Cuando llegué a la casa, al bajarme del taxi, fui recibida en la puerta supuestamente por los dueños de la casa. Toda su casa era tan, y tan amplia. Aunque no lo crean, me habían dado una llave de la casa, y mi habitación era enorme.
Además de Ruth, y su esposo Ernesto, apenas llegué me dijeron que pronto se irían a la maternidad. Pero que no me preocupase, que bien podía usar la cocina, la piscina, así como cualquier otra cosa que me hiciera falta usar, durante mi corta estadía. Además me presentaron a Ronald, el hijo mayor de Ernesto.
Bueno yo me sentía inmensamente feliz, pero cuando me dirigía a la piscina, noté que Ronald, me observaba de manera algo rara o extraña, bueno en ese momento no le presté mucha atención, pero una hora más tarde al salir de la piscina, él me detuvo, con la excusa de orientarme sobre una costumbre que él y sus amigos tenían. De momento aparecieron un grupo de hombres, como de su misma edad de Ronald. Los que rápidamente me rodearon, y eso me hizo actuar como si estuviera bien nerviosa.
Cuando, mostrando bastante asustada le pregunté directamente a Ronald de que costumbre se trataba. Sonriendo él chasqueó los dedos de su mano derecha, y casi de inmediato sus amigos, tras rodearme, con sus manos me sujetaron por todas partes, al tiempo que yo inútilmente trataba de zafarme de ellos, Ronald me dijo sonriendo, mientras sus amigos me ataron a un poste. Te vamos a mostrar íntima y profundamente la hospitalidad que nos caracteriza, y de inmediato en fracciones de segundos, entre todos ellos me han arrancado el pequeño biquini que había estado usando en la piscina, dejándome completamente desnuda.
Ya en esos momentos, no me quedó la menor duda de lo que estaba a punto de sucederme. Así que mientras ellos me sujetaban por todas partes, y lascivamente introducían sus dedos ya fuera en mi vagina, dentro de mi culo, y hasta en mi boca. Yo aparte de rogarles que no me hicieran daño, llorando, me decía a mí misma, y en alta vos para que todos ellos me escuchasen. Hitory venir tan lejos, para que te hagan lo mismo que te hacían en tu pueblo, y en la universidad. Como verán no es la primera, y espero que no será la última vez que un grupo de hombres, me viole.
Por lo que algo que he aprendido, es a comportarme sumisamente, mientras abusan de mí. Ya que se que si me pongo a luchar, aparte de que sería completamente inútil, lo más probable es que pudiera salir más golpeada aun. Y si como hice en una ocasión, que me puse a ser extremadamente colaboradora, y cooperadora con mis violadores, estos me mantuvieron secuestrada, por mucho más tiempo del que había previsto. Así que si me limito a obedecerles, una vez que se canse de violarme, y de obligar a que les mame sus miembros, me dejan tirada en el piso.
Ronald y sus amigos, tras mantenerme bien sujeta, aparte de ir introduciendo sus dedos, en todo y cada uno de los principales orificios de mi cuerpo. Mientras que yo me quejaba, me obligaron a que comenzara a mamar sus vergas. Tras casi ahogarme y provocar que me dieran nauseas, al sentir como sus miembros llegaban hasta el fondo de mi garganta, y con la supuesta amenaza de ser golpeada, si me atrevía a morderlos. Pasaron a violarme, y así fui sintiendo como todos, y cada uno de ellos me fue penetrando ya fuera por mi vulva, por mi culo, y nuevamente por mi boca. En ocasiones a un mismo tiempo. Haciendo que el dolor, la vergüenza, y la indignación, que yo les mostraba, por no poder defenderme, fuera mayor.
Así que sin dejar de sujetarme, por todas partes, y en ocasiones, al tiempo que era brutalmente era penetrada, ya fuera por mi vulva, por mi ano, o por ambos a un mismo tiempo. Exigiéndome que moviera mis caderas, y les pidiera que me dieran más duro. Además también me doblaban los brazos, pienso que únicamente por el placer que les producía, el escuchar como yo lloraba y me quejaba.
Entre todos ellos, no contentos con todo lo que me hicieron, cuando pensé que ya todo había terminado. Recibí, lo que vendría siendo un baño de su semen, por todo mi cuerpo, y en especial en mi cara. Tras lo cual me dejaron abandonada en el piso, como pude me puse de pie, y dando tras pies, finalmente llegué al cuarto, que los dueños de casa habían separado para mí. Por un largo rato permanecí, tirada sobre la cama. En silencio pensando en todo lo sucedido, luego después que reuní, las fuerzas necesarias, entré al baño y tras darme una buena y profunda ducha, me vestí. Y tras recoger mi equipaje, llamé un taxi, y salí de la casa. No sin antes cobrar el jugoso cheque que me habían ofrecido, por los servicios de víctima, que les había prestado.