Yo estaba en casa, pensaba que me encontraba sola, por lo que decidí tomar una siesta en el sofá de la sala. Ya estaba casi dormida, cuando comencé a sentir la sabrosa sensación que me producía mi novio, cuando me besaba mis senos.
Yo honradamente pensando que se trataba de Julian, y pensando que había llegado, sin que yo me diera cuenta, lo deje que continuase. Pero de momento que me dio por querer ver, como me chupaba y lamía mis tetas.
Fue cuando me di cuenta de que no era mi novio quien me estaba haciendo pasar tan buen rato, sino mi propio hermano mayor, Esteban.
Por un segundo pensé ponerme a gritar, pero la verdad es que al sentir sus labios sobre mis pezones, me dejé llevar por el morboso placer, de estar follando con mi propio hermano.
Así que en lugar de armar un alboroto, sencillamente lo dejé que continuase. Sentí como de mis senos pasó a vulva, la que beso y lamió, provocándome un gran placer. Luego yo también me puse a mamar su parada verga, sin vergüenza ni pudor alguno.
Así los dos continuamos, yo poco a poco me fui quitando toda mi ropa, mientras que mi hermano me fue penetrando divinamente. En ocasiones había fantaseado con dejar que Esteban me tocase, pero de eso a que me lo metiera nunca.
La verdad es que no me arrepiento de haber dejado que mi hermano mayor se aprovechase de la situación, ya que seguramente yo nunca me hubiera atrevido.
Lo bueno de todo eso es que julian mi novio, es sumamente celoso, y en ocasiones no me dejaba ir a las fiestas a la que por motivo de su trabajo él no podía asistir. Pero basta que le diga que Esteban me lleva, para que él de lo más confiado, acepte que yo vaya, aunque mi novio ignora desde luego, que eso significa que ya sea antes, durante o al salir de la fiesta, Esteban y yo follemos como locos…