Relato enviado por:
Anonymous
el 27/8/2026.
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Relato completo
La visita inesperada de un amigo te puede dejar confundida.Mamá
Aquel fin de semana, ya entrada la noche, Karla, quien se encontraba sola en su vivienda ya a punto de ir a dormir, escuchó a alguien tocando a su puerta. Se extrañó que alguien estuviera ahí a esas horas. Su hijo había ido a pasar el fin de semana con su padre, y no esperaba visita alguna.
Volvieron a tocar a la puerta, pero esta vez escuchó la voz de un amigo suyo, el cual le gritaba:
-Karla, abre por favor. Abre.
Conociendo a aquel chico, no tuvo problema en abrir la puerta, pero le extrañó su visita a esa hora, además de que se le escuchaba angustiado. Apenas abrir y sin esperar siquiera una invitación a entrar, el amigo entró a la vivienda y, tomando a Karla por los hombros, le dijo:
- Por favor, por favor, no preguntes nada, sólo hazlo.
Karla lo miró extrañada.
- ¿Qué pasa? ¿Hacer qué?
Karla mi miró confundida. Habían hecho amistad escasos siete meses. El chico era ocho años menor que ella, teniendo así ella veintiocho y él veinte.
- Por favor, no puedo explicar nada de momento, sólo hazlo – insistió él.
- ¿Pero hacer qué? – preguntó ella.
- Chupa mi pene.
La respuesta dejó a Karla, aquella bella y joven mamá soltera, con la boca abierta. No podía creer tal desvergüenza.
- ¿Qué cosa? ¿Estás loco?
Antes de que ella pudiera decir más, el chico se dirigió al sillón que estaba ahí cerca, se sentó y sin más, sacó su pene, ante la sorpresa, el descontrol de Karla.
- Hazlo, por favor.
- Pero… ¿por qué? ¿Qué te pasa?
Tartamudeando y temblando un poco, Karla se dirigió hacia donde estaba su joven amigo y sin entenderá nada, comenzó a chupar aquel pene.
Los movimientos de Karla eran lentos, suaves, delicados. Chupaba y chupaba aquel pene, pero su mente estaba confundida; no entendía nada. De vez en vez dirigía la mirada hacia su amigo, buscando una respuesta, pero el joven no decía nada, permanecía en silencio, relajado ante las chupadas que aquella hermosa mamá soltera le daba.
Más de una vez, Karla buscó una explicación a todo aquello. ¿Por qué estaba chupando ese pene? Pero el amigo no dijo nada.
Karla chupó y chupó tanto, hasta que el pene del chico soltó todo su contenido, convirtiéndose así en una fuente de semen, mismo que llenó la boca de aquella mamá soltera.
Tras recibir todo, Karla, que durante lo que duró el acto e incluso en el momento de recibir la descarga permaneció sería, confundida, sacó el pene de su boca, quedando a escasos centímetros del mismo. Y dirigiendo una mirada bastante sería a su amigo, el cual pudo apreciar aquellos ojos claros, le dijo:
- Ahora sí, dime qué pasa – tras decir eso y sin perder su expresión seria, Karla dio una lamida en la punta del pene, llevándose con tal acción, algo del semen que ahí había quedado.
- ¿Por qué has llegado a estas horas a mi casa? – dio una segunda lamida a la punta del pene.
- Y sin más, me has pedido que te chupe el pene – dio la tercera lamida.
- ¡Explícate! – tras decir eso, dio la última lamida. Todo eso lo hizo sin darse siquiera cuenta; actuó en automático, pues mientras lamía el pene, no perdió su mirada, su expresión seria.
A toda respuesta, su amigo se puso de pie y, poniéndose de nuevo el pantalón, le dijo:
- En realidad, por nada en especial, sólo que me enteré que estarías sola y quise aprovechar para que chuparas mi pene, ya que eres muy bonita.
Sin más y dejando a Karla muda y temblorosa, el chico Saló de la vivienda, tranquilo y fresco.
- Desgraciado – fue lo único que atinó a decir Karla, pero su amigo ya se había ido, dejándole tal vez más confundida que al principio y aún con el sabor de su pene y su semen.