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Don Pancho el conserje se cogió a mi hija

Relato enviado por: Anonymous el 10/8/2026. Lecturas: 1468
Etiquetas:   Maduros
Relato completo
Naomi, una ama de casa ordinaria descubre como el conserje mujeriego de su edficio se coge a su hija Marisol y luego cómo la emputece.Aquel domingo como cualquier otro vino a mi casa a visitarnos mi hija Marisol, ella esta casada desde hace un año y no vive con nosotros pero nos visita casi todos los domingos en compañía de mi yerno. Era como la 1 de la tarde cuando nos disponíamos a comer y algo falto y mi hija se ofreció a traerlo de la tienda mientras su padre y su marido veían el futbol por la televisión.

Pasaron varios minutos y ella no regresaba asi que salí a buscarla, los hombres estaban tan metidos en el partido de fútbol que apenas si se enteraron que salí, cuando baje las escaleras e iba por el pasillo de entrada alcance a escuchar unos gemidos en el cuarto del conserje, curiosa como soy y sabiendo por los chismes de las vecinas que Don Pancho, (asi se llamaba el conserje), tenia fama de meterse con mujeres casadas, quise saber quien era ahora su victima, se decía también que ese señor era poseedor de un miembro enorme y que pocas se lo aguantaban, me acerque sigilosamente a la entrada y esta estaba entreabierta y dentro en el segundo cuarto apenas cubierto por una vieja cortina los pude ver, ella se encontraba acostada boca arriba con las piernas abiertas y en medio de ellas Don Pancho, no podía distinguir bien quien era esa mujer que se quejaba quedamente hasta que oí su voz:

- Ayy Don Pancho, que bárbaro es usted, mire como me tiene ya...aayyy..— Y ahi supe quien era!, era mi hija! ,no lo podía creer, ese viejo panzón, prieto y vulgar se estaba cogiendo a mi hija, ella apenas tenia 26 años y ese viejo tendría como 60.

-Mas, mas...por favor apúrese que ya me han de estar buscando y mire como me tiene...bien ensartada a su vergota...aaahhhh..

-Te encanta como te meto el chile verdad putita?...

-Si, me encanta como me la mete!...siempre me ha gustado su vergota...aaahhhh

-Ahora empínate que te voy a reventar el culo…

-Ayy nooo...por favor Don Pancho...eso noo...me va a destrozar mi colita....se lo suplico...por ahi no....

Me quede viendo como ese malvado seguia cogiéndose a mi pequeña, sin querer me empece a calentar y mi calzón se humedeció por lo que oia y veía. Mi hija se empina en la cama y pude entonces ver el tamaño de aquella cosota, era enorme y se veia amenazadora, mi hija seguia suplicando hasta que el dijo:

-No te hagas, ya la has probado por ahí muchas veces.

-Pues si pero quedo toda adolorida como tres dias y mi marido se va ha enterar que ya me rompieron el chirris....

Comprendí que no era la primera vez que Don Pancho se cogia a mi hija, poco a poco esa descomunal verga se fue metiendo entre la nalgas de mi hija hasta que ese bruto la ensarto, mi hija solo pujaba y pedia clemencia ante el brutal empalamiento a que era sometida por aquel malvado, le bombeo varias veces esa vergota hasta que con un bramido se vino dentro del culito de mi hija, y fue ahí cuando voltee y me vi parada en la entrada, no supe que hacer y me quede como idiota viendolo mientras el le seguia inyectando su semen a mi hija y solo sonrio, ahi supe que yo seria su proxima victima.
Me fui a la casa y espere a mi hija quien no tardo, durante su estancia yo la veia y no podia creer que esa tierna criatura se hubiera comido semejante animal y menos por atras, Tenia cara de mujer cogida y culeada, yo soy un poco llenita pero mi hija es delgada aunque con bonito cuerpo, cuando se fueron me quede pensando en aquella vergota y al otro dia que todos se fueron a trabajar sali a la hora que el barria el pasillo, iba con una faldita corta que dejaba ver mis torneadas piernas y asi me paro en la escalera, el me vio y descaradamente se paro debajo para verme la piernas y los calzones y yo no hice nada, lo deje que me viera y baje hasta donde estaba el, cuando llegue el volteo para todos lados y me puso una mano en mis nalgas y las apretó, después viendo que no habia nadie metio su mano por debajo de mi faldita y se apodero de mi culo, metió su dedo en mi culito mientras me llevaba hacia su cuarto diciendo:

-“Solo tu me faltabas de coger en este edificio”..

Yo no dije nada, sabía que era de él, sabía lo que me esperaba y así sabiéndolo me dirigí con él a la conserjería.

Con la mano del conserje bajo mi falda apretándome una nalga avancé a su paso hacia la conserjería. Estaba expectante, pues finalmente tendría dentro de mí aquella cosota que había hecho gozar a tantas mujeres y hasta a mi propia hija. Creo que don Pancho también me traía ganas porque una vez dentro de la consejería no dejo de meterme mano por todo el cuerpo. Me bajo la falda hasta los tobillos y la blusa por encima de las chichis, puso ambas manos en mis nalgas para cercarme a su cuerpo e hizo ademán de besarme.

Sumisamente mis labios recibieron los suyos a pesar de que su áspero bigote mal afeitado me raspaba. Su lengua se adentró en mi boca y la exploró casi por completo, la mía se entrelazó con la suya como anudándose.

Luego, don Pancho descendió sus besos por toda mi barbilla y cuello hasta llegar a mis tetas. Subí los brazos para que me quitara la blusa con facilidad y noté como se quedó embobado viéndomelas.

—¿Le gustaron don Pancho?— pregunté

—No manches chiquita, ahora sé de dónde sacó Marisol las suyas; son de las mejores que he visto, bien redonditas, grandes pero firmes y con los pezoncitos parados, pocas viejas las tienen como tú— aseguró don Pancho.

—Ah si, ¿pues a cuantas se las ha visto?— dije cegada por la curiosidad.

—¡Uy! Tetona si te contara, a lo largo de mi vida he trabajado en 4 unidades como esta y ya desde antes le repartía verga a todas las que se me cruzaban jaja. Muy pocas se resistieron a este chile, obviamente ya perdí la cuenta pero me he comido tetas, nalgas y panochas de todos tamaños, formas y colores jaja— dijo don Pancho mientras liberaba su monstruosa verga ante mis ojos. Tan solo verla me excitó sobremanera.

—¿Entonces todas mis vecinas ya probaron su cosota verdad? Desde que llegué los rumores de que se acostaba con varias de ellas venían de todas partes, es un secreto a voces no sé como ningún marido se ha dado cuenta.—

—Mi verga las deja tan contentas que ya no pueden vivir sin ella, por eso procuran que nadie se entere, sabes lo astutas que son las viejas para atarantar a sus maridos—

—Ay, ¿y como es que se cogió a mi hija antes que a mí?

—Tu hija era igual de metiche que tú y cuando todavía vivía contigo una vez me espió mientras taladraba a tu vecina Liliana jajaja. E igual que tú al poco rato vino de ofrecida, las dos son igual de calenturientas—

—Bueno y si tanto le gustaron mis niñas porque no las prueba— dije mientras me apretaba por los lados las tetas para ofrecérselas.

Don Pancho de inmediato se abalanzó a devorármelas. Me sujeto de la cintura y me ensalivó ambas tetas como bebé hambriento. Daba lengüetazos con maestría, mordisqueaba mis pezones y las succionaba lo mejor que podía dentro de su boca como queriendo tragarlas. Aquello me dejo a mil, nunca me habían chupado las tetas así de rico.

—Qué manjares tienes zorrita, ¿no tendrás todavía lechita de sobra? Me da envidia que tu hija si la haya degustado y yo no jajaja.

Yo solo sonreí por la socarronería de sus palabras. Don Pancho me puso las manos en los hombros indicando que me arrodillara, lo hice y su vergota quedo a la altura de mi cabeza. Sabiendo lo que debía hacer la sostuve de la base y le baje el prepucio para descubrir aquel esponjado y enorme glande.

Aquella verga era hipnotizante, me hacía ignorar la fealdad del hombre al que estaba adherida. Le di un par de besos al glande y luego unas lengueteadas rápidas como si lamiera la punta de un cono de helado. Don Armando me puso la mano en la nuca, supe que era hora de garganta profunda pero la verdad no sabía cómo hacerlo.

Poco a poco fui engulléndole la verga disfrutando cada centímetro de carne, envolví con mi lengua su verga cuando esta ya casi me rozaba la úvula. No le quité la mirada de los ojos en todo este proceso,vi su rostro decrépito que contrastaba la lozanía de su verga. Chupé y mamé con devoción hasta sus huevos cuando el me levanta repentinamente:

—Mamas mejor que tu hija putita, pero ahora quiero ver si aprietas mejor. Ponte de perrito en mi catre y parame bien el culo— ordenó don Pancho

Dócilmente me quite la falda y me puse como quería y arqueé la espalda lo mejor que pude para sacar el culo, balanceé las caderas como teibolera para provocarlo, quería ya tenerlo dentro de mí. Sentí sus manos palpándome todo el culo y la pucha, hizo movimientos circulares con el pulgar alrededor de mi ano.

—Mmmm, bebé que nalgona estás y que puchita tan jugosa, se ve bien apretadita, no sé porque no te cogí desde antes, seguro por la ropa toda holgada y mojigata que usas, no me dejaba ver los tesoros que ocultabas—

—Pues ahora son todas suyas don— dije ruborizada por el cumplido de don Pancho.

Me sorprendió sentir sus labios repentinamente en mi vulva, su lengua recorrió toda la panocha, el perineo y el ano. Di unos cuantos respingos antes esas sensaciones, nunca me habían chupado por ahí. Me penetró la pucha con la lengua hasta la mitad, y consiguió meter la puntita en mi ano. Nunca había experimentado tantas sensaciones nuevas en el terreno sexual, no cabía duda que este hombre si sabía cómo complacer a una mujer, tantas amantes en su haber no fueron en vano. En ese momento supe que ya no habría vuelta atrás, sería otra de sus viejas por el resto de mi vida.

Finalmente, don Pancho se irguió y me sujetó de las caderas, sentí su glande apuntalando mi vagina y la relajé lo mejor que pude para recibirlo. Poco a poco aquel ariete de carne se introdujo en mi interior, la sentí calientisima como un metal al rojo vivo, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza y emití el gemido más ruidoso de toda mi vida. Sentí que mi vagina se había expandido un montón, casi como si me hubieran desflorado otra vez. Cuando sentí sus huevos en mi pubis supe que la había metido entera, me sentía tan llena, como si me hubiera empachado.

—Ahhh, ya te la comiste entera chiquita. Ya eres mía, estas nalgotas me pertenecen— dijo mientras me daba suaves nalgadas.

Yo le respondí con eufóricos gemidos porque sabía que decía la verdad. En ese momento comenzó a bombearme cadenciosamente, la sacaba hasta dejarme solo el glande adentro y luego de un empellón la metía hasta que sus huevos chocaban con mi cuerpo. Aquella sensación era sublime, tenía los ojos y la mente en blanco me concentraba en gozar tan exquisita cogida.

—Ahhh estás más apretada que tu hija, no parece que hayas parido por aquí, o es que tu marido es picha corta—

—Ay, aoohh, si don no hay punto de comparación entre su vergota y las miserias de mi marido, siento que me va a desgarrar la vagina— dije jadeando

—Jajaja ya sabia yo preciosa. Siente como coge un verdadero macho—

Don Pancho incrementó la velocidad de sus empellones, no podía creer que un hombre de 60 tuviera tanto vigor. Los aplausos de nuestras carnes debían oírse por toda la planta baja. A estas alturas no sé cuantos orgasmos me había sacado don Pancho, yo estaba en éxtasis. Queria sentir más a fondo su verga, y comencé a cooperar moviendo mis caderas acompasada con él para que la penetración fuese lo más intensa posible.

No se cuantos minutos pasaron sin aminorar el ritmo, yo ya estaba muriéndome de placer y de un momento a otro sentí que me orinaba.

—Ay don Pancho siento que me voy a mear, que pena ay dejeme ir al baño—

—Tranquila nalgona no te espantes jaja, esto pasa cuando un macho complace como Dios manda a su hembra—

—¿De que hablaaa dooon? Ay ahhh me orino ahhhh—

Don Pancho me saco la verga y sentí como chorros de un líquido desconocido manaban de mi vagina, empape buena parte del catre y salpique mis muslos, el suelo y la verga de don Armando. Aquella sensación era inenarrable las piernas me temblaron y mi cuerpo entero se estremeció sentí que perdí el conocimiento unos segundos.

—Ay don Pancho que verguenza no se que es esto, nunca me había pasado algo así, le oriné su catre, no entiendo como me pasó esto— balbuceé

—Jajaja te digo que te tranquilices nalgona, a muchas mujeres con las que he cogido les pasaba esto, pero no a todas creo que es un privilegio experimentar eso según lo que me comentaban, la verdad no se como nombrar estos meados jaja—

—Ay don Pancho se sintió riquísimo, no sabía que esto era posible, todavía me tiemblan las piernas aaahhh—

Don armando se sentó a mi lado en la parte no mojada del catre y me atrajo hacia él con sus brazotes, para plantarme unos cuantos besos de lengua que recibí gustosa.

—Estas buenisima Naomi (asi me llamo) a partir de hoy te cojeré casi a diario, me gustaste mucho, quiero seguir disfrutando tu panocha otro rato—

Yo solo sonreí, mi vagina clamaba por sentir esa increíble verga otra vez, así que me puse a horcajadas sobre él, sujeté su veega y la apunte a mi vagina, me deje caer de golpe y tanto él como yo gemimos y nos miramos con deseo. Comencé a subir y bajar pero ahora lentamente, quería sentir cada centímetro de esa enormidad y él parecía deleitarse con cada centímetro de mi interior. Don Pancho aprovechó la posición para besar y lamerme las tetas otra vez y yo deje que se diera gusto, ahora más que nunca estaba orgullosa de mi cuerpo y de mi sensualidad.

No sé cuanto duramos así, las piernas ya se me habían cansado por la faena sexual aunque no quería que esto terminara. Don Pancho súbitamente me avisó que iba a correrse, yo estaba tan absorta en el sexo que ni siquiera hice el intento de desacoplarme. Simplemente me quede quieta dispuesta a recibir su semilla dentro de mí. Mientras él jadeaba con fruición, pude sentir los movimientos de su verga al expulsar el semen que sentía esparcirse por mi útero, el peligro de quedar embarazada no me pasó por la cabeza, solo quería sentirme llena de su semen.

—Ahhh ya te llene de leche ricura, ahora si ya te marqué como mía. ¿Traes DIU o alguna de esas madres?—preguntó

—Mmm, no mi don, es que nunca había tenido relaciones con otro hombre aparte de mi marido, nunca fue necesario que usara protección—

—No mames jaja, mejor ve por una pastilla aquí a la farmacia, nomas porque me encantaste te presto la mitad para que la pagues. A mi no me gustan los escuincles eh, aqui entre nos me tuve que salir de varias chambas porque había embarazado a una que otra por ahí jaja—

—Ay pues la verdad si le agradecería que me prestara, esas pastillas estan carisimas, y… quiero seguir cogiendo con usted—

—Yo también nalgona, pero esperame un rato a que se me rellenen los huevos jaja, mientras por qué no preparas algo de comer, ahí tengo mi parrilla y un refri pequeño. Andale ganate tu ración de verga, y quedate asi encuerada para que sepa cuando ya se recuperó mi verga jaja—

Habría mandado al diablo hasta a mi propio marido si me pedía así las cosas, pero ese hombre era un semental y por alguna razón no vacilé en levantarme hacia la pequeña cocina de la conserjería. Le preparé de comer y en cuanto terminamos don Pancho ya estaba listo para otra ronda.

—Mmm, ya se recuperó mi chile bebé hay que ayudar a la digestión cogiendo otro rato. ¿Seguro tu marido nunca te estrenó el culo verdad?—

—No don, decía que eso solo lo hacen las prostitutas y las mujerzuelas, pero… vi que usted ya le dió por ahí a mi hija—

—Si jaja y ahora voy a estrenar el de la madre.—

—Ay no sé don, la verdad eso si me da repelús, siento que me va a doler mucho y… y… no estoy segura—

—Tranquila mi reina, tengo un chingo de experiencia desflorando culos, ya sé como hacer que no duela y además todas lo terminan disfrutando tanto cono yo. Ya ves como tu hija no dejaba de gritar como lela jajaja—

—Bueno don confío en usted, todo lo que hoy me ha hecho me encantó—

—Y esto apenas empieza nalgona, voy a compensarte todos los años que no te di verga. Lo primero, primero es que tienes que enjuagarte bien el culo por dentro—

—¿Como?, ¿a que se refiere don?—

—Jajaja mira, muchas veces me pasó que cuando les rompía el culo por primera vez a algunas viejas, resultó que tenían restos de mierda adentro jaja y me dejaban la verga toda embarrada con una peste rompemadres. Desde entonces me cercioro de que se enjuagen bien el culo antes de coger por ahí—

—Mmm no la verdad es que no acostumbro lavármelo por dentro, nunca me fue necesario—

—Pues mira nalgona que tal si vamos a tu casa y en tu regadera te ayudo a enjuagarte bien todo tu culito, y ya que estamos ahí te lo estreno en tu propia cama—

Estaba a punto de asentir cuando mi celular vibró, fui por él y resulto ser un mensaje de mi marido, avisó que llegaría temprano, quizás en 15 minutos. Le comenté a don Pancho y luego de maldecir un poco me dijo que quería verme pasado mañana para continuar mi desvirgamiento anal. Mientras me vestía don Pancho agarró mis bragas y me dijo que se las quedaría. Luego me besó apasionadamente y me dió un ultimo apretón de nalga.

—Avisame cuando vaya a venir tu hija eh, me las quiero coger a la vez a ver quien da más batalla jaja—

Yo solo lo mire con desaprobación aunque en el fondo sabía que ibamos a terminar encueradas y bien abiertas de patas frente a él porque nosotras somos sus hembras y el nuestro macho. Regresé a mi casa y me senté en el sillón con la mirada perdida y quizá ya preñada, mi vida no fue la misma desde entonces…
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