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MAMADAS EN EL BOSQUE

Relato enviado por: jorgegu el 25/6/2009. Lecturas: 11395
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Un chaval que mamaba pollas y bolas a todos en el bosqueMAMADAS EN EL BOSQUE
Todas las tardes iba a correr por un sendero que estaba al borde de un bosque a la orilla del

rio, en las afueras de la ciudad. Era la hora en que el sol caía y me daba

tiempo antes de hundirse por completo en el horizonte para hacer mis tres km diarios.
Al final, las sombras invadían el bosque y sòlo quedaba una penumbra que iba desapareciendo

rápidamente.
Una tarde se me habia hecho tarde y cuando terminé mi circuito ya era casi noche cerrada y la

luna comenzaba a aparecer sobre el río. Me dediqué a alongar mis músculos contra un arbol y ya

me disponía a salir del bosque cuando lo vi. Era un chico de no mucho mas de treinta años, que

estaba en cuclillas con la espalda apoyada contra un arbol. Eso no me hubiera llamado la

atención si el chaval no hubiera tenido la polla afuera totalmente dura y se la estaba pajeando

suavemente. Me quedé en mi lugar mirándolo y él parecia disfrutar al darme ese show.
Me calenté mucho porque era un chico muy bello, saqué la mia totalmente erecta y se la mostré

para ver si le gustaba.
El no dijo nada pero abrió la boca. Era una señal clara y entendí que deseaba mamármela. Me

acerqué y se la pasé por los labios. El chico la tomó en sus manos y la devoró. Su lengua me lamía las bolas, sus labios aferraban la cabeza de mi verga y se la coloqué hasta la garganta. Tosió casi ahogado y la retiré un poco para que respirara. Me mamaba con desesperación las bolas y todo el vello. En eso llegó otro hombre, maduro, sacó la polla y la puso al lado de la mia. El chico gozaba mamando las dos vergas a la vez. Ràpidamente, el otro le descargó todo el semen en la boca y después yo le di el mio. Su cara era de placer total. La leche de ambos derramaba por sus labios. Nos subimos los pantalones y nos íbamos cuando llegó un tipo bastante obeso, fue hasta donde estaba el chico contra el arbol y sin decirle nada le puso la verga en la boca.
Nos quedamos mirando y poco después llegó otro. Este era un chico mas joven que el mamador, de unos veinte años.Se la puso a pocos centímetros de la boca mientras el chaval mamaba la verga del gordito, que era bastante pequeña y estaba escondida entre mucho vello. Al ver al chico recién llegado, se pasó a su verga, que era enorme, no menos de veintidos centimetros y gruesa. Este era muy rápido y le soltó cuatro chorros espasmódicos
de leche, que el mamador dejó volcar de sus labios y se pasó de nuevo a la del gordo.
Esa noche era demasiado para mi y me fui caminando con el otro, que me contó que el mamador iba casi todas las noches a mamar vergas. Se agachaba contra un arbol y se las mamaba a todos los tios que iban a que les saque toda la lefa. Una noche me propuse contarlos. Se mamó nueve de todas las edades, desde veinte hasta mas de sesenta años. Uno se la quizo dar por el culo pero no quiso. El otro me contó que solo le daba por mamarla pero no habia visto nunca que alguien se la pusiera pro atrás. Después, cuando ya no quedaba nadie a quien mamarsaela, con un pañuelo, se limpió la leche que le chorreaba por la boca y se fue sin decir nada. Una noche pasó un indigente rotoso y
mugriento de unos cuarenta años. Cuando vió la fiesta se acercó y se la mostró dura. El chaval le mamó a fondo bolas y polla, después lo desnudó de arriba y le chupó los sobacos. El rotoso tenía un olor rancio que denotaba la falta de agua y jabón. El chaval no hablaba con nadie, solo chupaba con mucha pasión las vergas de todos los que venían para recibir una buena mamada.