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Datos relato
Descargar en pdf Relato enviado por : Sereja (Pincha en el nombre para ir a la ficha del Autor y ver todos sus relatos)
Descargar en pdf Fecha envío: 07/02/2010
Descargar en pdf Lecturas: 1243
Descargar en pdf Título : Una mañana caliente
Descargar en pdf Categoría : Gay. ==> Otros Relatos de Gay
Descargar en pdf Etiquetas descriptivas del relato :   Gay .
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Resumen
Después de leer tantos relatos en esta página y ver tantas películas porno, decidí probar una página para adultos para ligar personas. A mí siempre me han gustado los hombres, lo recuerdo desde que era un niño, pero en ese entonces no lo sabía. Ahora ya lo sé y decidí probar a mis treinta años lo que se siente tener sexo gay.

Relato
Después de leer tantos relatos en esta página y ver tantas películas porno, decidí probar una página para adultos para ligar personas. A mí siempre me han gustado los hombres, lo recuerdo desde que era un niño, pero en ese entonces no lo sabía. Ahora ya lo sé y decidí probar a mis treinta años lo que se siente tener sexo gay.

Puse mi perfil con fotos provocativas, principalmente de mi miembro erecto, y la respuesta fue inmediata, pero realmente pocos son los que querían continuar, pero me llamó la atención el perfil de un estudiante de veinte años. No sabía si iba a responderme o no, así que lo intenté y lo contacté. Accedió de muy buena a gana para conocernos, y sin más, concertamos una cita para reunirnos. Él me dio su celular y nos mandamos algunos mensajes y finalmente hablamos. Su voz me pareció agradable y sincera.

Lo invité el sábado a mi departamento, pero antes de pasar, nos quedamos de ver en un centro comercial, para ver primero si no era mala persona, o al menos si cumplía con los requisitos. Yo estaba nervioso porque no sabía lo que me iba a encontrar, tal vez era mentira, tal vez no, así que nos arriesgamos. Yo creo que por su cabeza pasaban los mismos pensamientos que los míos, pero al final, el querer tener un buen rato erótico era lo que ambos queríamos.

Finalmente llegué al centro comercial y frente al StarBucks estaba él ahí. Vestía un pantalón blanco y una playera café, era delgado, un poquito más alto que yo, bien formado, guapo, de pelo rizado pero no largo, moreno claro. Al verle sonreí, pues era todo lo que yo esperaba.

Inmediatamente hubo química y en dos segundos lo evalué y vi que era seguro tener una aventura con él. También me sonrió y nos saludamos, y al parecer también le causé buena impresión, pues soy delgado ya que procuro hacer ejercicio para conservarme en forma. Le pregunté si quería pasar a tomar un café o si ya íbamos directo a lo que deseábamos y me dijo que como yo quisiera.

¿Para qué darle vuelta a este asunto? Le dije que mejor fuéramos a mi apartamento. Caminamos unas cuadras y mientras íbamos platicando sobre lo que hacíamos. Él estudia Licenciatura en la UNAM y yo trabajo de asesor en empresas, me platicó un poco de él y yo un poco de mí. Realmente era muy agradable este muchacho y ya se me estaba parando mi pedazo. Entramos al departamento y lo guié directamente a la recámara y ahí comenzó todo.

Me dijo que había tenido pocas parejas, tanto hombres como mujeres y yo también le dije que solo había tenido una novia, lo cual era verdad.

-¿Cómo quieres empezar? - le pregunté.

-Pues no sé, con algún juego –me contestó, pero al ver el gesto que hice continuó-, o ya directo.

-Comencemos entonces.

Los dos estábamos vestidos y de pié, se acerca a mí abriendo su boca y yo abrí la mía para recibirle. Su beso que me dio fue hermoso, me abrazó y jugueteó con mi lengua y mis labios y me preguntó:

-¿Te gusta?

-Sí, mucho –le respondí.

Continuamos con el beso apasionado, sintiendo su calor y su aliento, hasta que metió sus manos debajo de mi playera y nos detuvimos. Ya nos queríamos desnudar. Tocó mi entrepierna y yo la suya.

-Mm, la tienes larga –me dijo al palpar mi pantalón.

Yo no le respondí, le ayudé a desabrochar mi pantalón de mezclilla y descubrió mi pedazo de carne y lo acarició con suavidad.

-La tienes grande y gruesa –me volvió a decir-, se ve deliciosa.

Yo me apresuré a desabrochar su pantalón para ver lo que él tenía preparado para mí, y al ver su aparato exclamé:

-Estás depilado…

Su pene en erección era muy bonito y bien cuidado, apuntaba hacia arriba y lo tomé con mi mano y se la empecé a jalar mientras él hacía lo mismo. No sé por qué en todas la películas y relatos hablan de enormes pollas y cuerpos perfectamente formados. Tal vez a mi nuevo amigo le pareció grande mi pene, pero es de 15 centímetros, y el suyo era más pequeño, tal vez de 12, pero no importaba, todo en él era hermoso, así que nos quitamos las playeras y nos quitamos los pantalones y hasta los calcetines. Nuevamente de pié nos besamos profusamente mientras jalábamos nuestros respectivos miembros.

-¿Tienes preservativos? –me preguntó.

-No, no tengo –le contesté-. ¿Qué hacemos? ¿Vamos a comprarlos?

-No, no creo necesitar. Siempre lo hago con condón.

Si era cierto o no, no lo sabré, pero no nos detuvimos. Se veía bien, sano, sin mal olor.

-Solo hay que cuidar de no terminar adentro –le dije como sugerencia.

Nos acostamos en la cama y continuamos besándonos. Me lamía el cuello, las orejas y con sus labios me acariciaba los míos. Nunca antes alguien me había besado así mientras con su mano me recorría todo mi aparato. Tal vez los hombres sabemos lo que nos gusta, y por eso teníamos gran destreza en propinarnos placer el uno al otro.

-Hagamos el 69 -le pedí a lo que accedió inmediatamente.

Me coloqué boca abajo y él tomó mi miembro y se metió el glande a la boca. Yo tomé su pene y me lo metí completo teniendo la vista de sus huevos y su ano. Eran hermosos, y su sabor, bueno, no tenía sabor, pero era como sentir su lengua, y él mientras se agasajaba con mi pene erecto.

Apenas podía metérselo, pero con un esfuerzo mayor lograba tragárselo y me acariciaba los testículos y las nalgas. Yo comencé a rodear su agujero y él también para darnos más placer. Estuvimos así como quince minutos, cuidando de no eyacular para no echar a perder estos momentos tan ardientes.

-Hagámoslo ya –le dije-, vamos a la regadera.

-Está bien –me contestó-, ahí es muy rico.

Nos dimos un beso más y entramos a la ducha. Nos untamos shampoo y hasta que hubo suficiente espuma nos continuamos besando, masturbando y acariciando nuestros agujeros para dilatarlos.

-¿Tú primero o yo? –le pregunté.

-Yo primero –me contestó-, quiero sentirte adentro.

No puse objeción aunque yo quería también ser penetrado por primera vez.

Puse mi cabeza en su entrada y me dijo:

-Despacio, que está grande y gruesa.

Poco a poco se le empecé a meter, pero como estábamos de pié me volvió a decir:

-Espera, mejor hincados, así entra mejor.

Nos hincamos y ahí teniéndolo de rodillas, con el agua caliente corriendo, se la empecé a meter poco a poco.

-Ah, duelo –exclamaba-, pero sigue.

Con cuidado seguí abriéndome paso en sus entrañas mientras lo masturbaba hasta que mi pubis chocó con sus nalgas. Finalmente la recibió toda adentro y con cuidado comencé a meterla y sacarla.

-Ah que rico –me seguía diciendo-, ya me estoy acostumbrando al tamaño.

Cuando sentía que ya me venían las ganas de eyacular, me detenía y proseguía después, pero le dije:

-Ahora te toca a ti.

Con gusto cambiamos posiciones y yo me arrodillé y me puse en cuatro y él me puso su pene atrás y comenzó a empujar. Podía sentir como entraba y cómo se metía, pero lo que más me gustaba era sus manos que se agasajaban con mi pedazo de carne. No dejaba de jalármela y metérmela por detrás. No dolía, era más bien placentero, y dejé que continuara hasta que se cansó y cambiamos posiciones nuevamente. Se la metí otra vez ya que me lo pedía y al parecer le gustaba cada vez más a él y a mí.

Cuidé de no eyacular, y cuando ya sentía que se me venía, la saqué y nos pusimos de pie para besarnos y masturbarnos mutuamente. A mí eso es lo que más me deleitaba, sentir su lengua y su cuerpo, para al final entregar nuestra carga de esperma. Él se vino primero y yo un minuto después en chorros incontrolables.

Es increíble lo mucho que lo disfrutamos, debió haber sido como una hora, así que nos enjuagamos y secamos para al final vestirnos. Los dos nos sonreíamos y me dijo:

-Ni siquiera me dijiste tu nombre.

-Es cierto –le contesté-, tampoco te pregunté el tuyo.

-Soy Marco –me dijo y le contesté-. Soy Arturo.

Al final siento que fui muy frío con él, toda mi calentura se me bajó con la última eyaculación y a medio día nos despedimos. Pudimos haber pasado más tiempo juntos, pero tenía compromiso en la tarde, así que ni modo, guardaríamos nuestras energías para otra ocasión. Quedé impregnado de su olor, el cual no era desagradable, y la sensación en la boca y su aliento me duraron dos días, espero volver a hacerlo con Marco, fue muy agradable este muchacho.

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