En el cementerio le pagué, de la manera mejor que pude.... ( CON fotos)
Relato enviado por:
narrador el 27/5/2015.
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Relato completo
Cuando falleció mi difunto Emilio, la verdad es que me dejó muy bien económicamente. Lo digo por lo que estoy a punto de contarles.
Días después del funeral, se me ocurrió pasar por la tumba de mi marido, no se quizás fue porque lo echaba de menos, y en medio de todo me sentía responsable de su muerte, o simplemente, porque no tenía otra cosa que hacer en esos momentos. Ya llevaba varios minutos, de pie frente a la tumba de Emilio, cuando se presentó el encargado de la marmolería, y después de esperar unos minutos, quizá pensando que yo me encontraba rezando. Aunque de manera muy cortes, me recordó que aun no había terminado de pagar, todo el trabajo, que realizo en la tumba de mi difunto esposo.
Bueno la verdad es que ya le había enviado el pago por correó, y seguramente le debería llegar en pocos días. Pero al estar escuchando lo que me decía, también me fijé, en su manera de mirarme, como prácticamente sus ojos se le salían de sus cuencas, viéndome las tetas. En ese momento se me ocurrió hacerle una pequeña maldad, o mejor dicho divertirme, un corto rato a costillas del tipo ese.
Así que poniendo cara de sufrida, después de escucharlo decirme que aun, yo no había terminado de cancelar toda la deuda. De la manera más seductora que pude, le dije. Discúlpame, pero en estos momentos, me encuentro completamente sin nada de dinero. Pero como estoy tan, y tan agradecida por el trabajo que hiciste en la tumba de mi marido, en estos momentos, para pagarte, estoy dispuesta a hacer lo que tú quieras.
Escuchar esas palabras, seguramente para él fue algo fantástico. Y de inmediato se aprovechó al máximo, diciéndome. Bueno señora, ya que no tiene con qué pagarme, bien podríamos ponernos de acuerdo, para que usted salde su deuda, y yo quede satisfecho. Haciéndome la tonta, le pregunté de la manera más puta que pude ¿Y qué puedo hacer yo, para pagarle el tremendo favor que me ha hecho? De inmediato sus ojos se clavaron en los labios de mi boca, y a los pocos segundos, dirigió su mirada al gran bulto que se le había formado entre sus piernas.
Una no tiene que tener ni una maestría, y mucho menos un doctorado, para entender que lo que el tipo ese deseaba era que le diera una mamada a su verga. Algo nerviosa, di un vistazo a todo nuestro alrededor, tan solo para constatar, que no había ninguna otra persona a nuestros alrededores.
Fue cuando lo escuché decirme, y eso es tan solo el principio. Dándome a entender, que después de la mamada, seguramente él querría clavarme su verga por alguno de mis otros agujeros.
Así que aun algo nerviosa, le pregunté ¿Dónde? Y su respuesta fue, bueno lo podemos hacer aquí mismo. Al escuchar su respuesta me quedé boquiabierta. Y de inmediato sacando su gran verga y bajándose los pantalones, me dijo. No se preocupes, que nadie va venir, y mucho menos a esta hora, con tanto sol, a visitar a los muertos.
Lo cierto es que nada más de pensar en lo que él me pedía, me sentí sumamente excitada, por el hecho, no tan solo de tener sexo en el cementerio, sino que prácticamente sobre la tumba de mi difunto esposo, sin contar que cualquier persona que pasara por ese lugar seguramente nos vería.
Así que cuando él movió frente a mi rostro su parado miembro, como que no me quedó más remedio que abrir mi boca, y ponerme a mamar aquella cosa. Y a medida que le fui mamando su verga, él comenzó acariciar mis tetas, sacándolas de mi vestido. Al poco rato ya sentía yo todo mi coño además de bien caliente, sumamente húmedo, y deseosa estaba de tenerlo dentro de mi coño. Así que apenas se presentó la oportunidad, tras quitarme yo misma las bragas, gustosa abrí mis piernas, y mi coño, para sentir como aquello que segundos antes mamaba con tanto gusto, fuera penetrándome divinamente.
La verdad es que poco me importó estar teniendo sexo sobre la tumba de Emilio, como tampoco me importó si alguien llegaba a descubrirnos, follando en el cementerio.
Es más como que dentro de mi deseaba que así fuera, ya que el pensar que eso pudiera suceder, me calentaba y excitaba más aun, y a medida que él continuaba metiendo y sacando toda su sabrosa verga de mi coño, yo contoneaba mis caderas, como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
Así que a medida que los dos disfrutábamos de ese tremendo placer, también fuimos cambiando de posición en varias ocasiones. Hasta que yo disfruté de un tremendo orgasmo, y cual si estuviera en mi propia casa, grité y gemí de placer, a todo pulmón.
El sentir como su verga entraba y salía una y otra vez de mi coño, me llenó de tanto placer, deseando que nunca terminase. Pero como todo lo bueno se acaba, así él marmolero acabó dentro de mí. Al terminar, yo me arreglé el vestido, coloqué mis tetas en su lugar, y tanto él como yo, al no tener con que más limpiarnos, usamos mis bragas.
Después de ese encuentro, a los pocos día él paso por casa, con la excusa de que había recibido el cheque, lo cierto es que volvimos a revolcarnos, ya no sobre la tumba de Emilio, pero si en la que fue su cama…..