Relato enviado por:
Anonymous
el 27/7/2010.
Lecturas:42543 Etiquetas: Anal
Relato completo
En mi casa siempre tuvimos mascotas, especialmente perros. Recuerdo cuando tenía doce años de edad, un día estaba en mi suave pijama. Estaba en mi alcoba, buscando, no recuerdo que, debajo de mi cama. De pronto, sentí como nuestro perro, un golden retriber, se colocó encima de mí. Sentí sus fuertes patas delanteras que me apretaban por la cadera. Empezó a moverse con gran rapidez. Yo estaba sorprendida y asustada. El lo había hecho antes, pero en mis piernas, mientras estaba sentada en el comedor o en la sala, pero ahora yo estaba en una posición muy comprometedora.En mi casa siempre tuvimos mascotas, especialmente perros. Recuerdo cuando tenía doce años de edad, un día estaba en mi suave pijama. Estaba en mi alcoba, buscando, no recuerdo que, debajo de mi cama. De pronto, sentí como nuestro perro, un golden retriber, se colocó encima de mí. Sentí sus fuertes patas delanteras que me apretaban por la cadera. Empezó a moverse con gran rapidez. Yo estaba sorprendida y asustada. El lo había hecho antes, pero en mis piernas, mientras estaba sentada en el comedor o en la sala, pero ahora yo estaba en una posición muy comprometedora.
Traté de salirme de debajo de él. En ese momento sentí la punta de su verga, que por sobre mi pijama, trataba de entrar en mi culo. Fue una sensación extraña. No se, pero me gustó y sentí un gusto especial. Mi perro continuó con sus movimientos. Desde luego no pudo penetrarme, pues el pijama se lo impidió.
El asunto me inquietó por algunos días. Una tarde que estaba completamente sola en casa. Me puse en cuatro patas, en la sala de mi casa, sabiendo que mi perro estaba allí. Casi de inmediato, se abalanzó sobre mi y empezó a moverse, como queriendo penetrarme. Lo retire, después de algunos segundos y me quite mis pantaletas. Otra vez estaba encima de mí. Tenía miles de sensaciones, pues yo era apenas una niña, pero la primera vez me había gustado. Otra vez mi perro empezó a tratar de penetrarme. Pero sus movimientos eran torpes y no lograba hacerme nada. Al fin, sentí la punta de su verga, puntuda, que tocaba mi culo. Sus movimientos eran tan rápidos que no dejaba su verga quieta en mi culo. A veces rozaba mi concha, pero rápidamente lo volvía a sentir en mi culo. Sus patas delanteras ejercían una fuerza especial en mis caderas, quizás era eso lo que más me excitaba. Estuvimos así por unos cinco minutos y por temor a que llegara alguien, lo quité de encima mí, me puse mis pantaletas y me puse a hacer otras cosas.
Una mañana de domingo, nuestro perro entró a mi alcoba muy temprano, bueno él lo hacía seguido, desde muy pequeñito y jugábamos un rato en la cama. Ese día, se me ocurrió desnudarme y ponerme en cuatro patas, sobre mi cama. Apenas lo hice, mi perro empezó su movimiento sobre mí. Esta vez, movía mis caderas tratando de ayudarle a que su verga encontrara mi culo. Al fin, sentí que penetró mi culo. Se quedó quieto por unos segundos. Sentí dolor. Un tremendo dolor. Pero ya me había penetrado. Reinició sus movimientos, rápidos, pero ya no sacaba su verga de mi culo. Sentí como si su verga se inflara dentro de mi culo. Era una sensación de dolor y de placer. Quizás lo que más me excitaba era sentir la fuerza con las que sus patas delanteras me apretaban contra su verga. No era una verga muy grande. Estuvimos así como unos tres minutos. Traté de quitármelo de encima pero me era difícil. Tenía una fuerza impresionante. Tuve que regañarlo, gritarlo. Al fin, en un movimiento rápido de mis caderas logré que sacara su verga de mi culo. Lo bajé de la cama. El se acostó en el piso y empezó a lamer su verga. Yo lo había visto antes hacer eso, pero ahora me pareció especial. Mi culo estaba ardiéndome, sentía dolor, pero la experiencia me había gustado. El lamió su verga un rato y lo saqué de mi alcoba.
Esta fue mi primera vez de haber sido penetrada y por mi mejor amigo, mi mascota, un golden retriber.