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Mi primera vez en un hotel

Relato enviado por: sexytina el 4/6/2009. Lecturas: 16011
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Este relato que les voy a platicar hace ya muchos años que ocurrió, en ese entonces yo tenia 16 a dos meses de cumplir los 17 y salir de la preparatoria, era el mes de mayo y una tarde sonó el teléfono y al levantar la bocina, era la voz de un hombre saludándome, y preguntando por mi, empezamos a platicar y al final acordamos de vernos al día siguiente.Este relato que les voy a platicar hace ya muchos años que ocurrió, en ese entonces yo tenia 16 a dos meses de cumplir los 17 y salir de la preparatoria, era el mes de mayo y una tarde sonó el teléfono y al levantar la bocina, era la voz de un hombre saludándome, y preguntando por mi, empezamos a platicar y al final acordamos de vernos al día siguiente.
Cuando lo vi. me gusto, era de piel blanca estatura normal y delgado, ojos cafés y agradable, en ese entonces el tenia 25 años, yo soy una mujer de piel morena, piernas anchas y por lo tanto de caderas anchas también, mi busto era pequeño pero firme, era de esas muchachas que los tipos molestaban en la calle, diciéndome de cosas o tocándome mis nalgas. Durante muchos días nos estuvimos viendo en mi casa, el me tocaba, me mordisqueaba el cuerpo y a mi me ponía a mil, no paso mucho tiempo antes de que le entregara mi virginidad, puesto que el vio que yo era y sigo siendo una mujer muy caliente, fueron unos meses deliciosos donde yo descubría los placeres del sexo.
Una vez que ya me tuvo dominada completamente empezó a sugerirme nuevas formas de amarnos, fue cuando aprendí de la forma mas rica lo que me gustaba y me volvía loca.
Por primera vez me llevo a un hotel, ya que antes solo lo hacíamos en mi casa por la mañana con la adrenalina a todo lo que daba por el temor a ser descubiertos, al llegar me sentí un poco cohibida, me senté en la cama y el entro con una pequeña maleta en la mano, de ahí saco incienso, y lo prendió, luego saco unos cintos de esos que se usan en las artes marciales, y al final un cinturón, luego se sentó a un lado de mi y empezó a quitarme la ropa, hasta que me dejo en ropa interior, aclaro que usaba ya para ese entonces tangas de lycra que era lo que a el lo volvía loco, entonces me tomo las manos y me recostó sobre la cama, yo empecé a respirar mas rápido, entre asustada y excitada, suavemente me puso bocabajo y me amarro las manos, luego me tapo los ojos, enseguida el se quito la ropa y empezó a acariciarme lentamente, mientras me volteaba y seguía tocándome con las yemas de los dedos y mordisquearme el cuello, los senos, los brazos, cada vez mas fuerte hasta llegar a lastimarme, pero a mi no me importaba quería que siguiera, mi respiración se hacia mas rápida y cada vez me excitaba mas, estaba mojada, estaba toda mordida, la espalda, mi estomago, mis pechos, paraba cuando le daba la gana, y me dejaba ahí acostada revolcándome de placer, yo suplicaba que siguiera que no parara, pero entonces el me puso de rodillas acostada en la orilla de la cama dejando mis nalgas paradas, y es en ese momento sentí el primer golpe en mis nalgas, yo grito de dolor y su respuesta fue darme otro, así recibí muchos cintarazos, hasta que mis nalgas estaban moradas y me ardian, me subió a la cama y me penetro, primero lentamente y luego fue haciéndolo mas fuerte, yo gemia de placer y de dolor, su verga era gruesa, confieso que me daba pena gemir y gritar, nunca lo habia hecho, pero a el le gustaba, mientras mas gritaba, mas fuerte me daba, asi estuvimos por varios minutos hasta que la saco bruscamente y senti un liquido caliente en mi espalda.
Me desamarro las manos, me dio una nalgada, después nos bañamos y nos fuimos, yo llegue a mi casa como siempre a las diez de la noche, mis papas me preguntaron como me fue en la escuela, yo les dije que bien que estaba cansada y que me iba a dormir, pero lo que quería era que no se dieran cuenta que venia recién bañada, y no dormi, recordando la delicia de la tarde que habia pasado, y al dia siguiente tuve que vestirme como monja, ya que todo mi cuerpo estaba lleno de moretones, gracias a sus mordidas y no podia sentarme por el dolor en mis nalgas