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La mujer de mi amigo en el lavadero

Relato enviado por: Anonymous el 23/9/2010. Lecturas: 23069
Etiquetas:   Infidelidades
Relato completo
El placer que te da coger, sabiendo que puedes ser descubierto es indescriptible.
Mi esposa y yo compartíamos una casa con un matrimonio de amigos que tenían una pequeña hija de no más de 10 años. Al principio todo transcurría normal en la casa, sin que pudiéramos sospechar de nada raro en el ambiente.

Cierto día, cuando mi esposa estaba en cama un poco resfriada, me tocó hacer todas nuestras cosas, entre ellas, lavar y tender la ropa. El tendedero, que estaba en la azotea de la casa, estaba llena de ropa, tanto nuestra, como de nuestros amigos. De pronto, vi una exquisita prenda íntima, que no era de mi esposa, sino de la mujer de mi amigo. Era una transparencia negra, muy sexy, de la que yo me pude imaginar a nuestra amiga con ella puesta, mientras se le transparentaba su vello púbico. Me acerqué a ella para mirarla de cerca, e instintivamente me la llevé a la nariz. Sólo pude sentir el olor del perfume para ropa. Entonces, como un rayo, se me vino una idea desquiciada a la cabeza. Deseé sentir el olor del sexo de la mujer de mi amigo, pero, para ello debía hurgar en su ropa sucia. Y así lo hice. No tardé mucho en buscar en la cesta que estaba en el lavadero, cuando apareció otra prenda íntima transparente, la miré, y vi que incluso tenía uno que otro vellito de ella. Esto me excitó mucho, por lo que me la llevé a la nariz. ¡Qué olor tan exquisito! Decidí, sin que nadie me viera, guardarla en un bolsillo e irme al baño para masturbarme con él. Allí fantaseé que me cogía a la mujer de mi amigo con esa prenda puesta, que sólo la corría a un lado para facilitar la penetración. Todo esto mientras olía el delicioso perfume que ella había dejado en su ropa interior.

No voy a decir que se volvió una costumbre oler la ropa íntima de nuestra amiga, porque en realidad se volvió una adicción. Un día mientras mi esposa estaba en la habitación viendo la televisión, y mi amigo con su hija estaban en otra habitación haciendo lo mismo, la mujer de mi amigo se estaba bañando. Yo me la imaginaba desnuda y sacando esas deliciosas prendas, por lo que, excitado, corrí el cesto de ropa sucia para buscar un delicioso trofeo. Y lo hallé. Estaba en plena degustación oliendo, e incluso chupando la prenda, cuando no me di cuenta que, la esposa de mi amigo estaba allí, en la puerta del lavadero, roja como un tomate. Me asusté mucho y retrocedí un par de pasos, soltando la prenda. Cuando me fijé bien, noté que no era de enojo por lo que estaba roja, sino porque se había metido su mano derecha a su entrepierna. Se estaba calentando viéndome oler su ropa interior. Se aseguró de que no viniese nadie y se acercó a mí.

- No puedes ser más cerdo… - se me acercó, abrazándome con su brazo izquierdo, mientras que se seguía masturbando con el derecho, y susurrándome al oído, me dice:- ¿no te gustaría hacerlo con la dueña de estas prendas y este olor mejor?

- Yo… este… yo – le respondí nervioso, mientras nos empezamos a besar. De pronto escucho que mi esposa me grita:

- ¡Amor, me voy a bañar!

- Ok – le respondo a lo lejos.

La mujer de mi amigo y yo seguíamos besándonos, o mejor dicho, lamiéndonos la cara, el cuello, las orejas. ¡Qué placer! De fondo se escuchaban las risas de mi amigo y su hija, seguramente por lo que veían en la televisión. Ni se imaginaban en lo que estábamos su mujer y yo. Empecé a toquetear a mi amiga debajo de su pantalón, que se había puesto sin ropa interior, ya que había salido recién de la ducha. Le levanté su remera y lamí sus exquisitos senos hasta hastiarme. Sus jugos chorreaban por dentro de su pantaloncito, como esperándome.

- ¿No te gustaría chupar el lugar de donde viene el olor que te gusta sentir en mi ropa? – me dice.

Yo no lo pensé dos veces. En menos de un segundo estaba chupándole su vagina desde atrás con su pantaloncito hasta las rodillas. De fondo el sonido de la ducha, y risas y más risas de mi amigo y su hija. Esto me excitaba aún más. La esposa de mi amigo me haló de los pelos y dándome un jugoso beso, donde mezclamos su saliva con la mía y sus jugos vaginales…

- Métemela, por favor – me suplicó al oído

La volteé, apoyándome en el lavarropas, mientras se la empecé a meter deliciosa y lentamente. Ella se pegó a mí, mientras me decía:

- Eso, eso, más fuerte, más fuerte amor…

De pronto, su hija comenzó a llamarla desde la puerta de su habitación:

- Mami, dice papá si vas con nosotros a hacer las compras…

- Sí, hijita…- dijo la muy descarada, con un tono de inocencia que lo único que hacía era excitarme más y más – estoy poniendo una ropa a lavar y ya los alcanzo…

Mientras decía esto, se movía igual de rápido, enterrándosela más y más. Parecía hacerlo a propósito. Se escuchaba que mi amigo apagaba el televisor, mientras se detenía la ducha y empezaba a sonar el secador de pelo de mi esposa.

- Bueno, amor, nosotros vamos entonces – le dice mi amigo a la cerda de su esposa

- Ok – respondió ella, metiéndosela más y más fuerte – nos vemos… te amo cielo…

Cuando dijo ese “te amo cielo”, mientras otro la tenía ensartada hasta el estómago me excitó hasta la nubes… Sin duda lo había hecho a propósito. Mientras escuchábamos cerrarse la puerta principal, empezamos a acabar juntos, mientras ella me decía:

- No me la saques, lléname de leche, lléname de leche… Ohhh!!! ¡Dáme un hijo!

De pronto mi esposa me grita:

- Amor ¿me traes otra toalla?

- Claro, amor - le decía mientras escupía litros de leche dentro de la mujer de mi amigo – ya te la llevo, mi vida hermosa…

Terminamos y seguimos como si nada pasara. Desde entonces lo hemos repetido muchas veces. En el baño, en la cocina, e incluso en la habitación de ella, mirando mientras su hija dormía. El placer que te da coger, sabiendo que puedes ser descubierto es indescriptible.