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El mecánico de Cabarcos me rompe el culo.

Relato enviado por : danisampedro91 el 13/03/2018. Lecturas: 2481

etiquetas relato El mecánico de Cabarcos me rompe el culo.   Gay .
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Resumen
Me agarró las piernas, me hizo doblarlas, para luego ir llevándolas hacia mi pecho. Cuanto más empujaba mis piernas hacia mi pecho, más se levantaba mi culo, quedando totalmente expuesto y abierto para su enculada.


Relato

Eran sobre las 9 de la noche cuando me encontraba en la puerta de entrada de la estación de autobuses. Había ido a los servicios públicos de dicha estación haber si encontraba alguien con quien follar; no me gustaba mucho el ambiente que solía haber por dichos baños, por lo que no solía ir mucho por ahí. Como no había encontrado nada De mi agrado, me fui para la puerta de entrada y salida de la estación de autobuses. Encendí un cigarrillo, mientras pensaba a donde ir; no sabía si ir al centro de la ciudad e ir al cine, para luego ir por los jardines del centro, o irme para casa, hacerme una paja, y el día siguiente ya veríamos a donde acudir.
Mientras estaba fumando el cigarrillo, miraba la gente que entraba y salía de la estación de autobuses. La mayoría iban con prisa para coger el autobús, al igual que los que después de bajar del autobús que los traía, se encaminaban para sus casas. Cuando me fijé que en el parking el cual ya empezaba a quedar desierto, llegaba un Mercedes, del cual bajó un hombre; se me hacía conocido, y efectivamente, lo conocía de vista, ya que trabajaba de mecánico en el concesionario de Cabarcos, el cual quedaba cerca de donde vivo.
Cuando entró en la estación de autobuses, se me quedó mirando, pero no dijo nada, entró y siguió su camino.
Yo una vez que entró, me fijé a donde iba, ya que la dirección que llevaba, parecía que iba hacia los baños públicos. Y así era, entró en los baños públicos, no tardando mucho en salir.
Lo que yo no sabía era que a aquel hombre le gustaban los culitos de jovencitos como yo. Vamos que me quedé sorprendido que aquel mecánico fuese homosexual.
El hombre volvía a salir de la estación de autobuses, pero esta vez se quedó parado a mi altura, y acercándose a mí, me soltó si me apetecía ir con él. Al principio quedé algo sorprendido y sin saber que decir. Me cogió de la mano haciéndome bajar las escaleras que había, mientras me iba diciendo: Ven, vamos dar una vuelta ya verás que bien lo vamos pasar.
Me llevaba cogido por el brazo hacia el parking, donde tenía el Mercedes que había terminado de aparcar.
Al llegar a donde estaba el coche, me soltó el brazo, dejándome a la altura de la puerta del copiloto, mientras él iba a la otra puerta. Sube me dijo, mientras el se ponía al volante del mismo.
Yo estaba medio aturdido y sin saber que hacer. No me había dado tiempo ni de pensar.
Vamos me dijo, sube no te quedes ahí. Abrí la puerta, y sin pensarlo me subí al coche.
Arrancó el mercedes, poniéndose en marcha. No sabía ni a donde íbamos, cuando me preguntó si quería ir a algún sitio en especial, o si me apetecía beber algo primero. Me encogí de hombros, mientras le decía que no tenía ni idea. Vamos entonces primero a mí casa, dijo él. Allí estaremos bien, vivo solo, y nadie nos molestará.
Joder, aquello parecía surrealista, ni que estuviera haciendo la calle con un letrero que dijera, “busco polla que me de por el culo”, o “soy chapero necesitado de hombre que pague bien”.

Pronto llegamos a su casa, ya que no vivía muy lejos; era en el birloque donde vivía.
Aparcó el coche justo a la puerta de su casa. Aquí es donde vivo dijo, mientras sacaba las llaves del contacto, y nos disponíamos a salir del coche.
Sacó ahora las llaves del portal de su casa, abrió la puerta, invitándome a entrar. Pasa, me dijo. Subimos al 1º y allí abrió la puerta de su casa. Me hizo entrar, y me llevó directamente a su habitación; no supe si era grande o era un simple apartamento, ya que nada más entrar en la casa, me llevó a su habitación.
Tenía la habitación bien ordenada, con una cama bastante grande y un baño en la misma habitación.
Me quedé de pie en medio de Aquella habitación, sin saber que hacer, o decir. Pero él sí sabía que hacer, ya que no hizo más que dejar las llaves encima del mueble de la entrada, y acercándose a mí, me agarró por la espalda, a la vez que me mordía el lóbulo de la oreja, mientras me decía; que bueno estás, tienes un culito que muero por follártelo ¡dios que culito! Estoy que ardo por meterte la polla en él.

No paraba de morderme mientras me tenía agarrado por la espalda, y con sus manos, me iba tocando por todo el cuerpo. Ya verás como lo vamos pasar, te voy follar bien follado, hasta que te rompa el culo.
Me estaba empezando a desabrochar el cinturón, mientras él me seguía abrazando por mi espalda. Ahora me daba mordiscos en el hombro y base del cuello, mientras ya me empezaba a desabotonar los pantalones e irlos bajando junto al slip ¡ay que culito tienes, maricón! Me decía a la vez que se restregaba por la espalda, mientras con sus manos, me agarraba la polla y huevos, empezando a menearme la polla.
Me giró para que quedásemos de frente, a la vez que me sacaba la cazadora, para tirarla al suelo, y Luego sacarme la camiseta que llevaba puesta. Tiró por ella hacia arriba, haciéndome levantar los brazos. Antes de terminar de sacarme la camiseta, se abalanzó sobre mi pecho, llevando su boca a mis tetillas, dándome mordiscos en los pezones ¡ay maricón, pero que cosita más rica! Como me gustas ¡dios que bueno estás! Te voy llenar de leche ese culito hasta dejarte preñado.
Terminó de sacarme la camiseta, para seguido abrazarme, mientras se abalanzó sobre mi boca, empezando a morderme los labios, y sin dejarme respirar, introdujo su lengua en mi boca, saboreando con su lengua la mía, y todo lo que en mi boca había.

No paraba de morderme por todo el cuerpo, a la vez que me manoseaba por todas partes. Empezó a morderme el cuello, cosa que me hizo estremecer, poniéndome a gemir y temblar de gusto.
Aquello era mi punto débil, y además de hacerme estremecer, me hace temblar como si fuera un flan. Mientras seguía mordiéndome el cuello, me hizo ir hacia atrás, hasta llegar a la cama. Me tumbó sobre ella, y sin terminar de sacarme los pantalones, siguió con aquella tortura que me estaba dando.
Ahora bajaba con su boca por todo mi cuerpo, parándose sobre mis pezones, para morderlos con fuerza ¡Aaah! Me haces daño, no muerdas tan fuerte, le dije.

Siguió bajando con su lengua, hasta llegar a mi polla, introduciéndola en la boca ¡dios! De una atacada se la tragó toda, si se descuida, hasta los huevos se mete.
Mientras chupaba mi polla, terminó de sacarme los pantalones y slip, sacándome antes los zapatos y calcetines. Los dejó en el suelo, para seguidamente agarrarme las piernas, levantarlas sobre sus hombros, así de esa manera, quedaba mi culo a su entera disposición.

Dejó de chuparme la polla, para seguir con mis bolas, e ir bajando hacia mi hoyito ¡joder, aquello se sentía maravilloso, me sentía como un helado en la boca de un niño, el cual no para de darle lametadas.

Mientras me iba lamiendo la entrada de mi hoyito, el escroto y perineo, se iba desabrochando el pantalón, quitárselo, al igual que ya se había quitado los zapatos. Se terminó de sacar los pantalones y calzoncillo, quedando desnudo de cintura para abajo. Se puso de pie, ordenándome que me colocara en medio de la cama, mientras el terminaba de sacarse la ropa que le faltaba.
Una vez estuvo desnudo por completo al igual que estaba yo, se subió a la cama, poniéndose de rodillas a mis pies. Fue entonces cuando alcancé a ver por primera vez la polla que tenía. No era muy grande; normalita; pero lo que sí era, es que era bastante gruesa ¡dios! aquello si iba costar trabajo que entrara en mi culito.

Me agarró las piernas, me hizo doblarlas, para luego ir llevándolas hacia mi pecho. Cuanto más empujaba mis piernas hacia mi pecho, más se levantaba mi culo, quedando totalmente expuesto y abierto para su enculada.

Se arrimó todo lo que pudo a mi culo, y sin más preámbulos, me insertó su gruesa polla en mi culo.

¿Ay! Grité, al sentir una tremenda punzada en mi hoyito.
¡Dios que dolor! Espera espera, le pedí. Aquella punzada que me había dado, hizo que mi polla se desinflara como si quedara sin vida, y el dolor que había sentido, subía por toda mi columna vertebral. El muy hijo de puta, ni siquiera dejó que mi culo se preparara para recibir aquella gruesa polla.

Lo siento, dijo, no me di cuenta de calentarte un poco más el culito, estaba desesperado por meterte la polla en este culito tan bueno que tienes. Tranquilo que ahora voy despacito, mientras arrimaba la punta de su gruesa polla a la entrada de mi culito.
Espera espera, espera un poco que me vaya pasando el dolor. Pero el muy hijo puta, ya estaba presionando con su polla la entrada de mi culo. Sin darme tiempo ni siquiera a respirar, ya me la había clavado toda dentro de mi culito.
Ya está, ya la tienes toda dentro, me soltó el muy hijo puta. Ahora sí podía empezar a cabalgar mi culo aquella gruesa polla.
Y eso hizo, empezó a arremeter con todas sus fuerzas, haciendo que sus pelotas, tocasen mi culo.

Cada vez me daba con más fuerza, y se subía sobre mi cuerpo, haciendo que mis piernas se pegasen más a mí. Cada vez que hacía esto, mi culo subía más haciendo que se abriera aún más, dejando entrar con más facilidad su gruesa polla.

El muy hijo puta, deseaba llegar a mi boca con la suya. Mientras me estaba follando, con su boca, mordía mis pezones, y gritaba con lujuria y desesperación.

¡Dios que bueno estás! Como me gustas, ay que gusto, ay que gusto, como me esta gustando este culito, maricón.

Arrima la boca hacia delante, que quiero morder tu boquita, me decía mientras con sus manos intentaba llevar mi cabeza hacia su boca.
La verdad es que no era muy cómoda la posición en la que me encontraba, pero aquella gruesa polla, ahora me estaba dando un tremendo placer, al no parar de masajear mi próstata.
Con la cabeza casi pegada a la suya, saqué la lengua para que la chupase, cosa que hizo. Se la metió a la boca, la saboreó todo lo que quiso, luego mordió mis labios, a la vez que empezaba a gritar que se corría.
¡Ahhh! Me corro, me corro ¡aaaahhh! Que gusto que gusto ¡aaahhh! ¡Dios que gusto maricón!

El hijo puta se había corrido abundantemente en el fondo de mi culo, y que manera de correrse, debía llevar tiempo sin descargarse los huevos, ya que me había dejado el culo bien repleto de leche.
Con la fricción de su cuerpo mientras me daba por el culo, mi polla se había descargado sobre mi vientre, por lo que ahora además del culo lleno de leche, tenía todo el vientre y pelvis, lleno de esperma, al haberme corrido.

Una vez terminamos de descargar todo el semen y recuperar la respiración, nos levantamos para ir al baño a limpiarnos un poco.
Después de habernos limpiado; el la polla la cual salió algo manchada de sangre; y no me extraña ya que el dolor que había sentido fue muy grande cuando me dio aquella punzada al meterme aquel pequeño pero grueso trabuco. Y yo haberme lavado el vientre pelvis y culo. Nos vestimos para luego llevarme él a tomar algo, para luego dejarme en la plaza de la estación de ferrocarril.
Mientras estuvimos bebiendo unas cervezas en uno de los bares que había por la zona de la estación de ferrocarril, me preguntó donde vivía. Al contarle donde era, y que era muy cerca de donde él trabajaba, fue cuando se dio cuenta porque yo se le hacia conocido. Bueno ahora que ya nos conocemos, ya podemos vernos otro día, y quedar para repetir.
Cuando me dejó, me dio unas palmaditas en el culo, diciendo que culito tan bueno tenía, y a la vez que metía 20 € en el bolsillo de atrás de mi pantalón.
Oye, no hace falta que me des nada, yo no soy chapero, voy por gusto, y con quien me agrada.
Tranquilo, no es para pagar los servicios, es para que tomes algo a mi salud.

Bueno, pues que así sea, seguí andando para mi casa, pero antes de subir, fui a tomar algo a la salud de aquel mecánico que me había roto el culo aquella noche.
Iba satisfecho, con el culo abierto a más no poder, y bien follado; algo roto, por el trabuco que se gastaba aquel mecánico, pero al fin y al cabo, iba bien satisfecho y bien follado.
Si queréis escribirme:
danisampedro91@gmail.com

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