Categorias

Relatos Eróticos

Ultimas fotos

Photo
Enviada por andamios

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita


La señora y su perro…

Relato enviado por: narrador el 21/4/2017. Lecturas: 18592
Etiquetas:   Zoofilia
Relato completo

Como guardia nocturno de un de los parques más grandes, y más concurridos de la ciudad. He visto un sinfín de cosas raras, por lo que hoy en día nada me asombra, aunque de vez en cuando me llevó tremenda sorpresa. Como ya llevó un buen tiempo, trabajando en el turno de la noche, he ido conociendo a muchos de los visitantes, algunos de verlos ya sea a distancia, sé de quién se trata, digo si viene a caminar, a correr, si atraviesan el parque para ir al trabajo, o regresar a su casa. Mientras que a otros, los conozco en persona, ya sea porque he intervenido con ellos en alguna ocasión, o me han pedido alguna orientación. Y desde hace algún tiempo había visto pasar a una elegante señora, siempre acompañada de su perro. En ocasiones la había visto caminando, con un anciano, que suponía que era su padre, y un día me enteré que era su esposo. Ocasionalmente por razones de seguridad, los guardias debemos estar ocultos, vigilando. Y de esa manera hemos agarrado a más de un delincuente, o parejas que buscan esconderse entre los arbustos, para disfrutar del sexo. Así como adictos, y algún que otro enfermito, que disfruta espiando a las parejas. Pero esa noche, ya ubicado en mi escondite, vi a lo lejos a la señora elegante caminando con su perro, y ya de lejos supe de quien se trataba. Por lo que no le di importancia, pero a medida que se fue acercando a la parte boscosa, me pareció sospechosa, la manera en que a cada rato la señora se detenía, y se quedaba observando los alrededores. Hasta que de momento vi cómo se internaba con su perro, tras unos arbustos, que conducen a un pequeño claro, de unos dos o tres metros cuadrados. Lo primero que pensé, fue que de seguro le habían dado ganas de orinar, por lo que no pensé en interrumpirla. Pero al pasar más, o menos unos cinco minutos, y ver que la señora no salía, decidí irme acercando lentamente, sin hacer ningún tipo de ruido. Preguntándome a mí mismo. ¿Y si la han asaltado? Pero de inmediato, me dije. Eso no es posible, ese gran perro asusta a cualquiera, y por lo menos hubiera ladrado, si algún vago, se acercase a la señora. Por lo que pensé, que bien podía haberse desmayado, y el perro permanecería a su lado sin moverse. Ya estando a pocos pasos de donde pensé, que podía estar la señora y su perro, cuando comencé a escuchar un profundo gemido femenino. Yo que estaba a punto de realizar un llamado de emergencia, al escuchar eso, de inmediato le bajé todo el volumen a mi radio. Y procuré seguir acercándome sin hacer nada de ruido, gracias a que esa noche había luna llena, pude ver muy claramente a la señora, completamente desnuda, que se encontraba en cuatro patas, mientras que su perro se encontraba encima de ella, y con sus patas delanteras mantenía a la señora bien sujeta por sus caderas, tal como si ella, fuera una misma perra en celo. El perro un pastor alemán de gran tamaño, no paraba de moverse, empujando su verga por el coño de la señora. Yo me quedé asombrado, con la boca abierta, al ver semejante espectáculo. Mientras que mentalmente me preguntaba ¿Cómo era posible, que esa mujer estuviera haciendo eso, con ese perro? La verdad es que estaba sorprendido, ya que ella tiene muy buen cuerpo, y pienso que no pasaba de los cuarenta. Yo no podía dejar de estar viendo a la señora completamente desnuda, y como se le movían sus grandes tetas, al tiempo que aquel perro no paraba de moverse, sobre ella. Ella de seguro no se había dado cuenta de mi presencia, ya que aunque en voz baja, no paraba de decirle al perro. Dame más duro, papito, sigue, sigue, que rico. En ese preciso momento el animal se detuvo, quedándose quieto por unos cuantos segundos. Por lo que supuse que se había venido, dentro del coño de su dueña. Y tras esos pocos segundos, se bajó de encima de ella, pero quedando su verga por completo, dentro del coño de la señora, por lo que ambos quedaron culo con culo, tal como si fueran de verdad dos perros, o mejor dicho un perro y una perra. Yo que estaba tan ensimismado viéndolos, no me di cuenta de que había pisado una ramita seca, y cuando puse todo mi peso sobre esa pierna, la ramita se rompió, sonando con fuerza. Por lo que la señora, de inmediato dirigió su mirada a mi persona, mientras que el perro, que de seguro estaba de lo más satisfecho se quedó tranquilo, ya que ni caso me hizo. Si yo estaba asombrado, la cara de sorpresa que puso ella fue bien elocuente, de seguro jamás pensó que alguien la fuera a encontrar en semejante situación, y menos que ese alguien fuera el guardia del parque. Mientras que yo ni idea tenía de lo que debía hacer, la señora estaba violando varias leyes o reglamentos, al mantener sexo con un animal, en terrenos públicos. Y aunque a esas horas de la noche no pasa ni un alma, por ese lugar. El solo hecho que yo los descubriera en pleno acto sexual, ya era motivo más que suficiente para proceder al arresto. Lo que me llamó la atención fue, que ella no hizo ni el menor intento de ocultar su completa desnudes, y cuando aún se encontraba como si estuviera gateando, con la verga de su perro enterrada dentro de su coño. Levantando la vista y viéndome directamente a los ojos, en un tono seductor me dijo. Pensará que estoy loca, para dejar que mi perro me haga eso. Pero usted ha visto a mi marido, y como no he querido serle infiel con otros hombres, me las arreglo con mi perro por los momentos. Al decirme esas palabras, me di cuenta de que ella me había reconocido. Y sin dejar de mirar mi cara de asombro, me dijo. Yo hago todo lo que me pida, pero por lo que más quiera, por favor no me denuncie. Lo único que acerté de decirle en ese instante, con cara de incredulidad, fue. ¿Todo lo que yo le pida? Si todo lo que quieras, es más si quieres me pongo a mamar tu verga, ya mismo. O si lo prefieres, después que él me suelte, refiriéndose a su perro, te doy hasta el culo si quieres, pero por favor no me denuncies. La vergüenza por la que pasaría, si me denuncias, sería motivo más que suficiente para que la familia de mi esposo, hiciera que nos divorciáramos. Por lo que vuelvo, y te repito, yo hago lo que tú quieras. La verdad es que en esos momento hasta pensé en aprovecharme de la situación y meterle mi verga por el coño, solo que como ya el perro de seguro se había venido dentro de su coño, por aquello de no agarrar alguna infección de inmediato descarté esa idea. También pensé, hasta en darle por el culo, pero para eso tenía que esperar a que su perro se desabotonara. Y la verdad es que la idea de bajarme los pantalones, con ese perro tan cerca de mí, no me gusto. Ya en ese momento me encontraba de pie en completo silencio, frente a la señora, al tiempo que aún ella, seguía pegada a su perro. Cuando sentí una de sus manos, que hábilmente bajó la cremallera de mi pantalón, y en cosa de segundos, la introdujo agarrando mi verga, y sacándola fuera. Yo continué sin hacer nada, mientras que ella levantando su torso, dirigió su boca a mi verga, y con una habilidad, digna de toda una puta, se dedicó a darme una tremenda mamada. Yo vi como sus rojos labios comenzaron a chupar mi glande. Y en cosa de segundos, ya se había tragado casi del todo mi erecto miembro, chupándolo deliciosamente. Pero a medida que la señora continuó mama que mama toda mi verga, su perro se separó de ella, nos dirigió una apacible mirada, y se fue a echar a poca distancia de su dueña, para ponerse a pasar su lengua por su verga, mientras que ella continuaba mamando deliciosamente toda mi verga. El sentir como me la succionaba, hizo que al poco rato de ella estar mamándomela, yo me viniera por completo dentro de su boca. Lo que me sorprendió fue, que en lugar de escupirlo, se ha tragado todo mi semen. Así que mientras yo lo volvía a guardar mi verga dentro del pantalón, ella limpiándose las rodillas, se puso de pie, y la verdad es que está bien buena, que de no haber estado dejándose clavar por su perro, yo de seguro se lo hubiera metido. La señora resultó llamarse Lucy, y a medida que agarró su vestido de una rama en el que lo había dejado colgado, me dijo sensualmente. Si quieres en otra ocasión, dejo el perro en casa. Como en efecto lo ha hecho ya en varias veces.