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Fui su presa en la cacería 1V. Noelia y el transportista

Relato enviado por : Anonymous el 05/10/2010. Lecturas: 2617

etiquetas relato Fui su presa en la cacería 1V. Noelia y el transportista   Transexual .
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Resumen
Como hace tanto tiempo se publicaron las tres primeras partes les recordaré un poco. A los 15 años fui desflorada por un hombre mayor que me llevó a una cabaña de cazador, tras tres días idílicos en los que fui descubriendo mi femineidad, mi iniciador me ofreció a tres hombres desconocidos. Acabó la parte III en que cuatro hombres me usaron, me insultaban, me humillaban. Yo, Noelia apenas tenía unos días de existir y en medio de un éxtasis incomprensible de lujuria podía ser consciente de su situación.

Relato
Fui su presa en la cacería 1V. Noelia y el transportista
Por Noelia
Como hace tanto tiempo se publicaron las tres primeras partes les recordaré un poco. A los 15 años fui desflorada por un hombre mayor que me llevó a una cabaña de cazador, tras tres días idílicos en los que fui descubriendo mi femineidad, mi iniciador me ofreció a tres hombres desconocidos. Acabó la parte III en que cuatro hombres me usaron, me insultaban, me humillaban. Yo, Noelia apenas tenía unos días de existir y en medio de un éxtasis incomprensible de lujuria podía ser consciente de su situación. Roberto no acabó en mi boca. Lo hizo bañándome en semen la espalda. Y el chico, poseído por el desenfreno hizo lo mismo por segunda vez. “toma leche maricona, nenaza, toma, traga”, chilló cuando soltó el chorro. El que aún me metía y sacaba salvajemente acabó dándome golpes brutales en las nalgas y los riñones y babeándome. No se cansaron. Uno a uno fueron logrando recuperarse y con menos brutalidad y aprovechando mi relajación, agotamiento y cierta complacencia, me fueron pollatrando una y otra vez. Yo no quería saber cuántos orgasmos había tenido pero si fueron muchos. No quería reconocerlo estaba sucia por fuera y me sentía así por dentro.
Se fueron riéndose a carcajadas llevándose mi lencería o lo que quedaba de ella como trofeo. “Adiós Don Roberto y gracias”, alcancé a oír, “esto ha sido lo mejor que ha traído, vuelva pronto con ella”. Aun volvieron con una botella nueva, me ataron a un árbol y me azotaron con una rama mientras gritaban como cerdos “venga Don Roberto, salga, que acá se la dejamos la mariconcita para Ud.”…
Roberto ya sobrio, quizá consciente de lo que había sucedido planeo su salida del asunto sin peligro para él y sin responsabilidad frente a su amigo que era mi padre. Abandonarme en medio de una carretera, con lo puesto fue lo primero. Unos vaqueros raidos, una camisetita y se tomó el trabajo de ponerme bragas rosa bordadas.
No sabía aún que preparó una historia que podía encajar para mi padre. Que tuvimos una discusión sobre cacería y que cabreada huí por el bosque y me habría perdido. Dio parte a la Guardia Civil y regresó a la cabaña fingiendo mucha preocupación.
Al rato de deambular asustada, como un milagro, paró un camión. No podía dudar, abrió la puerta y subí. Era un transportista de unos 45 años, como la mayoría, robusto y muy masculino. Ni habló, sólo dijo que podía descansar en la cabina. Consideré que lo necesitaba. Todo ahí olía a hombre. Me dormí. Despertándome la voz de alguien que le preguntaba a Samuel por un chico de unos 15 años que buscaban por una denuncia y podría haber sido secuestrado. Samuel, que así se llamaba el hombre que me rescató lo negó. Los guardias le creyeron y le pidieron que avise de lo que sea. “Nos veremos en la próxima “, se despidieron.
Samuel subió, se sentó al volante, arrancó y con enfado dijo “menudo lio me he metido, si les digo que estás aquí creerían que tengo que ver”. Me senté a su lado, descansada. Lo miré y su perfil era agradable, fuerte, varonil. Unos días antes ni me hubiera fijado en ello. Se detuvo en un área de descanso solitaria. Dijo que prefería dejar pasar un rato hasta que se calmara el asunto policial y pensara que hacer conmigo. En ese momento algo pasó por mi mente y mi cuerpo. No podía dejarme abandonada, no sabía cómo presentarme ante mi padre si me encontraban. Volví a al camarote y me dejé caer llorando. Se acercó, me hice a un lado ofreciéndole que se recostara si le apetecía. Samuel accedió. Entonces fue que preguntó mi nombre y me salió desde dentro sin pensar un Noelia, cargado de sensualidad. Su reacción fue terrible. Un machismo furioso se desató en su mente. Pensé que me echaría de su truck o me pegaría. Mis días con Roberto me habían dado armas como para intentar calmarlo. Bajé con cuidado mis jeans dejando al descubierto mis braguitas rosa y puse mi mano entre sus piernas. Enfureció aun más. Me las jugué todas. Sabía que había ahí material viril excepcional, le pedi que se calmara, con tono de niña dulce y cariñosa, que no pasaría nada si él no quería, mientras subía mi mano hasta pasarla por sus genitales, sentí una excitación que me puso aun más provocativa y fue aflojando furia y resistencia. Me quité los jeans del todo y abrí su cremallera. Aun murmuraba su machismo, que no quería nada con una maricona, pero ya se dejaba hacer y yo empezaba a disfrutar mi nuevo ser. Noelia había nacido hacia unos días pero con una voracidad sexual de toda su corta vida anterior. Samuel era un semental y llevaba bastante tiempo sin tener relaciones. Le pedí que mientras le besara yo su glande tocara mi piel que sintiera lo suave y apetitosa que era. Ya no hubo más resistencia, mis boca hacía lo suyo y mi cuerpo era el de una niña erotizada, mimoseando gatuna. Se le puso enorme. Era venosa y su glande asustaba. Mi lengua lo saboreaba mientras sus manos recorrían mi cuerpo solo intentando evitar tocar mi pollacito. Mi excitación era terrible. Aquella masa e carne dura y esas manos fuertes y callosas eran demasiado para la lujuria que había descubierto.
Dejé de lamerle un momento y lo bese en la boca agarrándome a su cuello. Le dije al oído que me hiciera suya. Intentó nuevamente resistirse desde su supuesta masculinidad homófoba. Pero volví ahora a su polla, a chupar con fruición, golosamente hasta oír un suspiro, un gruñido o un gemido, entonces me volví de lado, puse mis nalguitas a la altura de aquel tronco de carne, bajé mis bragas, dejé mi hoyito libre, moje unos dedos con saliva, me los metí un momento y busque con mis manos su rabo llevándolo hasta la puerta del placer. “Samuel, por favor, hazlo” supliqué. Y no pudo resistirse, me pollatró con cuidado, como no queriendo aunque deseándolo: Me moví ayudando a que entrara. Dolía un poco por su grosor pero los violadores me habían dejado aquel anito abierto y entró hasta el fondo. Sus huevos dando en mis nalgas. Suspiré y suplique que la volviera a sacar y me la clavara con ganas. Caliente como estaba fue obediente y lo hizo. Vi las estrellas de dolor pero disfruté.
El macho camionero me estaba dando por mi culito. Me había puesto boca abajo, todo el peso de su cuerpo me aprisionaba y me cabalgaba. Noelia se confirmaba como una zorrita. Su mete y saca era una delicia y tuve mi primer orgasmo con Samuel, que parecía ser de los que duraban. Cuando al fin gruñó como una fiera se enervó tenso y se derramó dentro de mis entrañas. Dejé que se saliera solo. Me di la vuelta y lo bese en la boca. Solo fue un segundo antes de insultarme. Tampoco fue mucho. “Así que Noelia”.
Me dijo que no quería ni podía quedarse conmigo, por principio, por el lio en que se metería y porque tenía familia. Acomodó su ropa, se sentó al volante, arrancó y no paró hasta un área de servicio. Entró en un enorme supermercado del que salió con unas bolsas bastante grandes. “Ya que eres Noelia vestirás como ella por si te ven”, me dijo al darme la ropita más cursi y femenina que podría haber encontrado. Me la puse, me senté a su lado,. Como la falda era bastante estrecha y corta se me subió lo suficiente como para que sus ojos se clavaran en mis muslitos y su bulto se hiciera notar. No perdí la oportunidad de volverá saborearlo esta vez pensando en que me podía llenar la boca de semen de un hombre como ese, maduro, machísimo, dotado y en el fondo una tabla de salvación. Que poco quedaba en mi mente de aquel episodio de cuando fui forzada por tres campesinos embrutecidos, solo recordaba que ellos acabaron de descubrir a Noelia y su morbosa sexualidad. No pare de mamar hasta sentir como se llenaba mi boca de la leche de Samuel.
Pasarían muchas cosas antes de volver a casa que ya contaré. Si me leyeron toda la historia y quieren comentarme lo que sea ya saben que soy Noelia y estoy en travijovencita@hotmail.es

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