Relato enviado por:
narrador el 10/6/2015.
Lecturas:9433 Etiquetas: putas
Relato completo
Cuando mis padres me echaron de casa, al enterarse que yo ni idea tenía de quien era el padre de mi futuro hija o hijo. Recordé de inmediato, que una chica me había comentado que en la ciudad había un club muy exclusivo, todos sus socios era negros, y que en ocasiones pagaban muy buen dinero, por tener sexo con chicas blancas, que estuvieran preñadas.
Así que no lo pensé dos veces, y me encaminé a la dirección que recordaba haber escuchado. Realmente me fue muy fácil encontrar ese lugar. Apenas toqué la puerta la mujer que la abrió al verme, pareció contentarse y mucho, ella era gorda, alta y bien negra por cierto. Casi ni me dejó hablar, diciéndome, que ella y sus chicos se encargarían de mí hasta que yo se los permitiese.
No bien entré al poco rato la señora me sirvió un sabroso plato de comida, que no sé si es porque estaba muerta de hambre, o porque realmente Josefa, cocina muy rico. Lo cierto es que me comí todo. Luego sin borrar su eterna sonrisa, me condujo a una muy limpia habitación repitiéndome, que no debía preocupar por nada, que ella y sus chicos se encargarían de mí. También me dijo que a la tarde iríamos a un banco donde me abriría una cuenta, en la que depositarían todo el dinero que me pagarían, yo estaba encantada.
Pero cuando le pregunté qué era lo que esperaban de mí, Josefa pareció ponerse nerviosa, y gagueando un poco me dijo, que yo debía dejar que sus chicos, o sea los socios del club, tuvieran sexo conmigo. Yo me le quedé viendo, y me puse a reír, diciéndole. Que después de que mis padres, me habían echado de casa, por estar acostándome con todos los chicos del pueblo. Sin saber quién era el padre, de mi barriga, el que me paguen, y me traten tan bien, únicamente por tener sexo, no era nada malo, por lo menos para mí.
Pasaron varios días, yo comí, y a diario me daba una buena ducha, hasta que llegó el viernes en la noche. Josefa, me informó que sus chicos habían llegado, luego bajé a conocer a mis varios benefactores.
La verdad es que cuando a esos siete negros, no es por nada pero me asusté. Alguno de ellos parecían matones de películas. Pero a medida que comencé a conocerlos, se que aparte que le gusta, joder con una blanca como yo, son buenas personas.
Esa primera noche, no hubo verga de ellos, que no mamase, o que de alguna manera me enterrasen dentro de mi coño. Luego como fin de la fiesta, todos ellos se reunieron en torno a mí, y mientras yo estaba recostada en el piso, derramaron su leche sobre mi barriga.
Ya estando sola en mi habitación, me puse a pensar por que yo había dejado que me hicieran todo eso, fue cuando echando mano a la libreta de mi nueva cuenta de ahorros, bien contenta, me dije a mi misma. Porque va ser, por dinero….