El jovencito entró a casa y se veía nervioso y no era para menos, pues siempre ando en casa con short y blusas cortas por comodidad y porque donde vivo hace mucho calor. Llevó las herramientas por indicaciones de su papá y allí se quedó, en la cocina, esperando...El jovencito tenía 15 años, se llamaba Ramiro y medía como 1.70 y era un jovenzuelo muy tímido. Me dijo que su papá le había indicado que llevara la herramienta para ir a reparar el fregadero de la cocina. Era el año de 2003 y a pesar que era invierno, hacía mucho calor. Me había casado en diciembre y el departamento era bonito pero se había descompuesto el fregadero pues el cespol goteaba y dejaba muy mojado. Yo seguí haciendo mis cosas y el chico colocó la herramienta en el piso y noté que me observaba pero cuando volteaba a verlo desviaba la mirada pero sí pude captar que se acomodaba el pene de manera muy discreta y con toda seguridad había tenido una erección. Siempre me han gustado mis piernas y yo pensé que eso es lo que más le había gustado. Además, reconozco que el short que llevaba era muy atrevido y eso lo excitó. Yo también me excité con la mirada y fui a la cocina a ofrecerle un vaso con agua. Le serví y tímidamente aceptó y aproveché para acariciarle su bulto y él se puso más nervioso. Siempre he sido una mujer muy caliente, pues me inicié en el sexo a los 14 años y me casé casi de 30. le froté su pene con el pantalón puesto y él casi estalla de placer y no le quedó más remedio que dejarse llevar. Le bajé el cierre y saqué su pene. No era grande, pero estaba macizo y oscuro pues el chico era muy moreno. Se lo mamé de una forma en que lo excitó mucho. Lo metía y lo sacaba y le lamía con la lengua. Justo antes de venirse tocaron a la puerta y no abrí. Entonces lo invité a la recámara para seguirle mamando el pene y él fue tras de mi, me acosté y esperé a que llegara para seguir manando su duro pito y justo de nuevo cuando iba a venirse tocaron a la puerta y fue entonces cuando logró venirse en mi boca. Tocaban de manera insistente y me figuré que era su papá pero el chico arrojó mucho semen que me tragué gustosa. Finalmente él corrió a la cocina y yo fui a abrir la puerta aún saboreando esa rica miel. En efecto, era su papá que al verme no pudo evitar mirarme con deseo y a la vez, esbozar una sonrisa pues con toda seguridad se figuró lo que había pasado. Finalmente arreglaron el fregadero.
A partir de allí, el chico no dejó de ir a casa casi a rogarme que le mamara el pito y algunas veces fue tan atrevido que iba a casa a medianoche justo cuando mi esposo ya dormía. A escondidas y aun estando mi esposo allí en la recámar, yo se lo mamé hasta venirse y eso pasó muchas veces, hasta que por fin, pasamos a la otra etapa.
La primera vez que me cogió fue a casi dos meses de la primera mamada y llegó una mañana y lo desnudé en la sala y yo también me quité la ropa, le mamé su pito y le coloqué un condón para no llevarme alguna sorpresa pues eyaculaba muchísimo y con toda seguridad me habría preñado. Me colqué de perrito y me arremetió con fuerza pero con mucha torpeza. Le pedí que me permitiera mover mis nalgas con su miembro dentro de mí y entonces él se volvió casi loco de placer. Después le dije que arremetiera con fuerza y entonces sí, la que le dijo linduras fui yo, "mi niño, papacito, ricura" pues su pene era muy duro. Así estuvimos casi ocho meses en donde disfruté a ese rico jovencito cuyo semen ha sido de los mejores que he tragado.