Relato enviado por:
Anonymous
el 20/5/2013.
Lecturas:5055 Etiquetas: Familiares
Relato completo
Una adolescente regresa del colegio demasiado temprano y será testigo (¿o tal vez protagonista?) de los quehaceres amorosos de sus padres.Ese día nos enviaron de regreso a casa pues los dos profesores que debían darnos clase habían faltado. Volví sin ninguna preocupación en la cabeza, excepto por el hecho de considerar que haría en el resto de la tarde libre. Al llegar tuve algo que podríamos llamar como una intuición, algo me dijo que entrara lentamente, sin hacer ruido, por la puerta de atrás. Mientras abría la puerta mi excitación iba creciendo, perturbada por el temor de ser sorprendida por mis padres en esa inexplicable actitud de ladrona sigilosa.
No había nadie en la cocina. Sencillamente estaban acostados, pensé, eso era todo. Pero al llegar al comedor, los quejidos lascivos de mi madre llevaron mi excitación voyeur al máximo, aunque aumentaron también esa sensación de terror helado ante la posibilidad de que notaran mi presencia. Víctima de esa borrachera extraña de sensaciones mezcladas, fue inevitable que asomara mi cabeza a través del umbral que separa el comedor del living y viera allí a mi madre, en cuatro patas, con su concha anhelante esperando lo que me dejó azorada, tambaleante, en una especie de náusea que se parecía al principio del orgasmo: la enorme y hermosa berga de mi padre.
A partir de se momento todo ocurrió como en cámara lenta; mi padre se la frotó en la concha mientras mi madre no dejaba de pedírsela, casi con desesperación. Y suavemente la vi entrar y salir, y empaparse con los jugos de mi madre que alababa esa berga como la cura definitiva de todos sus males. Mientras acariciaba mi concha, deseaba yo también esa berga, pensaba que seria mía, que mi padre no se negarla a dármela cuando yo la quisiera, que sentiría su leche entrando a chorros, en cuatro patitas, mientras me sostenía de la cintura tal como ahora hacia con mi madre.
Fue entonces cuando el terror casi me hizo desmayar: al levantar la vista de esa berga que me tenía como hipnotizada comprobé que mi padre estaba mirándome. Quedé congelada, con la mano aun en mi concha, con el cuerpo temblando. Fue un instante de zozobra, de vergüenza, que fue dando paso, sin embargo, a la calentura y al orgasmo más grandes de mi vida. Mi padre no paró de cogerla mientras me miraba, subiendo y bajando su vista desde mis ojos a mi concha. Le preguntó si quería su leche pero mientras me miraba a mí. Le dijo que ya venia, que le iba a llenar de leche la concha, pero en realidad me lo decía a mí. Los quejidos de mi madre taparon los susurros ahogados de mi orgasmo, la leche comenzaba a chorrear de la concha de mi madre, hubiera ido con gusto a beberla, pero la mirada satisfecha y cómplice de mi padre me convenció de que pronto tendría esa berga y esa leche para mi solita.