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LA VIDA DE MARTA (parte 1 de 3)

dulces.placeres Relato enviado por : dulces.placeres el 12/09/2018. Lecturas: 220

etiquetas relato LA VIDA DE MARTA  (parte 1 de 3)   Confesiones .
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Resumen
Estaba en la barra, con una amiga, bebían unos tragos sentadas en altos taburetes, Marta sin dudas era de ese tipo de chicas que me gustaban, delgada, lucía un jean celeste súper adherido a su cuerpo, y la forma en que estaba sentada sobre el banco solo hacía resaltar su culito redondito y respingón, un top blanco apenas debajo de unos pequeños pechos marcaban su vientre plano y bronceado.


Relato
LA VIDA DE MARTA

(parte 1 de 3)




Estábamos llegando al año dos mil cuando conocí a la que hoy en día es mi esposa. En esos años estaba terminado mis estudios para ingresar a la policía federal Argentina, ya era independiente y me ganaba la vida trabajando como vigilancia privada en distintos lugares, donde se podía, donde había alguna oportunidad.

Fue amor a primera vista, esa noche al llegar el pub a relevar el puesto, pude verla en el fondo, entre mucha gente, a media luz. A pesar que estaba trabajando me arriesgué a llegar a ella, yo solo debía hacer custodia y mantener el orden, pero diablos, me jugué por ella.



Estaba en la barra, con una amiga, bebían unos tragos sentadas en altos taburetes, Marta sin dudas era de ese tipo de chicas que me gustaban, delgada, lucía un jean celeste súper adherido a su cuerpo, y la forma en que estaba sentada sobre el banco solo hacía resaltar su culito redondito y respingón, un top blanco apenas debajo de unos pequeños pechos marcaban su vientre plano y bronceado.

Al acercarme discretamente a su lado observé como una diminuta colaless apenas asomaba por la cintura del jean lo que me produjo una efervescencia adicional, tenía su rubio cabello recogido en una cola de caballo, dos grandes pendientes en forma de media lunas adornaban sus orejas, de ojos redondos y celestes, tan celestes como el jean, su boca de trompita de conejo sorbiendo de la pajilla de la copa dio color a la escena.



No hablamos mucho, no podía hacerlo, apenas lo suficiente como para que se notara mi interés por ella y no por su amiga, insistí hasta robarle el número de su celular.

Al día siguiente tendríamos nuestra primera cita oficial y casi sin conocernos terminaríamos haciendo el amor en un motel de la ciudad.

Conforme fueron pasando los días nos fuimos conociendo, nos fuimos enamorando, y todo parecía ser perfecto, conocí a su familia, ella a la mía, en poco más de un año empezábamos a hacer planes de un futuro compartido.



Sin embargo había algo que me hacía ruido, Marta era demasiado buena en la cama y eso llegaba a incomodarme, no hablábamos mucho de nuestro pasado sexual y cuando lo hacíamos ella disimulaba y desviaba la conversación, como sintiéndose incómoda antes mis preguntas. Era excelente mamadora de verga, y cuando la cogía en cuatro patas su esfínter se abría de una manera alarmante, era evidente que se la habían dado por el culo muchas veces, sin embargo, cuando yo intentaba hacérselo se negaba rotundamente y se ponía demasiado nerviosa.

Y yo no iba a cuestionarla, o a juzgarla, al fin y al cabo yo también había hecho locuras con muchas mujeres antes de conocerla, podía entender que ella no fuera una santa.



Una tarde como cualquiera habíamos ido desde su hogar hasta una casa de electrodomésticos, estábamos comprando las cosas para nuestro futuro hogar, y en el camino alguien gritó



Marta! Marta!


Un tipo de nuestra edad se acercó en un rápido trote para darnos alcance, un moreno lleno de anillos y alhajas de segunda, con lentes de sol oscuros que impedían ver sus ojos, su apariencia me dio mala espina, y más al notar la reacción de mi novia, Marta se puso tensa y su rostro se volvió pálido, como si hubiera visto al mismo demonio, él dijo luego de darle un beso en la mejilla



Cómo estás? tiempo de no verte… y él es? no me lo presentas?


Le dijo refiriéndose a mí, ella contestó balbuceando



Si, él es Brian, mi… mi novio…, amor, él es…


Marta se ahogó en sus palabras, como no pudiendo hablar, como quedándose muda, el tipo salió al cruce y con una falsa sonrisa y me dijo



Soy Carlos, amigo de toda la vida de Ignacio, su hermano…


Estreché con pocas ganas su mano ante la evidente falsedad del tipo y el nerviosismo inocultable de Marta, el siguió hablando



Marta, por favor, le dices a tu hermano que no se olvide de lo nuestro, tu sabes cómo son estas cosas, no quiero presionarlo, pero él sabe lo que le conviene, y se le termina el tiempo.


Supe leer entre líneas, el mensaje era para ella, no era para su hermano, Marta solo bajó la vista y el con su voz estridente terminó



Chicos, los dejo, no les quito más el tiempo, Brian, un gusto, cuida mucho el bomboncito que te estás comiendo…


Apenas hice una mueca con mis labios, de muy mala gana y el tipo como vino se fue, Marta parecía aturdida con toda la situación, su frente estaba poblada de gotas de transpiración y sus manos sudadas hasta el límite, era todo demasiado raro, por lo que pregunté



Y bien, quien es este tipo?
Ya te dijo… amigo de mi hermano…
No, dale… dime quién diablos es
De veras, no te preocupes…


Sus palabras quebradas notaban falsedad, por lo que empecé a enojarme con ella, no iba a juzgarla, pero no permitiría que me mintiese, o que me ocultara cosas, por lo que la conversación y los rodeos que ella daba se tornaron más molestos, una y otra vez choqué con sus negativas a hablar y me sentí como un tonto cornudo, porque eso es lo que imaginaba en toda la situación.

Volvimos a su casa, me quedé a cenar en una tensa calma, como esa calma que antecede a la tormenta, Marta estaba sumamente incómoda, podría haberle preguntado a su hermano quien estaba a mi lado ajeno a todo, pero no quería escucharlo de él, solo podría confiar en ella si ella me lo contaba, fuera lo que fuera…



Era cerca de la medianoche cuando nos despedimos y todo rodó cuesta abajo, evidentemente ella no largaría nada y yo estallé, tuvimos frente a la puerta de su casa una escena de telenovela, le grité, le dije que ya no quería volver a verla, demasiadas cosas horribles, Marta estalló en llantos y me suplicó que no la dejara, que no podría vivir sin mí, trató de aferrarme a la fuerza, la arrastré en mi retirada, trastabilló, se cayó de rodillas sobre la acera, entre los manotazos de su caída sin querer arranque un collarcito que yo mismo le había regalado, las perlas de fantasía rodaron una tras otra, me suplicó hasta que ya no tuvo fuerzas, la dejé llorando como una niña, con una de sus rodillas ensangrentadas por el raspón contra el cemento, solo suplicándome que no la dejara…



Los días siguientes fueron una tortura psicológica para mí, Marta me llamaba constantemente, me llenaba el celu con mensajes, con WhatsApp rogándome una y otra vez hasta el cansancio, apareciendo en mis estudios, a la entrada, a la salida, hablando con mis padres, pero yo no quería saber más nada con ella, había dado vuelta de página.

Quince días después tomé el turno en el mismo boliche en el que nos habíamos conocido, eran cerca de las once de la noche, hacía custodia en la puerta cuando ella apareció, estaba vestida de la misma manera que aquella primera noche a pesar del frío de invierno que hacía, con ese jean celeste, el top blanco, el cabello recogido y los mismo aros, estaba hermosa, sin dudas lo había hecho por mí, se acercó y me dijo susurrando, casi implorando



Por favor, podemos hablar? Te amo, no puedo vivir sin vos…


Pero me mantuve imperturbable, ignorándola, solo le dije que por favor se retirara, para mí era persona ‘no grata’ y que no hiciera un escándalo porque debería retirarla por la fuerza…

Marta agacho la mirada con su rostro inundado en lágrimas y se alejó en la negrura de la noche.

No disfruté las horas siguientes, empecé a repensar toda la situación, tal vez había sido demasiado duro con ella, tal vez debía escucharla, acaso no la había humillado demasiado, Marta parecía tocar fondo y yo me mantenía demasiado firme, a pesar de sentirme un cornudo no podía dejar de darme lástima por ella y en el fondo sabía que la amaba demasiado…

A las cuatro de la mañana, terminado el trabajo, enfilé para mi domicilio, caminando por las oscuras y frías veredas en la soledad de la noche, dos cuadras adelante ella salió a mi encuentro, tiritaba como una hoja, sus dientes castañeteaban y sus pezones se marcaban como dos alfileres, cruzada de brazos, balbuceó casi inconexa por la baja temperatura



Por… favor… sin… vos… prefiero… la… muerte…


No pude creerlo, me estuvo esperando todo ese tiempo! ya no pude resistirme, suspiré resignado, saqué mi campera de cuero y la puse sobre sus hombros, la abracé con fuerzas y la refregué para darle calor, caminamos lentamente y nos metimos en un bar de mala muerte, con olor a viejo y música que sonaba oxidada, nos sentamos cerca de un ventanal por donde se colaba la luz de una farola de la calle, le pedí un café con leche doble con medias lunas, y solo un cortado para mí, solo la miraba mientras ella recuperaba el color de su rostro y volvía a tomar temperatura, era tan hermosa, al fin, ella tomó la iniciativa.



Bueno, voy a contarte toda la historia, desde el principio, seguramente será nuestro última charla, aceptaré que me dejes y ya no quieras saber nada conmigo, pero te amo demasiado, como nunca amé a nadie en mi vida, y al menos quiero serte honesta, es muy difícil para mí, no me interrumpas…




CONTINUARA





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