La historia de un encuentro donde transfuga el amorCada embestida de mi amante me impele a cerrar los ojos propiciando una sucesión de imagenes en mi ya excitada mente, generando una sucesion de imagenes donde la protagonista, yo misma, balanceandose ritmicamente intenta saborear con la presión sensual de la lengua sobre los labios el momento sublime que esta viviendo; imagenes que se desvanecen al timido abrir de mis ojos y que inmediatamente vuelven a aparecer con el cerrar de mis ojos ante cada nueva embestida de mi generoso amante, regenerando viejas imagenes y creandio otras tantas nuevas, propiciando imposibles niveles de mayor excitación.
Estoy penetrada, ultrajada, imperceptiblemente adolorida, grandemente complacida, con un punal de carne dentro mio, poco importa no haber nacido una verdadera mujer, ahora lo soy, completa y feliz en este eterno momento que durará el tiempo de una exclamación. El continuo vaiven del amor, semejando el movimiento eterno del mar, trae consigo el eco apagado de imperceptibles gemidos y de respiraciones alteradas, creando un dialogo en un nuevo lenguaje que nosotros sabemos entender; siento las manos de mi hombre deslizarse, mi suave piel acoge con gozo estas caricas y estremece mas mi ya convulsionado cuerpo, presionando mis irritados pezones por miles de caricias recibidas con anterioridad. Amo sus manos, con sus dedos carnosos y extremadamente grandes, los cuales beso y acaricio como validos sustitutos del apendice que ya poseo en mi interior y con los cuales ha dado inicio a esta dulce batalla iniciada siglos atras, desflorandome una vez mas en esta mi primera vez repetida tantas veces. Sentada de espaldas sobre él, subo y bajo con la esperanza que en cada intento logre penetrarme mas, tan profundo como sea posible, tanto que posea por entero mi cuerpo, sin dejar rincon alguno donde no haya estado él, quiero sentirme llena de él, completamente entregada a su voluntad y deseos, explorada en todo mi interior por este pionero que no dejara espacio sin descubrir.
Me jala hacia él, cambiando mi posición, ahora estoy extendida en su amplio dorso, mi espalda toca su torax, siento su agitada respiración imaginando una ulterior pentración de su pecho en mi cuerpo, me estremezco cuando atina a acariciar mi extra dimensionado clitoris; me escucho pronunciar un No!! lascivo y provocador; el continua introduciendo su humanidad en mi largamente castigado orificio que disfruta cual sexo femenino; cierro mis ojos y nuevas imagenes impudicas y pecaminosas vienen a mi, no soporto más; un frenesí loco y descontrolado se ha posesionado de nosotros y me siento estallar, una rafaga de placer intenso recorre mi cuerpo, mis poros exhalan sensualidad y mi esfinter intenta contraerse repetidamente siendo limitado por el musculoso y vigoroso mastil de mi procaz amante, que continua puntualmente a introducir con vehemencia y que a estas alturas siento como si hubiera crecido de manera descomunal en mi, sigo estallando de placer y mi esfinter continua a presionar el duro miembro de mi ocasional jinete repitiendo la secuencia infinidad de veces. Es el turno de mi amor, su pene se hincha aun mas, es increible, y yo lo siento finalmente explotar inundandome de sus jugos; es mi turno de darle placer, de eternizar este momento, me muevo como una loca para exprimir hasta la ultima gota de manjar que brota de su interior, para sentir la dureza brutal de su amor, para sentirme el objeto de su placer y de su liujuria. Me aferra con fuerza con su brazos al punto que casi no puedo respirar, busca mi boca y nos unimos en un beso prolongado, penetrandone esta vez también con su lengua y yo saboreando el lujurioso placer de su respiracion agitada y de su sudor frenetico. Esta batalla esta terminando y el hasta hace poco vigoroso miembro viril se desliza fuera mio imprimiendome una ultima senzacion de placer en su salida. Me giro hacia el y lo acaricio y me lo meto en la boca, para agradecerle estos momentos inolvidables, para probar un poco de sus exquisitos liquidos mezclados con los mios, para que encuentre un placentero descansar en la calidez de mis labios. Samuel, que asi se llama mi amor, me mira complacido. Yo continuo a besarlo y a acariciarlo, me ha hecho mas mujer y me ha hecho feliz. Le beso los testiculos y suavemente continuo a saborear el pingajo en que se ha convertido el hasta hace poco altivo y orgulloso falo, continuo por que guardo la secreta esperanza que vuelva a despertarse de su letargo y me posea una vez mas.
Asi soy, insaciable y libidinosa, dispuesta al placer y feliz de ser asi.