Me encontraba en las duchas, como encargado de recoger las toallas del equipo, debía ser el último en bañarme, o por lo menos en salir de las duchas, para no dejar nada regado. Yo comencé a enjabonarme, cuando José uno de los defensas, entró en la ducha colocándose prácticamente a mi lado, de inmediato comenzó a enjabonarse pero haciendo mucho énfasis en su verga y testículos, los que sin darme cuenta, capturaron por completo mi atención. El miembro de José prácticamente era el doble del tamaño que el mío, yo me sentía acomplejado a su lado, hasta que dirigiéndose a mí me preguntó, descaradamente. ¿Quieres tocarlo? Me sentí sumamente avergonzado y sin decir palabra, comencé a retirarme, es más hasta me sentí ofendido, por la pregunta, ya que no me consideraba homosexual. Pero de momento sentí que él me abrazó por la espalda. Eso me dejó petrificado, en mi vida jamás pensé que eso me fuera a pasar a mí. De inmediato su boca se apoderó de mi oreja y al tiempo que la medio mordisqueaba me decía suavemente, no te de vergüenza, se que te gusta mi verga, yo solo quiero que la pruebes.
Como si yo fuera un muñeco de trapo, José inclinó mi cuerpo hacia adelante y haciendo que separase mis piernas, comenzó a pasar la cabeza de su verga completamente enjabonada entre mis nalgas. Mientras que yo no sabía ni qué hacer ni cómo actuar, estaba a punto de darme un ataque de pánico, mi respiración se aceleró tremendamente, mi corazón parecía ser que se me quería salir por la boca, todo mi cuerpo temblaba, sin que yo pudiera hacer algo para evitarlo, era como si me estuviera muriendo de frio. Pero cuando uno de sus enjabonados dedos, penetró mí ano, como por arte de magia todo mi cuerpo se quedó tranquilo.
Casi de inmediato sentí esa cosa caliente y bien dura que se abría paso dentro de mis nalgas, aunque sentí un fuerte dolor, que hizo que se me brotasen unas cuantas lágrimas, no fue hasta que José terminó de penetrarme del todo, que comencé a sentir otras cosas. En mi vida había sentido algo igual, yo pensaba que mi mayor satisfacción hasta esos momentos era, el venirme cuando a solas me masturbaba viendo alguna revista de mujeres desnudas. Pero en esos instantes, el sentir las constantes penetraciones de José contra mi cuerpo, me producían una satisfacción jamás sentida antes por mí.
De manera involuntaria comencé a mover mis nalgas, al tiempo que él me decía una y otra vez, vez como te gusta que te lo clave, tienes un culito sabroso, mi reina. El que me tratase de reina, en nada me molestó, yo seguí moviendo mis caderas, mientras que José extraía por completo su verga de mi culo, y nuevamente me la volvía a enterrar divinamente. En ciertos momentos me decía a mi mismo que eso no podía ser que yo era un hombre, pero nada más bastaba que José me apretase entre sus brazos, para que yo me derritiera prácticamente.
Yo gemía de placer, en cierto momento. Pero al levantar la vista me encontré con la seria mirada del conserje, quien desde una esquina de las duchas nos observaba detenidamente, aunque José al parecer no se dio cuenta de su presencia. Yo a pesar de ello seguí disfrutando de lo que José me hacía, hasta que finalmente se vino dentro de mi culo, apretando con fuerza todo mi cuerpo contra el de él.
Después de eso al volver a levantar la vista, ya el conserje no se encontraba, José tomó su toalla, y tras un corto duchazo, sin decirme más nada, se marchó. Yo me quedé con mi culo bien abierto, hasta que la naturaleza hizo que expulsara lo que mi repentino amante dejó dentro de mí. Ya estaba por ir a buscar mi ropa, cuando apareció nuevamente el conserje, al verlo me quedé nuevamente paralizado, muerto de vergüenza, por lo que me había dejado que sucediera, él se me quedó viendo de pies a cabeza, caminó a mí alrededor, y me dijo. Bueno ya sabes o me das el culo y me mamas mi verga, o te llevo ante el decano de asuntos estudiantiles, tú decides. Definitivamente lo que me terminaba de decir, no era en tono de juego, yo que me encontraba extremadamente confundido, por no entender que eso me hubiera gustado tanto.
El conserje me tomó por el brazo, como sabiendo la respuesta que yo le daría, así desnudo como me encontraba, después de abrir su covacha me hizo entrar, cerrando la puerta tras nosotros. Él antes de tomar asiento en una vieja silla o poltrona reclinable, me colocó las manos sobre mis hombros, y haciendo un pequeño esfuerzo, logró que yo me arrodillase frente a él, sin que yo opusiera resistencia. Casi de inmediato extrajo su verga y la colocó frente a mis ojos. Yo resignado a mi suerte, no me quedó más remedio que sumisamente abrir mi boca y comenzar a chupársela.
La verdad es que al principio me sentí, sumamente sucio, al tener su miembro completamente dentro de mi boca y chupándoselo, pero a medida que continuaba chupa que chupa, y mama que mama, esa desagradable sensación fue convirtiéndose en algo sumamente diferente. El sentirme sometido ante el conserje, y el sentir dentro de mi boca su caliente y dura verga, de momento como que me comenzó a gustar, y cuando él me tomó por la cabeza, y comenzó a movérmela, más y más rápido hasta que de momento se detuvo en seco. Sentí ese chorro caliente de semen invadiendo toda mi boca. Creo que de manera involuntaria me trague gran parte de su leche, el resto me lo tiró sobre mi rostro, hasta que ya no le quedó nada. Apenas salí de la covacha, me lavé la cara y varias ocasiones me enjuagué la boca, mientras que el conserje dándome una nalgada me dijo. Mañana te espero a esta misma hora, no faltes.
Me sentía atrapado, entre la espada y la pared, por una parte José y por otra el conserje. Esa noche en mi habitación no dejaba de auto recriminarme el dejar que José me penetrase, pero también pensé en lo rico que me había sentido cuando él me daba por el culo, sin que yo opusiera real resistencia, y que para colmo de males el conserje me pusiera a mamar nada más diciéndome que me llevaría ante el decano de estudiantes, como si yo fuera un colegial, me di cuenta que lo del conserje se aprovechó de mi confusión y vergüenza y utilizó eso para presionarme. Finalmente hasta me reí de lo ingenioso que resultó ser el tipo ese, ya que ni el decano ni nadie se puede meter en mi vida privada, pero la cosa es que en ese momento le creí, y a medida que recordaba todo lo sucedido, terminé por masturbarme en mi cama, antes de quedarme dormido.
Al siguiente día, procuré no encontrarme ni con José ni con el conserje, por miedo, por vergüenza, o porque quizás no supiera cómo decirles que no nuevamente. En cuanto al conserje, honradamente no pensaba presentarme a su covacha, ya había terminado con todos mis compromisos, cuando al darme cuenta de que ya eran casi las ocho de la noche, algo dentro de mi ser me hizo salir como un desesperado corriendo, hasta que llegué a la covacha. Apenas llegué el conserje cerró la puerta tras de mi nuevamente, y sin que él me dijese nada, me desnudé completamente. Era algo que yo no podía controlar, sabía lo que me esperaba y con todo y eso me presenté, al quedar totalmente desnudo frente a él, el conserje me vio detenidamente y comenzó acariciar todo mi cuerpo, buscó mí boca y me besó intensamente, mientras que yo me quedé sumisamente quieto, dejándolo que me hiciera lo que se le antojaba.
Sin que él ni tan siquiera me lo insinuase, me agaché y comencé a mamar su verga, hasta que en cierto momento escuché su ronca voz diciéndome. Mamacita quiero darte por ese culito. Su manera de decirme eso, hizo que mi corazón diera un vuelco de alegría, por lo que deje de mamar y sumisamente me coloque en cuatro patas, esperando ser penetrado por él. Sentí sus gruesas, tocas y callosas manos acariciando mis nalgas, una y otra vez, hasta que comenzó a presionar suavemente la cabeza de su verga contra mi palpitante esfínter. Nuevamente sentí ese sabroso dolor, que me volvía loco, y al cual ya con una vez bastó para convertirme adicto a las vergas.
El conserje metía y sacaba todo su miembro de entre mis nalgas, mientras que yo como poseído, movía mis caderas buscando una mayor satisfacción y deleite. A medida que me continuaba dando por el culo, el conserje me fue diciendo un sinfín de cosas, que jamás pensé que me agradaría escuchar de la boca de otro hombre, el que se me tratase como a una puta. Sus brazos me aprisionaban fuertemente contra su pecho, mientras que yo apretando y soltando mi esfínter, con fina voz le decía que me diera mucho más duro. En esos instantes sentí que una de sus manos me agarró mi verga y al tiempo que me continuaba clavando por el culo, comenzó a masturbarme, hasta que a los pocos momentos hizo que me viniera salvajemente.
Él también se vino completamente pero dentro de mi culo divinamente. Cuando nos separamos, mientras que yo expulsaba lo que él me había dejado dentro y me lavaba mis nalgas con agua, me dijo. La verdad es que eres todo un maricón, ¿te encanta que te den por el culo verdad? a lo que yo no pudiendo negarme, y algo avergonzado finalmente le dije que sí. Bueno desde ese momento me di cuenta, de que por más que yo no quisiera admitirlo, descubrí que me gusta que un hombre me clave su verga.