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Me gusta la polla de mi cuñado

Relato enviado por : bareta el 25/01/2013. Lecturas: 5300

etiquetas relato Me gusta la polla de mi cuñado   Familiares .
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Resumen
De chica, me comí la polla de mi cuñado, me fascinó y ya casada, tengo oprtunidad de seguir disfrutándola maravillosamente

Relato
¡Hola!, me llamo Renata, el día que cumplí 18 años, ya no era virgen, pero en mi pequeña fiesta, Samuel, un vecino de 19, me pidió ser su novia, a escondidas de toda mi familia, acepté, me dio muy buenas calentadas y me cogió dos veces hasta hacerme enloquecer, con su larga, gorda y descomunal verga, durante los tres meses que duró nuestro “noviazgo”, ya que me cortó, por hacerse novio de mi hermana Inés, con quién se casó dos años después. Yo me casé a los 21 años con César de 28, quien me dejó terminar mis estudios aquí y nos fuimos a radicar a Querétaro, no trabajo, porque cubre todas mis necesidades económicas, sin saber que sigo añorando e ilusionada con una verga como la de Samuel.
Le pedí permiso a mi esposo, para cuidar a mí hermana, tres o cuatro días, en su primer y próximo parto, a lo que accedió, sin problemas. El mismo viernes que llegué a casa de Inés y sin dar tiempo a nada, se internó en el IMSS y parió a una nena, pero no se puede quedar nadie con ellas en esa institución, por lo que nos quedamos Samuel y yo en una sala, durmiendo sentados. El sábado, nos informaron que darían de alta a Inés hasta el lunes, ya que el domingo no había egresos. Viendo que las mujeres estaban en buenas condiciones, Samuel propuso ir a dormir a casa, para no mal pasarnos otra noche. Antes de cenar, descansé con un buen baño, cuando entré al cuarto que me había preparado Inés, observé mis maletas vacías y toda mi ropa en el closet, la exterior, en respectivos ganchos y la interior, acomodada y cuidadosamente doblada en un cajón, al revisar, reflexioné que mi cuñado, para ahorrar tiempo y cenar pronto, había desempacado por mí, pero me extrañó que faltara una de mis pequeñas tangas, cuando siempre uso coordinados y solo estaba el sostén. Pensé que no lo habría puesto, y para abreviar tiempo, creyendo que Samuel estaba hambriento, me puse solo un calzón con su respectivo sostén y cubrí mi cuerpo con una bata de felpa, amarrada de la cintura. Descalza bajé a la cocina, la cena estaba lista y servida, me senté frente a un plato y aunque el otro estaba ante la siguiente silla, se acomodó frente a mí, yo, riendo, dije: ja, ja, ja, ¡Que hacendoso es mi cuñado!
Solo sonrió y no dijo nada.
Después de devorar ambos, los alimentos, dijo:¿Quieres una copa de vino?
-¡Bueno, para celebrar al nuevo papá!
¿Tinto o blanco?
-¡Blanco! El tinto se me sube más.
Buscó, botella y copas, las colocó sobre la cubierta de vidrio de la mesa diciendo: ¡Te amolaste, solo tengo tinto!
-Bueno
Tomamos un buen trago, con un pequeño brindis.
Yo no me había percatado, porque una tira del mantel colgaba sobre mis piernas, que con mis movimientos la bata se estaba abriendo, con lo que enseñaba buena parte de mis muslos, pero el ¡Si!, que de reojo cambiaba la mirada de abajo, al escote, que por desanudarse poco a poco la cinta de la bata, comenzaba a mostrar la parte superior de mis senos.
Entre bobadas, risa y tres copas de vino, cínicamente, preguntó: ¿Qué tal coges?
Sorprendida, contesté: ¿Que?
¿Que si te gusta como te coge Cesar?
¡No seas estúpido! ¿Por qué preguntas?
Por tres cosas: una, estás bien buena, dos, creo que tienes ganas de coger y tres, yo tengo rato sin hacerlo.
En ese momento, vi, tras el cristal un enorme bulto entre sus piernas, apreté el coño, me calenté, no se si por el vino, por sus palabras, o porque comenzaba a recordar la enorme verga que ya me había comido, pero conteste: ¡No seas idiota! ¡Eres mi cuñado!
¡Si! pero no capado y nadie sabe que ya me cogí a las dos hermanitas.
Me levanté, tomé mi plato y lo llevé al fregadero, ahí, de dos zancadas, se colocó tras de mí, me aprisionó, contra el mueble, sentí la enorme verga en mi culo y dijo: ¿No tienes ganas de que te vuelva a coger?
Lo quise empujar con mi trasero, lo único que provoqué, fue percibir con más intensidad la dureza de su pito, pero exclamé: ¡No! ¡Como Crees!
No me dejó mover, su respiración junto a mi oído, sus besos en el cuello, me estaban estremeciendo, pero aún, tuve fuerzas para decir: ¡No! ¡No friegues!, y un ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¡Si! con su mano que encontró el caminito entre la bata hasta mi coño, el último ¡No!, fue de placer, no de rechazo.
Me volteó rápidamente, pegó su verga sobre mi concha, yo lo empujaba de los hombros hacia atrás, pero estirando su cuello, buscó mi boca, una o dos veces, lo esquivé, pero el sentir lo delicioso de su verga tallando sobre mi panocha, aunque seguía tratando de retirarlo, acepté sus labios, con nuestras lenguas entrelazándose, aflojé la presión de mis brazos y lo abracé ávidamente, volvió a meter su mano bajo la ya prácticamente abierta bata, sobó delicadamente mi rajita sobre el calzón, luego lo jaló un poco, para que sus dedos, después de sentir mis recortados y delineados vellos, se mojaran, hurgar y endurecieran mi clítoris, con un placentero -Ahhhhhhhh -, ya había notado mi disposición, me cargó de las piernas y la cintura, seguían nuestras bocas juntas, cuando me bajó junto a su enorme cama, el poco remordimiento que me quedaba, me hizo decir trémulamente: -No Samuel, mejor no hacemos na…
Me calló con otro beso, me recostó en la cama, mis piernas colgaban, la bata totalmente abierta, deja ver el volumen de mi inflamado, ganoso y oscuro coño, bajo la delicada y traslúcida tela de mi tanga, Se hincó, me quitó el calzón, separo mis piernas y mientras me daba unas excelentes y ricas mamadas en mi ranura, se fue desvistiendo, entre varios –Haaaaaaa-, -Ohhhhhhh-, -Hummmmm-, de mi parte.
Hizo que me subiera totalmente en la cama, abrió mis piernas delicadamente desde mis muslos y subió ambas manos, comprobando la humedad de mi panocha, sacándome un grato –Mmmmmmmmmmmmmm-. Sin encimar su cuerpo en el mío, por tener estirados sus brazos junto a mis hombros, sentí el roce de la monumental tranca sobre mi anhelante bulba, acomodó la morrocotuda cabeza en el ya empapado, dilatado y abierto agujerito, sumió solo el sabroso glande, con mi -Uuummmmmmmmmmmmmmmmmm-, y dijo: ¿Así te coge Cesar?
-¡No!, ¡No!, ¡El la tiene más chica!
¡Quieres mi verga?
¡Si!, ¡Si!, ¡Toda!
Mi cuerpo se arqueó, mi boca se abrió y expresé un largo -Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh-, al sentir como de una sola arremetida, me enterraba hasta el fondo de mí ser, la suculenta verga, sus bolas golpearon mi trasero, su melena se entreveró con la mía, comenzó a tallar, mis -¡Así!, ¡Más!, ¡Rico!, ¡Huf¡ ¡Ah!, ¡Mmm!, se hacían más fuertes, al sentir sobre mis labios vaginales, la presión que producía con los empujones que me daba, parecía que me estaba doblando hacia adentro toda mi rajada, me estaba comiendo encantadoramente toda su polla, cuando empecé a gritar ¡Si!, ¡Siiii!, ¡Siiiiiiiii!, ¡Siiiiiiiiiiiii! ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!, con un profundo, delicioso y largo orgasmo,
Siguió metiendo y sacando su verga de la vaina, estaba enajenada, enloquecida, frenética, con la enorme corneta dentro de mí, y dijo: ¿Nadie sabe lo puta que eres?
-¡No!, ¡No!, ¡Sigue cogiendo!
¿Quieres mi leche?
¡Si!, ¡Toda!, ¡Dámela toda!
Al sentir el ardiente y nutrido borbollón de néctar inundar mis entrañas, con mis ojos cerrados, deleitándome, con su arrolladora venida, mí cuerpo se sacudió con un delicioso -Ahhh-, -Ahhhhhhhh-, -Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh-, mezclando su semen con mis jugos en mi profundidad, con otro gustoso orgasmo.
Su verga no flaqueaba, seguía dura, poderosa, bien parada, raspando mis paredes internas, yo seguía en las nubes, deliciosamente absorta en la cogida, cuando pregunto: ¿Te gusta la verga, verdad putita?
-¡Si!, ¡Me encanta!
¿Mucho?
-¡Si!, ¡Me fascina!
¿La quieres por atrás?
Me sacó de mi concentración y rápido inquirí: ¡Por atrás!, ¡Eso!, ¡No!, ¡Me despedazas!
-A tu hermana le gusta.
¡Si!, pero….
Me dio media vuelta, abriendo mis nalgas, pasó su lengua deliciosamente y muchas veces en mi ano, algunos débiles ¡no!, ¡no!, ¡por favor!, ¡no!, antes de sentir que se acomodaba en mi entrada. Cerré los ojos, apreté los dientes y mis manos apretujaron la cocha, esperando la intromisión, pero la fue hundiendo lentamente, no hubo dolor, me la comí con singular complacencia, me encantó, ya en su totalidad adentro, con sus fricciones, comencé a jadear de dicha, levantaba mi trasero para sentir más, la penetración, dándole oportunidad de meter su mano en mi anegado coño, que pellizcando delicadamente mi clítoris, me produjo otro orgasmo.
Segundos después, soltó dentro de mi gozoso culo una buena andanada de tórridos mocos, se zafó y cayó tendido boca arriba junto a mi cuerpo y con la verga enclenque.
Esperé unos minutos, a que terminara de resoplar y que su respiración fuera más acompasada, cuando pensé que ya había reposado, bajé la cara hasta su polla, se la volví a endurecer y dijo: ¡Quiere más, la putita?
-Mmmjjjjjjjjjjjmmmm, puede medio balbucir, por tener la boca completamente llena.
No le permití moverse, me hinqué fuera de sus piernas, con las mías, bien abiertas, yo misma me lo dirigí al chorreante y bañado coño, en dos dulces sentones, me lo engullí, subía y bajaba contrayendo mi panocha, sin que el se meneara, tuvo otro pequeño orgasmo, seguí otro rato, mis piernas comenzaban a dolerme, cuando se agitó y expulsó otra buena cantidad de semen, en mi caverna, ya me estaba levantando, cuando me jaló, me puso de espaldas a él, lo sostuvo en mi ano y ordenó: ¡ahora, límpialo con tu culo!
Me indujo a otro sentón, pero esta vez, su verga se ocultó entre mis nalgas, me hizo subir y bajar dos o tres veces, me dio una par de nalgadas y dijo entre risas: ¡Ya tiene suficiente la putita por hoy!
Me dormí con él, el domingo, antes de levantarnos, me volvió a coger hasta que quiso, desayunamos, fuimos a la visita con mi hermana y sobrina, regresamos a casa y antes de dormir, me abocardó de nuevo, pero no quise desaprovechar la última oportunidad, ya trascurrida la noche, lo volví a incitar y la claridad del día con agarró cogiendo frenéticamente, estaba embarrada de mocos por todo el cuerpo.
Desvelados, fuimos por Inés al hospital, ya todos en casa, por la tarde llegó Cesar por mí, con la felicidad del nuevo retoño, los hombres se pusieron a tomar, se quedaron dormidos en la sala, Inés con su nena en el cuatro donde noches antes, me habían follado de lo lindo, yo en el pequeño cuarto asignado, completamente desnuda, esperando a mi marido, semi dormida y en la oscuridad, alguien me cogió por el culo y luego por el coño, era Samuel, que apresuradamente y sin poder explayarnos, me hizo correr dos veces, al terminar, dijo calladamente: -La putita de mi cuñada, no se iba a ir sin que me la cogiera otra vez.
Al día siguiente, Cesar y yo, nos despedimos y regresamos a Querétaro, sigo cogiendo más tranquila con mi esposo, sobre todo, porque cada seis o siete meses sin que nadie se entere, Samuel viene a mi casa, me coge divinamente mientras Cesar está en el trabajo y retorna al D.F.
Inés ya tiene dos niñas, yo un robusto hijo, pero por perder cuentas, no sé si es de Cesar o de Samuel, pero a los tres críos, los adoramos igual, los cuatro.



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Comentarios enviados para este relato
tim_drake11 (25 de January de 2013 a las 07:10) dice: bareta, que relatos tan chingones pones... soy tu fan espero puedas complacerme o complacernos con mas y mas, TIENES LA MAS ALTA CALIFICACION DE MI PARTE Y SI PUDIERAS DEJARME TU CORREO PARA QUE ME PASARAS EN PRIVADO ALGUNOS RELATOS


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