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Una Fantasía hecha realidad

Relato enviado por: pablogerardoalvarezl el 6/6/2026. Lecturas: 273
Etiquetas:   Maduras
Relato completo
Por fin se cumplió mi sueño, mi fantasía, tener sexo con una mujer madura, una maestra, una mujer casada. Ahí estábamos en mi cama, nuestros cuerpos eran uno solo, en un coito que estaba llegando al punto más alto; ambos teníamos un orgasmo, yo eyaculaba en ella gritando “MAESTRA ME ESTOY VINIENDO… MAESTRAAAA”, su vagina en ese momento tenía unos latidos o palpitaciones que apretaban mi pene, el último latido fue muy grande y ella gritó de placer fuertemente clavando sus uñas en mi espalda; nuestros cuerpos quedaron sin fuerza, sus piernas qué estaban apoyadas en mis hombros cayeron pesadamente a la cama, ambos resollábamos del enorme placer que tuvimos en ese momento, nuestros pechos estaban en contacto y sentíamos los fuertes latidos de nuestros corazones como si quisieran salirse de nuestros cuerpos, recuperé un poco la respiración, le saqué mi largo y grueso pene e inmediatamente salió de su vagina un río blanco y espeso que bajaba por sus nalgas hasta llegar a la colcha qué estaba mojada por sus líquidos, mi maestra había experimentado un squirt mientras me la cogía. Me hinqué en la cama, miré su bello y maduro cuerpo que transpiraba y jadeaba intensamente, era una señal de que había gozado la cogida que le di.
Por fin había hecho realidad mi sueño, cogerme a una mujer mayor que yo, no importaba la diferencia de edad, solo importaba tenerla ahí en mi cama, desnuda, jadeando.
En ese momento vino a mi memoria el día que la conocí y los 2 años que me hizo sufrir con sus negativas….
El primer día de clase llamó fuertemente mi atención, su voluptuoso cuerpo, principalmente sus nalgas, se ajustaban muy bien a su vestimenta siempre sobria, su lubrico caminar me excitaba y desde entonces se me antojó como mujer, su bello rostro reflejaba ser una mujer seria, decente, comprometida, pero sobre todo de una conducta intachable.
Muchas veces la invité a tomar un café, ella me agradecía la invitación, negándose siempre aludiendo que era una mujer casada, ¿y yo que culpa tenía?.
Al finalizar el cuarto semestre, que era el último semestre en el que ella me daría cursos afines a mi carrera, me sentía frustrado ya que era la última oportunidad para cogérmela, así que iba a recurrir a mi último recurso. Yo era un muchacho muy bien dotado físicamente y hasta ese momento no sabía que el tamaño del pene era importante en el momento de coger, pero si sabía que una larga y gruesa verga llamaba fuertemente la atención.
El último día de clase, la maestra nos citó de 4 a 6 de la tarde en el aula para entregarnos el resultado de nuestro examen final, y por lo tanto la calificación final del curso. Llegué al último cuando ella estaba sola en el salón, entré con una larga, gruesa y muy notoria erección, ella fue lo primero que vio, abrió los ojos como para ver mejor lo que tenía frente a ella, discretamente se llevó su mano a su boca, estaba sorprendida por mi erección.
La maestra se sentó mientras me acercaba, quedé a unos cuantos pasos de ella para que disfrutara mejor el panorama que le ofrecía mí erección, me entregó el examen, mientras yo miraba el documento ella admiraba mi erección, se notaba un poco nerviosa, no sabía qué hacer, en momentos me miraba para después dirigir su mirada a mi erección, yo estaba con un ojo al gato y el otro al garabato, la miraba y notaba que estaba embelesada con mi verga bien parada, se revolvía en el asiento como deseando sentirla dentro de su cuerpo, estaba muy excitada, le dio calor ya que se echaba aire con sus manos y soplaba aire con su boca a su pecho; jugué con ella unos cuantos minutos más; le pedí que me explicara unas cosas del examen, en ese momento reaccionó como si la hubieran sorprendido haciendo algo indebido, por dentro me reía de sus reacciones; la maestra miraba mi examen explicándome su forma de revisar, pero sin dejar de ver mi entrepierna. ¡Vaya que le llamó la atención mi grande verga!, parecía que la maestra no era muy decente.
Le entregué el examen, le dije que estaba de acuerdo con el resultado, ella estaba como hipnotizada con mi miembro erecto, tardó un poco en reaccionar y al darse cuenta de qué me retiraría (frustrado) me preguntó con voz temblorosa, excitada si estaba en pie la invitación para tomar el café; le respondí afirmativamente diciéndole que saliendo de la escuela fuéramos a una cafetería, ella prefirió que fuera al día siguiente, me llevaría a mi casa para pasar por mí a las 10 de la mañana.
Le ayudé con su portafolio que me sirvió para cubrir mi erección; llegamos a su auto, y ya sin portafolio la maestra volvió a buscar mi erección, pobre mujer estaba deseando sentirla entre sus manos, acariciarla, y porque no, metérsela en su boca; se ofreció llevarme a mi casa, quería seguir disfrutando con su mirada de mi verga parada. Durante el trayecto la noté muy excitada y nerviosa, por lo que conduje su automóvil eso le permitió seguir observando con morbo mi grande y gruesa verga; llegamos a mi casa; la invité a pasar, ella dudó, guardo silencio, su frente estaba perlada de sudor, una lucha entre el pudor y lo prohibido, entre el aburrimiento y una nueva experiencia se estaba librando dentro de ella y para mi mala suerte, ganó su deber de esposa fiel y madre responsable. Nos despedimos con el clásico beso en la mejilla, ella pegó su cuerpo a mi pelvis, sintió mi verga bien parada, eso la hizo dudar nuevamente, la tomé de su cintura, le dije al oído que se animara y entráramos a mi casa. Ella me miró a los ojos, su mirada y su expresión facial mostraban desilusión, ya que no podía quedarse, regresaba a su rutina diaria, me dio un beso muy intenso en la boca provocando en ella un cambio en su respiración.
La vi que se subió a su auto y se alejarse, yo estaba muy emocionado porque se iba a cumplir mi fantasía…..
Seguía hincado en la cama, observaba su hermoso cuerpo desnudo moldeado por el tiempo. En ese momento me sentí orgulloso, la maestra seguía jadeando de placer, su cuerpo transpiraba al igual que el mío, ese placer lo obtuvo de su joven alumno, me levanté de la cama, fui al baño, oriné y me di un duchazo, lavé muy bien mi verga qué estaba muy pegajosa por nuestros líquidos derramados; regresé a la cama, me acosté a su lado, ella me sintió y se dio la media vuelta, sus tetas tocaban mis costillas, me abrazó, me besó, todo en ella manifestaba que era una mujer totalmente satisfecha sexualmente; subió una de sus piernas a mi cintura y sentí en mi cadera su áspero vello púbico, esa sensación me excitó; ella estaba muy apenada porque se había orinado en mí cama, le expliqué la razón sobre mi cama mojada, (ahora yo le explicaba a la maestra) estaba extrañada de lo que pasó, eso indicaba que fue la primera vez que lo experimentó, mi vanidad de joven voló sobre los montes y más lejos.
Ella se puso encima de mí, sus erguidos pezones tocaban mi pecho exigiendo placer, su velludo pubis tocaba mi verga, eso me estaba excitando, me miró con ojos de agradecimiento me besó en la mejilla y me dijo con voz entrecortada debido a que no recuperaba su aliento
• ¡Mi amor!...Qué feliz…me has hecho, me llevaste ….al verdadero paraíso
• Y falta lo más importante maestra
• ¡AYYY mi niño… no voy a olvidar nunca… esta hermosa mañana!
Me dio un beso muy intenso, se puso de pie para dirigirse al baño y asearse, la escuché orinar, así como el agua de la ducha que corría, después de unos minutos mi maestra regresó, su lúbrico caminar despertó en mí nuevamente el deseo de cogérmela por lo que mi pene se puso erecto, ella se asombró al verme listo para otra cogida, pero ella era la culpable por estar tan buena y ser muy sensual
• Uyy mi niño cuanta energía, voy a salir de aquí bien rosada.
• Y escurriendo leche maestra
Ella se acostó a mi lado, volvió a besarme con mucha intensidad, esa mujer volvió a calentarse, su respiración cambió notoriamente, acaricié sus redondas y firmes nalgas, con mi dedo di un leve masaje a su ano mientras mi boca disfrutaba de la geometría perfecta de sus tetas, las engullía, las dejaba mojadas de mi saliva, mordía sus erguidos pezones entre gemidos de placer de ella motivándome a sentir nuevamente su humedad.
En cierto momento la maestra ya estaba cabalgándome como quien quiere domar a un potrillo salvaje, ella estaba disfrutando nuevamente de mis dimensiones de hombre; sus caderas subían y bajaban lentamente, su hermoso rostro moreno se deformaba con gestos que transmitían un enorme placer. Subía… bajaba, subía… bajaba, gesticulando. La velocidad de su movimiento crecía lentamente, yo me acomodé para chuparle sus erguidos pezones mientras la agarraba de sus nalgas, se las abría para nuevamente masajear su chiquito, su apretado chiquito, ella exclamaba, “ayyy wey… Ayy cabron” sin dejar de subir y bajar. La maestra estaba nuevamente escalando la montaña del placer sexual.
De esa posición, la llevé nuevamente a la de misionero, así se me ocurrió sacársela, con el obvio desacuerdo de ella, bajé a su monte venus, mi lengua acarició su clítoris, el cuerpo de mi maestra se cimbró con estas caricias; dejé su clítoris y volví a penetrarla con el beneplácito de ella, esto lo repetí 3 veces, pero la última vez que bajé al pozo, succioné su clítoris intensamente su cuerpo tembló, sus piernas rodearon mi cabeza, la apretaban para impedir que no dejara de succionar, sus caderas se movían muy rápido, ella gritaba
• ¡YA POR FAVOR , DETENTE SIENTO MI CORAZÓN LATIENDO MUY FUERTE! , ¡POR FAVOR PARA!
No le hice caso, y seguí succionando y lamiendo ese pequeño órgano generador de un enorme placer, el cuerpo de ella temblaba cada vez más fuerte, arqueó su espalda y dio un fuerte grito,
• ¡¡YAAAA….!
Y en ese momento su voluptuoso cuerpo se cimbró fuertemente, su abdomen se hundió … ¡mi maestra estaba teniendo otro orgasmo!; para ella fue una fuerte experiencia ya que por un instante sentí qué desfalleció, me asusté un poco ya que nunca una mujer reaccionó como lo hacía la maestra; me posicioné para penetrarla nuevamente, mi verga entró sin dificultad, de la boca de ella salían ruidos como gruñidos, era una señal que estaba disfrutando con más intensidad que antes; mientras le entraba mi verga en su mojadísima vagina su cuerpo vibraba, sus vellos estaban erizados como si su cuerpo estuviera electrizado, clavaba sus uñas en mis dorsales, lastimándome, era la primera vez que sentía esa mezcla de dolor y placer, aumenté la velocidad de mis embestidas, su mirada mostraba que estaba fuera de si por la forma en que me la estaba cogiendo, seguía haciendo ruidos muy extraños estaba dispuesta a todo, le propuse qué fuera mi puta, ella me dijo
• ¡Eeees.. lo que soy mi amor… tu PUTA!
Mi fantasía seguía haciéndose realidad, una señora, una maestra era mi puta.
No pude más y volví a vaciar mis huevos en ella, la maestra me volvió a dar su perrito, sus latidos vaginales, ambos gritamos al unísono de placer, nuestros cuerpos quedaron sin fuerzas, estábamos desfallecidos, nuevamente jadeábamos, tomábamos aire hasta por los poros; lentamente llegamos a relajarnos en medio de fuertes gemidos de ambos. Saqué mi flácida verga de su vagina volviendo a salir semen de ésta, mi cama era una mezcla de líquidos. Nos quedamos dormidos nuestros cuerpos sin fuerzas estaban unidos en un abrazo.
Al despertarme, ella me miraba con ojos de mujer enamorada, agradecida, satisfecha, mi maestra no dejaba de besarme, me dijo que yo era una mancha imborrable en su currículo, una hermosa mancha.
Desnudos, lavamos la colcha y las sábanas de mi cama, yo no dejaba de admirar sus bellas tetas coronadas por unos pezones erguidos, estas se movían lúbricamente con cada paso que daba; después nos dimos un buen baño; la maestra comenzó a vestirse, era hora de regresar a su monótona vida, pero se iba feliz, satisfecha, sin remordimientos por su infidelidad.
Antes de irse me pidió que me quedara 3 semanas, su esposo se iría a España y podíamos aprovechar ese tiempo para coger como recién casados, acepté con mucho gusto, de pendejo me negaría.
Fueron 3 semanas intensas de puro sexo, duro y rudo; me permitió hacerle nuevas cosas que probablemente a su marido no se las permitía, sexo anal, besos negros y eyaculación en su boca.
Presencié su jubilación de maestra, la presentaron como una excelente maestra, con un currículo impresionante y como mujer de conducta intachable, en eso no estuve de acuerdo ya que su conducta tuvo una mancha, yo. En esa celebración mencionaron su edad, hice cuentas y cuando me la cogí tenía 47 años, me sonreí notoriamente, ya que me forniqué a una mujer que me llevaba, en ese tiempo, 27 años de ventaja. ¡WOW!.
Con ella tuve una relación de 20 años donde el único compromiso era coger, fue una relación exclusivamente física, hormonal terminando cuando conseguí un buen trabajo en otra ciudad del país, nos comunicábamos por WhatsApp, recordamos esos momentos de lujuria y de sexo que tuvimos, poco a poco dejamos de comunicarnos, una relación qué no se cultiva muere, pero siempre la recuerdo ya que con la maestra hice realidad mi fantasía, coger con una mujer mayor que yo.

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