Algunos dirán, que es una excusa como cualquier otra, pero la realidad es, que no hay nada que me cause mayor satisfacción, y sumo placer, que el serle infiel al que sea mi marido formal.
Cosa que aunque no lo crean ya había comenzado a preocuparme, sobre todo después de haberme divorciado dos veces, y por la misma razón. Así que cuando leí un artículo sobre la infidelidad femenina, en el que el autor, un australiano decía que gran parte de la infidelidad femenina se debía a una causa genética, en gran medida me sentí sumamente aliviada.
Lo cierto es que es algo que no puedo controlar, por más que quiera, eventualmente siempre, siempre, término acostándome con algún otro hombre, que no es mi esposo. Y aunque dicen que por lo general los hombres buscan mujeres bonitas y delgadas, a mi como que me han caído todos los que les gustan las gorditas, y como me dijo uno de ellos en una ocasión en que me daba por el culo, porque yo tenía la regla. Es que tienes, de donde uno agarrarse.
En mi primera vez en que le fui infiel a mi primer esposo, fue con uno de sus mejores amigos, no sé qué sucedió pero desde que lo conocí, como que supe que terminaríamos enredados. Así que aprovechamos un día en que mi primer esposo se encontraba en su trabajo, así que cuando llegó su amigo del alma, yo recién y terminaba de levantarme de la cama.
No es que yo haya salido completamente desnuda a recibirlo, no que va, yo al escuchar la puerta sonar, me puse una de mis batas caseras. Y al abrir la puerta me encontré con Pedro Antonio, de frente. Por su manera de mirarme, enseguida sentí algo muy dentro de mí que me decía que ese no se iba de la casa sin follarme.
Lo primero que hizo fue preguntarme por mi marido, a sabiendas de que no se encontraba en casa. Yo con la excusa de ser anfitriona, lo invité a pasar, y hasta le ofrecí un café.
Pero no bien le di la espalda, que me abrazó por dé tras, cuando me di la vuelta, enseguida me estampó tremendo beso, en medio del cual yo dejé caer mi bata, quedándome únicamente con el sostén, y las medias, que recién y me había puesto antes de que él tocase la puerta.
Yo en ese instante en lugar de separarme de él, lo dejé que me siguiera besando, al tiempo que pensaba que no debía dejarlo continuar, pero la verdad es que me embargo una sensación de felicidad, y alegría, como nunca antes las había sentido. Bueno entre beso, y beso. Pedro Antonio, me fue llevando hasta el mismo sofá de la sala, en el que yo casi de inmediato, comencé ayudarlo a desvestirse del todo.
No bien se quedó del todo desnudo, ante mí. Yo agarré su parado rabo, y sin pensarlo dos veces me lo he llevado a la boca, dedicándome hacerle una cubana y a mamárselo por un buen rato, cosa que hasta esa fecha, jamás se lo había hecho a mi marido.
Así que cuando me dijo que deseaba enterrarme su pedazo de carne, yo casi de inmediato abrí mis piernas, al tiempo que él jugueteaba con mis tetas. Y sabrosamente fui sintiendo como su parada verga me fue penetrando divinamente mi coño.
Yo en esa mañana perdí la cuenta de las veces que disfruté de un sin número de orgasmos. Y a partir de ese día, por una puerta salía mi marido, mientras que por la otra, Pedro Antonio entraba a la casa, y posteriormente a mi coño.
Bueno de no ser por una de mis vecinas, que resultó ser prima del esposo, de la madre de Javier mi esposo, pienso que todavía estuviéramos follando sin que Javier lo sospechase. Pero como mi suegra, mi marido y la chismosa de la vecina, me descubrieron, en mi habitación follando a todo tren, con el mejor amigo de mi esposo. Bueno no me quedó más remedio que divorciarnos, aunque estoy bien segura que de haber sido Javier solo el que me hubiera encontrado, lo hubiera pasado por alto.
Bueno y así más o menos me ha sucedido con mis otras parejas. Pero debe ser eso que me sube la serotonina, y me empuja hacer esas locuras…..