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La señora del internet una madura bien puta

Relato enviado por : amante-romantico el 16/09/2013. Lecturas: 3112

etiquetas relato La señora del internet una madura bien puta   Maduras .
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Resumen
Hombres y mujeres por igual podemos llevar para siempre en nuestra memoria la primera vez que tenemos alguna relación intima, creo ese instante nunca se olvida.


Relato
Hombres y mujeres por igual podemos llevar para siempre en nuestra memoria la primera vez que tenemos alguna relación intima, creo ese instante nunca se olvida, en ocasiones se piensa que las mujeres son mas frágiles al tema de la primera vez pero ¿dónde nos dejan a los hombres? Yo soy un buen ejemplo, esto ocurrió hace ocho años y aun puedo recordarlo como si hubiera sido ayer, ahora tengo 26 años pero en esos días tenia recién cumplidos mis 18, era un chico bastante desordenado y caliente pero a esa edad nunca había tenido el privilegio de penetrar a una mujer de verdad.
Me la pasaba viendo revistas y hasta de vez en cuando me gustaba espiar a las chicas en los baños de mi escuela, con esto solamente conseguía excitarme y auto complacerme pero esta por demás decir que no era suficiente. Únicamente había tenido una novia pero no duramos mucho y el breve tiempo que anduvimos nunca me dejo ni manosearla, creo me faltaba actitud y masculinidad para poder seducir a una mujer, además aunque no era feo tampoco era un chico modelo, en fin… También diré que uno de mis hobbies favoritos eran las computadoras, casi siempre al regresar de la escuela por la tarde pasaba a uno de los tantos negocios de internet de la zona, en uno de ellos fue donde conocí a Imelda puedo decir libremente que fue la mujer que me hizo hombre.
Ella tenía alrededor de unos cuarenta años, era casada según sabia pero no lo aparentaba. Su esposo era el dueño de ese café internet y ella lo atendía todo el día. Era alta, de pelo castaño, labios carnosos muy seductores. Su cuerpo era perfecto, no tenía nada de kilos de más, tenía unas bellas curvas y unas bien torneadas piernas dignas de una mujer como ella. Además de sus atributos físicos ella era muy amable con todos, siempre andaba con una sonrisa en el rostro, la verdad por su amabilidad y buen humor había convertido de su negocio mi internet favorito, casi todos los días pasaba a descargar música y cosas así, la verdad antes de esa primera noche no paso por mi mente nada oscuro en torno a ella pues por su edad casi podía ser mi madre.
Imelda como ya dije era muy alegre y siempre hacia notar su buen humor, sin embargo había algo turbio en su vida, cuando creía que nadie la veía se ponía a pensar poniendo sus manos en su cara, yo la veía desde mi ordenador y me preguntaba que le pasaba pero cuando notaba que alguien la estaba viendo rápidamente volvía a sonreír. Era más que evidente que algo no andaba bien en su vida personal pero a fin de cuentas sólo era un cliente y eso no me competía en lo absoluto.

Pero caramba aquella tarde sí que Imelda me dio una sorpresa por decir lo menos maravillosamente deliciosa. Era fin de semana, viernes para ser exactos, antes de ir a su internet había pasado a tomar unas cervezas con unos colegas, creo estaba medio movido por lo que quise pasar a navegar a ese internet para que no llegara a casa así.
Al llegar salude a Imelda y le pedí una maquina como siempre. Pero esa tarde sin duda se veía bien bonito, tenía un lindo vestido negro de falda corta, medias y zapatillas altas. Estaba como para ir a cenar o algo así pero tenía varios clientes y no había ningún aviso de cerrar temprano. Yo sólo me limite a navegar aunque debo admitir que me deslumbro su belleza de mujer, al paso de alrededor de una hora el sol había caído, por estar distraído no me había dado cuenta que casi no había clientes ya, sólo estaba ella ahí en su escritorio frente a un ordenador también, al paso de unos momentos descubrí que estaba llorando en silencio, quise acercármele pero dude un poco. Sin embargo la curiosidad fue mayor y con una excusa me acerque a ella, me miro y pude ver lagrimas en sus ojos, sin pensarlo le pregunte si estaba bien, ella rápidamente seco sus lagrimas y me dijo un tanto molesta que la dejara en paz. Al instante regrese a mi lugar para apagar la maquina e irme para no importunarla más pero antes que me levantara ella se sentó en el escritorio del ordenador y subió una de sus piernas separándolas.
Pude fácilmente verle su entrepierna y su ropa interior blanca, me quede viéndola por unos instantes sin decir nada, ella acariciaba sus muslos y casi luego me dijo con una dulce voz que nunca olvidaré Dime, ¿Te gustan mis piernas? Por instinto pude sentir como mi miembro se endureció y mi paquete se hizo notar, ella miraba mi paquete sobre mi pantalón. Casi ni podía creer lo que estaba pasando, una señora de su edad insinuándose conmigo, era increíble pero deliciosamente real.
Imelda sin decirme nada se me acerco, agarro mi paquete y lo empezó a masturbar sobre la ropa, ella misma bajo mi cierre y libero mi pija ya bien dura. Era la primera vez que una mujer me masturbaba y no sabía qué hacer, estaba bien frígido y sin moverme. Imelda tocaba mi glande con su lengua y lentamente me lo estaba chupando, en varios momentos estuve cerca de correrme pero a como sea me aguantaba.
Momentos después Imelda se puso de pie, ella misma subió la falda de su vestido y muy lentamente dejo caer sus pantis hasta los pies, esto era verdaderamente placentero para mi ver por primera vez a una mujer desnudarse ante mí, creo estaba algo sonrojado y ella lo noto. Seguí viendo como una por una se quitaba sus medias y sus zapatillas.
Imelda estaba por venir conmigo pero grite asustado ¡Mierda, no tengo condones! Ella se pego a risa y me dijo ¡No los necesitas niño, no te contagiare de nada, sólo relájate niño! No cabe duda que me sentía como un niño estúpido ante ella. Imelda se sentó en mi miembro, centímetro a centímetro se fue metiendo en su vagina, sentía como sus labios me la apretaban un poco, ella inicio a subir y bajar suavemente de mí. Eran nuevas sensaciones infinitamente más rico que sólo masturbarse, el estar dentro de una mujer es algo verdaderamente maravilloso, ella se estaba entregando a mí con toda lujuria y pasión. Ella misma se dio cuente cuando estaba por venirme y se detuvo, me quede dentro de ella mientras nos besamos todo el cuerpo, como loco besaba sus pezones, le metía dedos en su culo, estaba vuelto loco. Imelda nuevamente empezó a moverse, mi pija entraba y salía de su vagina bien suave y lubricada. El placer fue tal que no demore en vaciarme dentro de ella.
Imelda tan luego sintió la corrida se aparto de mi, fue a su escritorio y prendió un cigarrillo. Quise tocarla nuevamente pero muy agresiva me ordeno que me saliera de ahí y cerrara la puerta. A prisa me vestí, tome mis cosas y me fui de ese lugar. Días después quería volver a ella pero un extraño temor me lo impedía, ya nunca regrese pero sin duda no importa el tiempo que pase nunca la olvidaré.

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Le subí completamente su falda abriendo sus piernitas exquisitas, inicie a mamarle sus piernas cada centímetro de ellas hasta que llegue a su zona vaginal todavía cubierta por su calzón, con mi boca muy lentamente le fui retirando el calzón hasta que le vi por primera vez su vagina hermosa, la cual estaba súper mojada de sus flujos vaginales, ella comenzó a gritar de placer y fue más cuando tome un poco de crema de chantillí aplicándole en toda su raja vaginal, con esto empecé a comerle el coño.
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