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Insólito espectáculo

bareta Relato enviado por: bareta el 24/9/2013. Lecturas: 6074
Etiquetas:   Estudiantes
Relato completo
Tres inesperados estudiantes, me ofrecieron un grato espectáculo.Estando con una pésima economía, a la hora de la comida en el trabajo, fui a una tienda de conveniencia donde solo compré un sándwich, un jugo y una revista de crucigramas, a pesar de lo nublado que estaba el clima, opté por ingerirlos y pasar el rato en el Parque Hundido de la Ciudad de México, ya que tiene un área de lectura tranquila y solitaria. Tras los primeros bocados y distraído con la revista, pasaron caminando frente a mí tres alegres y bulliciosos estudiantes, dos muchachos y una chica, que por el uniforme eran de secundaria, unos pasos adelante, voltearon a mirarme, entre risa y cuchicheos revisaron el solitario lugar, susurraron algo y regresaron, se sentaron en la banca opuesta a la mía dejando a la chica entre ellos y quien descaradamente, se quitó una diminuta tanga, dejándome observar momentáneamente su depilado y rosado biscocho, sin más, uno de los adolecentes, mientras la besaba, se bajo la bragueta, sacó su pito y puso una mano de la chica sobre él, ella ocupada en el beso y sin mirar, la comenzó a sobar afanosamente, el otro chico, le separó las piernas, levantó su falda metió la mano entre sus piernas y empezó a acariciar tiernamente toda su rajada.
Impresionado y sorprendido, me quise abocar a mi revista y alimentos, pero los leves gemidos que ella producía de -ahh-, ahh-, ahh-, me hicieron ver el espectáculo que ofrecían, ella, con las nalgas en la orilla de la banca, medio acostada, la cabeza apoyada en el respaldo y mirando al cielo, con la blusa desabrochada, el sostén levantado y con las piernas abiertas, le acariciaba a ambos sus descubiertas vergas, recibiendo las caricias en su panocha de uno, mientras el otro le chupaba un pezón y masajeaba la otra chiche, observé, que el que frotaba su pucha, besándola le empezó a hundir un dedo en el coño, ella, de placer comenzó a remolinear su trasero y vi claramente escurrir líquido de su ranura, segundos después, recostó su espalda a lo largo de la banca dejando un pie en el piso y con la cabeza en la panza de uno de ellos, mientras le chupaba el pito a ese, la boca del otro se hundía entre sus muslos, con las mamadas que recibía, su cuerpo se arqueaba, el que le chupaba el conejo se quitó, con una pierna arrodillada en la banca y el otro pie en el suelo, se acomodó sobre ella e incómodamente le empezó a meter la tranca en su ganoso agujerito.
Desconcertado y sin saber qué hacer, terminé mi escueta comida, mirando para todos lados y comprobando que no había nadie más, entretenido seguí viendo, como el chico después de follar, se levantaba con la verga goteando, rápidamente cambiaron de posición, ella se hincó en la banca con los pies colgando, con la cara al respaldo y con todo el trasero al aire, al que le acababa de mamar el pito, escupió en su culo y se acomodó detrás de ella, yo solo podía ver las nalgas de él y que la sujetaba de las caderas así como los leves empujones que daba al irle enterrando lentamente la verga por atrás, de repente el chavo se estremeció, se zafó y se sentó despatarrado en la banca, dejando a la muchacha fatigada y en la misma pose, con lo que noté, sus redondas y enrojecidas nalgas, sus dos hoyos dilatados y que de ambos emanaba la leche que le habían dejado. A ella le temblaban las piernas, cuando se puso de pie y se colocó los calzones diciendo:
-¿Par de cabrones, ahora me voy a ir toda húmeda!
Entre murmullos y carcajadas, los tres reanudaron su camino, viendo que un joven le oprimía una nalga a ella, diciendo:
-¡Mojada y contenta!, ¡Además por caliente, tú fuiste la que quisiste coger frente a se guey!
-¿Cómo se habrá quedado el pinche vejete?, respondió ella entre risas.
Me levanté con el garrote parado, incrédulo y lentamente camine hacia la oficina meditando, “en mis tiempos no hacíamos esa cosas”, luego sonreí para mis adentros y recapacité, ¡Pendejo, siempre se ha hecho, nada más que no tan descarado!