Relato enviado por:
Cisco el 10/4/2012.
Lecturas:8658 Etiquetas: Gay
Relato completo
Tenía tanto miedo de que me viesen entrar a un cine porno y no podía imaginar lo que allí me sucedería...La primera vez que fui a un cine porno, debo confesar que lo hice con bastante temor. El miedo de que alguien me viese entrar, el desconocimiento de cómo funcionaban las cosas allí y el ambiente oscuro y casi sórdido de esos sitios, me ponían bastante nervioso.
Sin embargo el deseo pudo más y aprovechando el valor que me dieron algunas copas de más, comencé a frecuentarlo esporádicamente.
Aunque no siempre lograba tener sexo, experimenté una especie de adicción por aquel lugar.
Se accedía por la sala principal en la que proyectaban películas de sexo hetero, y en donde rara vez conseguí algo. No tengo nada en contra de las mujeres, pero prefiero no verlas cuando tienen relaciones sexuales, me causa rechazo. Luego había una salita pequeña a la que poca gente iba pues los videos eran de sexo muy pero muy bizarro con personas deformes, animales, excremento, etc. y eso me daba bastante asquito. No entraba allí, a no ser que fuera estrictamente necesario. Después había un espacio con algunos asientos a donde daban los baños, los que además de tener su uso normal, eran usados por aquellos que querían intimidad a la hora del sexo. Y finalmente había una escalerita que conducía a un altillo acondicionado como otra salita, en donde se exhibía porno gay.
Por supuesto que allí me quedaba la mayor parte del tiempo para disfrutar de aquellos hombres, literalmente de película, que estaban en la pantalla y porque supuse que los tipos que entraran allí tendrían un particular interés por los gays.
Como el cine queda al costado de una terminal de ömnibus, algunas veces los choferes se hacían una escapadita para descargar sus deseos acumulados en los largos viajes y también llegaban muchachos del interior llenos de ganas, con sus ojos asombrados y su sonrisa franca.... ¡tan distintos a los de la Capital!...
A veces también policías y soldaditos uniformados, cosa que excitaba a más de uno... incluyéndome.
Ya incluso hasta me había hecho amigo de los viejos verdes y babosos con mirada lasciva para que no me molestaran intentando seducirme, aunque algunas veces les permití meter sus manos entre mis nalgas como para saber qué se sentía ser tocado por esa clase de hombres.
Una noche de esas con demasiado alcohol, después de hacer una revisión ocular a la concurrencia, me dirigí a la sala gay y en algún momento me quedé dormido. Al despertarme o más bien me desperté por eso, me vi en una situación poco usual: dos muchachos (con los que nos habíamos mirado anteriormente) me habían bajado los jeans y mientras uno jugaba con sus dedos en mi culo, el otro me pasaba su verga por mi cara. Me habían puesto con mis rodillas apoyadas en el asiento de la silla con mi tronco sostenido por el respaldo para tener un mejor acceso a mi boca uno y a mi culo el otro.
Despertar y encontrarme en esa situación me excitó de una manera... pero al notar que había más espectadores, unos tocándose por encima del pantalón y otros ya decididamente pajeándose con sus vergas afuera, me dio muchísima vergüenza por lo que intenté que bajásemos a alguno de los baños. Ellos me lo impídieron poniéndme sus manos fuertes de machos dominantes sobre mis hombros y espalda. Sin otra opción sólo atiné a decir: ¡pero sin condón no, eh!
Entonces con algo de timidéz abrí la boca y empecé a besar y lamer aquella hermosa pija que hasta hacía poco se restregaba contra mi cara y abrí más las piernas para que mi culo recibiera la de su compañero que ya comenzaba a acer presión para entrar.
Yo gemía de placer y eso excitaba más a aquellos hombres que no paraban de decirme groserías y festejaban cada uno de mis gemidos por las arremetidas que me daban esos dos machos.
A esa altura yo ya me encontraba completamente desnudo sobre la silla que habían colocado al centro de la pequeña habitación y rodeado de hombres que esperaban ansiosos su turno para penetrarme.
Después de unos quince o veinte minutos... no se exactamente cuanto tiempo pasó, sentí que las dos vergas que tenía adentro se hinchaban para luego explotar entre jadeos roncos y acompañados del festejo de los demás hombres. Los muchachos golpearon sus palmas en señal de victoria y salieron de mi interior, entregándome a otros dos machos que rápidamente y sin pedirme permiso, tomaron sus lugares.
Todos me tocaban, me acariciaban, me tiraban del pelo o pasaban sus pijas por alguna parte de mi cuerpo.... todos me deseaban y esperaban ser mis dueños, al menos por el tiempo que tardaran en venirse.
Eso me hacía excitaba más todavía y ya empezaba a gozar, no sólo de ser penetrado sinó de ser observado y deseado, de ser exhibido a la vista de cualquiera que quisiese ver y entregado al próximo que quisiera poseerme...
Lo siguiente fue una orgía conmigo como centro y objeto de placer. Pero los demás no fueron tan ordenados como los primeros, no permanecían todo el tiempo en mi boca o en mi culo sinó que iban rotando. Y además hicieron que pajeara a otros dos. Se relamían de gusto de tenerme a su disposición y yo disfrutaba como loco haciéndolos gozar...
No recuerdo cuantos tipos me cogieron esa noche, pero disfruté de cuantos lo hicieron, de sus vergas, sus arremetidas y de sus miradas.
Noches después practiqué el truco de dormirme (o más bien de hacerme el dormido), y siempre funcionó. Quizás subyace el morbo de la dominación y la violación... no se.
Pero no fue tan necesario, con que hubiese uno o dos de los que participaron esa noche de iniciación en este nuevo placer, tenía sexo, goce y exhibición asegurados.
Y yo que temía ser visto entrando al cine porno...