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Mi primer encuentro con Vanessa

Relato enviado por : MarcWunsche el 17/06/2016. Lecturas: 3623

etiquetas relato Mi primer encuentro con Vanessa   Jovenes .
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Resumen
Estaba a punto de llegar, cuando mi celular sonaba y el ver la pantalla, vi que era ella, era Vanessa.


Relato
Salía de trabajar un viernes, aproximadamente a las 6 de la tarde. Estaba tan enfadado del trabajo que tenía ganas de estar en mi sillón leyendo el resto del día y no saber nada hasta el día siguiente.
Estaba a punto de llegar, cuando mi celular sonaba y el ver la pantalla, vi que era ella, era Vanessa. –una hermosa chica que conocí por medio de una red social muy popular– conectaba el celular a mi coche, porque había comenzado a llover mucho y el ruido del agua no me dejaba escuchar bien el audio de la llamada. Al saludarla, me preguntó:

- Hola Marc, ¿Estás ocupado?, me dijo.
- Estoy a punto de llegar a mi casa ¿Pero qué se te ofrece, bonita?- le contesté
- Estoy un poco desesperada, no prende mi maldito coche y ¡No sé que hacer!

Le dije que me enviara su ubicación y que iría a ayudarla. Llegue y estaba en el interior de su coche ya que la estaba cayendo una torrencial lluvia. Me acerque con un paraguas y salió corriendo hacia mí. Me saludo y me contó todo lo que intentó hacer para que prendiera su coche, sin éxito alguno.

Al yo hacer una pequeña revisión, me percaté que su coche se había quedado sin batería y al comentárselo se enojó muchísimo, maldiciendo su suerte y a su coche. Me comentó que no quería llegar a su casa, ya que en su familia no iba a caer de buena manera el hecho de que el coche estaba descompuesto y que lo tuvo que dejar parado. Por fortuna, el coche estaba estacionado y no estorbaba en ningún momento.

En ese momento, percibí en su rostro que estaba muy triste y desesperada por la situación. Así que la invité a cenar y le dije que al siguiente día iríamos por su coche. Ya que dadas las condiciones climatológicas, era imposible conseguir una grúa. Ella inmediatamente se negó, argumentando que tenías que hacer un sinnúmero de pendientes. La interrumpí, comentándole que no iba a aceptar un "no" como respuesta. Así que la tomé de la mano para que no titubeara en regresarse y nos subimos a mi coche.

La llevé a un restaurante que personalmente me gusta mucho, además de que es muy bonito y acogedor. Ella ordenó una pasta fetuccini con salmón y una copa de vino, por mi parte, una lasagna con limonada mineral. Platicamos y nos pusimos al tanto, uno del otro.

Terminamos de cenar y nos dispusimos retirarnos del restaurante. El objetivo que tenía al llevarla a cenar fue que se relajara un poco, poder hacer que tuviera rato agradable y que olvidara su problema, si quiera un rato. Le entregué el boleto de mi coche al Valet Parking y al estar los dos de pie esperando, ella suspiró y me comentó:

- Estoy harta del estrés de la ciudad, de mi trabajo, a tener que lidiar con tanta gente. A veces solo quisiera irme y perderme un rato para respirar.

Mi familia, recientemente compró un terreno y construimos una casa –tipo cabaña- a unos 15 minutos de Guadalajara.

Ella solo me miró fijamente sosteniendo una ligera sonrisa, como si esperara que le dijera que estaba bromeando. Mantuvimos nuestras miradas unos segundos, en silencio, esperando a que uno de los dos tomara la palabra. Al ver que no me respondía, le dije:

“Es en serio mi propuesta, Vane. Pero si quieres lo dejamos para otra ocasión y te llevo a tu casa.” – contesté muy nervioso, pensando que le había incomodado mi propuesta.

Para mi fortuna, el coche llegó en ese momento y caminé a la puerta del copiloto para abrirle la puerta. Ella se quedó de pie sin acercarse al coche. Al darme cuenta de eso, le pregunté si todo estaba bien y solo me mostró la bella sonrisa que tiene

- ¿Está muy lejos? –me preguntó.
- No, como a 10 o 15 minutos de aquí. –le respondí.
- Bueno, vamos un ratito. –finalizó mientras entraba al coche.

Llegamos al terreno y el sol estaba en su ocaso e inmediatamente me apresuré a encender las luces de los candiles que tenemos instalados, para que pudiera apreciar lo que tenemos en el terreno.

Acababa de llover, se respiraba un ambiente fresco y tranquilo, en donde solo se escuchaba el sonido del viento rozar las hojas de los árboles.

- ¿Qué te parece? – le pregunté.
- Está súper tranquilo y rico el clima –me contestó.
- Te dije que estaba a gusto –le dije yo.

Naturalmente la temperatura comenzó a descender y la invité a pasar a la cabaña. Abrí la puerta y entramos. Nos sentamos en el comedor, platicamos y reímos mucho, de verdad nos llevamos muy bien, siendo que no nos conocíamos mucho. Sentía que la conocía de toda la vida.

Mientras platicábamos, noté que tenía una catarina en su brazo y se la quité con mucho cuidado. Al hacerlo, me dijo que le había hecho cosquillas. Volví a acariciarla del brazo y me repitió que no lo hiciera, porque le daba muchas cosquillas. Y así, comenzamos a jugar, se levantó ella de la silla y corrí detrás de ella siguiendo el jugueteo. Abrió la puerta de la cabaña y salió corriendo, mientras se carcajeaba de risa. La logré alcanzar, abrazándola por detrás y levantándola del piso con mi abrazo, no sin antes tropezarme torpemente y caer al suelo. Nos enlodamos y estuvimos tirados carcajeándonos hasta el cansancio.

Después de un rato, nos levantamos y volvimos a entrar a la cabaña. La vi estaba llena de lodo y mojada por el pasto.

- ¿Qué vas a decir cuando llegues a tu casa? –le pregunte.
- No sé. –me respondió mientras se comenzaba a reír.

Le comenté que se podía quedar esa noche para que no la regañaran. Ella dormiría en mi cama y yo en el sillón de la sala. Ella aceptó ligeramente apenada y pensativa. Le dije que tenía que bañarse, porque estaba mojada y no quería que se enfermara.

Entramos al cuarto, en donde le mostré todo lo que había, el cuarto no es lujoso, pero está muy limpio y tiene todo para estar muy cómodos. Además de que cuenta con una chimenea, porque en enero y febrero, suele ser muy frío. Después, pasamos al baño y de igual manera, le mostré todo lo que había para su comodidad. Una vez mostrado todo lo que había, ella entró al baño para comenzar a bañarse y yo me puse a prender la chimenea.

Escuché que salió del baño y se sentó en la cama. Yo no hice caso y terminaba de hacer el trabajo de prender la leña que había puesto en la chimenea. Volteé un poco y la vi dándome la espalda, sentada en la orilla de la cama, quitándose su blusa. Dejando ver una bella espalda, marcada por el ejercicio. Yo me quedé perplejo al verla y ella no tardó mucho en notar que la veía, volteó y regresé mi mirada a la chimenea, apenado por lo que había hecho. Lo último que quería era incomodarla.

- ¿Me estabas mirando? –me preguntó.
Yo lo negué mientras seguía moviendo la leña.
- Ven, siéntate aquí conmigo. –me dijo.

Me levanté y me senté junto a ella, traté de no verla directo y clavé la mirada al piso. Noté que llevaba un bonito bra azul marino, que sostenía su bellísimo par pechos. Tratando de mantener una plática, le dije que me habían quedado negras las manos por la leña. Debió haber notado que me puso nervioso, porque no me contestó absolutamente nada sobre lo que le dije. Enseguida se inclinó hacia mí y me dio un beso lento en mi mejilla. Volteé hacia ella, nos miramos unos segundos, para después comenzar a rozar nuestros labios. Los besos empezaron tímidos y suaves, para poco a poco ir subiendo de intensidad. Nos separamos poquito y nos reímos.

- Si tienes muy sucias tus manos, tendremos que bañarnos. –Me dijo.

Se levantó de la cama y me tomó de la mano en dirección al baño. Entramos y recorrí el cristal de la regadera para abrir la llave del agua, me trataba de lavé las manos ahí mismo y al voltear, ella se estaba quitando sus jeans y flats. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Su bra combinaba con la tanga que llevaba puesta, me quedé admirando su bello cuerpo. Sus enormes pechos, su exquisita cadera y bellísimas piernas. Me quité mis pantalones y mi camisa, quedando en licras y me acerque a ella, rodee su cintura con mi brazo y la besé apasionadamente, nos acercamos a la regadera sin dejar de besarnos, acariciaba su espalda y brazos. Desabroché lentamente su bra mientras con sus hombros, hacía el movimiento para dejarlo caer suavemente, enseguida pegó u cuerpo al mío y me excito la sensación de tener sus pechos pegados a mi cuerpo. Me tomo por mi trasero y me quitó las licras, por mi parte, le quité su tanga aprovechando para acariciar sus piernas. En cuanto lo hice, la tome por su trasero y la levante, ella puso sus piernas alrededor de mi cintura y te nos metimos a la regadera. Sus besos me excitaron mucho y la puse contra la pared, me excitó aún más el hecho de ver mientras caía el agua en su cuerpo. Baje para besar su cuello, después sus hombros. La puse de pie y continué bajando, acariciando sus pechos y simultáneamente empecé a lamer sus pezones suavemente y presionando con mi boca sus pechos, mientras me agarraba mi cabello con fuerza.

Ella comenzó a gemir de menos a más, yo continué bajando, pasando por su abdomen y finalmente poniéndome de rodillas. Levanté su pierna izquierda para ponerla sobre mi hombro y comencé a hacerte un delicioso oral, ella gemía con muchísima fuerza, jalándome el cabello fuertemente. Yo sentía que su cuerpo empezaba a tener contracciones de placer, aumentaba la intensidad. Me detuvo y me puso de pie, se puso de rodillas frente a mí, tomó mi pene con sus manos y empezó a acariciarlo poco a poco mientras me veía a los ojos.

La combinación de la deliciosa sensación de sus hermosas manos acariciando mi pene y sus bellos ojos viéndome fijamente es indescriptible. Se acercó a mi pene y comenzó a lamerlo haciendo el movimiento de arriba abajo –una y otra vez- cada vez con más intensidad y más profundidad.
Era grandiosa y sumando la increíble vista que tenía de su cuerpo mojado, su espalda y su trasero me encantaron. Se puso de pie, la cargue de sus piernas, de frente a mí y la puse contra la pared. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y al ponerla contra la pared, le comencé a penetrar suavemente, y ella me decía al oído:

- Quiero sentirte, hazme tuya y hazme lo que quieras, mi amor.

Eso me prendió enseguida, comenzándola a penetrar con fuerza. Cerraba los ojos y abría la boca en señal de place, gritaba con mucha fuerza mi nombre para que a la vez, moviera la cintura, para aumentar la fuerza de la penetración, sentía su cuerpo hirviendo y el hecho de que me estuviera gritando y gimiendo al oído me fascinaba y me derretía por dentro.

Me detuve y la puse dándome la espalda, inclinada hacia adelante, se apoyó con sus manos en la pared, volviéndola a penetrar. Tomándola de la cintura y embistiéndola fuertemente una y otra vez.
Después de un rato, cerramos la llave, salimos, nos secamos y nos fuimos en toalla al cuarto, al llegar ahí, me puse detrás de ella y le quite su toalla, la tomé de la cintura y ella giró su cabeza hacia mí para empezarnos a besar, mientras yo acariciaba sus pechos con una mano y con la otra acariciaba su clítoris. Sentía como su respiración se agitaba mientras la besaba. Con sus manos, comenzaba a acariciar mi pene con firmeza, en ese momento la dejé de besar y la puse en 4 sobre la cama, ella se mantuvo en esa posición esperando a que la hiciera mía y solo se limitó a voltearme a ver, dejando caer su cabello por un costado. Me acerque y la tomé salvajemente de la cintura, la volví a embestir introduciendo en un solo movimiento mi pene hasta el fondo, ame la sensación de calor al estar dentro de ella.

Al estar penetrándola una y otra vez, me incliné hacia adelante para poder lamerle la espalda y morder sus hombros, sin dejar de penetrarla. Con mis manos tomaba sus pechos y jugaba con ellos.

- ¡Hazme tuya, no dejes de cogerme! –me gritaba.

Eso me animó más, la tomé firme de su pelo y la jale hacia mí, levantando su cabeza y arqueando su cuerpo, marcando su deliciosa espalda. Me detuvo y me decía:

- Ahora me toca a mí mandar. –me dijo.

Me empujó hacia la cama, acostándome boca arriba, apoyándose en mi pecho con sus manos y se sentaba en mi pene dándome la espalda, movía su cintura deliciosamente. Yo me dedicaba a disfrutar de la vista y la tomaba de su trasero dándole fuertes nalgadas.

Recuerdo perfectamente el sonido de su trasero chocando con mi pelvis, se movía como una fiera, estaba a punto de estallar, pero la detuve para poder seguir haciéndola disfrutar. Así que se sentó en mi cara, pudiendo yo seguir jugando con mi lengua con su clítoris y seguir comiendo ese delicioso manjar, ella gemía sin cesar, se jalaba el pelo y se retorcía sin control. Sentí que se inclinó hacia adelante y formamos el famoso “69”, su boca hacía magia en mi pene, la mejor mamada que me han dado en mi vida.

No pude contener más el exquisito placer que Vanessa me hacía sentir y terminé en su boca. Ella no dejaba de hacerme sexo oral mientras terminaba en su deliciosa boca.

Los dos terminamos exhaustos, bañados en sudor, abrazados y acostados en la cama, platicando y riéndonos. Una muy bonita experiencia, donde sabía que esto sería el inicio de una excitante historia, en donde sabía perfectamente que podíamos tener encuentros muchos más intensos.

Yo la deseaba al máximo y ella a mí. Y no estaba nada lejos de la realidad, no tardamos nada en volver a tener otra aventura, ni loco iba a dudar en hacer mía a Vanessa.

Pero eso, lo contaré en la siguiente ocasión ;)


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