Categorias

Relatos Eróticos

Ultimas fotos

Photo
Enviada por andamios

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita

Photo
Enviada por Mujer22chaparrita


Para que veas que no soy racista… ( CON fotos)

Relato enviado por: Narrador el 8/1/2015. Lecturas: 19880
Etiquetas:   Interracial
Relato completo

Mi esposo, cuando nos encontrábamos cenando en el restaurante del hotel, en que nos alojábamos en Haití, al ver que yo puse cara de asco, al acercarse el mesero. Ignorando que segundos antes, yo había visto a ese hombre, comiéndose sus propios mocos. Me dijo que yo era racista.
Indignada y sobre todo bien molesta, con mi marido. Porque, sin tener la menor idea de lo que originó mi reacción, me llamó racista, frente a su secretario y su esposa, por lo que me sentí tremendamente insultada. Eso me dio una rabia tan grande, que le dije. Para que veas que no soy racista, ahora mismo te vas y buscas a cinco de tus empleados, los más negros que tengas, y los subes a nuestra habitación.

El secretario de mi esposo, y su mujer, se quedaron con los ojos abiertos, y bien callados, sus caras estaban rojas, me imagino que de vergüenza. Yo por mi parte apenas me levanté de la mesa, le dije, ha y no olvides traer la cámara, para que te quede el recuerdo de que no soy nada racista. Yo como un rayo atravesé el salón donde cenábamos, subí a nuestra habitación y tras darme un buen trago de ron Haitiano, me senté a esperar a que Eddy mi esposo llegara con el encargo que le hice. Sabiendo que no se atrevería a contradecir mis órdenes.

Así que no pasó ni una hora, cuando tocaron a la puerta. Eddy acongojado y apesadumbrado, trató inútilmente de convencerme de que no hiciera eso. Máxime cuando le dije el motivo de expresar mi asco, contra aquel cochino mesero. Así que no le quepo más remedio que dejar que pasaran los cinco empleados suyos que había buscado. Los cinco tipos, apenas entraron, como quien ignora la razón por la que fueron llamados, se quedaron de pie, observando a Eddy, y a mí, sin hablar, sin moverse, y sin tan siquiera atreverse a tomar asiento.

No fue hasta que yo tomando asiento en el sofá, y abriendo mis piernas de par en par, le dije a mí esposo. Diles que yo no soy racista, y que deseo que me hagan feliz. Además le recordé que no se olvidase fotografiarnos. En un idioma mescla de francés, y quien sabe que más, que le llaman patua, mi esposo con voz entrecortada se dirigió a los cinco. Las caras que pusieron todos ellos, al principio fueron de incredulidad, pero al ver como yo me mantenía con mis piernas bien abiertas, mostrándoles completamente, mi depilado coño, sentada sobre el sofá. No dudaron en acercarse a mí, expresando en su idioma, palabras que yo no entendía.

Por unos instantes aunque de manera algo tímida por parte de ellos, se limitaron a ir acariciándome, pero al ver que yo me mantenía sonriendo ante sus pequeños avances, sus caricias se fueron convirtiendo en más, y más atrevidas, hasta que de momento al yo ponerme de pie, entre los cinco, me ayudaron a desvestirme, frente a los ojos de mi marido. Comencé a sentir sus fuertes y oscuras manos, agarrando mis nalgas, sin vergüenza alguna, mientras alguno de ellos posaba frente a la cámara, mostrando una gran sonrisa a medida que también se fueron desvistiendo.

Casi de inmediato ya me encontraba mamando una de esas cinco grandes, gruesas, y negras vergas Haitianas, mientras el pendejo de Eddy, muy a su pesar continuaba tomándonos fotos a todos. A partir de ese instante me volví el centro de la orgía, los cinco no dejaron hueco de mi cuerpo que no llenasen con sus paradas vergas negras. Mientras que mi esposo continuaba tomándonos fotos, fue en una de esas que comprobé algo que ya sospechaba de Eddy, al ver como se relamía los labios, y no precisamente al estar observándome a mí, sino para mi fue más que evidente que lo que le estaba llamando la atención eran algunas de esas cinco vergas, y sus respectivos propietarios.

Yo dejé esa noche que me dieran hasta por el culo, y le insistí a mi marido que tomase esas fotos en especial, para que se recordara, de esa noche. Y no volviera a insultarme de la manera en que lo hizo frente a sus invitados.