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Estaba desesperada… ( CON fotos)

Relato enviado por: narrador el 25/2/2015. Lecturas: 24343
Etiquetas:   Zoofilia
Relato completo

Cuando los dos peones de la finca de mi marido me encontraron en la caballeriza, completamente desnuda, disfrutando como una loca, de la gran verga de aquel hermoso caballo. Me di cuenta de inmediato, que había cometido un grave error….
No es que yo sea una adicta al sexo, pero recientemente debido al incidente, dentro de la caballeriza, sin querer me he convertido en la puta de esos dos peones. Aunque la verdad el único responsable de todo lo es mi esposo, Eduardo. Ya que él tiene la mala costumbre, de bien temprano en la mañana, hacer lo que él llama un rapidito. Que no es otra cosa que enterrarme su parada verga, por mi coño, y antes de que yo me llegue a despertar por completo, venirse en lo que canta un gallo, para luego bien contento, levantarse e irse a trabajar, sin tan siquiera preocuparse por cómo me quedo yo, viendo el techo de nuestra habitación, maldiciendo su egoísta manera de satisfacerse, sin tan siquiera pensar en mi un poquito.

Yo pensé que cuando estuviéramos en la finca, por lo menos tendría la consideración de quedarse en la cama un rato más, ya que no debía ir al negocio. Pero no como de costumbre, apenas sentí que me lo había comenzado a meter, que se vino en un abrir y cerrar de ojos. Y no es que el muy desgraciado no pueda aguantarse, es que simple y llanamente no le da su perra gana. Por lo que tras levantarme, y lavarme, no deja de pensar en lo abusador que es conmigo.

Bueno en la finca no tengo mucho que hacer, ya que una de las mujeres de uno de los peones, cocina, y muy bien por cierto. Así que yo no hago nada, por lo que decidí salir a montar a caballo, mientras Eduardo, se fue al centro ganadero, para comprar unas cuantas reses, cosa que por experiencia se que le toma gran parte del día. Así que se me antojó montar a su caballo favorito, y luego que dos de los peones, sin quitar sus ojos de mis nalgas, lo ensillaron, y me ayudaron a montarlo. Salí a cabalgar, yo pienso que lo que me pasó fue que, no dejé de pensar en cómo m marido me había dejado, luego para colmo de males, también estuve pensando en cómo, aquellos dos peones me veían, y que en el momento en que me ayudaron a montar, sentí la caliente mano de uno de ellos en mis nalgas, aunque me hice la que no le di importancia.

Bueno eso y que a medida que iba cabalgando, o trotando sobre aquel lindo animal, quizás por no ser una experta, tanto mis muslos, como mi propio coño rozaban de manera constante contra la silla de montar. Y esos roces, y constantes golpecitos, directamente contra mi coño, como que poco a poco me fueron encendiendo la sangre. La cosa es que al regresar a la cuadra, yo estaba entre súper excitada, y extremadamente caliente. Tanto que no me detuve a pensar en lo que estaba haciendo. Ya que apenas me bajé del caballo, y le quité la silla, al meter la mano bajo su cuerpo, para soltar las correas del cincho, que fijaban la silla a su cuerpo, me tope con sus testículos y miembro.

Casi de inmediato retiré mi mano, y me dediqué a retirar la silla. Pero al ver nuevamente al animal, y como su largo miembro sobresalía. No sé que me dio, que en una especie de arranque, sin tomar en cuenta donde me encontraba, me desnudé completamente, y como una loca, agarré su larga y gruesa verga, y separando mis piernas, e inclinándome bajo su cuerpo, comencé a introducir su larga y gruesa verga dentro de mi caliente, y deseoso coño.

Lo cierto es que ignoro cuanto tiempo llevaba ya yo satisfaciéndome de esa manera, tan bestial, cuando me di cuenta de que fui sorprendida por los dos peones. Yo la verdad es que no se cuanto tiempo llevaban observándome, pero de lo que si me di cuenta, y de inmediato, fue que ya tenían sus respectivos miembros, fuera de sus pantalones. En el estado en que yo estaba, supe como ya les dije, que había cometido un grave error, al dejar llevarme por mi excitación. Muy bien seguramente pude haber estado haciendo eso, en algún oscuro paraje, sin que me expusiera a ser descubierta. Pero no para colmo de males, se me ocurrió hacerlo justo dentro de la caballeriza, donde se la pasan metidos esos dos peones. Como que no pensé, nada.

Lo peor de todo fue que, en lugar de tratar de salir de eso de una manera menos comprometedora, me les quede viendo a los dos, y bien deseosa, sonriéndoles, los invité que a que se me acercasen. Haciéndole señas con mi mano. Los dos tipos sin soltar sus miembros, se me acercaron, al tiempo que yo extraía la verga de aquel caballo de mi mojado coño. En cosa de pocos segundos, los tres nos encontrábamos tirados a las patas de aquel caballo, yo dejando que uno de ellos me enterrase su verga dentro de mi coño, mientras que el otro me obligaba a mamar su miembro.

Esa tarde aquellos dos peones, hicieron conmigo lo que mi marido no me hace, hace mucho tiempo. Yo como una verdadera loca, disfruté de sus paradas vergas, una y otra vez. Tanto por mi boca, como por mi coño, así como por mi culo. Yo estaba tan y tan súper caliente, que en cierto momento, nuevamente ante los ojos de ellos dos, volví a echar mano de la verga de aquel hermoso caballo, y me la enterré nuevamente dentro de mi coño, y no deje de moverme, hasta que sentí que todo su semen me inundaba por dentro.

Cuando eso sucedió, ellos discretamente se retiraron, sin decir una sola palabra, dejándome sola con mi nuevo amante. Yo pienso que hasta perdí el sentido, así que cuando me desperté, como pude con una de las mangueras de la caballeriza, me medio lavé, rápidamente me vestí, y regresé a la casa, donde apenas pude me di un buen baño, ya que olía a caballo, a peón sudado, a semen, a sexo. En fin estaba hecha toda un desastre, completamente despeinada, y con toda mi ropa hecha un verdadero asco, ya que los dos hijos de puta de los peones la usaron para limpiar sus vergas, y hasta pienso que también se sonaron la nariz con ellas.

Cuando Eduardo regresó al comenzar a caer la noche, yo estaba tan y tan agotada, que ni lo sentí meterse en la cama. Al siguiente día, en lugar de irme temprano a cabalgar, lo que hice fue ponerme mi extremadamente pequeño traje de baño, y apenas Eduardo salió a realizar sus negocios, después de cómo de costumbre hacerme otro rapidito, yo me fui a dar un relajante baño en una de las pozas cercanas a la casa, bajo la atenta mirada de aquellos dos peones….