Yo no soy una enferma sexual, pero eso que todas las mañanas, tu marido venga, y aun sin llegar plenamente a despertarte, te lo meta. Es una cosa, y otra que apenas lo haga, no tenga la menor consideración y se venga, es otra. Por lo que casi a diario, yo andaba no tan solo molesta con él, por dejarme viendo el techo de nuestro dormitorio, sin satisfacerme como es debido. Sino que con todo el que se atravesara en mi camino. Por lo que en ocasiones, salgo a caminar, por la hacienda, para no ver a nadie. Hasta que recientemente, se me ocurrió en lugar de salir a caminar, irme a montar caballo….
Los dos peones que había en los establos, más que pedirle que por favor, me ensillaran, digo que ensillasen uno de los caballos, se los grité. Y después de que Ramiro salió a vender, y comprar varias reces, en el Centro pecuario, de otro estado. Yo salí a cabalgar, realmente fue una decisión de último momento. Ya que ni tan siquiera estaba vestida, apropiadamente para ir a montar. Andaba con una mini falda, unas medias negras, una blusa sin sostén, y me puse mis botas de montar, y la verdad es que parecía toda una puta de carretera. Es más cuando fui a montar no me quedó la menor duda de que aquel par de peones me vieron hasta el alma. Pero la verdad es que en esos momentos, tenía tanta rabia por lo que mi marido me había hecho, que poco me importó que me llegasen a ver el culo.
Salí a todo galope de la caballeriza, y me dirigí a donde no tuviera que ver a nadie. Por un largo rato estuve galopando, pero a medida que fue pasando el tiempo, en lugar de seguir cabalgando, puse a trotar al caballo. Al principio no me di cuenta, pero a medida que seguimos trotando, mi coño chocaba contra la montura. Mis muslos rozaban contra la cabalgadura, en fin sin proponérmelo, poco a poco fui sintiendo cierto grado de excitación, por lo que apenas llegué de regreso a la cuadra, en lugar de mandar a los peones a que desensillasen al caballo, yo misma me puse hacerlo. Fue cuando al comenzar a soltar la cincha, mi mano se topó con el miembro de ese animal. No sé que me pasó, o que cosa me entró, que sin pensarlo mucho, busqué un fardo de heno, y lo coloqué bajo el cuerpo de aquel sudado animal. Casi de inmediato me quité casi todo lo que tenía puesto, excepto las medias negras de encaje, y como una desesperada, me recosté sobre el fardo, en el que previamente había colocado un pedazo de tela.
Agarré la verga de aquel caballo, y sin consideración alguna me la enterré divinamente dentro de mi caliente coño. Por un largo rato estuve metiendo y sacando, con mis propias manos, aquella enorme verga de mi caliente coño. Por su parte el equino ocasionalmente relinchaba, y sentía como su buen trozo de carne, me levantaba. Mientras que con mis ojos entrecerrados, disfrutaba del placer de sentir esa cosa dentro de mí. Mi estado era tal que hasta en cierto momento, me enterré aquella monstruosa cosa hasta por el culo. Sin contar las varias veces que se lo estuve chupando con mi propia boca.
Ya estaba yo comenzando a calmarme, cuando al ponerme de pie, me di cuenta de que estaba siendo observada por aquel par de peones. La morbosa situación en que me encontraba, solo me dejó una cosa por hacer. Así que tras lavarme el coño, frente a ellos dos, no tuve que esforzarme mucho, para convencerlos de que me enterrasen sus vergas. Por lo que desde hace un poco tiempo, ya realmente no me importa si mi marido quiere hacerme un rapidito, porque sé que en la caballeriza, de una forma u otra yo me desquito.