Cuando llegué a las instalaciones del club, su administrador que ya iba saliendo, me dijo. Necesito con urgencia que remodele el baño de caballeros del segundo piso. Pero como voy saliendo de viaje, me disculpa por no poder atenderlo, sin embargo mi secretaria privada, se encargará de decirle y mostrarle todo. Dejándome en la entrada del Club, acompañado por una despampanante morena.Desde que la vi quedé impresionado, por toda ella. Simpática, alegre, elegantemente vestida, y con una seductora mirada, de esas a la que uno no puede, decir que no. Moviendo sus caderas de la forma más sensual, fue subiendo las escaleras, al tiempo que me iba diciendo, que el baño de caballeros, debía estar listo para la reinauguración del club, en cuatro semanas. Yo iba a varios pasos tras de ella, con mi boca abierta, y mis ojos clavados en aquel hermoso par de nalgas, que se marcaban contra su ajustado vestido. Imaginándome a cada paso que ella daba, como sería estar en una cama con aquella tremenda hembra. Cuando entramos al baño, escuché que ella me susurró sensualmente a mí oído, que recién lo había mandado a limpiar. Por lo que el fuerte aroma a desinfectante estaba por todos lados. Cosa que no me importó, ya que mientras ella seguía hablándome sobre el trabajo. Yo no dejaba de pensar cómo sería meterle mano, a ella aunque fuera en ese mismo baño. Debí ser muy evidente, porque la secretaria, de inmediato me dijo llamarse Alicia. Y acercándose a mi cuerpo, me dijo. Me parece que estas más interesado, en lo que puedes hacerme ahora aquí, que en el trabajo de remodelación. Yo me puse algo nervioso, cuando ella para tranquilizarme, me dijo. No te preocupes las únicas personas en el edificio del club, solo somos tú y yo, y al decirme eso, prácticamente se arrodilló a mis pies sujetándome por las piernas, mientras que sus manos acariciaban mi miembro, por encima de la tela de mi pantalón. Yo en cosa de breves segundos, ya tenía todo mi miembro bien duro. Y ella misma me soltó la correa, desabotonó el broche del pantalón, bajó la cremallera, y sin que yo le dijera ni que si ni que no, también me bajó el pantalón, hasta mis muslos. Dejando al aire, mí ya parado miembro. El que sin pensarlo se dedicó a mamar, mientras que yo que en parte no salía de mi asombro, ni idea tenía de que hacer, ya que todo sucedió de manera tan inesperada, que como ya les dije, no supe cómo reaccionar. Ya que a medida que Alicia me seguía chupando mi verga, a mí lo único que se me ocurrió decirle. Si se quería quitar la ropa, para que estuviera más cómoda. La secretaria, sacó mi verga de su boca, y sonriéndome seductoramente, se puso de pie, diciéndome. Si quieres algo conmigo, mucho más íntimo, y perverso, tiene que ser en mis términos. De lo contrario, te puedes marchar. Con lo sobre excitado que me encontraba, no dudé de inmediato en decirle que sí. Justo en ese instante no sé de dónde sacó un trozo de tela, y seductoramente comenzó a sujetarme las muñecas, al marco de una de las puertas de los inodoros. Una vez que me amarró, y se aseguró que no me podía soltar, se retiró unos pasos de mí, y dándome la espalda comenzó a dejar que su ajustado vestido, cayese al piso, y tras él, toda su ropa íntima, quedándose desnuda de espaldas a mí, en cosa de segundos, mostrándome aquellas hermosas nalgas morenas. En mi mente, ya la estaba penetrando por aquel hermoso, y bien formado culo, cuando Alicia bruscamente se dio la vuelta, quedando completamente de frente a mí. Mis ojos lo primero en que se fijaron fue en su hermoso par de tetas, firmes, pero al bajar la mirada a su coño, con lo que me encontré fue con una verga, quizás hasta más grande y gruesa que la mía. Asombrado por la fuerte impresión, no me salían las palabras, ya me encontraba de rodillas, sin poder decir nada, cuando él, o ella. Se arrodilló frente a mí al tiempo que sujetaba mi miembro y con la otra mano se agarraba el de ella. Tal como si los estuviera comparando, diciéndome. Te voy a soltar, pero para que hagas, todo aquello que te ordene ¿entendiste? En ese momento, solo pude a afirmar con la cabeza, ya que las palabras no me salían de la boca. Alicia al ponerse de pie frente a mí, se veía imponente, mientras me desataba las muñecas, tras lo cual me ordenó, mientras se recostaba bocarriba en un banco, que le diera un beso negro. Yo sinceramente, ni idea tenía de que me hablaba, hasta que agarrando, y separando, sus bien formadas nalgas, me dijo. No te hagas el tonto, y bésame el culo. Yo me encontraba como hipnotizado por la tal Alicia, por lo que de inmediato, acerqué mi rostro a sus nalgas, y comencé a besar, y lamer su culo. Mientras que ella, lo restregaba intensamente contra mi rostro, moviendo sus caderas. En mi vida, ni a mi propia mujer le había hecho algo semejante. Pero al escuchar sus profundos gemidos, con mayor fuerza, besaba su culo, y seguía introduciendo mi lengua dentro. De momento, bastó que Alicia, moviera rápidamente sus caderas, para que en lugar de estar mamando su culo, me encontrase con su dura verga dentro de mi boca, la que tras darme cuenta, seguí chupa que chupa, como sien eso me fuera la vida. De momento escuché su femenina, pero autoritaria voz que me ordenaba, que le diera la espalda. Yo aunque me imaginé lo que me iba a suceder, sumisamente le obedecí. Y a los pocos segundos, comencé a sentir como aquella verga, comenzó a presionar mi culo, hasta que se fue abriendo paso dentro de mí. En mi vida, me había pasado nada semejante, yo estaba inclinado hacia adelante, mientras la tal Alicia, salvajemente me estaba dando bien duro, por el culo. Yo sentía como esa verga, entraba y salía de entre mis nalgas, sin oponer ningún tipo de resistencia, de mi parte. Alicia era algo incansable, en cierto momento, me ordenó recostarme bocarriba en aquel banco, cosa que sin chistar, hice. Me tomó de las piernas, las separó, y levantó, para nuevamente volver a penetrarme por el culo, mientras que a mí se me escapaban profundos gemidos de placer, mientras comencé a masturbarme, pero cuando ella me ordenó que dejase de hacerlo, así lo hice. Luego con esa misma energía, mi indicó que me pusiera de pie, y tras hacer que me apoyase contra la pared, me volvió a dar salvajemente por entre mis nalgas, mientras que yo las comencé a mover, al ritmo que Alicia me marcaba. Hasta que se vino por completo dentro de mí. Yo estaba agotado, pero increíblemente me sentía satisfecho, Alicia se dirigió a uno de los lavamanos, en los que se lavó su verga, mientras que yo la seguía observando embelesado, luego se acercó a mi cara, y nada más bastó que me dijera, que se la mamase, lo que me puse hacer de inmediato, al tiempo que levantaba la vista, y me fijaba como bamboleaban sus hermosas tetas. Alicia acabó dentro de mi boca, y garganta. Obligándome en cierta manera que me tragase toda su leche. Tras lo cual, se volvió a lavar su verga, se vistió, y tras darme una ardiente nalgada, me dijo. Me parece que no eres el tipo que necesito, para que haga este trabajo. Y sin más se retiró, dejándome a mi completamente desnudo en aquel baño. Yo cuando regrese al taller, y mi suegro me preguntó, por la remodelación. Lo único que se me ocurrió decirle, fue. Mire suegro, mejor no tomamos ese trabajo, ya que aunque están dispuestos a pagar bien, por lo que vi, son más exigentes, que aquella anciana, la que estuvo más de un año jodiendo por las terminaciones, aquella de la que usted no quiere ni que se la recuerden. Mi suegro, al escucharme decir eso, me dio las gracias, y sobre la remodelación del club, no dijo más nada.