Categorias

Relatos Eróticos

Ultimas fotos

Photo
Enviada por andamios

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita


Intensamente insatisfecha… ( CON fotos)

Relato enviado por: narrador el 19/9/2017. Lecturas: 5167
Etiquetas:   Confesiones
Relato completo
Así es como por lo general me siento, por culpa de mi marido, ya que de un tiempo a esta fecha, le ha dado por hacerme, lo que él llama un rapidito.
Por lo general a la hora de levantarnos, es que comienza a besarme, y agarrarme por todas partes, lo que al principio yo medio disfrutaba, y digo que medio disfrutaba, porque a los pocos segundos de meterme su verga. El muy hijo de la gran puta se viene, y tras venirse se levanta de la cama. Dejándome, con las ganas de que continúe, y miren que ya se lo he dicho en infinidad de ocasiones. Pero el muy cabrón, no deja de hacerme eso en las mañanas.

Lo que trae en consecuencia que yo me la pase el resto del día, sumamente mal, intensamente insatisfecha. Tanto me afecta eso que mi jefa, al ver que mi carácter iba empeorando, me preguntó que me sucedía. Claro que yo por pudor, y vergüenza no le conté como me deja de insatisfecha mi esposo. Y lo primero que se me ocurrió decirle que mi mal carácter, y mi pésimo estado de ánimo, se debían al estrés que me generaban mis hijas. Mi jefa, me dijo. Yo te comprendo Elvira, yo sé lo que es eso. Pero no se limitó únicamente a querer darme apoyo, sino que me dio también, el teléfono, y la dirección de su masajista, diciéndome que agarrase la tarde libre, que ella me iba a pagar la primera sesión de masajes.

Yo desde luego que acepté, y hasta pensé realmente, que el recibir algo de masaje, me ayudaría a sentirme mejor. Cuando llamé por teléfono, una mujer me atendió, y después de tomar mis datos, me dio la cita. Por lo que pensé, que de seguro sería ella u otra mujer, la que me atendería. Pero al llegar, me llevé la sorpresa, de que mi masajista en lugar de ser una mujer, sería un hombre. Quien apenas me vio, me dijo. Mucho gusto, soy Antonio, Elvira verdad? tú jefa me pidió que te atendiera personalmente, así que si no tienes inconveniente alguno, con toda confianza, ve quitándote la ropa, y te acuestas en la camilla, mientras regreso, ya que debo ordenar, que no nos interrumpan. Yo a pesar de que me sentía avergonzada, y algo confundida por sus palabras, me quité toda mi ropa, me recosté de inmediato boca abajo, sobre la camilla para masajes, tratando de relajarme, un poco. Hasta que regresó Antonio, justo cuando yo había terminado de cubrir mis nalgas, con una pequeña toalla blanca. Sentí que Antonio, comenzó a charlar conmigo, para tranquilizarme. A medida que fui sintiendo sus manos, como las iba pasando por sobre mis piernas. No les niego que al principio, me sentía algo nerviosa, pero a medida que continuó dándome masaje, por todo mi cuerpo, la verdad es que me comencé a relajar. Cuando de momento, sentí sus cálidos dedos, entre la unión de mis piernas, agarrando de manera firme, parte de mis nalgas, y de mi coño. Yo no lo podía creer, que ese perfecto extraño me estuviera acariciando tanto mi coño, como mis nalgas. Sin que yo le dijera nada, todo lo contrario, a pesar de lo sorprendida que me encontraba, lo dejé que continuase, ya que ese sabroso placer que de inmediato comencé a sentir, era algo verdaderamente único. Y como entendí que era parte de los masajes, me quedé quieta, hasta que después de un rato de sentir sus dedos, rozando mi coño. Antonio me pidió que me voltease. Lo que yo hice, lentamente, procurando que la pequeña toalla ocultase mi total desnudes. Ya estando boca arriba, Antonio continuó masajeándome desde los dedos de los pies, hasta mis caderas. Yo me encontraba de lo más relajada, cuando de momento, ya no sentí sus manos cerca de mi coño. En su lugar lo que sentí fue su lengua, cuando la comenzó a pasar sobre los labios de mi depilada vulva. Cosa que desde luego yo no esperaba, pero a pesar de que me sorprendí, el placer que instantáneamente me produjo, como que fue mucho mayor que mi voluntad de que se detuviera. En cosa de breves segundos, me encontraba súper excitada. Tanto que ni atención le puse, cuando retiró la toalla de mi cuerpo. Quedando completamente desnuda, ante sus ojos. Al tiempo que Antonio dejó de lamer mi coño, y colocando una de sus manos, entre mis piernas comenzó agarrar todo mi coño, y de la manera más descarada posible, me dijo. Si quieres que te lo meta, mámamelo. Por unos segundos en mi cabeza sentí un torbellino, por una parte me acordé de la intensa insatisfacción que Luis mi esposo, me había provocado durante la mañana, antes de levantarnos. Mientras que por otro lado, la manera en que Antonio seguía jorungando sabrosamente todo mi coño, hizo que de inmediato con mis propias manos buscase su verga, y sin pensarlo más, me la metí en la boca. A mi marido, ya llevo tiempo, que por su misma mala costumbre, de estar haciéndome esos malditos rapiditos, no me dedico a mamar su miembro. Que de paso, apenas tuve la verga de Antonio dentro de mi boca, me di cuenta que era mucho más grande, larga, y gruesa, que la de Luis. Y no es que a mí me encante que me pongan a mamar. Pero en esos momentos, lo disfruté bastante. Tanto que cuando Antonio me indicó, que dejase de mamar su erecto miembro, yo quería continuar haciéndolo. Hasta que sacando su gruesa verga de mi boca, y separando mis piernas, la dirigió directamente a mi coño. Yo la verdad es que en esos momentos, por mi mente no pasó el menor recuerdo de Luis. Yo estaba deseosa de sentir aquella cosa dentro de mi coño, anticipando el enorme placer que me iba a producir, Antonio con su verga. Extasiada quedé apenas él comenzó a empujar la colorada cabeza de su verga, contra los labios de mi caliente y húmeda vulva. Antonio por un largo buen rato, me hizo disfrutar de ese tremendo placer, mientras que yo movía mis caderas, gimiendo, chillando, pidiendo que me diera más y más duro. Mientras que él a diferencia de Luis, seguía y seguía, sin detenerse, metiendo y sacando todo su miembro de mi coño. Yo no podía dejar de ver, como me tragaba toda su caliente verga, una y otra vez, hasta que él me indicó que cambiáramos de posición, cosa que me encantó hacer, ya que mi masajista se recostó bocarriba en la camilla, mientras que yo de cuclillas, me introducía su verga dentro de mí. Produciéndome un mayor placer y satisfacción. Luego al rato, Antonio se recostó a mi lado, enterrándome nuevamente toda su sabrosa verga, y haciendo que yo disfrutase de múltiples orgasmos, como nunca antes lo había hecho. Cuando Antonio terminó conmigo, estuve casi una hora recostada en la camilla de masajes, antes de ducharme y vestirme. Al siguiente día, me levanté bien temprano, antes de que él cabrón de mi marido, comenzara a joder. Y apenas llegué a la oficina, al verme mi jefa, me dijo. Se ve que aprovechaste al máximo los masajes, eres otra. Yo le di las gracias, y hasta le dije que prácticamente ella había evitado que yo me volviera loca. Fue cuando sonriendo, me dijo. Yo también tengo un marido, que es un perfecto cabrón….