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VIENTOS DE CAMBIO (PARTE V) LA DESPEDIDA

dulces.placeres Relato enviado por : dulces.placeres el 24/05/2016. Lecturas: 1823

etiquetas relato VIENTOS DE CAMBIO (PARTE V) LA DESPEDIDA   Lesbianas .
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Resumen
...Así intercambiamos su pene, entre su culo y mi boca, me gustaba chuparle le verga y él se enloquecía, nuevamente se acababa, sus chorros de leche tenían una potencia inusitada bañando todo a su paso, el culo de Débora, colándose por su enorme agujero, perdiéndose en las tinieblas de sus profundidades, bañando las curvas bronceadas, bañando mi cara, bañando mi boca, le daba otra sorpresa. Estaba tan excitada que su semen tenía un sabor especial y estaba más rico que nunca, me dediqué a saborearlo, juntando con mi lengua todo lo derramado, bebiendo sorbo a sorbo, como una buena nena, incluso lo que salía del esfínter de Débora....


Relato
VIENTOS DE CAMBIOS
(PARTE V)
LA DESPEDIDA


Los días pasaron, era más que evidente que cada vez me interesaba menos Zacarías y cada vez vivía más pendiente de Débora y los pocos minutos que podía regalarme a escondidas.
Nos dimos cuenta que las cosas así no podían seguir, así deberíamos arreglar varios puntos si pensábamos en un futuro juntas, por mi parte, debía hablar con mi pareja actual y no sabía cómo lo tomaría, ella tenía una gran conflicto laboral al frente, nadie sabía de sus gustos sexuales y era una importante ejecutiva, y si bien la teoría en mi país dice que la sexualidad de cada persona no debe influir en el desarrollo personal y profesional, la realidad nos marcaba que una lesbiana no sería bien vista y sería más que una piedra en su zapato y buscarían cualquier pretexto para dejarla de lado.

Fue my loco como se enteró Zacarías, fue mi idea, porque llegaba su cumpleaños y no quería que se quedara con un buen recuerdo mío y de su jefa, aunque después me odiara por el resto de sus días, porque él era un buen tipo, así fue que le propuse a mí amor:

- Débora, el martes Zacarías cumple años…
- Sí, lo sé, no le dices nada aún?
- Es que se me ocurrió una idea… es bizarro…
- Decime, escucho
- No se… quiero que nos recuerde bien, ó que le hagamos un presente que jamás olvidará…
- No te entiendo…
- Yo pensé… no sé cómo decirlo…
- Tan complicado es?
- Bueno… eres demasiado bonita, irresistible diría yo…
- Carla, porque no vas al grano y dejas de dar vueltas…
- Ahí va, compartirías la cama con él? Los tres juntos? Solo una despedida!
- Estás loca!!! sabes que no me gustan los hombres, no me interesa ni un poco…
- Perdón!, perdón por sugerirlo…

Me quedé encerrada en mis pensamientos, arrepentida de haber abierto mi bocaza, ella también se quedó callada con la vista perdida en el café que revolvía nerviosamente, luego de unos minutos reflexionando retomó la conversación…

- Carla, sabes que me pides demasiado…
- Está bien, está bien! Fue solo una tonta idea, olvídalo por favor…
- Pará, pará… hagamos un trato…

La escuché con atención:

- Yo quiero que vivamos juntas, bajo el mismo techo y hacerte el amor todos los días, yo podría hacer un esfuerzo y portarme como una puta, por única vez, pero solo si me prometes que las cosas cambiaran a la brevedad…

Yo ya lo tenía decidido, independientemente a que ella lo pidiera, mi relación con Zacarías no tenía retorno y estaba enamorada de esa mujer, así que acordé que hacer y cómo hacerlo.

El martes pasamos el cumpleaños de mi cercana ex pareja en familia, obviamente no hicimos nada ese día porque ella no estuvo invitada y además yo estaba con mi período. Así su festejo se postergó hasta el viernes de la semana siguiente.
Ese día viviría la última tarde de sexo no solo como mi esposo, también sería mi última tarde de sexo con un hombre.
Débora y Zacarías llegaron juntos del trabajo, cosa que ya no era tan habitual como antes, sencillamente porque a nosotras nos resultaba casi imposible de contenernos y preferíamos evitar la situación.
Y mientras ellos revisaban nos papeles, fui a la otra habitación a prepararme, luego de guiñar un ojo cómplice a mi mujer, puesto que ya teníamos todo acordado.

Recuerdo que me desnudé por completo, me miré al espejo, me había rasurado mi intimidad, como sugerencia de Débora y para sorpresa de Zacarías, me puse un bodi negro transparente que dejaba ver mis pezones, y se ajustaba a mi cuello, además era demasiado cavado lo que hacía que bordeara muy por arriba la línea de mis caderas y se perdiera entre mis glúteos que quedaban desnudos y apetecibles, luego unas medias de red, de amplios rombos que se ajustaban bien arriba a la altura de los muslos, zapatos negros de altos tacos y nada más, me sentí fina, me sentí puta, además sabía cuánto lo excitaría la lencería, hecho en el que yo tengo que reconocer descuidaba bastante y había sido ella quien eligió las prendas para la despedida que se aproximaba.

Al aparecer vestida como una prostituta de burdel, Zacarías cayó en una confusión inédita, quedó mirándome fijamente, sin saber que decir, sin entender absolutamente nada, entonces Débora fue quien nos abandonó unos instantes para cambiarse en nuestra habitación.
Me senté en las piernas de él, de costado, abrazándolo por el cuello

- Sorprendido?
- No entiendo nada…
- Bueno… recuerdas cuantas veces fantaseamos con meter a tu jefa en la cama?. Sé que generalmente las fantasías son solo eso, fantasías, y que la mayoría de las personas viven una vida ‘perfecta’ pero ‘aburrida’.

El me escuchaba atentamente, sin poder decir nada, absolutamente nada…
- Es un regalo de cumpleaños, hace unos días veíamos hablándolo con Débora, lo único que te pido es que seas caballero con ella y no la obligues a hacer nada que no quiera, no arruines el momento…

Fue entonces cuando ella apareció mostrándose espléndida, bajo el marco de la puerta para que el llenara sus ojos con esa bomba sexual, era perfecta…
El rojo había sido el color elegido para esta oportunidad, una corta remera de red toda calada, por la que traslucían sus grandes aureolas y escapaban los pequeños pezones por el entramado, un diminuto culote de lycra que dejaba escapar mas de las mitad de su nalgas y medias de nylon sostenidas por un sexi portaligas, con unos tacones tan altos como puedan imaginar.
Débora se veía sencillamente encantadora, con sus cabellos sueltos acariciados suavemente por la brisa que entraba por la ventana y un brillo en los ojos que hubiera derretido a la más dura de las rocas, con sus labios atractivos y rozagantes dispuestos a comer la manzana prohibida.

Inicié la jugada besando apasionadamente la boca de Zacarías, segundos después ella llegaba a nuestro lado y coló su boca entre las nuestras hasta robarme los labios de él y dejarme como espectadora, pero solo fueron unos segundos ya que luego giró a mi lado para comernos mutuamente, nuestros labios y nuestras lenguas que se fundieron en una a centímetros de los ojos masculinos que observaban incrédulos. La erección de su pija fue inmediata, pude sentir la dureza bajo mi muslo, y sus manos inquietas ya recorrían mi cuerpo.
Ella desnudó entonces sus pechos, el tomó el del lado derecho, yo el del izquierdo, eran tan grandes! entre los dos se los devoramos, uno con cada uno, mirándonos ojos a ojos, lamiendo esos rosadas aureolas, nuestra compañera enloquecía.
Tomé una mano de Zacarías llevándola a sus glúteos, para acariciárselos al mismo tiempo, también llevé la otra a mis propios senos, que se mostraban excitados por el cuadro.

Ambas nos levantamos y nos dirigimos al dormitorio tomadas de la mano, incitando a él a seguirnos, meneando nuestros traseros, al llegar nos pusimos las dos en cuatro patas, a la par, nos besamos y nuestras manos recorrieron nuestras cuervas, sabíamos como provocarlo, sabíamos como enloquecer a un hombre.
Zacarías solo se quedó como espectador ante el show que le ofrecíamos, con sus ojos llenos de lujuria y codicia, nosotras nos besábamos profundamente refregando nuestros cuerpos femeninos, mis labios comiendo los pezones de Débora, ella llegando a mis agujeros.
Saqué mi bodi, ahora si apoyé mis pechos contra los de ella, eran tan suaves, refregamos nuestros pezones, unos contra otros mientras él se mantenía imperturbable, saqué su pequeño short, nos pusimos cadera con cadera para que el observara nuestras vaginas depiladas por completo, luego me senté sobre la cama y tomándola por la cintura le pregunté a él mientras le daba un primer plano de su culo

- Te gusta? lo deseas?
Débora tenía un culo de película, bien redondo, bien formando, perfecto, con su piel bronceada, apenas interrumpida por la marca blanca que había dejado su diminuto traje de baño, más pequeño de lo que puedan imaginar…
El ya se desnudaba y se preparaba para entrar en acción.
Débora volvió a acomodarse en cuatro patas y yo fui tras ella, para lamer sus labios jugosos y depilados, para meter mi lengua en su estirado esfínter, para disfrutar sus caderas.
La pija de mi esposo me recordó que él estaba ahí, introduciéndose de golpe en mi concha, hasta el fondo, arrancando un gemido de placer, me encantaba y sentía nostalgia al mismo tiempo, seguramente esa sería la última vez que estaría dentro mío, por lo que me olvidé de ella para concentrarme en el.
Nos tiramos a un costado, se recostó y yo comencé a cabalgarlo con una pierna a cada lado, el acariciaba mis glúteos y mordisqueaba mis pezones mientras disfrutaba su pija entrando y saliendo de mi húmeda cueva arrancándome pequeños y continuos orgasmos.

Débora no se había quedado como espectadora, la muy perra abriendo bien sus piernas introducía sus enormes bolas chinas en su culo, una a una, y se pasaba su gran consolador por el clítoris, esto ya lo habíamos acordado previamente, pero salió muy natural.
Se puso entonces en cuatro patas, bien cerca del rostro de Zacarías y le pidió que fuera tirando para extraerlas, el estaba enloquecido y era como ir sacando enormes manzanas de su trasero, y cada vez que salía una su esfínter quedaba abierto por lo que agregué un toque de perversión y fui a lamérselo.
Ella gritaba, yo también, Zacarías no pudo soportarlo, mi concha fue invadida por su líquido caliente y pegajoso, y mi clítoris se refregaba regalándome un orgasmo enorme.

Fue entonces cuando ella se colocó el arnés y vino sobre mi espalda, miré fijamente a los ojos a Zacarías, aún tenía su verga pegajosa en mi concha cuando la sentí a ella avanzar en mi otro agujero, ya no pude mantener la mirada porque era tan gordo que me hacía bufar, al notar la situación la excitación volvió a nuestro hombre y su pija pareció inflarse en mi interior, Débora parecía desgarrar mi esfínter, era lo que quería. El no entendía como le daba a ella algo que repetidamente le había negado a él…
Al fin comenzaron a someterme a una doble penetración, entrando y saliendo en mis huecos, ella me apretaba las nalgas y los dedos de él jugaban en la puerta de mi culo, acariciando el juguete como para dar crédito de lo que sucedía aún incrédulo por lo que pasaba.
Era todo muy loco, muy bizarro, estaba entre el hombre que estaba dejando y la mujer con la cual seguiría mi vida.

Como sabíamos que iba a suceder Zacarías quiso cogerla a ella y yo quería que ese momento para ella pasara lo más rápido posible, por lo que en un cambio de roles ella se puso en cuatro para que él fuera por atrás, ambas sabíamos que con ese trasero perfecto y regalándole el culo el no tardaría mucho en acabarse.
Así fue como él corriendo el arnés a un lado rápidamente introducía su pija en el culo de mi mujer, confieso que me calentó mucho la situación, el casi inmóvil y ella balanceándose lentamente hacia atrás y hacia adelante, una y otra vez, además aun colgaba de su cintura es pene plástico y yo se lo acariciaba dulcemente…
Entonces puse mi cara demasiado cerca de la acción, Zacarías dejó por unos segundos el culo de Débora y me ofreció su miembro, se lo lamí con dulzura, lo metí tan adentro como pude, su glande parecía más duro que de costumbre, su tronco más largo que nunca, tal vez eran los sentimientos de despedida.
Pero mi mirada estaba perdida en el hueco de mi amiga, su esfínter quedaba abierto como el cráter de una montaña, sus manos tomaban los cachetes de ella queriéndolo abrir más todavía, así que volví a metérselo en el hoyo.

Así intercambiamos su pene, entre su culo y mi boca, me gustaba chuparle le verga y él se enloquecía, nuevamente se acababa, sus chorros de leche tenían una potencia inusitada bañando todo a su paso, el culo de Débora, colándose por su enorme agujero, perdiéndose en las tinieblas de sus profundidades, bañando las curvas bronceadas, bañando mi cara, bañando mi boca, le daba otra sorpresa. Estaba tan excitada que su semen tenía un sabor especial y estaba más rico que nunca, me dediqué a saborearlo, juntando con mi lengua todo lo derramado, bebiendo sorbo a sorbo, como una buena nena, incluso lo que salía del esfínter de Débora.
El estaba rendido y fuera de juego, no quería saber más nada, me sentí en deuda con ella y agradecida al mismo tiempo…

La miré dulcemente a los ojos, me olvidé de él y solo pensé en ella, desnudándola por completo, estaba en reposo mirando al techo, levanté una de sus piernas y me crucé sobre ella, poyando mi vulva sobre la suya, entonces nos rozamos sutilmente, sus labios vaginales buscaban los míos, como dos gatas nos dimos placer concha contra concha, sus gemidos fueron en aumento, la sentía venir, sus pechos se elevaban amenazantes como dos montañas, tomé uno de sus pezones entre mis dedos para acariciarlo provocativamente y fui al otro con mi lengua húmeda, ella jadeaba y se contorsionaba y cuando estuvo por explotar me tomó de los cabellos arrastrando mi boca contra la suya, la sentí acabar pegadas, fusionadas…
Me dejé caer exhausta, y todo lo bueno de esa despedida se consumió en un segundo, cuando ella me miró fijamente a los ojos y dijo

- Te amo Carla, te amo…

Fue entonces cuando Zacarías cambió la expresión de su rostro y lo que sigue prefiero no contarlo porque es la parte triste de la historia, las separaciones siempre son horribles y los finales nunca son alegres.

Solo contaré qué Débora y yo estamos terminando los papeles para irnos a España, donde supuestamente no hay tantos tabúes mentales, ella tiene muy buenos contactos en la empresa y consiguió un traslado manteniendo su puesto, por mi parte y también gracias a ella podré revalidar mi carrera de odontóloga y bueno, al fin podré ejercer.
Zacarías y yo terminamos la relación, de la mejor manera posible, no le pedí un centavo de lo que compartíamos porque fui yo quien lo dejó, no quedamos como los mejores amigos, tampoco como enemigos irreconciliables, además Débora se encargó también de que el ocupara el puesto que ella dejaba vacante, el puesto con el que tanto había soñado.
No sé si lo entendió, pero esto es lo que hoy siento, amor por una mujer…

FIN



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