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Disfrutando con Don Leopoldo en el Sauna… ( CON fotos)

Relato enviado por: narrador el 13/5/2015. Lecturas: 9342
Etiquetas:   Infidelidades
Relato completo
Recientemente mi esposo Andrés, me comunicó que después de que nos vio en la fiesta de la empresa, habíamos sido invitados a pasar un fin de semana, a la mansión de Don Leopoldo, dueño y presidente de la empresa en la que trabaja mi marido. En esos instantes a mi esposo se le escapó decirme. Maldito viejo, de seguro si no te hubiera visto en la fiesta, no me hubiera tomando en cuenta.

Yo por mi parte le respondí. Bueno si no quieres ir a su casa, no vamos y ya. A lo que Andrés visiblemente molesto, me respondió. Ni se te ocurra repetir eso, será para que me despidan el lunes. Lo único que te pido es que si él te hace algún acercamiento, seas diplomática. Piensa que de eso depende mi puesto en la empresa.


Tras escuchar la suplica de Andrés, me quedé pensando, en las veces que Andrés se ha peleado conmigo, por haberme acostado con otros hombres, y ahora no me dice que me acueste con su jefe, sino que sea diplomática, que desgraciado, el muy hipócrita.

Bueno llegamos a la casa de Don Leopoldo, y como el mismo viejo dice, dueño y señor de todo lo que hay en los alrededores. Apenas me vio, sentí que me desnudaba con su vista. Y como cosa rara, al desgraciado de Andrés pareció no molestarle la manera en que Don Leopoldo me miraba.

Bueno hubo unas cuantas situaciones, en que de la manera más desvergonzada, el condenado viejo me insinuaba prácticamente frente mi esposo, que deseaba acostarse conmigo. Al tiempo que Andrés, casualmente se ponía a ver para otro lado. Como hizo durante el bufe, que el viejo estando a nuestro lado, agarró una almeja cruda, y tras quedársela viendo me comentó, de la manera más ruin y descarada. Esto es lo que me agradaría hacerte a ti. Y acto seguido se la llevó a la boca, y lentamente fue chupándosela. Bueno al yo ver eso, me dio una clase de rabia, e indignación. Qué me tuve que contener para no mandar al condenado viejo al infierno. Realmente no por el viejo, sino por la manera de actuar de mi esposo.

Luego de ese bufe, nuevamente se me acercó y me dijo. Marina te recomiendo que uses el Sauna que tengo aquí en casa, es sumamente relajante, y aunque me esté mal el decirlo, aunque no te haga falta, pienso que te haría mucho bien.

Yo la verdad no estaba molesta con el viejo, sino con mi esposo. Así que me dirigí directo a nuestra habitación, me quité toda la ropa, me envolví en la toalla más corta que vi, y después de eso de la manera más descarada que pude, pasé frente a todos los invitados, y ante la asombrada mirada de mi esposo.

Prácticamente mostrando gran parte de mis nalgas, y gran parte de mis senos, caminé de la manera más sensual que pude, moviendo mis caderas lentamente, hasta que parándome frente a Don Leopoldo, haciéndome la tonta la pregunté en que parte de la casa se encontraba el sauna. Desde luego que él, de la manera más caballerosa que pudo, me condujo hasta el sótano donde tiene la sauna, y me dijo. Marina te aseguro que lo vas a disfrutar un montón. Y tras eso pensé que se había retirado.

Yo desde luego que entré al sauna, y quitándome la pequeña toalla, tomé asiento, y mientras acariciaba mi coño, pensaba como le haría Don Leopoldo para acostarse conmigo. No habían pasado unos pocos segundos cuando sentí que la puerta del sauna se abrió, y que sorpresa, se trataba del viejo Don Leopoldo, que entró al sauna tan desnudo como me encontraba yo misma.

Realmente no me sorprendió ver el viejo, sonriendo lo saludé nuevamente, y como si como lo hubiéramos hecho en anteriores ocasiones, apenas su verga estuvo al alcance de mis manos y boca, me dediqué a masturbar y mamar su parada verga. Imaginándome a que Andrés seguramente se encontraba tras la puerta, escuchando y seguramente viendo si se le presentaba la oportunidad.

Como ya les dije, fue como si en anteriores ocasiones ya hubiéramos tenido otros encuentros, él me agarró el coño de una manera divina, haciendo que ya a los pocos minutos, disfrutase de un rico orgasmo, el cual procuré que fuera escuchado por todos los invitados a la mansión. Ya Don Leopoldo me estaba penetrando cuando, sin que yo lo esperase, llegaron dos jovencitos, a los cuales no había visto en la cena, ni en la mansión. Fue cuando uno de ellos dirigiéndose al viejo, le dijo. Gracias abuelo, por invitarnos a que comamos de tu postre.

El resto de la noche lo pasamos en la sauna, teniendo un sexo salvaje, de todas las formas, y maneras posibles entre nosotros cuatro. Al siguiente día, cuando regresé a la habitación, le dije a mi esposo. Ya puedes quedarte tranquilo, te han nombrado gerente de una de las plantas ensambladoras, con el triple del sueldo. Lo único que puede que no te agrade mucho, es que la planta se encuentra en la china, y yo no puedo acompañarte…..