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Gozando a los hijos del patrón de mi mamá

Relato enviado por : bareta el 07/06/2012. Lecturas: 4365

etiquetas relato Gozando a los hijos del patrón de mi mamá   Confesiones .
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Resumen
Sin saberlo, me combertí en la zorra de los hijos de los patrones de mi mamá, quienes me enseñaron los placeres del sexo.


Relato
Mi nombre es Rosa María, tengo 19 años, sin ser cromo de calendario. Simplemente soy apetecible, no soy virgen y disfruto sin ser frecuente, mucho del sexo, soy hija de madre soltera que desde hace 20 años es empleada domestica de la misma casa. Nuestras habitaciones están separadas de la casa grande, sus patrones, tienen dos hijos, Eric de 20 años y Mario de 18. No quiero decir que no los conozco, pero mi trato con todos ha sido muy esporádico, ya que mi madre me ha mantenido fuera de su relación laboral.
Hace unos meses, los señores se fueron desde el viernes a la casa de campo, llevándose como acostumbran, a mi mamá todo el fin de semana.
El sábado, después de terminar mis labores caseras y escolares, llamé a mis amigas para ver que hacíamos, pero no se concretó nada, por lo que me dispuse a pasar un fin de semana sola y aburrida.
Poco antes de acostarme, tocaron a la puerta que da a la casa grande (hay otra con salida directa a la calle), lo que me extrañó mucho, porque sabía que no se quedó nadie.
Era Mario, diciendo, que ellos no se habían ido y valiéndose de la ausencia de sus padres, organizaron una fiesta a la que me invitaba. Aprovechando que mi madre también no estaba, acepté pensando en la convivencia con más gente.
Mi extrañé cuando desde la entrada noté que en la sala solamente estaba Eric, con una botella en la mano y bailando solo, con música muy fuerte, por lo que le dije a Mario: ¡Que onda! ¡No que era una fiesta!
¡Si! ¡Pero de tres! ¡Anda vamos a cotorrear un rato!
Sabiendo que en casa no había nada que hacer, dije:
¡Bueno, pero solo un rato! No se vayan a emborrachar y quieran aprovecharse de mí.
Y tomando una botella de tequila, le di un buen sorbo.
Eric, me abrazó por atrás y comenzó a bailar, poniendo su bulto sobre mis nalgas, cosa que inmediatamente me prendió.
Entre bailes con uno y otro, trago y trago a pico de botella, y roces con sus bultos, me comencé a calentar.
Ya pasados de copas los tres, Mario fue el primero en quitarse la camisa, cuando Eric se deshacía de su playera, dijo: ¡Anda Rosma, todos parejos!
Ya desinhibida, comencé a desabrocharme la blusa pasando enfrente de cada uno bailando sensualmente, con lo que me imagino, se calentaron y gritaron ¡toooooodo! ¡tooooooodo!
Me quité el brasier y se lo aventé en la cara a Eric, que se lo puso de gorro, pero siguieron gritando: ¡toooooodo! ¡tooooooodo!
Boté mis zapatos, y cuando me quitaba los jeans, ellos aullando como lobos ya no tenían los pantalones.
Así, los tres en calzones, seguimos bailando haciéndome sándwich entre ellos, no las veía, pero si sentía sus vergas ya paradas, paseando una sobre el culo y otra por mi concha, con lo que ya tenía bien mojada mi rajita.
Teniendo a Eric, abrazado por el cuello, no me percaté cuando Mario se quitó los calzones, hasta que sentí pasar su verga por entre mis piernas. Me viré y al ver el pito de Mario, sin doblar las rodillas, me agache, lo tomé como paleta y comencé a darle unas ricas mamadas en la punta. Como dejé mi trasero a disposición de Eric, solamente se hincó, me quitó la tanga y empezó a besar y lamerme desde el ano hasta mi rajita perfectamente rasurada, sentí tan rico que me metí la verga de Mario casi hasta la garganta. Luego parando a Eric, me arrodillé entre los dos y con una verga en cada mano, noté más grande y venosa la de Eric, pero aún así, en el intercambio de mamadas a una, mientras sobaba la otra, las dos me sabían riquísimo, y casi al mismo tiempo, de ambas, salieron chorros de tibia leche cayendo sobre mi cara y escurría hasta mis senos.
Me tendí en la alfombra, abriéndoles las piernas y enseñándoles mi hinchada vulva, diciendo:.
¡Ya cabrones, cójanme, porque ya no aguanto! ¡Estoy bien caliente! ¡Quiero verga!
Mario, fue el primero en acomodarse entre mis piernas, pero en lugar de penetrarme, comenzó a chupar y mordisquear mi ya erecto clítoris, haciendo que mis cuantiosos jugos escurrieran hasta el ano, luego apunto y empezó a meter su pito muy despacito entre mis labios vaginales, yo, con las ganas que tenía de verga y no aguantando más, lo agarre de las nalgas y levantando las mías, lo jalé hacia mi cuerpo, e hice que me enterrara toda su verga hasta el fondo. Gozando de una buena cogida y moviendo sus nalgas hacia los lados, para sentir más el roce interior, por la música tan fuerte, solo se alcanzaba a medio escuchar mis: ¡Asiiiiiiiii papá! ¡Que riiiiiico me coges! ¡Dame máaaas! ¡Damela toooooda! ¡Tooooooda papá! Sentí el primer orgasmo, cuando me inundó el coñito con chorros de su rica leche. Mario se levantó del piso, yo me puse en cuatro patas, y con una mano, le agarré la ya flácida verga, me la llevé a la boca y comencé a limpiarle los fluidos con mi lengua.
Mario, me tomó de los cabellos, moviéndome la cabeza hacia delante y hacia atrás, y yo, solamente apretándola con mis labios sentí como se ponía dura de nuevo.
Con mi trasero al aire, Eric punteó su polla en mi coño, que aunque bien mojado, con un movimiento, solo me pudo enterrar la mitad de su verga. Sintiendo que me desgarraba por dentro y con la boca llena, abrí más las piernas, para que entrara más fácil y solo pude emitir un ¡oooooooooooouuuuummmmmmm! Con un segundo empujón, Eric, me la metió toda, y tratando de enderezarme, empujé a Mario, sacando su verga de mi boca, pero Eric, con mucha fuerza, comenzó a hurgar hasta el fondo de mis entrañas, por lo que quedé otra vez en cuatro patas.
Entre las entradas y salidas de verga, el vaivén de mi cabeza, de mi cabello y mis chiches, mis ¡No! ¡No! ¡Me duele! ¡No! ¡Ya no!, mi coñito se fue abriendo, y comencé a sentir que mi cuerpo se estremecía de placer. Cada vez que Eric, la sacaba dejando la puntita adentro, se escuchaba un ¡Uuuuuuufffffffffff! y al clavármela de nuevo era un ¡Aaaaaauuuuuuch! Las arremetidas eran cada vez más toscas, más fuertes, más agresivas, aún así, yo empujaba mi culo hacia atrás, en cada embestida, para que se enterrara toda. Con mi coño bien expandido, pero totalmente lleno, se me salió un ¡Haaaaaaaaayyyyyyyy! y un ¡Papiiiiiiiiiiiiiiito! en el momento de un prolongado, exquisito y precioso orgasmo, que me aflojó toda, haciéndome recargar brazos y cabeza en la alfombra, dejando así, mis nalgas bien abiertas y mi ano al descubierto, Él siguió follándome, se ensalivo los dedos y empezó a pasarlos por mi ano, yo respingué gritando ¡No me vayas a coger por el culo, cabrón! ¡Por ahí si me rompes todita con semejante verga! ¡Mejor Mario, que la tiene más chica!
¡Está bien putita! Pero déjame prepararlo y llenarte el chocho con mi leche.
Me siguió cogiendo y con la punta de un dedo, relajo mi hoyito trasero, volviendo a calentarme.
Cuando se vació dentro de mi coñito, me imagino que no cupo toda la leche, porque empezó a derramarse y a escurrir por mis piernas.
Sacando Eric su verga de mi raja, me volví a poner en cuatro patas, e inmediatamente Mario mojando de saliva su verga y mi ano, me la sepultó de un empujón y sin ningún miramiento en el culo, (ya me había comido otras por ahí), por lo que solo dije -Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh-, Me dio varias nalgadas que me excitaron tanto que le pedí ¡Móntate! ¡Móntate sobre mi culo! Él se recargó sobre mis nalgas y empezó a moverse como perrito, metió una mano en mi coño estimulando mi clítoris, yo me sentía en el cielo, moviendo mis nalgas de un lado para el otro, y apretándolas para no dejar salir esa rica verga que me estaba consumiendo de placer.
No se que hizo Mario, pero abrazándome de la cintura, nos fuimos para atrás, él quedando acostado sobre la alfombra y yo de espaldas sobre él, empalada con su verga. Eric, me abrió más las piernas y se me trepó, introduciendo su pito en mí coño nuevamente, pero esta vez de un solo empujón hizo que me lo comiera todo, Sintiendo las entradas y salidas de esos dos pitos, el roce de dos enormes vergas dentro de mí, estaba extasiada, gozando de lo lindo y desaforadamente, cuando Eric, dijo:
¡Puta! ¡Que puta eres, Rosma! ¡Como gozas la verga! ¡Te encanta coger! ¡Verdad que eres nuestra putita!
Yo con el placer recorriendo todo mi cuerpo, comencé a gritar:
¡Si! ¡Si! ¡Me encanta la verga! ¡Me gusta coger! ¡Si! ¡Si! ¡Soy su putita! ¡Dénmela toda! ¡Cójanme cabrones!
¡Muévanse! ¡No la saquen! ¡Si, si soy una puta! ¡Su puta! ¡Su putita! ¡Pero cójanme! ¡Que me entre toda!
¡Que no sesalgan! ¡Las quiero bien adentro! ¡Quiero sentir su leche! ¡Quiero más veeeeeeeeeeeeeerga! Sentí otro espasmo orgásmico, lo que me hizo apretar culo y coño, con lo que exprimí sus pollas, primero, Mario, inundó copiosamente mi culo, y momentos después la oleada de esperma en mi coño que me recetó Eric.
Mientras intentaba secarme la concha y mi trasero bien adoloridos por la estupenda cogida recibida, nos quedamos en la alfombra, riéndonos de lo rosado de nuestras rodillas, pero Mario, se burló diciendo:
¡Pero si Rosma, no tiene solamente las rodillas rosadas! ¡Rosma tiene el culo y su coño completamente rojo!
Yo carcajeándome, increpé:
¡Bueno, si, están rojos, adoloridos, empapados y bien abiertos por sus pollas! ¡Pero si sus pitos aguantan otra ronda, le seguimos! ¡Que dicen!
¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo, ya te tragaste todo lo que teníamos, por hoy, se acabó.


Semanas después, Mario me contactó, avisándome que el viernes pasaría por mí a la escuela para llevarme a un departamento que tenían ellos y que buscara algún pretexto para decirle a mi mamá que llegaría tarde para no preocuparla. Así lo hice, y pensando en esas enormes vergas que volvería a tener entre mis piernas, me puse una falda tableada, una pequeña blusa ajustada y sin sostén, una tanga blanca y calcetas, (parecía de verdad una colegiala).
El que llegó por mí fue Eric, me subí al coche, me dio un sonoro beso y agarrándome el muslo, sin llegar a mi conchita, me dijo: -Que linda se ve mi putita-.
Cuando llegamos, ya estaba Mario, recibiendo otro beso, sentí como levantando la falda, sobó mi concha suavemente, con lo que se me humedeció.
Estando en la sala y parada, sin invitarme nada, empezaron a manosearme por encima de la ropa, por un buen rato. Después, me quitaron la blusa y la tanga, y mientras Eric me besaba en la boca, sobándome las nalgas y dando pequeños piquetes en mi ano con su dedo, Mario, lamía los parados pezones y metía su mano hurgando en mi rajita.
-Ya está caliente nuestra putita-
-¡Siiiiiiiiii!, ¡Siiiiiii! ¡Ya tiene ganas de coger su putita!
Me taparon los ojos con un trapo y me hicieron caminar a un cuarto, lógicamente sin ver nada mis otros sentidos eran los que me indicaban que estaba pasando.
Mis pantorrillas chocaron con una cama, acostándome pero con los pies colgando al suelo, uno me amarró de las muñecas, he hizo que las estirara sobre mi cabeza, mientras el otro, abriendo mis piernas las ligó de los tobillos. Quedé inmovilizada, me imagino que sujeta a la cabecera y a las patas de la cama, lo que me excitó bastante, diciendo ¡Yaaaaa, su putita ya quiere verga!.
Sintiendo como recorrían varias manos todo mi cuerpo, desde los muslos hasta el cuello, yo, simplemente me arqueaba de placer. En una de esas dobladas, me colocaron algo acolchonado bajo mi cintura, con lo que mis nalgas quedaron un poco al aire, pero mi coño totalmente descubierto. Una cara se metió entre mis muslos y comenzó a chuparme la ranurita, apretándome de las nalgas, con lo que saqué más jugos vaginales, y mi coño se expandía esperando a recibir una buena cogida.
Dos vergas se pusieron junto a mi boca, chupaba una y me volteaba para mamar la otra, así durante unos momentos, hasta que de alguna me tragué una buena dosis de leche. Dedicada a vaciar la otra, algo duro buscó la entrada de mi coño, de un empujón, cruzó un buen trozo de carne, pero tuve una sensación muy rara, era una verga más gorda que la que Eric me había dado, y aparte esta traía ¡Condón!
¡No! ¡Así, no! ¡No quiero condón! ¿Y de quien es esta polla?, grité sacándome el pito de la boca.
Mario dijo: –A que la putita de Rosma, la quiere sin nada y que bién nos conoce-.
Se oyó un –cloc- por la fuerza de la sacada y luego el ruido de hule al romperse, pero inmediatamente me la volvieron a clavar, introduciendo más que la primera vez, por lo que solamente pude decir: ¡Aaaaaaaaaaaay!
-Despacio, cabrones, me gusta, pero no me rompan-.
No se que tan larga, pero si era más gorda que la de Eric, y me estaba haciendo gozar muy sabroso, yo seguía con mis arqueadas, como para que se me enterrara más. Escuché cerrarse la puerta, lo que quería era sentir lo que ya tenía adentro, y que se fuera hasta el fondo. El que me cogía, me leyó el pensamiento, porque de una arremetida me la clavó hasta topar con mis entrañas y yo pidiendo –máaaaaas- -máaaaaas- -dame máaaaas-, en ese momento me quitaron el trapo de los ojos.
No era Eric, ni Mario quien me tenía empalada, no me importó, porque me estaba penetrando tan rico con esa cosa tan ancha y dándome unas muy buenas ensartadas, que todo el cuerpo se estremecía de placer. Solo estábamos ese desconocido y yo en el cuarto. Sobre la cama, y pegado al techo, había un gran espejo, con el que yo podía ver la totalidad de la cama, la forma en que estaba acostada, el tipo parado a los pies de la cama me estaba follando con muchas ganas, y aunque la sentía hasta el fondo, aún quedaba afuera como 5 centímetros entre mi coñito y la maraña de pelos donde nacía su verga.
Acomodando mis piernas y con movimientos circulares de sus nalgas, me la fue metiendo hasta perderse toda dentro de mí, sus vellos toparon con mi rajita haciendo fricción en mi bien rasurado clítoris, jalando mis pezones y oprimiendo mis senos, me indujo a soltar un l -oooooooooooooooooooooooooooohhhhhhhh- con un prolongado orgasmo.
Me tenía en las nubes con sus metidas y sacadas, y cuanto él, sentía vaciarse, me dijo:
-Donde quiere esta putita su lechita-, -Por adentro o por afuera-.
¡Adentro!, ¡Échamela dentro! ¡Por favor, vente en mi interior!
Cerré mis ojos cuando lo caliente de su semen, inundó mi intimidad con repetidos chorros, que casi tengo otro orgasmo, pero no lo concluí, pues en ese momento entraron Eric y Mario preguntando ¿Ya terminaste?
-Ya, pero se la quiero meter por el culo-.
¡No primo! contestó Mario, -eso solamente es para nosotros-
Desataron mis pies y manos y me ordenaron que fuera al baño a asearme un poco. Limpié el sudor de mi cara y me lavé bien el coño, sentía que me ardía por lo grueso de la verga y la prolongada cogida que me habían dado. Cuando salí, Eric y Mario ya estaban totalmente desnudos.
Mario, de rodillas sobre la cama, me dijo
–Chúpala y termina los que me empezaste hace rato, putita-, estando parada, solamente me incliné, tomé su polla e inicié unas ricas mamadas, el primo se acercó colocando la suya en una de mis manos, por lo que comencé a sobarla hasta dejar ambas bien tiesas. Mientras tanto Eric, abriéndome las piernas, exploraba con sus dedos el interior de mi ano, expandiéndolo y volviéndome a poner bien cachonda.
Cuando Mario, me hizo tragar toda su exquisita crema, Eric, ya me estaba ensartando por el culo, (el no me había dado por ahí, por el espesor que tenía), pero me la estaba zampando sin ninguna dificultad, por lo que de dos empujones, me la enterró toda.
Con sus arremetidas, tuve que poner las dos manos sobre la cama, lo que aprovechando el primo y diciendo –a ver Zorrita, si de verdad eres bien puta, cómete esta- y acomodándose, me puso la verga en la boca, estaba muy gruesa, por lo que solamente la lamía y besaba a todo lo largo. Mario, se metió en el espacio entre mis brazos y piernas, jalando mis pezones con la boca y metiendo un dedo en mi coñito,. Para acallar mis ¡Que rico! ¡Aaaaay! ¡Me encanta!, abrí lo más que pude la boca para comerme el pito del primo, pero solo pudo entrar la cabeza.
Eric agarrándome de las nalgas, y empujando su verga dentro de mi culo con mucho ímpetu, el primo metiendo a fuerzas la suya por mi boca y Mario jugueteando con los senos y mi rajita, sentía que me partía en dos por atrás, se desencajaba mi mandíbula y se desprendían mis pezones.
Con la boca completamente llena, el coño tapado y bien enculada, me vino otro grandioso orgasmo, y solo se escuchó un largísimo
-Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm-.
No sé si por mis contracciones musculares, pero al mismo tiempo que el primo casi me ahoga con chorros y chorros de rica leche, Eric, me anegaba el culo con borbollones ardientes de miel, mientras yo le dejaba la mano de Mario, totalmente mojada con mis líquidos.
Los cuatro quedamos tendidos sobre la cama por un rato. Pero el primo volvió a repetir:
-Quiero dárselo por el culo, a esta puta-
¡No! y ¡No! Su culo solo es de nosotros, pero si tantas ganas tienes, ella te aguanta otro palo pero que sea por adelante.
Ninguno nos hicimos del rogar, con se verga flácida que le colgaba casi a medio muslo, estando acostada boca arriba, comencé a sobársela mientras el masajeaba mi rajita frenéticamente, cuando su garrote empezó a endurecerse, mi coño volvió a mojarse, dando muestras de que me estaba excitando. Con la verga bien tiesa apuntando hacia mi agujero, yo me eché saliva para que con mis jugos, estuviera más húmeda, la acomodó entre mis abiertas piernas y se dejó caer sobre mi cuerpo, al principio, solo metía y sacaba la puntita, produciéndome unas ansias locas de de estar bien insertada por lo que agarrándolo de sus nalgas lo jalaba hacia mi caliente y abierto coño, pero él usando su fuerza, no lo permitía, Yo, gritando y rogando ¡Ya papá! ¡Dámela! ¡Cógeme! ¡La quiero toda! ¡Por favor! ¡Ya súmela!
Me dijo: ¡Calma putita! ¡Te la clavaré cuando te estés viniendo! ¡Cuando sienta tu corrida!
Por más que me movía intentando meterla, no podía.
¡No! ¡No! ¡No! ¡Ya! ¡Así no me vengo! ¡Métela ya! ¡No seas cabrón, húndela toda! ¡La necesito adentro! ¡Ya!
¡la quiero adeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeentro!
Y viendo mis ojos en blanco, la enterró de una sola vez hasta el fondo, haciendo mi orgasmo mucho más prolongado con sus empujones.
Enloquecida de placer, solo gemía: ¡Así papito! ¡Sí! ¡Sí! ¡Cógeme! ¡Soy tuya! ¡También soy tu putita! ¡Así! ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Quiero ser tu puta! ¡Dámelo hasta adentro papá!
¡Ya me escurrían todo mis líquidos hasta el culo, con la corrida que me estaba dando,
¡Pinche primo! ¡Mira como tienes a la puta de Rosma! ¡Implorando verga!
Y volvió a insistir: ¡Siiiiiiii! -pero también quiero su culo-
-NO, ya dijimos que eso NO-
Y grité:
¡Cállense, par de cabrones! ¡Que yo si quiero! ¡Aunque lo rompa, quiero que me la dé y me coja por detrás!
Ni tardo ni perezoso, sacó su verga del coño, se hincó y dándome media vuelta, me levantó las nalgas, con lo mojado de mis jugos por afuera y aún con leche de Eric adentro, lo empezó a enterrar con cierta dificultad en mi ano, yo tomé una almohada y la mordí, sintiendo como ése enorme tronco se abría camino desgarrando mi pequeño culo, sentía mucho dolor, pero también muchas más ganas de estar ensartada.
Entre las envestidas de verga, no sabía cuanto sacaba o metía, pero lo volvía a clavar muy fuerte haciendo que el padecimiento disminuyera paulatinamente: Cuando notó que ya no me quejaba ni lloraba, y que realmente ya lo estaba disfrutando, lo sacó y me lo metió en el coño de un solo golpe, tallando en repetidas veces hasta el fondo, lo retiró y lo volvió a guardar en mi culo, cogiéndome exageradamente rico, así cambiando de hoyo en repetidas ocasiones, yo pedía: ¡Ahora por abajo! ¡Que rico siento! ¡Ahora por arriba papá!
Teniendo su verga en el culo, tuve otro gran orgasmo, con lo que me aflojé y caí tendida en la cama, pero el cabrón no eyaculaba, por lo que siguió rompiéndome y follando por detrás, hasta que sentí sus espasmos y el manantial del lechoso néctar que me echó en el culo.
Cuando quise ir al baño, para limpiar mi embarrado cuerpo de leche, no podía juntar las piernas, dejando grandes manchas de líquido, que escurría por mis piernas o bien directo desde el culo hasta el suelo.


La siguiente vez, en ese mismo departamento, ya no fueron los tres, únicamente el primo (su nombre Raúl), todos me calentaban pero ya perfectamente abierta adelante y atrás por la de Raúl, esa era la que quería o la que más me enloquecía.
Entrando y sin preámbulos, cerrando y junto a la puerta, pensando en lo que me comería, me desnudé por completo enfrente de él, denotando mis ganas de ser cogida.
Se acercó a mí mostrando su enorme verga bien parada, diciendo::
-Sabe a lo que viene la putita de Rosma-
¡Siiiiiiiiiiii!, ¡A que me cojas!
Llegué caliente, pero no muy mojada, por lo que me agaché y comencé a mamar, no entendía como por la boca no entraba todo, pero por el coño y culo ya me lo había comido.
Con su verga ya ensalivada, y esperando mi rajita su acometida, me puso de cara a la puerta, con las manos extendidas hacia arriba y abriendo mis piernas, dijo:
-pues a mi lo que me gustó de esta putita fue su culo, así que por ahí empiezo-
-Espera, no lo tengo mojado, ni bien abierto-
Escupiendo sobre sus dedos, metió su mano entre mis nalgas, hurgando en mi hoyito trasero, y sin más, sentí su enorme polla perforando mi culo, provocando pegar mis pechos en la madera con dolor y al mismo tiempo con mucho placer.
Aaaaaaay, -Despacio-, me gusta, pero empieza despacio.
¡No! ¡Lo que me gusta de este culo es lo apretado! ¡
No supe cuantos empujones dio, pero con su verga totalmente adentro, sentía que me levantaba los pies del suelo, quedando suspendida en el aire y que el ombligo se me botaba.
Con cada clavada, únicamente se escuchaba:
Oooooohhhhhhh, Riiiiiiiiiiico, Ahhhhhhhhhh. Maaaaaaas, Siiiiiiiiiiiiiii, Tooooooodo
Si dejé marcas en la pared o puerta, con mis uñas, no lo sé, pero con el insólito orgasmo, aflojé todo mi ser.
Resbalando mi cuerpo al suelo y haciendo que me la sacara del culo, en una posición tanto extraña, le abrí mis piernas mostrado mi coño diciendo:
-Ahora, dame tu cosa por aquí-, -quiero tu verga entre mis pierna, luego me la darás por atrás como sabes-
Se acomodó y me la fue metiendo poco a poco, con mis contracciones, me comí esa rica verga, hasta sentir sus bolas junto a mi culo.
Con la fricción de su enorme pito con las paredes de mi vagina, me hacía enloquecer de placer, pero me aguantaba mi orgasmo para que nos corriéramos juntos.
-A esta putita le encanta que se la cojan- ¿Verdad Rosma?
¡Nooooooo! –A esta putita le gusta que TÚ te la cojas- -A esta putita le encanta esta verga en este coñito-
-Este coñito es de esta verga, siente rico cuando la tiene toda adeeeeeeeeeeeeeeentro- y me vine con otro rico orgasmo.
Me dio media vuelta, mi cara pegada al ángulo del suelo y la pared, un brazo por debajo de mi cuerpo, mis nalgas medio levantadas, mis piernas que no sentía como estaban, cuando volvió a clavar su polla en mi culo. Sacando y metiendo su descomunal pero exquisita verga por el agujero entre mis nalgas, sentía como me partía en dos con un enorme placer y deseo de que se me quedara adentro por mucho tiempo.
Aprisionada entre la pared y su cuerpo, no podía hacer muchos movimientos para atragantarme por atrás su sabroso pito, pero trataba de empujar mi culo hacia atrás contra él, cuando sentí su deliciosa corrida hasta lo más profundo de mis entrañas, inundando por completo mi orificio. Apreté mis nalgas para poder exprimir hasta la última gota de su delicioso elixir.
Se tendió en el suelo, y yo comencé a darle una muy buena mamada en la flácida y mojada verga, hasta que volvió a tener el tamaño y dureza, para que de caballito, yo misma la hundiera en mi capullo.
Agarrándome de las nalgas, me jalaba hacia su garrote provocando que se me enterrara totalmente y hasta el fondo, diciendo
-Que puta eres, Rosma-, -No te cansas de tener la verga adentro-, -Y te encanta estar clavada-.
¡No! ¡No me canso y no quiero que la saques! ¡La quiero toda! ¡Esta puta, quiere que más y más! ¡Me fascina tu verga! ¡Adoro tu pito y como me enloqueces como me coges! Y ¡Sí! ¡Soy todo una putita! ¡Una gran puta, pero solo para tí!
Se safó y me puso en cuatro patas, tan lubricada estaba que de un solo empujón me ensartó hasta el fondo todo el miembro, en el coño, me tomó de los hombros, y empezó con fuerte golpes el saca y mete, oía como pegaban sus piernas en mis nalgas, y los senos en mis brazos, de improviso, enterró sus dedos en mi abierto culo, induciendo a mi atiborrado hoyo delantero a soltar un prolongado orgasmo que se mezcló con la gran cantidad de leche que en ese momento su grandiosa verga me estaba proporcionando.
Terminó, se vistió, me dio un beso y dijo:
-Este departamento es mío, te dejo una llave, cuando quieras sexo vienes, independientemente de lo que te encuentres aquí.
Se fue, yo tumbada en el suelo, escurriendo y bien cogida.
Me sentí exquisitamente satisfecha con tanta leche por adentro, pero a partir de ese momento, supe que no era la putita de dos, ni de tres, me había vuelto una perfecta puta, donde mis experiencias sexuales anteriores no tendrían comparación al tener esa llave.




Días después, teniendo ganas de hombre, le avisé a mi madre que me quedaría a dormir con una amiga, sabiendo que con la llave del departamento, tendría descanso mi hinchada panocha.
Me sorprendí, al encontrarme ahí a Raúl y a Eric, con otra muchacha más o menos de mi edad, sentados en el sofá con ella en medio, por lo que sin decir nada y dando vuelta, dispuesta a retirarme, escuché:
¡Rosa María! ¡No te vayas! ¡Rosma, espera!
Era Raúl que tomándome de un brazo, dijo:
-Que bueno que llegó mi colita- -Así también a mí me toca-
Me tranquilicé un poco, al pensar que sería Raúl el que me daría lo que fui a buscar.
Mientras Raúl servia alguna bebida en un vaso (los tres ya tenían), me percaté de que la chica estaba con las piernas abiertas, la blusa desabrochada y las chiches de fuera, la falda recorrida hasta la cintura y sin calzones, con su pelambre muy mojado, sin saber, si era saliva de ellos, o sus propios jugos.
Raúl, me ofreció el vaso, he hizo que me sentara en el sillón, quedando, Raúl, yo, la chica y Eric en el otro extremo.
Mientras Eric, se agasajaba besando los senos de la chica y con una mano hurgaba entre sus piernas, haciéndola emitir leves quejidos, Raúl me levantó la falda, quitando mi pequeña tanga y sobando mi clítoris, decía:
-Tranquila-, -Ya sabe esta colita lo mucho que va a gozar-, -Aflójate, para que disfrutes lo que te voy a dar-
No supe si fueron sus palabras, o su mano entre mis piernas lo que hizo que me empezara a humedecer, y a sentir que el calor recorría todo mi cuerpo.
¿Como me lo va a dar ahora, mi Rosma?, -Como quieras, papá, ya sabes que como quieras-.
Se hincó y metió su cabeza entre mis muslos, pasando su lengua por toda mi rajita, y dando pequeños tirones en mi erecto clítoris, cerré mis ojos gozando su rica chupada y sin darme cuenta de lo que se hacia a mi lado, simplemente se escuchaba la respiración acelerada, leves quejidos de mmm, aaaa, ouch y palabras entre cortadas como –siiiiii- riiiico- ahíiiii- tanto mías como de la otra chica.
Raúl, me hizo poner en cuatro patas con la cara encima de la bracera y él parado por fuera del sillón, me dio su hermosa verga por la boca.
Seguía sin entender, por lo grande, como costaba trabajo que se la mamara pero me entraba tan fácil por cualquier otro orificio.
Me tomó de los cabellos y moviéndome para adelante y para atrás la cabeza, hacía que me tragara lo más que podía su enorme polla, cuando noté como me chupaban mi rajita y enterrando y moviendo la lengua dentro, me expandían el coño, mi cuerpo se estremecía de placer. Supe quien era, hasta que me agarró de las nalgas, clavándome las largas uñas. No me importó tener la boca de una mujer en mi ranura, porque me hacia desear más, estar empalada por Raúl. Nos tenían a ambas haciendo trenecito.
Raúl se quitó, y el que me la dio en la boca fue Eric, esta si me entraba toda, dando grandes chupadas, lamidas y mordidas, sentí como la cara de la chica se pegó a mi trasero, metiendo un poco más de lengua y poniendo la punta de su nariz en mi ano, con un largo ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay!
y varios ¡No! ¡No! ¡me duele! y más ay, ay
Yo tenía bien mojada mi rajita con mis jugos y saliva de la chica, pero mis nalgas estaban empapadas por las lágrimas que escurrían de sus ojos por la perforada que le estaban propinando.
Sabiendo que Raúl, ya se había ensartado a la otra, me quise safar de Eric, pero no me lo permitió, diciendo:
¡Espérate putita! ¡Ya llegará tu turno!
Y vació una gran cantidad de leche dentro de mi boca. Cuando me la sacó, chorreaba su semen por mis labios y pude ver a Raúl como intentaba meter un poco de verga entre las piernas de ella, que no paraba de quejarse y seguía llorando.
Eric, casi gritando dijo:
¡Espérate! ¡A Miriam, solamente se la ha cogido Mario! ¡No está bien abierta!¡Aguanta un rato!
Y se fueron a servir más alcohol.
Me agaché en cuclillas para consolar a Miriam, que seguía llorando y me decía:
¡Esa no me entra! ¡No me cabe!¡Está muy grande!¡Es mucho animal para mi cosita!¡Con esa cosa me mata!
¡Tranquila!¡Tranquila! Solo relájate y piensa que lo vas a disfrutar, ya verás que después te va a gustar mucho. En ese momento, sentí una mano por atrás, agarrando mi expuesto coño y levantándome casi en vilo dejándome inclinada hacia Miriam, pero con mis piernas abiertas y bien estiradas, con mis manos deteniéndome a la orilla del sillón, pude ver entre mis piernas, la enorme verga que me hacia feliz y que apuntaba hacia mi trasero, incitándome a mojar mi coño y que mi boca babeara de deseo.
Apoyando mis brazos en el respaldo, Raúl se acomodó y despacio pero firmemente me la fue sumiendo hasta que sus vellos rasparon sobre mi rasurado coñito. Mientras a mí me daban una estupenda cogida, Eric, acomodó a Miriam con las nalgas en el descansabrazos, con las piernas colgando y afuera del sillón, se la encajó hasta la mitad, por la panocha, sacándole un aaaaaaaaayyyyyyyyy, sin ser tan quejumbroso como los anteriores. Cuando sintió que se le iba toda, iba a gritar y yo la callé dándole un beso, tanto nos gustó que aunque ya no se quejaba, seguíamos intentando mantener juntas nuestras bocas a pesar de los empujones a los que estábamos sometidas.
Cuando sentí los chorros de néctar anegar el interior de mi conchita, tanto Eric, como Miriam dejaban los ojos en blanco, señal de que se corrían al mismo tiempo. Mientras yo me estremecía de dicha sin vaciarme.
Eric, le dió media vuelta a Miriam y la puso de cara al asiento del sillón, dejándola con las nalgas expuestas y penetrándola salvajemente por detrás, a mí sin moverme, Raúl me ensalivaba y me lo sumergía la verga en las profundidades del culo. Ellos no sabían quién gritaba qué, solo se escuchaba: ¡Ah! ¡Más! ¡Así! ¡Papacito!¡Rico! ¡Duro! ¡Ay que sabroso! ¡Clávalo!¡Me muero! ¡Todo! ¡Mátame! ¡Oh!
A ella le vino otro orgasmo, porque sencillamente se aflojó y se quedó en la misma posición sin moverse, mientras que a mí, Raúl, sin sacarlo de entre mis nalgas, me enderezó, me cargó he hizo que nos acostáramos en el suelo, quedando sobre él y boca arriba, me dijo:
¡Tú si aguantas todo! ¡Tu si eres bien putita! ¡Verdad que a ti si te encanta coger, Rosma! ¡Eres bien puta!
Y abriendo mis piernas con las suyas, dejó que Eric, se me encimara insertando la verga en mi coño, de un solo estoque hasta adentro.
Bien engarrotada, por delante y por atrás, sintiendo los bestiales embates, de dos riquísimas vergas entrar y salir de mi interior, con esos empujes fuertes, salvajes, apenas pudiendo tener mi cara de lado para respirar, tuve ese día, el primer y único pero, largísimooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo orgasmo cuando sentí un beso sensual y exquisito que me proporcionaba Miriam diciendo suavemente:
¡Tranquila! Solo relájate y piensa que lo estás disfrutando, después vas a pedir más, te va a gustar tanto, como a mí, que ya quiero estar en tu lugar.















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Comentarios enviados para este relato
olmeca09 (8 de June de 2012 a las 19:43) dice: hola que rcio relato y ni sabias que twn puta eras, que cogidoats te dan y entre mas te cogen mas puta eres, me agardaria pioder contacrate y palticar mii correo es maejtab en hotmail


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