Categorias

Relatos Eróticos

Ultimas fotos

Photo
Enviada por andamios

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita


Llevé a mi primo a casa, y mi mujer no dijo nada…

Relato enviado por: narrador el 8/12/2008. Lecturas: 15258
Etiquetas:
Relato completo
Mi nombre es Jorge, y llevo casado con Eleonor más o menos unos seis años, sin que a estas alturas de nuestro matrimonio hayamos tenido hijos. Así que en parte ya nos acostumbramos a ello, pero después de ir a no sé cuantos médicos y otro tanto montón de exámenes, finalmente me dijeron simplemente que no podía, no puedo, ni podré preñar nunca a mi mujer, debido a que mi esperma es mala. Claro que eso nunca se lo he dicho a ella, así que pensé que si llevaba a mi primo a casa, y lograba que él se acostase con ella, sin que ella se diera cuenta. Existía la posibilidad de que Leonor quedase preñada. Para mí era un tremendo plan, y conociendo a mi primo Eduardo, estaba seguro que él no se pondría bravo por eso. Así que lo invité a casa supuestamente tan solo a cenar, mientras que le dije a mi mujer que se arreglase, cosa que hizo, ya que después de la cena le dije que saldríamos acompañados de mi primo a bailar, y en el camino recogeríamos a su novia, para que no se fuera a imaginar nada malo. Eduardo llegó puntualmente, como cosa rara en él, Leonor hermosamente vestida nos sirvió la cena, mientras que yo, serví los tragos. Claro que los tragos que le serví a Leonor fueron un poco bastante más fuertes que los que les serví a Eduardo y a mí.

Ya apenas terminamos de cenar, noté que Leonor comenzaba a estar algo mareada, por lo que continué sirviéndole fuertes tragos e invitándola a bailar, cosa a la que ella no le molestó en lo absoluto. Mientras bailaba bien pegado a mi mujer, noté que Eduardo no le quitaba los ojos de encima, y aprovechándome de ello, de cuando en cuando acariciaba sus nalgas, casi frente a él. Sin que ella se opusiera, no porque le gustase sino por lo borracha que ella estaba, que realmente no se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor, al punto que comencé a ir soltando los botones de su vestido y ella ni cuenta se dio cuando se quedó sin él puesto, para después de eso tanto Leonor como yo nos sentamos en el sofá de la sala.

Cuando Eduardo vio medio desnuda y borracha a mi mujer, y pensó que yo también lo estaba, dejó de disimular y en ese momento la sacó a bailar. En ese instante pensé que mi plan había dado resultado, ya que a medida que Eduardo y Leonor bailaban él la besaba y acariciaba todo su cuerpo, sin que ella opusiera la menor resistencia, quizás pensando que se trataba de mí. Mientras que yo me quedé recostado en el sofá, haciéndome el dormido, esperando que Eduardo diera el siguiente paso. Para lo que no tuve que esperar mucho realmente, disimuladamente la fue llevando hasta nuestro dormitorio. Por lo que pensando en lo que podría estar pasando, decidí descansar un rato para luego ir a espiarlos. Ya había comenzado a quedarme medio dormido, cuando sentí que me estaban bajando los pantalones.
Al voltear bastante sorprendido me encontré a mi primo, colocado tras de mí, con su verga apuntando a mis nalgas. Su sola imagen me dejó confundido, como era posible que pudiendo meterle mano a mi mujer perdiera el tiempo tratando de comerme el culo. Pero cuando quise actuar, ya era tarde, el fuerte dolor que sentí dentro de mi culo, me dejó prácticamente paralizado. Eduardo sin consideración alguna, me había empujado toda su verga de un solo trancazo. Fue tan rápida y fuerte la penetración, que cuando comencé a moverme con la intención de quitármelo de encima, lo escuché decirme. Así mismo primito, síguete moviendo de esa manera. Sus brazos me apretaban fuertemente contra su cuerpo, mientras que yo aun como que no entendía que era lo que sucedía. Un sinfín de emociones surgieron dentro de mí, rabia, odio, frustración. Pero con cada movimiento mío, más me apretaba Eduardo contra su cuerpo, y a los pocos segundos, comencé a sentir algo extremadamente raro. Eso que mi primo me estaba haciendo me estaba comenzando a gustar. El coraje o rabia que sentía contra él se fue convirtiendo en placer.

Por un largo rato, seguí sintiendo como su verga se abría paso una y otra vez, dentro de mí. Eduardo de momento, continuó diciéndome lo sabroso que yo culeaba, mientras que yo continuaba disfrutando de todo lo que él me hacía, al punto que hasta que le pedí que me diera más duro. Cosa que con gusto de seguro que continuó haciendo, hasta que sentí su fuerte abrazo al momento de él venirse. Apenas lo hizo sentí que extrajo toda su verga de entre mis nalgas y de golpe, la vi frente a mi boca. Aunque Eduardo no me dijo nada en lo absoluto, el ver su miembro casi a ras de mis labios, entendí que deseaba que se lo mamase. Cosa que comencé hacer poco a poco, y a medida que continuaba haciéndolo, como que le fui encontrando el gusto. Al punto que comencé a chupársela con más y más placer. Hasta que mi primo colocó sus manos sobre mi cabeza y guiando de esa manera la mamada que yo le daba finalmente creo que debió volverse a venir. Después de eso simplemente se retiró sin decirme nada. Yo con mi culo completamente abierto y algo adolorido, pero satisfecho me fui a nuestro cuarto.

Leonor estaba acostada, sobre la cama, con toda su ropa íntima puesta, al parecer mi primo la dejó y se fue a meterme mano a mí. Yo me terminé de quitar la ropa, me di una buena ducha caliente, y después de asearme debidamente, me acosté pensando en todo lo sucedido. A mi primo lo he vuelto a invitar a casa, pero sin que mi mujer se entere, desde luego.