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Por andar de apurada, terminé siendo puta… ( CON fotos)

Relato enviado por: narrador el 28/2/2016. Lecturas: 12068
Etiquetas:   putas
Relato completo
Mi marido, y yo recientemente nos habíamos mudado, a nuestra nueva casa. Yo estaba de lo más ansiosa por terminar de colocar los muebles, y de decorar por lo menos la sala, ya que en los siguientes días, había invitado a nuestras amistades, a una cena para mostrarles la casa.
Ernesto como de costumbre había salido a trabajar, dejándome todo el trabajo de la mudanza a mi. Y aunque ya teníamos todo en casa, me hacía falta ir colocando los muebles, en el lugar apropiado. La noche anterior le pedí a mi esposo que me dejase el dinero en la mesa de noche. Así que apenas me levanté, fui al mercado a buscar un par de cargadores.

Apenas llegué al mercado y le pregunté a uno de los vendedores, me señaló a tres negros, los que al verlos, me di cuenta de que con suma facilidad, podían, no tan solo mover los muebles, sino que también guardar el sin numero de cajas, que teníanos regadas por toda la casa. Así que los contraté, llegamos a un acuerdo verval de cuanto les iba a pagar, una vez que terminasen el trabajo.

Todo fue de maravilla, aunque algo que me incomodaba un podo era la manera en que esos tres negros se la pasaban mirándome, a medida que iban cargando los muebles y moviendo las cajas. Pero por aquello que no me fueran a decir racista, no les dije nada.

Apenas terminaron de inmediato me pidieron que les pagase. Fue cuando me dirigí a mi dormitorio, y busqué en mi mesa de noche, el dinero que le había pedido a Ernesto, antes de irnos a dormir. Que me di cuenta de que no me lo había dejado, ya que era imposible que ninguno de los tres tipos esos hubiera podido entrar a nuestro dormitorio. Ya que apenas llegamos lo cerré con llave.

Así que armándome de valor les dije, que seguramente a mi esposo se le había olvidado dejarme el dinero para pagarles. Pero que no se molestasen, que regresaran al siguiente día, que con gusto les pagaría. Fue cuando uno de ellos me dijo. Mire señora, mis amigos y yo hicimos todo lo que nos pidió, movimos y removimos los muebles una y otra vez. O nos paga, de alguna manera, o nos llevamos varios cuadros y cosas, para venderlas en la calle.

Lo cierto era que cualquier cosa que agarrasen, era de muchísimo más valor, que lo que ellos me estaban cobrando. Así que tratando de llegar a un acuerdo en que todos nos sintiéramos bien, les pregunté sumamente angustiada, si no había otra manera de que ellos se pudieran cobrar. Por uno corto rato los negros charlaron entre si, hasta que el más grande de ellos me dijo. Bueno señora, bien podemos llegar a un acuerdo, si usted no quiere que nos llevemos nada.

Yo la verdad es que nada más pensaba en lo que podía llegar a peder, si se llevaban alguna de las piezas de arte que tenemos en casa. En ese momento el tipo ese me dijo. Lo que podemos hacer, es que usted se acueste con nosotros, y nos deje que entre otras cosas le demos hasta por el culo.

Yo me quedé petrificada, como era posible que el tipo ese me dijera algo semejante. Pero a medida que yo me decía a mis misma, que eso era algo inaudito, otro de los tipos colocó una de sus manos, encima de un jarrón de porcelana florentino del siglo XVll, que nos había costado un ojo de la cara a mi esposo, y a mi.

Yo bien pude decirles que se llevasen los que quisieran, y después llamar a la policía, pero nada más de pensar en el escándalo, y en la perdida de tiempo en los tribunales. Me convencí a mi misma, que lo mejor era arreglar ese asunto, como ellos me lo pedían.

Nada más eso bastó para que yo de inmediato muy a pesar mío, les dijera que si. Por lo que no me quedó más remedio que seguir al pie de la letra sus ordenes. Así que lo primero que me ordenaron fue, que me desnudase. No es por nada, pero yo soy blanca, delgada, de cabello rubio natural. Y a medida que me fui desvistiendo frente a ellos, los fui escuchando como se referían a mi cuerpo.

Mira ese coño como lo tiene sin un solo pelito, pero que me dices del culo, apenas y tiene nalgas la blanca esta. Tú crees que sepa como mamar. Yo me sentía como un animal de exposición al que los jueces están evaluando. Pero aun, y así procuré no pensar, en las cosas que me decían.

Hasta que el jefe de los tres, o sea con quien llegué al acuerdo, me ordenó qu eme pusiera a mamar su verga. Yo me comencé a sentir la mujer mas desgraciada del mundo, prácticamente estaba por convertirme en puta. Pero al momento en que el tipo ese comenzó a sacar su miembro, me quedé asombrada.

No tan solo por su tamaño, su grosor, y oscuro color. Sino también por la gran virilidad que demostraba tener. Yo haciéndome la victima, no me quedó más remedio que ponerme a mamar aquella inmensa verga, y a medida que lo estaba haciendo, comencé a imaginarme como sería tener eso dentro de mi coño.

Ya esta de lo más concentrada mama que mama, cuando otro de los tres, sacó su verga, he hizo que la agarrase entre mis dedos. Y si le tener aquella cosa dentro de mi boca fuera poco, el agarrar aquel otro parado miembro, casi hace que me de un ataque al corazón.

Fue cuando comencé a sentir que el tercero de ellos, me agarró por las caderas, y tras luego ensalivar mi culo, comenzó a penetrarme con su verga. Desde ese instante yo dejé de actuar como una pendeja, y comencé a disfrutar de todo lo que hacía, y de lo que ellos tres me estaban haciendo.

En mi vida había sido infiel a mi marido, pero no se que me llevó a dejar que esos tres negros, se aprovechasen de mi, de la manera en que lo estaban haciendo. Pero a medida que alguno de los tres me daba por el culo o por mi coño, divinamente. Yo le mamaba su verga a otro, y así pasé el resto del día, en compañía de mis tres amantes. Dejándome hacer, todo aquello que se les diera la gana.

Ya estaba yo exhausta, y siendo nuevamente penetrada por mi culo, cuando sonó el teléfono, era Ernesto. Así que a medida que uno de ellos, me seguía dando por el culo. De inmediato le reclamé a mi marido, que no me hubiera dejado el dinero, fue cuando él me aclaró que si me lo había dejado, pero en su mesa de noche y no en la mía.

Bueno yo apenas pude y tal como me encontraba corrí a nuestro dormitorio, y en efecto encontré el dinero tal y como mi esposo me había dicho. Pero nuevamente no se que me pasó, que en lugar de guardarlo, lo único que se me ocurrió hacer fue el entregárselo a los tres, por el magnifico rato que me hicieron pasar.

Desde luego que Ernesto ignora todo lo sucedido, yo por mi parte con mucha más frecuencia, visito el mercado.