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Tres albañiles me convirtieron en zorrita

Relato enviado por : bareta el 24/01/2013. Lecturas: 4124

etiquetas relato Tres albañiles me convirtieron en zorrita   Infidelidades .
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Resumen
Tres albañiles, en mi propia casa, me convirtieron en una verdadera zorra y quedé encantada con uno de ellos

Relato
Mi nombre es Elisa, tengo buen cuerpo y 23 años de edad, con dos de casada y aunque mis experiencias sexuales anteriores, fueron pocas, desde que me casé, me he vuelto fanática al sexo, aunque mi esposo me complace constantemente, ando caliente y excitada.
Hace un mes, nos pasamos un fin de semana discutiendo, alegando y enojados porque lo mandaban de su trabajo, a supervisar de improviso, la apertura de una sucursal, la misma semana en que se iba a pintar, reparar e impermeabilizar la casa. Yo de eso no entendía nada y tenía que estar al pendiente de los trabajos. Obligada por las circunstancias, acepté, Salió de viaje sin que esos últimos cuatro días, tuviéramos sexo.
El lunes muy temprano, llegaron tres hombres, todos entre 28 y 30 años, se repartieron el trabajo y cada quién se dedicó a lo suyo. Se escuchaban ruidos y movimiento en toda la casa y aproveche para darme una ducha. Con la tibieza del agua cayendo sobre mí, comencé a sobar y acariciar mi cuerpo, cuando llegué a mi inflamada y depilada panocha, ya no aguanté las ganas, recargué una mano en la pared, abrí las piernas y delicadamente froté el coño y mi clítoris unos segundos, evocando la presencia de mi esposo, él, con pocas horas de viaje, pero yo con muchas de abstinencia sexual, metí un dedo en mi hoyito, sintiendo un delicioso calor recorrer todo mi cuerpo, mis líquidos se confundían con el agua corriente, con los ojos cerrados, arqueando la espalda, la cabeza hacia atrás y con un leve -Ohhhhhh-, me provoqué un pequeño, pero delicioso orgasmo.
Con en mi autocomplacencia, pero sin estar totalmente satisfecha, al tomar la toalla, observé que el baño, estaba con la ventana abierta y que uno de los tres hombres recorrería la azotea. Por la duda de si me había visto o no, con la vergüenza y la pena, también sentí entusiasmo y placer de que alguien hubiera estado mirado. El día transcurrió sin contratiempos, pero al siguiente, desde que llegaron, los tres me veían insistentemente.
Después de varias horas, el hombre que había visto desde el baño, entró a mi recámara con los implementos de pintura diciendo: -Seño, si no se va a bañar como ayer, ¿Puedo pintar este cuarto?
Quedé helada, ¡¡¡Me había visto!!!, tartamudeando, logré decir: -Siiiiiii, pero…….……… ¿me miró bañarme ayer?
Solo contestó: -hay seño-.
Entre molesta y excitada, solté: ¿si o no? y ………………. ¿qué vió?
-Perdón seño, pero la ventana abierta, usted desnuda y el espectáculo que me dio, ¡bueno!-.
Volví a preguntar ¿pero que vió?
Bajando lo que tenía en las manos, respondió: -¡Todo!, una mujer muy buena, dándose placer y pidiendo hombre-.
-¡Pues se equivoca, tengo marido!-
-Pues siiiiii, pero………….. pues él no está y usted tiene muchas ganas-.
-¿Cómo sabe?-
-Porque pensando en mi verga, ya se le pararon sus chichitas bajo su blusa y no trae brasier-
¡Era cierto!, y aunque ya había visto su bulto, con mi rajita ganosa, caliente y húmeda, muy propia, espeté:
-¡Bueno!, ya me vió, ¡Pero no estoy para cualquiera!-.
Ël desafiante, caminó hacia mí, e hizo, que me hice para atrás hasta topar con la puerta del baño diciendo:
-¡Pero si usted no quiere que la paseen, lo que quiere es coger y para eso cualquier pito es bueno!-.
¡Quítese! o ¡Voy a gritar!
Se acerco más, abrió sus pies dejando mis piernas entre las suyas, con un brazo rodeó mi cintura, recargó su bulto frotando mi pelvis y cuando sentí su duro y bien parado bulto, escuché: -No grites, lo que quieres es verga-.
La verdad, ya me había calentado bastante, pero aún así, ansiosa y excitada, enérgicamente, trataba de zafarme de su brazo y piernas, exclamando: ¡No! ¡No! ¡Por favor! ¡No!, aprovechando el movimiento de mis pies, metió la otra mano bajo mi holgada falda y agarró bruscamente mi coño sobre mi tanga, con el último ¡Noooooooooo!, que
ya no fue de protección, sino de placer y lo cambié por dulce -ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh-.
Con su aliento en mi cuello, una tosca mano sobando mi panocha, la otra levantando mi falda y encontrando mis nalgas, dijo: -esta zorrita está tan caliente y bien mojada, que ya quiere que se la cojan, ¿Verdad?-.
Ya me había aflojado y aunque me salió un trémulo y débil –noooooooooooooooooooo-, mi cuerpo ansioso rogaba por decir -¡Si! ¡Ya! ¡Ya quiero!
Me hizo levantar los brazos para quitarme la playera y no tuve oportunidad de bajarlos, ya que de inmediato se prendió con sus labios de mis rígidos y descubiertos pezones, al momento de que sus manos me desabrochaban la falda, cayendo esta hasta el suelo. Tomándolo de la nuca, apreté su cara contra mis pechos, con ligeros -Ahh-, en cada mordisco que me daba, por tener mis ojos cerrados disfrutando sus caricias, sin verlo y con trabajos, como pudo se quitó los zapatos, pantalones y calzones, se enderezó, dio un paso hacia atrás y empujándome de los hombros hacia abajo, ordenó: ¡Chúpala!
Caí de rodillas frente a una parada, tiesa y muy buena verga, rápidamente me la llevé a la boca, no me importó su acre sabor, estaba extasiada de tenerla entre mis labios. Después de unos minutos de lamer, chupar y mamar es buena tranca, me levantó y de un fuerte tirón, rompió mi pequeña y empapada tanga, me llevó a la cama y parada junto a ella, me empujo, cayendo boca arriba sobre ella y con los pies en el suelo, me separó las piernas y hundió su cara entre mis muslos, diciendo: -que rica chocha me voy a comer-.
Desesperada y anhelante, casi gritando pronuncié: -¡Si! ¡Si! ¡Toda!.
Sus dientes al morder mi clítoris y mis labios vaginales, en lugar de molestia, me producían un placer exagerado, por lo que entre mis ¡Hay! ¡Que rico! ¡Hay! ¡Siga! ¡Siga! ¡Así! ¡Hay!, apretando su cara contra mi ganoso coño, desde su nuca y pasando una pierna sobre su cuello, tuve mi primer orgasmo.
Se alzó con la boca embarrada de su saliva y de mis cuantiosos líquidos, acomodó la punta de su pito en mi abierto hoyo y con un duro empujón, entre un fuerte alarido y placentero -¡Ummmmmmmmmmmmmmmmmmm!-, enterró un buen trozo de su carne, cerré los ojos, me agarré y arrugando el sobrecama, apreté los dientes, al sentir el fuerte paso de la verga entrar en mi calado conducto, se quedó estático por unos segundos y preguntó:
¿Le gusta la verga a esta puta?
¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Me fasciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiina!
Comenzó a tallar en mi intimidad y con cada sacada y brusca metida me hacía gemir de placer, hasta que dijo:
¿Quiere mas pito la putita?
¡Siiiiiiiiii! ¡Todo! ¡Lo quiero todo! Gritaba.
Con una fuerte arremetida, lo hundió hasta el fondo de mis entrañas, sus bolas pegaron en mi culo, sus pelos laceraron mi vehemente coño y con un gran alarido, -¡Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucchhh!-, tuve otro fantástico orgasmo.
Se giró sobre la cama y quedé sobre su pecho, movía un poco mis nalgas, ya que el las tenía bien agarradas y con contracciones vaginales, apretaba la maravillosa verga. Sus brazos me sujetaron de la espalda, su boca buscó la mía y su mano sosteniéndome del cuello, cuando nuestras lenguas se entrelazaban, sentí el ardiente torrente y en gran cantidad, sus mocos inundar por completo mi cavidad.
Aunque ya se había corrido, estaba inmovilizada por sus brazos y embelesada en el beso y unas manos, abrieron mis nalgas y una boca empezó a chupar mi culo. Sorprendida quise voltear, pero no me dejaron las fuertes y rígidas tenazas, del hombre que tenía debajo, también quise quejarme, pero detenida de la nuca, mi boca no se pudo separar de la suya, con una verga en el coño, sentí dolor, cuando otro pito me horadaba el culo.
Aunque ya no estaba tan dura la verga que permanecía dentro de mi panocha, la otra con sus fricciones alejaba el dolor originando un placentero goce al sentir como rozaban ambas en mi interior. Gritaba y gemía de dicha entre expresiones de: ¡Bien buena la putita!, ¡Que apretadita está!, ¡Que rico se come dos vergas!, y ¡Que buena puta!
Poco antes de que me volviera a venir, me soltaron la espalda e intempestivamente me sacaron la verga del culo, pero aprecié que un borbollón de caliente semen golpeaba en su caída, sobre mi espalda y cuello.
Ellos se salieron de la recámara, quedé de rodillas, con brazos y cara sobre la cama, escurriendo algunos hilos de leche de mi coño hacia mis muslos y otros desde la espalda corrían por mis costillas y senos, quedando mucho de esperma colgando a mis costados.
Exhausta y adolorida, me metí a la regadera, lavé mi embadurnado cuerpo del semen. No habían pasado diez o quince minutos de estar bajo la suavidad del agua caliente, cuando escuché tras de mi, una áspera vos, decir:
-¡Ahora le toca a esta verga, disfrutar ese rico, sabroso y suculento coño!-.
Me voltee y era el tercer hombre, completamente desnudo, mostrando, una bien parada, enorme, colosal y exageradamente larga y gorda verga.
¡Noooooooo!, ¡Ya noooooooooooooooooo!, ¡Por favor!, ¡Ya no!, ¡Se lo suplico!, rogué.
Sin hacer el menor caso, se acercó a mí, se metió bajo el chorro de agua y haciéndome parar de puntitas, clavó su burda mano en mi adolorida concha, diciendo: -Si te gusta la verga, ahora vas a tener la de un verdadero hombre, no las cositas de los otros dos niños-.
¡No! ¡Se lo ruego! ¡Eso me rompería todo!
Aun con mis brazos extendidos y deteniéndolo de los hombros, sus fuerzas eran superiores a las mías y con un ademán las zafó y agarrándome enérgicamente de la cintura, hizo que me deslizara hasta el suelo y exclamó:
-Dije que te voy a dar verga y ahora te aguantas, verás como te gusta-.
Yo tendida en el piso boca arriba, él, de rodillas y con sus piernas abiertas a mis costados, teniendo la enorme masa de carne a escasos centímetros de la cara, la comenzó a recorrer por mis mejillas, boca y cuello, cuando llegó a los senos, la colocó entre ellos y apretándolos, cobijó su pito en medio y empezó a simular una cogida.
Después de la sorpresa y el susto y sin saber que podía hacer el tipo si me oponía, dejé ceder mi cuerpo a su voluntad, con lo que la sola curiosidad del dolor o placer cuando me untara esa titánica mole por abajo, me comencé a calentar.
Aunque el área de la regadera era muy amplia, no estaba echa para acostarse, por lo que mi cabeza, salía de ese espacio y el agua no caía en mi cara. El tipo no estaba gordo, más bien fornido y musculoso, pero cuando se recostó sobre mi, su peso me oprimió, me abrió las piernas y las suyas quedaron en medio, se levantó un poco y apoyándose en sus brazos, relajó la presión sobre mi, con deliciosas pasadas, parte de su verga se restregaba sobre mi coño, haciendo que éste se empezara a humedecer y dilatar. Mi expectativa iba creciendo, así como mi temperatura corporal, estaba en ascuas y extremadamente caliente de nuevo, acomodó su enorme glande en la entrada de mi cueva y después de tres o cuatro empujones, no lo hacía entrar, aún, yo estando abierta y ganosa, la apertura de mi coño no lo permitía, sabía que ya había sido receptáculo de verga en muchas ocasiones, pero jamás de una tan grande.
Al ver la dificultad de penetración, me dobló las piernas de las rodillas, hacia mi estómago, pero siempre dejándolas abiertas y dijo: ¿La putita no quiere comerse mi pito?
Entre cerrando los ojos, mascullé quedamente –Mmmmmmmmmmmm-.
Con las piernas alzadas y bien separadas, sentía mi culo flotar y que mi coño, se abocardaba desmesuradamente, cuando en otro ataque, con la boca totalmente abierta y tratando de empujarlo hacia arriba, entró la pura cabeza con un apenas audible -¡Auggggggg¡-. Ya había logrado traspasar el diámetro y viendo mi rictus de dolor, sin clavar más de lo que ya tenía y moviendo en diminutos círculos su verga, esperando a que me dilatara y amoldara a su verga, dijo: -¿Dolió?
-¡Siiiiiiiiiiiiiiiii!-, más que quejido, fue un pujido, esperando que lo botara y se saliera.
-¡Apenas es la puntita, espérate a que entre más y verás como lo gozas!-.
¡No pensé que eso entrara!, pero ya agujerada, ¡no creí que me lo pudiera comer!
Con el siguiente empujón, se deslizó otro pequeño pedazo de carne, pero el dolor era más soportable y el placer comenzó junto con pequeñas entradas y salidas, procurando que mi taladrado coño no lo expulsara hacia fuera.
Otra arremetida, otro pedazo adentro, estaba enloqueciendo, mis exclamaciones de -Ay- -Rico- -Umm- se estaban volviendo en gritos de placer y comencé a exigir; ¡Más! ¡Quiero más!
Preguntó ¿Qué quiera la putita?
-¡Todo! ¡Lo quiero todo!-.
-¿Lo aguantarás?-
-¡Siii!, ¡Dámelo todo!
Con otro poderoso y potente empellón, me lo dejó ir hasta el fondo, la melena que había en la raíz de su pito, topó con mi floreado y estrujado coño, sus enormes bolas, aunque tenía el ano a la vista, solo pegaron sobre mis nalgas, un lastimero y largo -Ummmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm-, junto con una ventosidad desde mi culo, fue lo único que se escuchó con la descomunal pero deliciosa clavada.
Parecía interminable la sensación de que me estaba volteando todo mi interior, al sacarlo lentamente, entre mis pequeños ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!, ¡Ah! ¡Ah!, ese movimiento me ocasionó un fabuloso, tremendo y largo orgasmo, con un rico -Oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo-.
¿Le gusta la verga a la putita?
Entre suspiros contesté: ¡Si!, ¡Sígueme cogiendo!, ¡Sigue adentro!
Con sus fuertes ataques, me tenía enajenada, deliciosamente enloquecida, ya con mis piernas estiradas y devorándome toda esa magistral verga, el sonido del agua al caer sobre su espalda se acallaba con los desvergonzados y escandalosos alaridos y gritos de gusto, placer y satisfacción que emitía, ¡Más! ¡Más duro! ¡Más! ¡Quiero más! ¡Así papá! ¡Así! ¡Cógeme! ¡Dámelo rico!, junto con otro delicioso orgasmo.
-¿Quiere más verga de su papá la pequeña putita?-
¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Hazme gozar!
Con un fuerte -Plof-, sacó la verga de su vaina, me dio media vuelta y levantó mi culo. Horrorizada y temerosa inmediatamente pensando lo peor, temblorosa pregunte: ¿Me lo vas a dar por el culo?:
-¡Eso quisieras, pero no! ¡Esta verga ya a desgarrado muchos y quiero que esta puta me dure un buen rato!-
De rodillas, con la cara al piso, las piernas separadas, simplemente me abrió las nalgas y sentí como se hundía y recorría nuevamente su enorme tranca el interior de mi coño, no supe si fue por la postura, por haberlo tenido ya adentro o por lo caliente que estaba, me lo comí gustosa en su totalidad. Me enderecé, quedando como perrito en cuatro patas, mis chiches se bamboleaban con sus empujones al tallar por dentro la funda en que estaba la rica verga, jalando mis cabellos, como si estuviera montando un corcel, dirigiéndolo por su crin. Me daba con mucha fuerza, los gritos siguieron y cuando estaba en otro fabuloso orgasmo, lo prolongó al sentir los ríos de dulce y jugoso néctar anegar mi coño, al grito de: ¡Anda putita, cómete todos mis mocos!
Quedé tendida en el piso boca abajo, el chorro de la regadera caía sobre mis nalgas, solamente abrí mis piernas, para que el agua llegara hasta mi machacada panocha y al mismo tiempo se enjuagara.
Los siguientes días, no podía juntar las piernas ni sentarme bien y aunque temerosa, pasaron sin ninguna insinuación de lo que había pasado.
El sábado a medio día, el que me había cogido en el baño y quién dirigía a lo otros, entró a la cocina y me dijo: -Reinita, ya terminamos, ¿Pero cuando llega el patrón?, para ver lo del pago-.
-Hasta el lunes maestro, usted lo puede buscar ya, el martes-.
-¿Quiere decir que me puedo echar otro palo con mi putita, hoy?-.
-¿Otro? ¡Nooooo!-
Me empujó contra el refrigerador, con un jalón salieron disparados los botones de mi blusa, con otro, rompió el sostén y oprimiendo bruscamente mis chiches, ordenó: ¡Quítate el pantalón, vamos a coger!
Ahí, en el suelo de la cocina, exquisita y delirante, me repitió la dosis por el coño, aunque después de dolor y llanto, golosamente me comí su verga por el culo.
Cuando llegó mi marido, seguí haciéndome la enojada, dos días más, para que se me quitara el dolor de mis ensanchados agujeros, cuando entró el pito de mi marido como en su casa, ni cuenta se dio de las maravillosas cogidas que me habían puesto.
Lógico, del maestro, aunque no constante, sigo siendo su putita.

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Comentarios enviados para este relato
gayo1983 (29 de March de 2013 a las 22:53) dice: me enlokesio

indefinido (26 de January de 2013 a las 03:02) dice: Me caso con vos hermosa


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