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Mi hermana y yo, al fin hicimos realidad nuestra fantasia… ( CON fotos)

Relato enviado por: narrador el 1/2/2016. Lecturas: 11239
Etiquetas:   Maduras
Relato completo

Tanto mi hermana mayor Leticia, que tiene un poco más de setenta y tantos años. Desde que estábamos casadas, siempre tuvimos una fantasía sexual en común, pero no fue hasta que mi esposo falleció, que no me atreví a llevarla a cabo.
En el caso de Leticia es distinto, ya que ella se divorció de su primer, y tercer marido, por infidelidad, y no precisamente de ellos. El segundo falleció de un ataque al corazón, cuando se enteró del tamaño de sus cuernos.

Bueno eso último no es del todo verdad, realmente el pobre Jeronimo, jamás se enteró de las loqueras que hacía Leticia.
La fantasía consistía en tener sexo con un chico bien joven, pero cuando ambas hablamos al respecto, y nos dimos cuenta de que prácticamente soñábamos con lo mismo. Leti me propuso que contratásemos a un joven, en principio la idea era hacerlo un día ella, y luego otro día yo.

Pero cuando sacamos cuenta, y después de que Leti, habló con un conocido de ella. Llegamos al acuerdo que las dos lo haríamos el mismo día, y con el mismo tipo.

Yo estaba algo nerviosa, aunque para mi hermana mayor por lo visto eso era algo bein divertido para ella. Es más cuando el chico llegó estuve a punto de negarme. Pero mi hermana me animó, así que después de escucharla, le dije que si lo haríamos juntas.

Leti y yo nos encontramos en su casa, cuando sonó el timbre de la puerta. Era un chico blanco, algo grueso con pinta de jugador de futbol.

Aunque no me lo crean, el desnudarme frente a ese extraño no fue problema para mí. Lo que si fue algo problemático, para mi, fue el dejar que me penetrase, ya que llevaba más de diez años, antes de que mi marido falleciera que no teníamos sexo. Así que me encontraba, bastante fuera de practica.

A medida que fui sintiendo, como aquel buen pedazo de carne me iba penetrando, comencé a sentir que mi hermana le dio por comenzar a besar y acariciar mis tetas. Aunque eso me turbó un poco, de momento también comencé a disfrutarlo.

Así que al rato cuando le tocó a Leti ser penetrada, yo le hice lo mismo. Ya que, lo que es igual no es trampa.

El sentir aquella sabrosa verga dentro de mi, fue todo un placer, el cual ya casi había olvidado. En ocasiones hasta puse en blanco los ojos, por el placer que sentía. Mientras que mi hermana, sino estaba agarrándome el coño, me daba uno que otro beso, que disfruté bastante.


Después de un buen rato, el solo roce de los dedos de Leti, por sobre mi vulva me hacía temblar de placer. Para finalizar, tanto mi hermana como yo disfrutamos enormemente de darle una buena mamada a nuestro chico en común.