y bebían, mamá, mi hermana y yo nos retiramos a descansar.
A eso de las cinco de la mañana me despertaron ruidos y una conversación en la habitación de mis padres. Sin duda, papá ya estaba de vuelta de reparar el camión de Teo. Me disponía a seguir durmiendo cuando me dio la impresión de que querían "marcha" y que se disponían a echar un polvo. Así que salté de la cama con una gran erección y me tumbé en el suelo, cerca de mi puerta, para participar a mi manera...
¡Qué manera de follar! No había visto (mejor dicho, oído) tan desatada a mi madre. En aquel momento lamenté tanto no poder ver lo que estaba pasando en el dormitorio de mis padres que tomé la decisión de gaastar todos mis ahorros en comprar una web-cam e instalarla secretamente en su cuarto para vivir en vivo y en directo todos aquellos polvos. Mamá gritaba como una posesa, los muelles de la cama rechinaban por el frenético ritmo que soportaban.
- Llámame puta, insúltame, dime todo lo peor - reclamaba mi madre salida de sí.
Casi media hora estuvieron chingando como animales. Los oía cambiar de postura, lamerse los sexos una y otra vez ... El orgasmo fue tan espectacular, mientras mi madre reclamaba más y más poronga, que hizo retumbar la puerta. Yo ya iba por la tercera corrida y tenía todo el pijama pringado de lefa de arriba a abajo.
Al poco rato, siguiendo con su costumbre, mi madre se encerró en el cuarto de baño; esta vez estuvo más tiempo del habitual. Cuando salió, sigilosamente fui yo, también siguiendo mi costumbre ... Aún el bidé no se había vaciado del todo. En medio del agua y de la espuma del jabón frotaban abundantes restos de lefada. ¡Vaya corrida, pensé, pues no estaba papá caliente! Cogí el semen con mis dedos y lubriqué mi verga, y comencé a masturbarme. Sentí un regustito increíble al pensar que aquel líquido precioso había estado dentro del útero de mi madre, y derramé mi nueva eyaculación en la taza del bidé.
A las ocho de la mañana sonó el despertador. Me levanté de mala gana pues en verdad estaba fatigado de una noche tan intensa y de tanto pajote , pero no me quedaba más emedio que irme al instituto. Me duché y me dirigí a la cocina para desayunar. Mamá ya había dispuesto el desayuno: cereales, leche, zumo de fruta ... Allí ya estaba mi hermanita Vanesa, que también iba a sus clases ... y mi tío Teo. Al ver mi cara de asombro, pues lo suponía conduciendo su camión carretera adelante desde hacía horas, mi madre me informó sonriente:
- Teo ha dormido hoy en el sofá de la salita. El y tu padre terminaron muy tarde de arreglar la avería del camión, así que tu papá ya no vino a dormir, se fue directamente al taller. Pero Teo, como no tenía que madrugar, vino a casa a descansar un poco. Después de desayunar emprenderá su viaje ...
No fui capaz de tragar el desayuno. Teo engullía las galletas y el café con leche con gran apetito mientras bromeaba con mi hermana ... Seguramente para compensar el desgaste físico de aquella noche.