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Sexo en el SPA

Relato enviado por : bisexxx29 el 29/06/2010. Lecturas: 7544

etiquetas relato Sexo en el SPA   Amor filial .
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Resumen
Una pretendida tranquila tarde en el "spa", acaba mucho mejor de lo pretendido.


Relato
SPA
Tras unos días de estrés y durante una sobremesa de aburrimiento, me decidí a acercarme a ese famoso "spa"
del que tanto había oído hablar. Cuando llegué, de inmediato pensé que aquello no era para mí; demasiado
lujoso, me trataron de usted en la recepción, incluso. Al parecer, los huéspedes del hotel al que pertenecía
tenían un acceso más directo al "spa" del que yo había podido utilizar.
Me ofrecieron un albornoz, una toalla y unas zapatillas cómodas y me indicaron por dónde pasar al vestuario,
desde el que podría acceder a la zona de "spa" directamente. Me quité la ropa, la guardé en una segura
taquilla junto a mis pertenencias y abandoné el vestuario ataviado de bañador y albornoz.
Al acceder a la zona de baños me di cuenta que el albonoz sobraría, pues la temperatura era, más que
agradable, casi calurosa. Todo tenía un aspecto impecable y sonaba una tranquila pero nada aburrida música
ambiental.
Me sorprendió no encontrar a nadie en el corto trayecto hasta la piscina que se veía al fondo. En el
fondo, pensé: "Mucho mejor, no me apetece para nada el jaleo de una bulliciosa familia con niños". A los
lados pude fijarme en varias puertas con letreros que indicaban la utilidad del tratamiento que se ofrecía en
su interior: sauna finlandesa, terma romana, baño turco...
Al acceder a la piscina comprobé que no estaba absolutamente solo, sino que había una chica que nadaba plácidamente
en silencio y a la que quizá no le hacía especial ilusión abandonar su agradable soledad. Bajé las escaleras
hacia el agua y la probé con el pie. La temperatura era tan adecuada a la época invernal en que nos
encontrábamos que no lo dudé un instante y me sumergí completamente en el agua caliente. Disfruté en silencio
de la sensación durante unos minutos, mientras la chica continuaba nadando y disfrutando
de los diferentes chorros repartidos por el borde del vaso. Iba haciendo el recorrido completo alrededor de
la piscina, mientras yo me eternizaba en un corro ancho de agua caliente que caía desde bastante alto sobre mi
espalda, con el agua de la piscina a la altura de la cintura. Era muy agradable.
Llegó un momento en que la chica, en su recorrido circular por todos los chorros, llegó a mi lado. Absorto, ni
me di cuenta que le tocaba probar en que yo me encontraba, hasta que la chica me dijo: "¿Me dejas probar ese?".
Me sacó repentinamente de mi ensimismamiento y la miré un instante antes de acertar a responder. Era morena,
con el pelo rizado, muy atractiva y me miraba con una media sonrisa que no supe muy bien cómo interpretar.
Al fin pude responder: "Sí, sí, perdona, estaba despistado", y me moví hacia un lado para ir al siguiente
chorro y dejar aquel libre para ella.
"No, si no hace falta que te vayas; cabemos los dos", dijo ella. Me quedé un poco descolocado al oir aquello,´
pero ella no me dejó dudar siquiera y enseguida sentenció: "Vamos,ponte aquí, verás como cabemos perfectamente".
Un poco cortado, pero agradecido por no tener que abandonar el mejor chorro de la piscina, volví acercarme y
me coloqué junto a ella, intentando no pensar en el cuerpo que mi mente había observado en segundo plano
durante la breve conversación. Sin embargo, y a pesar de no estar mirándola, mi traviesa mente comenzó a
enviarme las fotos que había tomado de ella por mucho que intenté resistirme. La chica tenía un trasero muy
bien formado, de los que me gustan, buena cintura, unos pechos medianos y erguidos y, en general, un cuerpo
más que apetecible. Era una de esas situaciones entre el morbo y cierta incomodidad en las que uno no sabe
muy bien cómo actuar.
Ella se colocó delante de mí, guardando una escasa distancia su culo con mi cuerpo, y levantó los brazos para
alisarse el pelo hacia atrás mientras yo la miraba embobado. A esas alturas, mi polla ya empezaba a dar señales
de vida, y mi imaginación comenzaba a desbordarse a la misma velocidad que el agua del chorro. Me dio un
vuelco el corazón cuando, sin bajar los brazos de su cabeza, se giró frente a mí y me dijo: "Qué gusto, ¿verdad?".
No supe ni qué responder mientras hacía verdaderos esfuerzos por quitar la vista de sus tetas, y sólo me salió una
sonrisa nerviosa a la que ella correspondió con otra que me pareció pícara y divertida.
Tras unos incómodos instantes decidí que ya era bastante ridículo y me desplacé nadando con parsimonia hacia las
escaleras. Mientras las subía, el agua que resbalaba por todo mi cuerpo estiró del bañador hacia abajo, poniéndome
todavía más en evidencia mientras desvelaba una importante erección. Por supuesto, Murphy hizo su trabajo y cuando
miré de soslayo hacia la chica, mis ojos se cruzaron con los suyos, que volvían de darse un paseo por mi "animada"
entrepierna. "Tierra, trágame", pensé.
Por fortuna, la puerta de una de las saunas de vapor no quedaba lejos, y pronto pude respirar y conovencerme de que
quizá cuando saliese la chica se hubiese ido ya y me evitaría la vergüenza de tener que despedirme cortesmente
después de haberme empalmado en sus mismas narices.
La sauna estaba en ligera penumbra, las paredes eran de piedra pulida, así como el largo asiento en el que me
acomodé. Una cristalera en la cual se abría la puerta de entrada daba al pasillo principal de las instalaciones y
permitía el paso de la ligera luz necesaria al tiempo que no robaba intimidad, pues el vaho impedía la visión del
interior a cualquiera que anduvise por fuera. Eso me tranquilizó y me devolvió a la relajación que había ido
a buscar.
Tras unos minutos que pasé pensando en el "incidente" con la chica, una sombra pasó por delante de los cristales y se
detuvo un instante ante la puerta. "Con un poco de suerte, no será la misma chica". Yo no tengo suerte. Entró con
toda naturalidad sonriéndome, y no pude evitar recorrerla de arriba abajo con la mirada. Estaba buenísima en ese
bikini rojo. Se sentó al otro extremo del banco y me dijo muy divertida: "Oye, que no te preocupes por lo de antes,
si es normal... Un ambiente tan sensual como este da para imaginar muchas cosas". Le salió una risa espontánea al
escucharse, que no pude sino agradecer y compartir, pues le quitaba hierro al asunto.
"Es más", continuó, "déjame que te ayude a pasar mejor el trance, verás como no es para tanto". Con los ojos como
platos la vi acercarse y poner su mano sobre mi bañador sin ninguna vacilación. Fue cuando noté el contacto de su
mano sobre mi polla cuando noté que debía ya llevar un rato empalmado sin haberme dado ni cuenta.
La chica acarició unos instantes mi bulto sobre el bañador y luego lo liberó delicadamente del mismo, sacándolo
por encima de la goma, lo cual agadecí.
"Mmmm, qué polla". Sentada a mi lado me hacía una paja lenta y húmeda por el vapor, mientras yo empezaba a apartar
su braguita para descubrir su coño, que me resultó precioso, tan rojo, abierto, hinchado. Estaba cuidadosamente
depilado, con un triángulo de vello cortito sobre él, que me gustó mucho acariciar. Tras unos minutos de mutua
masturbación en la que ya se me escapó algún profundo suspiro, y a ella algún orgasmo no disimulado, se levantó
y se puso de rodillas ante mí. Comenzó una mamada lenta, húmeda y profunda mientras me miraba fijamente a los
ojos y me masturbaba y acariciaba los huevos con exquisita delicadeza. La sensación de su tremenda mamada se veía
aún acrecentada por el ambiente cálido, la humedad y el vapor.
Cuando creí que no podría aguantar ni un minuto más aquel placer, le pedí que cambiaramos los papeles, y ella,
encantada, se sentó en el banco, abrió sus piernas descolgándolas sobre mis hombros, y agarró mi cabeza hacia su coño.
De reojo, pude ver como apartaba el sujetador a los lados de sus tetas y las sacaba para acariciarlas y estirarse
suavemente los pezones. Mientras yo me afanaba en comer lo mejor que podía aquel coño. Sabía a miel, lo recorrí entero,
recogí sus flujos, metí la lengua en él, absorbí sus labios, lamí su clítoris con ansia y disfruté de un par de
corridas sintiendo como me estiraba suavemente del pelo. A la vez, alargaba los brazos para llegar a sus tetas, que
tenía ya muy duras y con los pezones erectos.
No sé ni el tiempo que pasó, pero llegó un momento en que ella dijo: "Vamos a follar, por favor". Yo estaba también
deseando, pero ni me había dado cuenta. Me levantó y me obligó a sentarme, mientras ella hizo lo mismo, pero sobre mí.
Agarró mi polla con una mano, mientras con la otra se agarraba a mi cuello, y se la clavó lenta y suavemente en su
coño, en un suspiro profundo junto a mi oído. Nunca había probado un coño tan caliente; la polla me ardía y notaba
que ambos sexos palpitaban ahí abajo. "Me llamo Nuria", susurró. Yo le susurré también mi nombre mientras ella
comenzaba a moverse rítimicamente y mi polla entraba y salía de aquel paraíso una y otra vez. Agarrada a mi cuello,
acercó su boca para besarme, a lo que correspondí lo mejor que supe, pues ella besaba increíblemente bien. El placer
se repartía por todo mi cuerpo, y sólo perdía esa sensación, que se concentraba en mi polla de golpe, cuando ella se
corría, y notaba su vagina contraerse y relajarse en repetidos abrazos a mi miembro.
En uno de sus orgasmos ella debió notar que yo estaba al límite en la hinchazón de mi polla en su interior, y tuvo la
compasión de pedirme que cambiáramos de postura. Se levantó entre jadeos, y me cogió de la mano. Me colocó tras ella,
y la abracé desde ahí, rozando mi pene en su culo, mi pecho en su espalda, y mi boca en su cuello mientras con las
manos acariciaba sus tetas y todo lo que alcanzaba a tocar. Poco a poco fue echándose hacia delante, ofreciéndome su
coño y su culo, que acaricié pensando que era maravilloso. Coloqué mi polla en su enrojecida puertecita y la empujé
con cierta brusquedad hasta que hizo tope, a lo que ella respondió con un "ahhh" muy significativo de que le gustaba.
Empecé a follarla agarrado a su cintura, con fuerza y con un ritmo constante, y ella comenzó a volverse loca de
placer. Yo disfrutaba en cada empujón y de vez en cuando me entretenía inclinándome hacia delante y cogiendo sus tetas,
metiendo un dedo en su boca, o acariciando su clítoris sin dejar de follarle el coño, mientras ella jadeaba cada vez más
escandalosamente.
LLegó un momento en el que supe que me era imposible aguantar más, y se lo dije: "Nuria, me voy a correr". Lejos de
parar o apartarse, empezó a follarme ella, moviendo su cuerpo hacia delante y detrás a un ritmo aún mayor, y haciéndome
una increíble "paja" con su coño. Ante la inminente explosión, me agarré bien fuerte a sus caderas y apreté la boca para
no gritar. Me corrí brutalmente, apretándome contra su cuerpo, metiendo mi polla hasta el fondo, y expulsando unos
cuantos largos y ardientes chorros de leche en su interior, mientras notaba como su coño me ordeñaba apretando y soltando
una vez más en su último y más intenso orgasmo.
Tras los momentos más febriles de la mutua corrida, los dos nos movíamos ya más despacio, atontados por el placer, pero
sin dejar de follar hasta que el lento ritmo se convirtió en una maravillosa quietud de mi polla en el interior de su coño.
Cuando la saqué con suavidad, un chorro espeso goteó de su raja y cayó entre mis pies. Ella se dio la vuelta, me agarró por
la cintura, con la otra mano recogió la leche que salía de su interior y la lamió. Me la dio a probar, lamí sus dedos, nos
besamos ardiente pero lentamente y se agachó una vez más para limpiar delicadamente mi polla con su lengua.
Entre las tinieblas del vaho, y con la noción del tiempo perdida, esperamos a tranquilizarnos un poco y salimos de la sauna,
ante la cual creí que nos despediríamos. Sin embargo, ella dijo: "Verás cuando se lo cuente a mi chico; está en la
habitación del hotel, aburrido, jaja". "¿Tu chico?", respondí asombrado. "Sí, ¿estarás un rato más por aquí? Ahora bajamos
los dos y lo conoces".
CONTINUARÁ.


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Comentarios enviados para este relato
BARIGA (7 de July de 2010 a las 01:37) dice: DONDE QUEDA ESE SPA

luis123 (30 de June de 2010 a las 02:57) dice: buen relato sigue asi


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